Las profecías de Peniel


 

LAS PROFECÍAS DE PENIEL

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I

Hubo transcurrido más de trescientos años

después de mi última vida

cuando los cuatro vientos que se presentan

ante el Hombre soplaron en mi rostro

diciendo:

“Profetiza acerca de la suerte

que los antiguos dioses de piedra / trasgos

y el ángel que se sienta

sobre los abismos / Abadón

correrán

escribe como te fue mandado

por el dueño de los siete ojos

que recorren los planetas flotantes y los reinos

hundidos y aún no crismados.

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Navega hasta la ciudad de la Verdad

y en el mes noveno / Quisleu/

maldecirás a todos los usurpadores y demonios

que revolotean en el polvo

y en la mente de los ejércitos humanos.

II

Las colas de los escorpiones serán cortadas

por tu mano morirán los súbditos de Apolión

El poder de la Omega te cubrirá

la luz que brilla desde las Pléyades

estará sobre ti como un escudo

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Se te dará una espada con dos filos

para que cortes la cabeza de Asera

y tejas con sus cabellos una trenza

que le dará la vuelta a los ochenta

mundos antiguos

y latigueará a los babilónicos que ríen

en sus habitaciones y guaridas

en las que atesoran maldades y vino

hecho de fornicaciones y plagas.

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III

La voz de los arpistas te dará la señal

la luz de la gran lámpara será re-encendida

para mostrarte el camino

No temas porque yo te puse nombre: Peniel

te mandé para que abrieras los ojos de los ciegos

para que anuncies las cosas postreras

la muerte de los gigantes

y de los reptiles rastreadores de inocencia

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He quitado de tu cuerpo tus viles vestiduras

te atavié con estaño y lino fino

puse una mitra limpia sobre tu cabeza

y te coloqué en la puerta de mis atrios.

 

Aúllen cipreses del Líbano

porque me han enviado para tomar

posesiones de cetros y coronas.

IV

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El tercer viento me llevó al monte Kailash

allí encontré los rollos sagrados

escritos con signos hindúes

alcé mis ojos y vi a los tres dioses

que no crean vida pero sí la maldicen

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Vi altares remotos

hechos por hombres con marcas de sangre

en sus frentes y manos

hechas por los holocaustos a las piedras

con rostros re-encarnados

¡Salgan todos! habitantes del templo

de los muertos

El ejército y las aves del cielo

vienen a derribar efigies

y a echar fuera pestilencias.

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V

Sobre este mármol historiado posa tus ojos

La escena exige suspiros de hetairas en celo

Estoy frente al hombre de la corriente subterránea

reposando en actitud taciturna

desconoce su propia inexistencia

solo se deja acariciar por las manos lúdicas

de las prostitutas sagradas

regalo de los dioses lascivos

del más viejo continente

Todos aman a este ser de fábula terrorífica

es el dios Mitra, luz, calor y fecundidad

hecho de agua, cieno y muertes

de vírgenes y niños

El mistral mediterráneo sopla ferozmente

mueve mis cabellos desafiantes

ante el ciclópeo ídolo

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El Seol y el Abadón nunca se sacian

Yo te conjuro espíritu del dios irreverente

a descender hasta el fondo de todos

los pozos del Hades.

VI

Con el quinto color del espectro solar

mis ojos avanzan

En medio de una taifa

doy empujones por no ser tocada

Alguien embalsama el cuerpo de un difunto

Esta ciudad está llena de efigies y avenidas

como una gran caracola que emite

sonidos ancestrales

me trae recuerdos de mis fabulaciones inconscientes

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Se llama Luxor

las cámaras funerarias me dan la bienvenida

aquí, las tumbas son más importantes que las vidas

de los famélicos adoradores

Mi éxtasis dura más de lo que puedo soportar

el aire pesado como fuego comprimido

en una jaula de hierro

va saliendo poco a poco

queriendo asfixiar mis palabras

Mi piel se reseca tanto como la tierra

mis pechos le ceden espacio al calor

del horno y los carbones encendidos

¿Contra quién peleo?

Los dioses duermen en sus muertes eternas

los espíritus gimen por la presencia de su hacedor

es una guerra dispar

en la que yo soy una gacetillera de delirios

Bajo mi cabeza

ante tanta vastedad.

 

VIII

Y toda isla huyó, y los montes

no fueron hallados.

Sangre como de muchos muertos

contaminó el mar

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Los niños corriendo salieron de las aguas

El cáliz de la gran ciudad fue derramado

sobre los hijos de este tiempo

Todo el contenido fue echado en los suelos fríos

inservible vino contaminado con muerte

los últimos sápiens se bebieron todo

incluso las lágrimas de sus padres

Los demonios con caras angélicas se quitaron

los velos, las máscaras y las túnicas

ante los ojos de los moradores de la Tierra

y los todavía seres humanos

no se arrepintieron de sus crímenes

sino que maldijeron la existencia de su creador.

 

VIII

Las sandalias que mis pies arrastran

mueren a ratos de cansancio

siempre odié los caminos polvosos

que conducen a los pantanos

y a las habitaciones de los demontres

a los bultos arcádicos y babilónicos

con sonrisas de placer humano

y de piedra labrada

Mi temor de viajero es no volver

 

El dios Brahma grita desde sus antiguas cuevas

donde el sol nunca quiso ser visto

No lo visito desde hace tres mil

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en cada uno escribí un poema védico

una sátira llena de risas de Eva

en honor a su muerte

sin resurrección.

 

IX

El mamotreto de mis viajes

está lleno de vidas de cuentistas

Recuerdo haber perdido mi alma

en el monte Ararat

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Para recuperarla, caminé hacia la fría cima

escuchando los silbidos del erial

Me seguían de cerca los pies del Dios invisible

iban aplastando las nubes

con sus pasos enormes y descalzos

 

Un nativo taheño divulgó mis profecías

en los reinos Taipes

Tuve que huir hacia los océanos malayas

hacia el interior de la arena húmeda

El azor volaba persiguiendo mi muerte

conviví con caracoles y cangrejos rojos y zarcos

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Las grandes solemnidades a los sombríos bultos

me hacen querer morir entre los

desacomodados cielos.

X

Es la hora sexta en mi reloj de arena

hora de proclamar el grito de guerra

hora de salir al campo y avisar del aluvión que se acerca

Y el cielo se desvaneció como un pergamino

que se enrolla

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Corrí con todas mis fuerzas

intentaba dejar atrás

los ríos secos y los enormes escorpiones

que surgieron de todas las grietas del mundo

Llegué a la ciudad estigma para escuchar sus maldiciones

Todo estaba destruido, cayéndose los vidrios

aplastándose contra la realidad las ilusiones

Me hacía llorar el ruido de tantos

gritos y tantas muertes

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El reinado de los perversos estaba cayendo

la gente que en ellos creyó también sucumbía

cedieron su poder a cambio de promesas

misas, hostias y catecismos

Bebieron su vino envenenado

 

Los que llevan la cruz en el pecho

son áspides vestidas con túnicas

manchadas de sangre de niños.

Son los antiguos sacerdotes de Tamuz,

adoradores de los dioses-pez

Fueron sentenciados al exterminio

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Llegué a la torre desde donde daría la voz

el viento del Creador

 

Todo era confuso y las tinieblas huían

emitiendo alaridos espantosos

como en el día de la caída del lucero bello

como en el día de Madián

El anciano se sentó y dio la voz al adalid

Ambos ejércitos se enfrentaron

No murió ninguno de los espíritus

solo los hombres que aún vivían cerca del mar.

 

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XI

Llegué al adoratorio pagano llamado Tofet

cerca de la ciudad de los atardeceres áuricos

Me recibió un sacerdote persa zoroastro

Elimas Barbelial

yo iba en busca de las piedras

y los collares de colores que olvidé

en el templo de los nicolaítas

el invierno pasado

Elimas vio la marca de su enemigo

en mi frente

me llevó al desierto y me dejó

entre la arena y el fuego

que del cielo descendía

entre las serpientes y halcones que conversaban

sobre el año de mi nacimiento

fuego cae

Elimas corrió

pero una lanza atravesó sus predicciones

el arquero fue el querubín que hace veinte años

no veía.

 

XII

Las estampas, los amuletos crisólitos

y las piedras de agüero

que los dioses y demonios cuelgan

en los cuellos de los que maman

del mal de la vacuidad

han sido rotos y pisados en todas las calles

de la Ciudad de David

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Los ángeles que vigilan las serpientes

masticaron los incontables huesos

de los últimos muertos

y solo dejaron escombros y sándalos

que con el sol del milenio

mis manos harán germinar.

 

XIII

Duerme río Alfeo

amante silencioso de las doncellas de la Arcadia

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Me retiro de tus aguas condenadas

a ser bebidas

por el espíritu de la barba blanca y agorera

de maleficios

No te regalo mi desnudez ni mi pálida

tez asustada

eres cómplice de mis miedos y estremecimientos

La oscuridad de tus profundidades

desviste mis palabras

He venido para maldecir el sepulcro de tus días

y las adoraciones de los hombres/cruces.

 

XIV

Rumores de lenguas distintas

lágrimas que descienden del río

mujeres que se desmayan al leer epitafios.

 

Llevo un brazalete azul en mi mano derecha

como novia adornada atravieso los atrios

con una antorcha que me alumbra los silencios

Beula es mi nombre

Soy la virgen detrás de los muros

no le doy tregua al ladrón del santuario

espero a mi amado perfumada con áloes

y canela

la gargantilla de mi cuello ansía ser arrancada

por las manos del que desnuda los cielos

de zodiacos y cataclismos

Pasad por las puertas

Allanad la calzada, quitad las piedras

Alzad pendón en los pueblos.

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XV

¿Por qué es rojo tu vestido y tus ropas

como del que ha pisado el lagar?

(Isaías 63:2)

 

Nadie lo ve desembarcar

Nadie lo espera

Es una mañana de rocas azafrán

el mar da bostezos y latigazos de sal

entre lágrimas de lluvia el extranjero irrumpe

en la tierra de los que gimen

Sus pisadas son premoniciones

lleva llagas en su costado

encrucijadas de amor son sus ojos

hermoso entre tantos truenos tachonados

de plata

¡Forastero!

Heme aquí en el planeta de mis ficciones

¡Rescátame!

Lo sigo mientras él da órdenes a los demonios

de callar y descender a los abismos

Con el espíritu de sus labios hiere a los hechiceros

y quema a los terafines

con la vara de su boca a los hijos de Belial

el ocultismo

Me lleva a la entrada del atrio

a la casa del banquete

Su bandera sobre mí es amor

Los ídolos y dioses no cobraron vida

ante ningún ojo

las ruinas de las cavernas

el tártaro y sus murciélagos

han sido esparcidos por el extranjero

 

El oro de Ofir empezó a brillar en la Ciudad de la Cúpula

y el lago de azufre fue lleno de las víboras

que pueblan los confines.

 

XVI

El pueblo que andaba en tinieblas

vio gran luz

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Confieso que conozco al extranjero

tiene la voz de mi amado

él va delante derribando templos y sortilegios

sé que quiere cercana mi presencia

él es el dueño de los horizontes y todas

las visiones

Dejamos las tierras de agonía y las interminables pestes

los arenales con aguas de sangre

Ya no necesitaré más mis sandalias ni brazaletes

mis sándalos han vuelto a nacer

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El tumulto de la batalla terminó

Él cortó la cabeza y la cola

la rama y la caña en un mismo día

los despojos de los dioses fueron quemados

todo manto revolcado con muerte

fue echado al fuego

 

Él trajo mi alma desde aquel monte lejano

Tras la puerta y el umbral puse mis recuerdos

me descubrí y ensanché mi tálamo

hice con él un pacto

dentro de los muros de sus atrios

fui la virgen Beula,

la desposada con el profeta.

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Escribí este poemario cuando tenía alrededor de 21 años. Está basado en las visiones poético-apocalípticas que por entonces ya tenía. Estas visiones venían de manera espontánea en sueños o en vigilia, y se corresponden con mi comprensión cósmico-teológica de aquel entonces, alrededor de los años 1999-2000, justamente en el cambio de siglo. Se trata de un poemario donde la voz poética confronta a los dioses y demonios, que parecieran ser lo mismo. Es interesante saber que en aquella época no existía el Internet, o al menos yo no tenía acceso a él, así que algunas referencias son bíblicas. La Biblia era el libro que más me apasionaba a esa edad.

El nombre Peniel significa “el rostro de Dios”. Era un seudónimo que utilizaba en esa época, y se refiere al lugar donde Jacob (patriarca de Israel) luchó con el ángel de Dios (Gn 32:24-32). La ubicación exacta no es conocida, aunque estaba al este del río Jordán.

Recuperé este poemario escrito a máquina, porque por entonces yo no tenía computadora, lo transcribí y ahora por primera vez lo hago público.

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Los Cuentos del Piche


Esta reseña salió publicada hoy 12 de Septiembre de 2019, en el diario La Industria de Chiclayo, Perú.

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REVIVE LA AVENTURA POÉTICA DEL NIÑO QUE LLEVAS DENTRO

Después de leer Los Cuentos del Piche, de Javier Villegas (Cajamarca, 1955), uno se siente livianito.

Livianito como después de soñar que cabalgas sobre nubes. Livianito como cuando te reencuentras con un querido amigo que creías perdido. Livianito como cuando vuelves a casa al final de una larga travesía. Livianito como cuando te sientes de nuevo el niño que fuiste, el niño que aún eres. Porque ese niño sigue ahí, queriendo soñar como siempre.

Y es que los cuentos de Javier Villegas son muy recomendables para los niños, pero, sobre todo, serán una deliciosa lectura para los adultos. Esos adultos que están abrumados, cargados con obligaciones, estrés laboral y compromisos. A ellos, les permitirá volver a conectarse con su inocencia original, con su energía vital extraviada. La infancia es un terreno fértil al que podemos volver, ahora a través de la lectura.

Les sugiero que, como si fuera una terapia, lean un cuento por noche y verán cómo se duermen relajados, tan despreocupados como cuando el futuro era aún lejano, y solo el presente importaba. Los que no soñaban, volverán a soñar. Y amanecerán llenos de un nuevo entusiasmo y una visión de la vida, en la que caben la aventura, el juego y la poesía, resurgirá desde muy adentro.

El estado de la felicidad se alcanza volviendo a sentirse como ese niño al que sólo le importa lo verdadero: la amistad, el amor, el eterno paseo de un ser que se está buscando a sí mismo. Y que se halla en las cosas sencillas: un paseo, una amistad, un río que corre sin prisas.

Javier Villegas logra devolvernos la frescura de lo que fuimos, de lo que somos: niños que corretean entre risas, llenos de alegría y apertura. A través de sus letras cargadas de vivencias, nos transporta a mundos sencillos donde, por ejemplo, podemos participar del parto de una yegua. O mundos surrealistas, donde podemos acompañar el viaje de una rana a París. O mundos emotivos, donde podemos sentir la alegría del reencuentro entre un niño con su entrañable amigo sapo.

Los Cuentos del Piche está compuesto por cinco relatos: “Corta Viento”, “Mono Nono”, “Sapito Sapón y la luna”, “Ojitos” y “La rana Anita”. En estos relatos que, sin bien están perfectamente estructurados como cuentos, subyace un arte poético que es inherente al espíritu del autor. Y es con este hilo invisible de la poesía que Villegas zurce sus entramados.

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Quiero detenerme en el cuento llamado “Ojitos”, que narra la osadía de un búho al querer permanecer despierto en el día.

— Deseo salir de día, quiero ver los colibríes, las mariposas, las libélulas y a todos los animales que juegan cuando el sol está alumbrando con todo su esplendor. Quiero ver corretear a los conejos, dar brincos a los saltamontes y dar saltos a los sapos que por la noche croan, croan y no me dejan tranquilo para meditar. Lamentablemente en el día no puedo ver. Veo todo borroso —dice Ojitos.

El búho consigue unos anteojos especiales gracias a una rana oculista. Ya con la visión clara, el más sabio de todos los animales del bosque, logra su cometido. “Paseaba y paseaba durante el día. Volaba de un árbol a otro, a otro y a otro. Cuando no miraba a los hombres o a los animales que se movían a su alrededor, se atrevía a mirar de frente al sol, intentaba verle la cara”.

La poesía no está escrita en versos, sino que se adivina oculta en el relato. La poesía está en la posibilidad de ver lo que el día depara, a través de los ojos de un ave a la que su naturaleza la restringe a la oscuridad. Y es esto lo que nos posibilita la imaginación poética del autor: introducir en nuestra mente un acontecimiento inesperado. La resolución de algo que antes se creía imposible. El autor saca al ser de la oscuridad, y lo coloca en el escenario luminoso opuesto. Y así crea el entramado poético perfecto.

De ahí que la literatura infantil despierte en los adultos estas conexiones sensitivas que despiertan una lejana memoria dormida, una memoria relacionada con vivencias poéticas, es decir: no vividas, sino sentidas. Estas vivencias poéticas se esconden como flashes de luz en las almas calladas de los adultos, duermen en recodos jamás vueltos a mirar cuando las vidas son demasiado agitadas.

Cuentos del Piche

En todos los cuentos de Javier Villegas podemos encontrar estas vivencias poéticas. Tenemos, por ejemplo, el caso de la rana Anita, quien necesitaba urgentemente conocer el amor. “Soy la rana más linda entre todas las ranas”, decía de sí misma. Sin embargo, no sirve de nada que uno mismo se elogie, necesita verse reflejada en otros ojos que también vean la belleza.

La rana Anita se “soñaba viajando por el aire, en avión; por el agua, en barco”. Y, en un arrebato emprendió un largo viaje en el que se puso a prueba a ella misma, en el que descubrió de lo que era capaz.

¿Existe algo más poético que viajar en busca de las huellas de un amor desconocido, un amor invisible? Porque la rana Anita no sabía a quién buscaba, simplemente tenía la urgencia de ir lejos, muy lejos de su orilla. Su travesía resultó en un auto-descubrimiento fascinante.

— Me llevó el amor, el amor. El sueño en un Príncipe azul —, le confesó a un colibrí políglota que encontró en su viaje.

Y, aunque regresó a su estanque de siempre, su vida cambió no sólo por fuera, sino sobre todo por dentro.

“Estando en su tierra, la esperanza de la rana Anita, creció. Hubo una especie de metamorfosis en su interior, para reencontrase consigo misma y para imaginar un mejor futuro”.

Un pensamiento poético, cuando se lleva a la práctica, siempre resulta en un acto heroico para con uno mismo. Este acto nos lleva a un estadio más allá en la evolución de nuestra propia consciencia. Y esto es lo que este cuento propone a los lectores. Realizar actos poéticos que nos saquen de nuestra comodidad, salir y experimentar el mundo, estar abiertos a encontrar el amor en la siguiente esquina, en una ciudad distinta, en una orilla nueva.

Los cuentos de Javier Villegas no son sermones, son narraciones en las que encontramos tesoros escondidos, aprendizajes que podemos trasladar a nuestras vidas diarias. De esta manera, el texto cumple su cometido de ayudar, a quien lo lee, a explorar las incertidumbres, los temores, las dudas internas a través de los personajes, y resolverlos de maneras que el autor vuelve posibles.

Otro punto fascinante de Los Cuentos del Piche es que se ponen de relieve siempre a los animales. Y aunque también hay personajes humanos, como Juancito y su padre, Shemo, el cuidador del bosque y don Pancho Molocho, son los animalitos los que se roban la atención.

Los protagonistas de las historias son: un caballo blanco de paso fino que alegra la vida de un niño; un mono inconforme que quiere experimentar ser un animal distinto e incluso un ser humano; un sapo que emprende un viaje de regreso para reencontrarse con su amiguito; un búho que se atreve a ver la vida por el día, y una rana enamorada que viaja por el mundo en busca del amor.

Y como personajes secundarios, tenemos a sapos, picaflores, un guacamayo azul, una vizcacha, un hada del bosque, un caracol, muchas luciérnagas, más sapos, ranas y otros colibríes.

Son enternecedoras las relaciones que establecen los niños con sus amigos animales. Este es el caso del primer cuento de la serie, “Cortaviento”, un hermoso caballo que nació para alegrar la vida de Juancito.

La relación se establece desde el nacimiento del corcel, que nació blanco, “blanco, como las nubes, blanco como el olvido”. En este cuento también tenemos acceso a una delicada descripción poética de esta relación niño-caballo.

“Una noche, Juancito soñó galopar de nube en nube sobre el lomo de Cortaviento. Por el brío, parecía un caballo alado. Galopaba con ardor, relinchando y agitando las patas continuamente. Tocaron las estrellas, el sol a punto de despertar, y arribaron a un valle hermoso, poblado de luz y aromas. Era un valle situado allá en el infinito”.

Lo onírico ocupa un lugar protagónico en esta historia, en la que el padre de Juancito le ayuda a interpretar algunos sueños, y el niño vive el sueño más real de todos cuando amansa a Cortaviento, quien engalanado con un “aparejo de lujo: estribos, florón y freno con piezas de plata”, lo cabalga, sintiéndose el mejor jinete, “con poncho blanco de lino, sobrero de ala ancha y botas de vaquero”.

Sin duda, Los Cuentos del Piche es un libro en el que los niños y los animales cumplen sus sueños. Y se siente como una acogedora brisa que te transporta a la infancia.

 

Javier Villegas

 JAVIER VILLEGAS FERNÁNDEZ

Poeta nacido en Chiguirip, Cajamarca, Perú, y residente por varios años en Chiclayo. Es ganador en diversos eventos literarios a nivel regional y nacional. En 1991 y 1992 mereció por su obra poética el Premio Nacional de Educación «Horacio»; en 1997 obtuvo el Primer Lugar en el género cuento en la II Bienal Regional de Poesía y Cuento. Es miembro activo de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ) y además infatigable promotor de la literatura para niños. HA PUBLICADO LAS OBRAS: “La Luna Cantora” y otras poesías para niños “Repertorio de Ternura” (antología hispanoamericana de poesía para niños) “Poesía para Niños”(antología personal) “Rimando la Alegría”(poesía para niños) “El Amor es Más…”(poesía romántica) “La Flauta del Agua”(poesía para niños).

Leer poemas

 

El guardarropa y las arañas


Cuento publicado en el libro Bichos Raros (Academia Editores, 2019)

Ilustraciones de Mauro Sbarbaro

7 El guardarropa y las arañas

Tengo una boda. Necesito un vestido largo y elegante, pero en mi guardarropa solo está aquel vestido hindú de fondo rojo que tantas veces me he puesto para salir cualquier noche. No necesito abrir el guardarropa para verlo. Sé que el vestido permanece, ajado y solitario, en el rincón de siempre.

Son las primeras horas de la tarde. Las mujeres conversan amenamente en la cocina. Me siento alejada de ellas, y de todo. En mi mente sólo cabe esa idea que va creciendo como un secreto: no tengo un vestido nuevo ni elegante para esta noche. Se sabe que los secretos, más si son entre mujeres, producen angustia. Quisiera ir a la boda como estoy ahora: en camiseta de algodón y zapatillas.

― ¿Qué te pondrás? ―me pregunta mi madre, de pronto.

―Iré a ver  ―digo, y camino con desgano hasta el guardarropa, que espera cerrado y tieso. Lo abro y enseguida veo el vestido rojo. Lo desprecio por feo y pobre, y siento tristeza.

Me siento en el suelo para mirar el trabajo de las arañas. Ellas han ampliado las dimensiones de su trampa a pocos pasos del vestido, pasos pequeños, pasos de araña. Las arañas tejen la tela para atrapar a sus presas. No se les ocurre vestirse con ella, aunque es tela buena, resistente y luminosa; ellas prefieren la desnudez.

Las arañas no necesitan maquillarse ni lucir elegantes. Son feas y se aceptan como son. En cambio, las mujeres son animales hermosos, pero llenos de máscaras.

Las mujeres viven comprando vestidos. Yo prefiero comprar aire, porque cuando compro un vestido lo termino regalando al cabo de poco tiempo. Siempre lo paso mal en las bodas y en las fiestas importantes, y el vestido me lo recuerda. Lo recluyo en el guardarropa; y se queda ahí mudo, sin hacer nada. Pero un día lo saco y le prometo que nunca volveré a usarlo. Entonces, lo echo de mi vida.

Sigo mirando el constante trabajo de las arañas. Espero a que caiga la tarde.

8 El guardarropa y las arañas

Las mujeres empiezan a desaparecer, se van a las habitaciones para vestirse, maquillarse, ponerse joyas y perfumes. Escucho que mi madre me llama. Yo me como las uñas, sentada debajo de la telaraña, que forma un pequeño techo blanquecino dentro del guardarropa. Pienso en qué hacer para no verme desigual, para aparentar que soy como las demás: alguien que sabe llevar su máscara.

A mí me gusta el algodón y sentarme en el piso con las piernas cruzadas. No me gustan las bodas, los bautizos, los sepelios y los vestidos apretados que las mujeres suelen ponerse. Prefiero las telas ligeras de verano, los tirantes al sol, las faldas que vuelan con cualquier viento, los vestidos simples que son fáciles de poner y quitar.

Mi hermana va a buscarme. Me mira mal y me dice que me ponga uno de sus vestidos. Me lo pongo y durante toda la fiesta me siento fea y ridícula, como una araña en una boda. No soy yo dentro de ese satín, esos broches y esas piedras relucientes.

Apenas termina la fiesta, me desnudo y me encierro en el guardarropa con las arañas. Ellas siguen afanadas en construir su enorme tela, el escenario de su festín, para atrapar a sus presas. Cuando tengan la malla lista, se esconderán y apenas algún inocente bicho caiga, lo devorarán. Pienso que, después de todo, las mujeres y las arañas no somos tan distintas.

 

BICHOS RAROS

III FESTIVAL DE ORATORIA ANCESTRAL Y NUEVAS NARRATIVAS, EDICIÓN “SALINERITO”


 

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El jueves 15 de agosto, con la participación de 15 adultos mayores de la comunidad de Salinas, de Guaranda, se llevó a cabo el Taller de Escritura Testimonial en el marco del III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas, edición “Salinerito”.

Las edades de las personas estuvieron comprendidas entre los 75 y 95 años, y se mostraron muy receptivos al Taller, en el que pudieron compartir sus experiencias de antaño sobre cómo ocurrió el cambio en su comunidad, que pasó de ser una aldea indígena en extrema pobreza a una comunidad con visión cooperativista, basada en una economía horizontal y solidaria, gracias a la cual han podido desarrollarse, crecer y vivir actualmente de manera sostenible.

Iniciaron en 1973, con la llegada a Salinas del sacerdote salesiano Antonio Polo, quien infundió en los salineritos una nueva perspectiva de la vida. Fue él quien impulsó el desarrollo de Salinas haciendo un trabajo integral, que fue desde lo espiritual hasta lo pragmático, dando como resultado el empoderamiento de sus pobladores al punto de llegar a concebir pequeños emprendimientos que fueron creciendo hasta conformar una comunidad totalmente sustentable, que genera ganancias de alrededor de 8 millones de dólares cada año.

Salinas queda a 20 kilómetros de la capital de la provincia de Bolívar, Guaranda. Su belleza es única, aunque a los foráneos les pueden llegar a pesar los 3.550 msnm en los que viven los salineritos. La altura se debe a que, hace 500 años, los antiguos pobladores se refugiaron en estos páramos fríos, en plena estribación de la cordillera Occidental de los Andes, huyendo de la violencia de la conquista española.

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Lleva el nombre de Salinas porque en este lugar existen minas de sal, que en tiempos ancestrales proveían de sal a varias ciudades del país. Aún se pueden contemplar vestigios de estas minas, muy cerca del centro del poblado.

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Salinas está conformada por 33 comunidades, 28 microempresas comunitarias, las cuales son sobre todo indígenas. Sin embargo, existe una gran apertura para los extranjeros que van en busca de aprender cómo generar auto-emprendimientos que les permitan volverse autónomos, prósperos y evolucionar hacia una economía basada en la creatividad y los talentos del ser humano, y no en la explotación de los recursos naturales. De ahí que cada año a Salinas llegan voluntarios de todas partes del mundo, sobre todo europeos, que contribuyen a la expansión, tecnificación, profesionalización, de las áreas productivas, pero que, además, se llevan grandes enseñanzas a sus lugares de origen.

En sólo cuatro décadas Salinas ha pasado de ser un pueblo con una sola fuente de trabajo (la extracción de sal mineral), a ser un centro activo de emprendimientos comunitarios con su marca común “Salinerito”.

Al día de hoy, han desarrollado 180 productos, que se enmarcan en siete industrias totalmente tecnificadas: lácteos, confitería, embutidos, deshidratados, hilos de alpaca y oveja, textiles y aceites esenciales.

Entre los productos más destacados están: quesos, mantequilla, yogurt, turrones, mermeladas, fideos, galletas, trufas, hongos secos, pan, caramelos de miel de abeja, chocolates, chocolatines, lana, tejidos, balones de fútbol, artesanías… En fin, Salinas es un pueblo de sorpresas maravillosas.

A pesar de vivir en una zona de mucho frío, los salineritos son personas de corazones cálidos y siempre dispuestos a compartir. Muchos de ellos han salido fuera del país y han regresado con la visión necesaria para impulsar el progreso de Salinas. Lo hacen a través de la generación de productos, pero también de actividades culturales y festivales que permiten la integración de los salineritos con otros colectivos del país.

El saber compartir, el ser generosos, el ser constantes en la realización de nuestros sueños, el saber que todo emprendimiento requiere de un proceso, el saber vivir en comunidad, y tantas grandes enseñanza que nos dejan los salineritos fue lo que motivó al colectivo CENTRAL DOGMA a realizar el III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas en Salinas.

Central Dogma ( Ambato) es una plataforma cultural generadora de puentes entre los artistas, la sociedad civil y el espacio público; una interface de intercambio de varias plataformas; entre ellas el Festival de Música de Vanguardia Festivalfff, el Festival de Creación Audiovisual VFFF, el Festival de Arte Público GRAFFF y la Residencia para Artistas “Pujinostro” (Pujilí).

Quienes están al frente de esta plataforma cultural son Tania Navarrete y José Luis Jácome Guerrero. Ellos realizaron el I Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas en Guayaquil, el segundo lo hicieron en Galápagos, y este año decidieron llevar esta iniciativa a Salinas, donde contaron también con la ayuda logística de Diego Morales Oñate (Quito).

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Tania Navarrete, José Luis Jácome y su hija Débora
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Diego Morales

 

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Padre Antonio Polo

 

EL TALLER DE ESCRITURA TESTIMONIAL CON ADULTOS MAYORES SALINERITOS

Este Taller fue diferente a cualquier otro taller de escritura que haya guiado, por el hecho de que muchos de los talleristas eran personas analfabetas. Así que por respeto a ellos, dejamos las plumas a un lado, y nos concentramos en la oralidad.

Empezamos preguntando ¿qué es lo único que nos llevamos cuando morimos? Y ellos contestaron: los recuerdos, lo que vivimos en la tierra, el amor que dimos. Entonces, pasamos a explicar lo que significa la palabra “RECORDAR”.

Recordar está compuesta de dos términos: “RE” significa volver a pasar. Y “CORDIS” significa corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón lo que hemos vivido. Para poder hacerlo, necesitamos primero conectar con nuestros sentimientos.

Una manera de generar esta conexión es a través de fotografías. Cada persona recibió un retrato de alguien desconocido, también ancianos, de cualquier lugar el mundo. Les pedimos que les pusieran un nombre, les crearan una identidad, y luego comentaran qué les hacía sentir su expresión, su mirada. Qué sentimiento les transmitían. De esta manera las personas empezaron a decir: tristeza, alegría, reflexión. Luego de que conectaron con estos sentimientos, les explicamos que todo lo que vemos por fuera de nosotros, está realmente adentro. Nada podemos ver afuera que no estemos sintiendo adentro. Por lo que las personas que dijeron “tristeza”, empezaron algunas a cambiar de opinión, y dijeron que realmente veían “alegría”. Pero una de ellas, insistió en la tristeza y empezó a llorar y a contar su historia.

Al tratarse de personas tan mayores era muy importante crear una atmósfera de seguridad afectiva, de confianza total, por lo que siempre me mantuve abrazándolos, y conteniéndolos en sus procesos de sacar a luz sus memorias, algunas muy tristes.

Partimos del hecho de que todas las memorias son sagradas, y de que es lo único que nos llevaremos al otro lado, por lo que las memorias tienen que ser sanadas.

La persona que estaba triste, de nombre Aída, fue sostenida y contenida emocionalmente por el grupo. Su testimonio fue muy importante, porque despertó la necesidad de los demás de también contar cómo se sentían. Uno a uno empezaron a extraer de sus mentes y corazones las memorias de los tiempos antiguos, y cómo Salinas se fue transformando en lo que ahora es.

Al final, todos comentaron, agradecieron, sonrieron. El Taller de escritura se transformó en un taller de memorias habladas, y fue perfecto que así sea.

Mi compañero Mauro Sbarbaro (artista visual) fue el encargado de documentar tan bella experiencia. Espero que disfruten tanto como nosotros de las fotos.

 

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CONOCE MÁS SOBRE EL SALINERITO 

http://www.salinerito.com/

En este portal se exhiben las empresas, los productos y los atractivos turísticos de Salinas de Guaranda entre otras cosas. Le invitamos cordialmente a descubrir los encantos de esta tierra y su gente!

GRACIAS POR PERMITIRNOS SER PARTE DE SU COMUNIDAD!

Mauro y Marcela

El regalo de la princesa Iris


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

Mariana nunca imaginó que alguien como Pablo pudiese fijarse en ella. Ella no era la más guapa de la clase, la más creativa ni la más popular, al contrario, se sentía como el patito feo, o como alguien común y corriente que no destacaba. Eso sí: Mariana sabía guardar secretos y ser una amiga fiel.

Un día, Mariana se hizo amiga de Pablo. Ella se enamoró de inmediato de su inteligencia,  generosidad, y seguridad en él mismo. Era alguien siempre dispuesto a ayudar, tenía mucho carisma y era un líder nato. Él empezó a confiarle sus ideas, sus secretos más íntimos. Confió en ella como nunca antes había confiado en nadie. Fueron amigos y confidentes durante mucho tiempo, hasta que cierto día algo se le removió por dentro a Pablo. Miró a Mariana a los ojos y la besó. Era lo que ella había estado esperando desde el primer día, así que se puso muy feliz.

Mariana transmitió en ese beso todo el amor que había guardado en su corazón para Pablo, y él, de repente, sintió que su vida entera ahora tenía un propósito: amar. Amar a Mariana, pero sobre todo amar la vida. Amar todo lo que existe. Pablo empezó a poner un gran amor en cada cosa que hacía de una manera muy intensa. Su sentimiento creció tanto que encendió una luz fuerte, tan fuerte que la princesa Iris la vio.

9 El regalo de la princesa Iris

Yo soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Recorro la tierra buscando corazones que amen y, cuando los encuentro, los premio con maravillosos regalos. Yo no veo las formas ni escucho las palabras, sólo veo los fuegos del corazón. Recientemente, he conocido a Pablo, y sus fuegos son tan fuertes que casi me enceguecen. Sé que ama de verdad por cómo se enciende su corazón cuando está con Mariana, y por el amor que pone en todo lo que hace.  Definitivamente, quiero hacerle un regalo; tiene que ser algo tan hermoso que semeje la intensidad de su luz.

Pablo no me conoce. Yo soy invisible para el ojo humano, sólo existo de una forma etérea, como si fuera una nube que pasa. Pero, si pudieran verme, tal vez, yo podría parecerles una montaña con ojos de mujer.

No me pueden ver, pero sí me pueden oler. Huelan la flor del jazmín, ese es mi olor. Cuando lo perciban, sepan que estoy cerca. Si es así, es porque alguien está enamorando.

Yo busco a los que entregan el amor sin miedo y no tienen intenciones ocultas. Aman sin condiciones. No un mes, no una semana, no un día, sino cada instante.

Mi madre, la Diosa Pachamama, es la dueña de todos los tesoros. Ella tiene oro, plata, rubíes, zafiros, diamantes y cuanta joya preciosa se pueda desear. La parte de afuera de su templo está rodeada por una pared altísima que en su base tiene amatistas, en medio tiene cuarzos y arriba, esmeraldas. Y eso es sólo en la pared que separa el templo de los jardines. Adentro, hay habitaciones enteras llenas de piedras preciosas.

Entro al templo de la Diosa con un cofre en el que guardaré el regalo para Pablo. He decidido llenar el cofre de oro y también incluiré algunos diamantes.

***

La princesa Iris entró en los sueños de Pablo, y le dijo: La diosa Pachamama quiere darte un regalo. Encontrarás un tesoro enterrado al pie del árbol al que ibas cuando eras pequeño. Pero recuerda: para recibir algo, tienes que soltar algo. Al despertar, Pablo tenía esas palabras, dichas con una enorme dulzura, susurrando en su mente.

No perdía nada con ir al árbol, sabía exactamente dónde estaba. Así que emprendió el camino, y cuando llegó al lugar del árbol notó que algo no andaba bien. El árbol, que era un enorme eucalipto rosa, no estaba, había sido derribado para hacer madera. Sólo quedaba de él un triste pedazo de tronco. Pablo se echó a llorar; sentía que algo muy suyo le había sido quitado. Y ningún regalo podría reemplazarlo. Pero las palabras de la princesa se repetían en su mente.

De pronto, vio que al pie del árbol había algo que sobresalía. Metió las manos en la tierra y encontró un cofre. Lo abrió y estaba lleno de oro y de diamantes. Pablo no lo podía creer. Sus lágrimas se secaron, y sintió una paz enorme.

Entendió todo esa noche, cuando en sueños, la misma voz le dijo: “Soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Te he dado este cofre porque he visto que tu corazón está lleno de amor verdadero. Y debes saber que el amor implica crecimiento. El eucalipto rosa que derribaron representa tu infancia, tu pasado, lo que estás dejando atrás. El regalo de la Diosa representa tu presente, que es el amor que sientes, y que eres. Ese es el verdadero tesoro”. Entonces, Pablo despertó y enseguida llamó a Mariana para contarle.

Mariana nunca fue tan feliz como después de aquel sueño de Pablo.

10 El regalo de l princesa Iris

El abuelo y el patito amarillo


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

 

A Sofi le encanta escribir poemas en su cuarto, mientras en la sala su abuelo escucha las noticias. En el programa dicen que China está lista para eliminar el dólar de la economía mundial. Sofi no sabe lo que eso significa. “¡¡Significa un tsunami financiero, afectará a todo el mundo, Julia!!”, da voces el abuelo poniéndose las manos en la cabeza, y dirigiéndose a su esposa que hace un té en la cocina. Sofi piensa que no es para tanto, y que mientras ella sepa cómo terminar su poema con gracia, todo estará perfectamente en su mundo, que es el único que conoce y le interesa.

El mundo externo, del que hablan las noticias, a Sofi le importa menos que una nuez partida por la mitad. En cambio, para su abuelo, las noticias son muy muy muy importantes. No existe un día en que el abuelo no escuche las noticias, y sufra por lo que él llama “el estado del mundo”.

La abuela levanta la ceja y se burla un poco de la angustia del abuelo.

―¿El estado del mundo? No me hagas reír, viejo. Lo único que te tiene que importar es el estado de tu corazón. ¿Cuándo vamos para hacerte el chequeo? ―le pregunta la abuela.

―Todavía no ―responde él de manera cortante―. Ya me lo haré la próxima semana.

El abuelo sufre del corazón desde hace mucho tiempo. Por eso, Sofi intenta sacarle una sonrisa siempre que puede. Al corazón le hace bien reír.

A Sofí le encanta ir donde su abuelo, y decirle: “¿Quieres que te lea mi último poema? Y ver la expresión de él. Su cara se ilumina, y Sofi imagina que su corazón también, porque una enorme sonrisa aparece. “¡Claro que sí!”, responde de inmediato.

El abuelo toma la posición de escucha. Se sienta y para bien la oreja. Los poemas de Sofi le parecen sublimes, mejor que los escritos por él cuando era un joven idealista.

Sofi no escucha las noticias, pero siempre encuentra cosas curiosas en Internet, que comparte con su abuelo. Esta, por ejemplo.

―Abuelo, el otro día leí en Internet que tú, con tu mente, puedes crear tu realidad, tal vez simplemente creyendo que estás sano, te puedas sanar.

―A ver… ¿cómo es eso, Sofi?

―No sé bien, pero dijeron que haga un ejercicio, y yo lo hice ¡Y funcionó!

―¿Qué ejercicio?

―Decían que si tú te enfocas en algo muy detenidamente, si pones toda tu concentración en algo, puedes hacer que eso se repita más adelante. Si es algo que te emocione, mejor. Entonces, yo puse atención al perro blanco con negro del vecino. Ese que siempre está atado. ¿Te acuerdas?

―Sí ¿y qué con ese perro? ― preguntó el abuelo, sin entender nada.

5 El abuelo y el patito amarillo

―Es raro, pero ese día el perro estaba suelto. Yo salí al jardín, el perro me vio y vino corriendo, saltando de alegría. Empezamos a jugar correteando. Yo puse toda mi atención en ese instante, me olvidé por completo de lo que estaba haciendo, y sólo grabé en mi mente mi felicidad y la del perro. Después, el perro entró a la casa y me di cuenta de que estaba ensuciando con lodo el piso de la sala, y le dije gritando: ¡¡Estás todo mojado!! Y fue muy divertido tratar de sacarlo. Fue muy extraño lo que pasó luego. Y es que fui al pueblo y tooodo el tiempo me pasé viendo perros mojados que jugaban y saltaban libremente. Incluso vi a un perro que entraba y salía de la pileta que está en la plaza. Es muy loco, abuelo. Sin querer queriendo, el experimento funcionó. ¿Quieres hacer la prueba?

―A ver… ―dice el abuelo con incredulidad, pero intentando seguir el juego de su nieta.

―Observa este lugar y elige una cosa, cualquiera de ellas ―le pide Sofi.

―Ya ―dice el abuelo, mirando hacia un punto específico.

―¿Qué elegiste? ―le pregunta Sofi ansiosa.

―El patito amarillo aquel de allá ―responde señalando. ―Lo elegí porque debería estar en el baño, y no entiendo qué hace allí. ―El patito amarillo estaba subido en lo alto de una repisa, como mirándolo todo desde arriba.

―Patito amarillo. Patito amarillo. Patito amarillo ¿qué haces allí? ¡Ese no es tu lugar! ―decía Sofi hablándole al objeto de plástico. ―Abuelo, ahora nos vamos a concentrar muuuucho, pero mucho mucho, en el patito amarillo ―dice Sofi moviendo sus manos como si fuera una vidente.

―¿Y todo esto para qué? ―dice el abuelo sin ocultar una risa burlona.

―Ya lo verás. Tú confía en el poder de la mente. Tienes que pensar y pensar en el patito ―le dice Sofi moviendo los brazos en círculos y apuntando a la repisa.

 

***

Pasaron los días. Y aunque el abuelo no entendía el ejercicio de Sofi, igual pensaba siempre en el patito amarillo. Cada vez que pasaba por ahí, lo veía y le decía: “¿qué haces aquí patito amarillo? Ese no es tu lugar”. Sin embargo, no se le ocurría moverlo.

Uno de esos días, el abuelo enfermó gravemente del corazón y lo llevaron al hospital. Estuvo en terapia intensiva tres noches, enchufado a un respirador, todos pensaron que moriría, porque no reaccionaba. Pero,  al fin se restableció, y a los pocos días lo llevaron a la casa. Eso sí, le advirtieron que no podía tener emociones fuertes, porque su corazón estaba cada vez más débil.

El abuelo volvió a vivir, y esto le hizo pensar diferente. Ya no tenía ganas de escuchar las noticias, ya no quería quejarse ni pelear con nadie, ahora sólo se pasaba en el huerto y escuchando música clásica. Daba gracias a Dios por estar vivo, y sobre todo daba gracias por Sofi, porque sin el amor de su nieta no habría logrado sobrevivir. Ella fue quien más lo cuidó y veló en el hospital y en la casa.

Un día, después de leerle un cuento a Sofi, el abuelo le dice:

―¿Sabes en lo único que pensaba mientras estaba entre la vida y la muerte?

―¿En qué abuelito? ―le dice Sofi abrazándolo.

―En el bendito patito amarillo. Y, ahora me doy cuenta, de que pensando en el patito amarillo pensaba en el amor que te tengo y era eso lo que me fortalecía y me dio ánimos para seguir viviendo ―dice el abuelo soltándose en llanto.

―Ya abuelito, no llores. Yo también te quiero mucho ―le dice Sofi, sobándole la cabeza como a un pequeño cachorro.

Un día de aquellos, el abuelo decidió volver a encender la radio y sintonizar la emisora de las noticias, entonces fue cuando escuchó la siguiente noticia:

“Entre las noticias curiosas del día, tenemos una que realmente nos ha hecho mucha gracia. Resulta que una playa de Australia apareció esta mañana llena de patitos amarillos, de esos que se usan en los baños para los niños pequeños. Así como lo escuchan: ¡la playa amaneció llena de patitos amarillos! Al parecer, un container cayó de un barco en China, ocurrió una tormenta y se abrió aquel container, que estaba lleno de patitos amarillos, que llegaron flotando a las costas australianas. Los niños llegaron por montones y se llevaron todos los patitos. Esto es algo inaudito”, decían con asombro.

Mientras el abuelo escuchaba esta noticia, las lágrimas caían por sus mejillas. Cuando reaccionó, buscó una escalera, se subió en ella y bajó de la repisa al patito amarillo. Le quitó el polvo, lo besó y le dijo: ¡¡Gracias!!

6 El abuelo y el patito amarillo

El camino de las luciérnagas


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

 

Descalza y en puntillas, Lucy entra en la habitación de sus padres.

―Mamá, papá. ¡He soñado que un hada me invitaba a una fiesta en el bosque! Y tengo que ir. Por favor, por mi cumpleaños, vayamos al bosque, por favor, por favorrr ―dice Lucy enrollándose como un gato entre sus padres. Ya no es una pequeña, pero, a veces, le dan estos arranques infantiles, sobre todo cuando quiere algo de verdad.

Su padre está con su tablet jugando algún jueguito bobo, y su madre está viendo una telenovela, es decir, ignorando completamente a su padre. Y también a Lucy, quien le empieza a hacer cosquillas para que reaccione.

―No quiero manejar ocho horas para ir al bosque, hija, vamos a la playa como siempre ―dice el padre apenas levantando la vista.

―Por favor, es mi cumpleaños. Las hadas están en el bosque, no en la playa ―dice Lucy. Su madre apaga la televisión, y le dice a Lucy que se vaya a dormir, que mañana conversan sobre el tema.

Al cabo de tres dias de insistencia, al fin, Lucy convence a sus padres de que la lleven a un resort que ella misma encontró en Internet y que quedaba en un bosque entre las montañas.

La idea de Lucy no era ir a un resort, ella simplemente quería acampar al aire libre, pero su madre dijo que eso no era posible, y que ya que iban al bosque, al menos, no agarrarían ningún piojo ni chinche. Ni los mordería una serpiente, ni les picarían los zancudos. Por eso, el padre tuvo que pagar mucho dinero para hacer una reservación en el tal resort.

El padre no hizo ningún esfuerzo por averiguar cómo llegar al bosque, dejó todo en manos de Lucy. Pero, ya en el camino, las indicaciones que le daba su hija eran confusas. Así que al padre no le quedó más remedio que poner el GPS y larzarse a la aventura.

Cuando entraron en la zona de los bosques y el frío los obligó a subir los vidrios, la señal de teléfono dejó de funcionar y el GPS también empezó a fallar, tal vez por tantas vueltas que dieron. Estarían a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar, y estaban en una espiral ascendente. Mientras subian, el aire se hacía más y más denso. La neblina no dejaba ver más allá de medio metro. El padre iba lento, como una caracola de playa cruzando una autopista.

Hacía rato que había caído la noche, y encima era novilunio, que es cuando no hay luna y la oscuridad es total. Los tres tenían frío y hambre, pero ninguno se quejaba, solo pedían por dentro salir de la neblina y encontrar refugio.

Estaban perdidos en un laberinto de pequeñas carreteras rurales. No había ni una sola persona a quién preguntarle nada, ni luces encendidas.

Tampoco se veía rastro de bosque alguno, todo montaña y precipicio.

 

3 El camino de las luciernagas

―Yo te dije mamá, que no había que reservar en ningún resorte ―dijo Lucy enojada.

―Se dice Ri-sort, hija, aprende a pronunciar. Y ¿qué querías tú? ¿estar como una hippie en una carpa, aquí con este frío? ―le dijo la madre, tiritando y poniéndose una colcha encima.

―Eso es mejor que estar dando vueltas en el carro. Las hadas se van a espantar ―le dijo Lucy ya casi a punto de llorar, con su libro de hadas en las manos.

―Chicas, ya no peleen ―dijo el padre, calmándolas―. No se preocupen que pronto encontraremos algo, aunque sea una casa pobre que nos dé posada.

Y, efectivamente así fue. A los cinco minutos, vieron, a lo lejos, un fogón y a su lado una anciana que lo mantenía vivo. Sobre ella había un letrero que por la oscuridad no se veía, pero decía: “Cabañas del bosque”.

―¡Este es el lugar, papá! ―dijo Lucy apenas se acercaron. No era el resort, pero era el lugar que Lucy había imaginado.

La anciana les explicó que, efectivamente, ese era un lugar de alojamiento, pero que hacía mucho tiempo nadie se hospedaba, por lo que estaba lleno de polvo y, quién sabe, qué insectos.

Al padre no le importó nada, él sólo quería comer algo y descansar del larguísimo viaje. La anciana les dio un poco de sopa caliente y el padre cayó rendido en la cama. La madre se acostó a su lado y puso un toldo; la mujer tenía miedo de que le cayera una tarántula o un escorpión del techo. A Lucy le dieron una cama más pequeña, también con toldo.

Pero Lucy no tenía sueño. Al fin estaba cerca del bosque, y seguramente afuera estaba lleno de hadas. Se hizo la dormida un rato y, cuando escuchó a sus padres roncar, se levantó. Eran ya más de las dos de la madrugada.

Al salir, vio a una luciérnaga que titilaba suspendida en el aire. Lucy no veía nunca luciérnagas en la ciudad ni en la playa, y se maravilló mucho al verla. La luciérnaga la invitó a entrar con ella por el camino de las luciérnagas, que es un pasadizo que te lleva al Bosque de las hadas. Lucy aceptó encantada, se volvió a poner las botas y, así en pijama como estaba, se sumergió, con la luciérnaga como guía, en un mundo maravilloso.

Apenas entró, muchísimos puntitos de luz empezaron a alumbrarle el camino. Eran cientos de luciérnagas que le daban la bienvenida al bosque. Lucy lloró de la emoción, y una luciérnaga se posó en la lágrima que le rodó por la mejilla. Lucy miró su pijama y estaba resplandeciente de la luz de las luciérnagas. Después miró sus botas y su pelo, y también estaban brillantes. Los árboles de aquel bosque eran gigantes y a Lucy le parecía que se inclinaban al paso de las luciérnagas que habían formado un corredor luminoso. Ya no había oscuridad, todo estaba iluminado con una luz dorada.

De pronto, el camino se abrió y apareció una enorme pared de piedra que estaba totalmente cubierta de luciérnagas y resplandecía en medio del bosque. Sobre esa piedra había algunas luciérnagas enormes que volaron al encuentro de Lucy. La niña contuvo el aliento. Las luciérnagas gigantes se pusieron a su alrededor haciendo un círculo de luz, y Lucy pudo verlas de cerca. Aún ellas eran más pequeñas que Lucy, pero eran cincuenta veces más grandes que las luciérnagas normales.

―¡¡Ustedes son hadas!! ―dijo Lucy y, de pronto, empezó a escucharse música de violines.

Todo era tal como Lucy lo había soñado, por eso empezó a reírse mucho, como nunca antes se había reído, y también lágrimas de emoción caían por sus mejillas.

4 El camino de las luciernagas

Las hadas empezaron a danzar a su alrededor, y la tomaron de las manos y la invitaron a comer miel con menta, tortas hechas con flores, y a beber del jugo de los tulipanes y de las orquídeas salvajes. Estos brebajes, le explicaron, te multiplican la energía y nunca te da cansancio ni sueño, y puedes divertirte toda la noche como si fuera de día.

Si los bebieras a diario, nunca envejecerías, porque tus células se regenerarían eternamente, por eso las hadas son siempre jóvenes.

El tiempo se detuvo y Lucy pudo divertirse y aprender de sus nuevas amigas durante toda la noche, mientras sus padres dormían profundamente. Lucy fue la protagonista de una verdadera fiesta de hadas que ellas prepararon en ese mismo momento, de manera espontánea y alegre, pues las hadas transforman todo en un juego.

Al amanecer, antes de irse, las hadas entregaron muchos dones a Lucy. Entre los dones que le dieron estaban:

  • El amor desinteresado
  • La ayuda fraternal
  • La protección especial de las Hadas
  • Sentimientos de profundo agradecimiento por la vida
  • Inspiración. Aventuras. Constante asombro.

Las hadas le pusieron a Lucy todos los dones en pétalos de rosas blancas y con ellas hicieron una pócima a la que agregaron miel, y dieron como desayuno a Lucy. La niña nunca había probado algo tan delicioso. Cuando lo bebió, se sintió totalmente llena de vida, y quiso saltar y cantar.

Lucy regresó al lado de sus padres, ya sin las luciérnagas que se quedaron en sus casas, con las luces apagadas y durmiendo a pierna suelta. La niña se sabía de memoria el camino de vuelta, como si lo hubiese andado muchas veces.

Cuando llegó, sus padres aún dormían. Ella no tenía sueño ni estaba cansada, al contrario, se sentía llena de vitalidad. Se puso a prepararles el desayuno, al que agregó algunas gotas de pócimas mágicas que le dieron las hadas para causar súbita alegría. Cuando ellos se despertaron, aún agotados por el viaje de ayer, Lucy ya les tenía la mesa servida, y estaba lista para enseñarles el camino al bosque.

Una visita al islote Sucre


Coordenadas: Provincia de Manabí, cantón Puerto López, parroquia Machalilla.

Latitud: -1.46667 Longitud: -80.7833

Testimonio y fotos de Mauro Sbarbaro (2015)

 

Soy descendiente de italianos y he vivido en Italia, Suiza, Londres. Durante mucho tiempo me alejé de Ecuador, el país donde nací y el lugar al que volví para echar raíces. A inicios de este año decidí dejar las comodidades de la ciudad y venirme a la naturaleza.

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En Europa, hace más de diez años, empecé a pintar ballenas utilizando muchas técnicas. Fueron ellas las que me trajeron a este pequeño pueblo de pescadores, Puerto López, donde vivo hace tres meses. Desde aquí puedo ser testigo de uno de sus últimos viajes sobre la Tierra.

Todos mis amigos de Europa quieren venir a visitarme. El primero fue Dave, un suizo que vino a pasar sus tres meses de vacaciones en Ecuador. Puerto López ofrece mucho. Y este día nos embarcamos en un bote para vivir la experiencia de bucear con tanque. Nos acompañan dos chicas de Dinamarca y una belga.

La embarcación sale de una playa cerca de Los Frailes. El capitán es Aníbal y el instructor, Joshue. En diez minutos llegamos al islote Sucre. Es impresionante ver cómo el viento y el agua lo han esculpido, se lo han ido comiendo poco a poco. Se ven formas de caras que parecen estatuas de gigantes.

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Anclamos muy cerca de la orilla. Dave es el primero en sumergirse con el tanque, las chicas hacen kayac y yo me voy a hacer snorkelling a la punta. El agua es tan clara que veo estrellas de mar gigantes, rojas y azules fosforescentes, extendidas en el fondo. Todo está vivo, el piso se mueve. Hay corales y pecesitos que, como colibríes llegan y se van.

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Antes de bajar con el tanque, te enseñan cinco señas que significan: OK, Quiero subir, Quiero bajar, Me siento mal y Descomprime. Cuando te ponen el oxígeno se siente delicioso. Nunca en mi vida pensé respirar tan rico. De pronto, éramos solo yo y el agua.

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El instructor te lleva por detrás, él tiene aletas y un cinturón de plomo. Tú llevas el tanque, y eso te da la sensación de tener el control.  Veo dos mantarrayas redondas gigantescas escondidas debajo de la arena, una morena, peces globo, tambuleros, muchos peces que no sé identificar. Me vuelvo un niño pequeño, estoy extasiado, hay tanto para mirar, para sentir. Cuando salgo del agua, me quedo tranquilo y me caliento al sol. Esta parece ser la recompensa de haber dejado la ciudad, y haber optado por una vida más sencilla, llena de belleza y paz.

SER LIBRE (1)

SER LIBRE (7)

SER LIBRE (8)

Yo y mis partes


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Una vez más desciendo al fondo de mi abertura

Una vez más voy en busca de lo que soy

En lo oscuro de mi alma, donde viven mis miedos

los deseos que duermen escondidos sueños eternos

La sombra me abriga, y en ella me dejo caer

Como una niña que no sabe lo que hace

Pero sigue un instinto que la llama

Tan fuerte, tan adentro, tan carne y tan espíritu

Entonces, descubro que no hay fondo, que no hay límite

Para el dolor,

La sangre brota de mis entrañas como una confirmación

De mi caída

La única diferencia es que ahora no estoy sola

Vienen conmigo legiones de ángeles

Que creyeron caer en el mismo artificio de la duda

De la culpa, del error

Somos los que anoche nos llamamos amor

Y hoy nos llamamos despojos

Ambivalentes, duales, crueles

Hemos transitado rompiéndonos

El camino de la separación

No hemos sido fuertes todos los días

Ya hemos hecho demasiado daño

En la tierra de los reptiles

Sabemos que hay un cielo esperándonos

Pero hasta que dentro de nosotros no lo veamos

Resplandecer como un arcoiris completo

No podremos volver al hogar

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Hoy me siento un ángel caído

Un ser que olvidó la consciencia de lo que fue

Un ser partido por un rayo que no vio venir

Una torpe risa que no quiere expresarse

Una caricia dolorosa que ha perdido el sentido

Hoy más que nunca soy yo y mis partes

Porque puedo verlas delante de mí y contarlas

Las llamo por su nombre y ellas me reconocen

Ellas me aman,

Saben que tendré que juntarlas y cada una perderá

Su identidad

Será el final de mis partes divididas

Volveré a caminar como una mujer entera

Nadie contará la historia de mis partes

Ellas dejarán de ser y callarán

Sus cicatrices finalmente se cerrarán

Nadie las recordará, solo el cuerpo que mudo

Se quejará en las noches solitarias

Marcela Noriega: ‘La verdad está en el otro, no en el periodista’


Publicado en Diario La Hora, 17 de junio de 2019

Sección CULTURA

Por Abril Altamirano

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“La crónica te pasa factura en tu propia vida”, dice Marcela Noriega en su última obra: ‘Vivir para contar’, material de su taller de crónica dirigido al público juvenil. Desde 2009, la periodista y escritora guayaquileña encontró en este género la oportunidad de desarrollar una escritura involucrada con la gente, que devino en grandes cambios no solo en su carrera profesional, sino también en su percepción del mundo.

La principal enseñanza que le dejó el periodismo narrativo es el trabajo con la empatía: “Si no puedo sentir lo que el otro está sintiendo, no puedo escribir”, afirma. “Lo que hago es abrirme totalmente al sentimiento y que la historia me conmueva lo que me tenga que conmover”.

Noriega corre el riesgo de enfrentarse a la realidad ajena en total vulnerabilidad. “El cronista necesita sentir y cuando empiezas a escribir inicia una suerte de catarsis, empiezas a liberar ese dolor que no es tuyo realmente, sino del otro”.

El cronista, una presencia silenciosa
Para Noriega, encontrar la verdad en una historia depende por completo de la capacidad del cronista de escuchar y “privilegiar la voz del otro”, haciendo a un lado el ego y las ideas preconcebidas: “La verdad está en el otro, no en el periodista”, sostiene.

En una de sus crónicas más fuertes, ‘Puná Vieja, la tierra del Tin Tin’ -publicada en Mundo Diners en 2015-, Noriega fue testigo de las escenas desgarradoras de la pobreza. Ella mismo vivió el terror por la inseguridad y la violencia que imperan en la isla ecuatoriana; sin embargo, en el texto su presencia es casi invisible. Los personajes de la historia tienen todo el protagonismo.

“Nos enfrentamos con mafiosos, con drogadicción, un panorama terrorífico, fuimos a buscar al diablo, al Tin Tin, y lo encontramos -cuenta la autora-. No podíamos dormir del miedo que teníamos. Nada de eso está en la crónica contado de esa manera, pero se percibe el terror y eso es, yo creo, ese proceso de dejar tu ego a un lado”. La realidad de la isla Puná está contada de boca de sus habitantes, de los jóvenes que se enfrentan a un futuro ineludible de precariedad y vicios, así como de las mujeres que conviven con criminales y buscan salvar a sus hijos de su propio destino.

“Es la visión de quienes están construyendo esa realidad, el periodista casi no puede intervenir en ella, solo está ahí para narrarla, para reconstruir los pedazos”.

 


Poesía en todas partes
Noriega se inició en la escritura como poeta. Jugar con las herramientas del lenguaje se convirtió en su técnica predilecta a la hora de abordar textos narrativos de ficción y no ficción. “Hay cosas que no las puedes decir de otra manera, sino a través de la metáfora. Cuando ésta toca una fibra sensible tuya, puede suceder lo mismo con el lector”.

Autora de varios cuentos, de la novela ‘Pedro Máximo y el círculo de tiza’ y de los libros de crónica ‘Historias que contar’ y ‘Crónicas de San Bartolomé’, Noriega siempre vuelve a la poesía como un medio para expresar lo que el lenguaje común no alcanza a decir.

“Me di cuenta de que la poesía lo ligaba todo y le daba la emoción y la intención que necesitaba para construir una novela”, comenta. En los últimos dos años, se ha dedicado a escribir relatos cortos dirigidos al público infantil y juvenil.
Involucrarse en lo real
También ha trabajado en talleres con jóvenes de colegio, en los que imparte su método de ‘Escritura instrospectiva’: “Hago ejercicios para que se puedan conectar con su yo, que se aparten del ruido exterior, que entren en su ser creativo y desde ahí escriban”.

Su libro ‘Vivir para contar’ invita a los jóvenes a interesarse en la realidad de quienes los rodean. Más que un manual de crónica, la obra busca animar a los estudiantes a contar casos reales para sensibilizarlos. “Si ellos no se involucran con la realidad, ¿qué futuro hay? La idea es dejar de estar tanto en las nubes, en los jueguitos, en la pantalla, y poner los pies en la tierra”.

FRASE

Quiero que los jóvenes no se lo planteen como: ‘voy a escribir una crónica’; sino como: ‘quiero contar algo real’.  Marcela Noriega, periodista y escritora.