Somos alquimistas


Debemos recordar que la alquimia nos llega como tradición artesana. Los artesanos tenían formas de preservar el secreto de sus habilidades y conocimientos. Y lo conseguían mediante símbolos, geometrías sagradas, y mediante el uso de un lenguaje especializado.

Somos estudiantes de las viejas ciencias: la Alquimia, la Numerología, la Astrología, la Botánica, las Artes, la Metafísica, la Introspección, la Meditación, la Escritura.

La palabra alquimia, procede del vocablo árabe “al” (de Dios) y la palabra griega “khumeia” (verter, mezclar…).

Sus metas son alcanzar la perfección de la materia inerte; mediante el ennoblecimiento de los metales, la materia viva; buscando la panacea universal que cura todos los males y proporciona la inmortalidad; el intelecto y el espíritu, mediante la consecución de la omnisciencia (conocimiento absoluto de todas las cosas).

«Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez».

Las meras reacciones químicas no son capaces de sintetizar esta extraordinaria sustancia, ya que se considera que está a medio camino entre el mundo físico y metafísico, por ello la alquimia escudriña en los aspectos filosóficos y místicos para poder producirla; es por tanto la química de lo divino.

Encontramos juntos a la gran maestra que nos proveé de toda sabiduría, entendimiento y suministro: la Madre Tierra. A Ella amamos y nos debemos.

Somos seres creativos que nos unimos bajo el mismo Propósito: trascender la vida programada por la familia, por la sociedad, por el mundo terrenal.

Somos dos, pero somos Uno.

Somos un SER LIBRE!

Ema y la libreta mágica


Ema sueña que viaja por el cielo nocturno montada sobre un ganso gigante. No sabe a dónde se dirigen, pero se siente feliz y muy cómoda sobre el enorme cuerpo del ave, que tiene el pico grueso y naranja, las patas de color rosa suave y el plumaje de un blanco plateado y resplandeciente como la luna. La voz del ganso es muy fuerte y suena como una trompeta. Al parecer, Ema entiende todo lo que su amigo ganso le dice. De pronto, Ema siente una mano sobre su cabeza. Es su madre, quien la despierta para ir a la escuela.

A regañadientes, Ema se levanta. Quiere seguir soñando, pero el horario escolar se lo impide. “No importa”, piensa, “lo anotaré todo en mi libreta para que no se me escape el ganso”. Enseguida, Ema toma su libreta y describe la imagen de ella volando sobre la ciudad con su amigo. 

Los sueños son su inspiración, de ellos saca ideas geniales para escribir cuentos. Para Ema, el mundo no está hecho de átomos ni de polvo de estrellas ni de diminutas partículas, sino que está hecho de fantásticas historias que apunta en su libreta. Ella va con su libreta a todas partes.

Ema ama con locura las historias de todo tipo, menos las que dan miedo. En su habitación, tiene una repisa llena de libros de cuentos, y todas las noches su madre le lee alguno.

Ema no lo recuerda, pero su padre le contaba historias cuando era un bebé, y aún en el vientre de su madre, su padre se quedaba dormido contándole historias que, muchas veces, sacaba de su cabeza. 

Cuando Ema regresó de la escuela, tuvo una idea: escribir una historia que no haya soñado para ver si se producía el efecto contrario. Si cuando sueña algo, lo escribe. Tal vez, cuando escriba algo, lo sueñe. Entonces, Ema escribió un cuento en el que ella estaba a punto de ser raptada por unos bandidos y, de pronto, apareció un hermoso príncipe que la rescató, la cargó en sus brazos y la puso a salvo.

El príncipe llevó a Ema a un bosque encantado en el que le presentó a todos su amigos. Entre ellos, estaba un zorro mucho más grande que ella, a quien, en principio, le tuvo miedo, pero luego, al ver la enorme sonrisa del zorro, Ema lo abrazó como si fuese su compañero de aventuras.

También, estaban los pájaros multicolores con los que Ema podía comunicarse perfectamente en el idioma de las aves y el caballo del príncipe, que era negro pero de brillantes crines doradas.

Tal como lo pensó, cuando Ema se durmió esa noche se vio montada en el caballo negro del príncipe, cabalgando bajo un manto de estrellas que caían fugaces.

Ema se sentía libre y estaba muy emocionada, porque en el sueño sabía que el caballo la estaba llevando directamente donde el príncipe. Y así fue. Pero cuando lo vio, Ema se dio cuenta de que el príncipe no era como ella lo había pensado en su cuento: un hombre ya grande, moreno, alto, fuerte, sino que era parecido a ella.

Era un niño de nueve años que vestía con ropajes reales y que podía hablar con todos los animales del bosque encantado.

El pequeño príncipe llevó a Ema en su caballo negro a conocer a sus amigos, y Ema pudo abrazar al zorro y conversar con los pájaros multicolores, igual que lo hizo en su cuento.

A la mañana siguiente, Ema le dijo a su mamá que su libreta era mágica, y que todo lo que en ella escribía, luego lo soñaba.

Su mamá se quedó sorprendida, y se alegró de que su hija tuviera una imaginación tan prodigiosa.

Viendo que el cumpleaños de Ema se acercaba, su mamá le preguntó qué quería de regalo. La niña le dijo que quería que todos sus amigos se hicieran reales para que ella los pudiera ver.

“Eso no es posible, hija”, le dijo su mamá. “Esas son sólo historias de fantasía que se quedan en los cuentos y en los sueños”.

Pero Ema insistió en que sí era posible.

Esa noche, en los sueños, Ema volvió al bosque encantado y les pidió a sus amigos: el ganso, el zorro, los pájaros, el caballo y el príncipe que se volvieran reales para su cumpleaños.

Ellos le explicaron que si se volvían reales, las personas podrían asustarse y hacerles daño y que ellos preferían seguir viviendo tranquilos en el bosque encantado y que ella podría visitarlos siempre en sus sueños. Entonces, Ema rompió a llorar.

El príncipe le dijo que como él era humano, él sí podía ir con ella a su mundo, pero que dejara a los animales en el bosque. Ema aceptó.

Cuando su mamá fue a despertarla, Ema le contó que el príncipe vendría para su cumpleaños y que había que preparar una comida digna de él.

Su mamá sonrío, y aceptó el desafío de cocinar para alguien de la realeza. 

El cumpleaños de Ema llegó, todas sus amigas de la escuela fueron a su casa por la tarde, le dieron regalos, le cantaron el cumpleaños feliz y comieron el pastel y la deliciosa y abundante comida que había preparado su mamá, pero Ema estaba triste, porque el príncipe nunca asomó.

“No importa, hija. Tú eres mi princesa, hice esta comida por ti”, le dijo su mamá consolándola, y de regalo le dio una nueva libreta, de filos dorados que en la tapa tenía dibujado un cielo estrellado.

Esa noche, Ema se quedó dormida y soñó con el príncipe. Él le dijo que sí estuvo en su cumpleaños y para probárselo le contó, paso a paso, todo lo que ocurrió, incluso le dijo las cosas que hablaron sus amigas, todo lo que comieron y le describió su cara de tristeza porque él no llegaba.

“¿Pero por qué no te podíamos ver?”, le preguntó Ema.

“Porque yo sólo existo en tu imaginación, querida Ema. Tú sólo puedes verme cuando estás conectada con tu imaginación, y cuando eres feliz. Y en tu cumpleaños, tú estabas conectada con otras personas, y con la tristeza, así es imposible que me veas. Eres tú quien me da la vida”.

Ema comprendió que sólo en sus sueños o cuando ella escribía sentía esa profunda emoción de felicidad que le hacía percibir esos reinos sutiles que ella recreaba en su imaginación.

Entendió que había una realidad paralela a la que ella tenía acceso solamente cuando dejaba fluir esa increíble creatividad, y que se cortaba cuando se lo contaba a alguien más, o permitía que la tristeza la invadiera.

A partir de entonces, Ema conservó como un secreto su relación con los maravillosos seres que ella conocía a través de sus cuentos y sus sueños. Sólo la libreta mágica podía saber todos sus secretos.

TALLER DE ESCRITURA / Todos los géneros


Estamos aquí (1)

Este Taller es un viaje de auto-descubrimiento, en el que la escritura se convertirá en tu mejor herramienta para explorar tu mente, tus recuerdos, tus sueños, tus capacidades escondidas. El Taller te ofrece la experiencia de poderte observar desde distintos enfoques (primera persona, segunda persona, tercera persona), así como aprender a utilizar herramientas de diversos géneros literarios que te permitirán construir personajes verosímiles, sólidos, que conmuevan a los lectores.

Hacemos ejercicios de escritura grupales, pero también personalizados, según el requerimiento de cada participante. Los ejercicios están siempre orientados a desarrollar la creatividad, la introspección, la creación de personajes, la narrativa, la poética, el ritmo, la auto-expresión.

Lo único que necesitas para hacer el Taller es reservar tres horas a la semana, ya sean los miércoles o los sábados, y comprometerte a escribir entre semana. A la primera sesión es necesario llevar un texto autobiográfico en el que te presentes a ti mismo.

Taller de Escritura Miércoles1

Este Taller está dirigido a ti:

  • Si quieres empezar a escribir un libro y no sabes cómo estructurarlo.
  • Si quieres aprender o perfeccionar técnicas, herramientas, consejos sobre el arte de la escritura.
  • Si encuentras en la escritura tu manera personal de auto-expresarte.
  • Si quieres empezar a vender tus artículos, o participar en concursos literarios.
  • Si quieres aprender a crear personajes y contar historias convincentes.
  • Si quieres escribir desde tu verdadera esencia, y no desde el intelecto
  • Si quieres re-organizar tus memorias, recapitular tu vida comprender y sanar.
  • Si tienes buenas historias que contar y crees que merecen la pena ser contadas.
  • Si quieres transformar los momentos difíciles en aprendizajes usando la escritura
  • Si quieres desbloquear tu creatividad, auto-empoderarte de tu propia historia.
  • Volver a ser protagonista de tu vida.

 Mail: marcenoriega@gmail.com

Wasap: 098 5838 447

Puedes leer Opiniones de quienes han hecho en Taller aquí

https://marcelanoriega.wordpress.com/2019/12/06/taller-de-escritura-todos-los-generos/

Al final del Taller, hacemos una lectura pública para que los familiares y amigos de nuestros autores, así como el público general, disfruten de los textos producidos en el Taller.  Pueden informarse de los eventos siguiéndome en Facebook: Marcela Noriega.

Despertar


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La consciencia de cada persona despierta de manera distinta. Siendo este un proceso, se iniciará cuando la persona empiece a ver más allá de la mente, el ego o personalidad y de todas las ofertas que se ofrecen como garantías y alternativas de una supuesta mejor calidad de vida.

Muchas personas dicen sentirse decepcionadas de la vía espiritual que han tomado, porque sus religiones, pastores, sacerdotes, chamanes, maestros, guías o sanadores no han sido lo que ellas creían. Estas personas se confundieron creyendo que el camino era hacia afuera, y mientras no empiecen el camino verdadero, que es hacia adentro, despertando sus propias consciencias dormidas, ellos no verán más que oscuridad.

Ahora como hongos se reproducen los falsos maestros intentando captar víctimas. Muchos caen presas de seres oscuros que, a través del engaño, los llevan a abismos de donde es difícil escapar.

El despertar empieza cuando el ser interno despierta, y comprende que es un espíritu viviendo una vida física. Se da cuenta de que está más allá de las formas, pensamientos, acciones y experiencias, entendiendo que todas estas son ilusiones creadas por la mente. La mente es una energía con consciencia que, en complicidad con el ego, manipula a través de los pensamientos y creencias para controlar y construir realidades que solo son fantasías.

Todas esas distracciones nos impiden ver lo que realmente es, lo que somos y desvían nuestra atención hacia otros lugares que nos llevan hacia la dependencia y la esclavitud mental. Incluso nos llevan al extremo de hacernos creer que vivir experiencias extrasensoriales, donde, aparentemente, nos conectamos con seres de otros planos dimensionales, es una señal de que ya hemos despertado.

Otra de las trampas de la mente ególatra es hacernos creer que hay fórmulas o requisitos para despertar y, además, que debe producirse luego de mucho sufrimiento y dolor. Pero no es así, ya que seres de alta vibración, ya sean religiosos, científicos, filósofos, artistas, músicos, místicos y otros, lograron despertar cuando orientaron su mirada hacia su interior, ya sea en estado de meditación, aislados de todo bullicio, alejados de la vida mundana y de distracciones exteriores.

En aquellos momentos, solo hubo soledad, silencio, ausencia de lo cotidiano, logrando adentrarse en las profundidades de su ser interior, sin fórmulas ni instrucciones terrenales pre-concebidas. Sólo cerrando los ojos, y respirando pausada y conscientemente. Cada uno de ellos lo hizo a su ritmo, porque los tiempos para despertar la consciencia son distintos y particulares.

Así, fueron descubriendo que existe un campo de posibilidades infinitamente grande e inagotable que les permitió ver que su existencia exterior era minúscula, limitada e imaginaria. Comprendieron que mirar hacia afuera es estar dormidos y ser prisioneros de la matrix, en tanto que mirar hacia adentro es despertar y escapar de ella.

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Despertar la consciencia es liberarnos de la rutina que nos agota. Es romper con los esquemas que impone la sociedad y nos vuelve zombis. Una sociedad que establece reglas o condiciones que, si no las cumplimos, seremos rechazados, sancionados, disminuidos y hasta execrados de este sistema ilusorio y virtual.

Despertar es desapegarnos de las personas y las cosas materiales, ser humildes y sencillos. No imponer a los demás nuestra filosofía, nuestro sistema de creencias y nuestra manera de percibir la existencia. Pero tampoco permitir que nos impongan la suya.

Cuando despertemos, muchos nos tildarán de locos y enfermos mentales mientras otros nos verán como seres muy despiertos y claros. Por lo tanto, lo mejor es sentir nuestra intuición y sentimiento interno. Si sentimos paz desde adentro y desde afuera, esa es una magnífica señal.

Despertar es aceptar a nuestros semejantes tal y como son, y aceptarnos a nosotros mismos como somos, ya que todo es perfecto ante los ojos y la consciencia de Dios, la fuente creadora.

Despertar es llevar la vida con fluidez, sin complicaciones, haciendo las cosas que llenen nuestro corazón, anclados en el presente, sostenidos en el ahora, y solo mirar atrás para recordar momentos de alegría, o para sanar lo que aún no se ha sanado, pero sin quedarse enganchado con ninguna de esas experiencias.

Despertar es sentir que nada nos molesta ni perturba, a pesar de lo que estemos viviendo. Es ver cómo los problemas físicos, mentales, emocionales se van desvaneciendo hasta hacerse imperceptibles e inofensivos.

Despertar es sentir y expresar las emociones, soltarlas, no quedarse con ellas, y así evitar somatizarlas a través del cuerpo físico.

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Despertar es experimentar y aceptar nuestras sombras y oscuridades, entendiéndose que es la otra parte de la dualidad en este plano, que es la luz, para al fin observar que no están separadas, ya que todo se encuentra unido.

Despertar es evitar ser protagonista, sentirse líder o maestro de los demás, porque todos somos maestros o alumnos según las circunstancias. Sobre todo somos maestros de nosotros mismos, cuando miramos hacia adentro que es donde se haya el mayor conocimiento, la sabiduría divina. Un verdadero maestro espiritual transmite la verdad en la cual cree sin imponerla. Es un emisor de información, pero también está dispuesto a escuchar, a aprender de los demás, con humildad y agradecimiento.

Despertar es sentir paz interior, una paz inexplicable que no pertenece a este mundo, sino a planos o esferas más sutiles y etéreas. Una paz que se haya en nuestro corazón, que es la conexión con nosotros mismos, nuestra esencia espiritual y la conexión directa con el amor incondicional y eterno de la consciencia única de Dios.

Llenar el vacío crónico


Arrebatados por el apego, el odio y la ofuscación, los seres humanos, perdido el gobierno de la propia mente, se hacen daño a sí mismos y a los demás, sufriendo toda clase de dolores y aflicciones. Pero el que se ha apartado del apego, el odio y la ofuscación no se hace daño a sí mismo ni hace daño a los demás, y no sufre ninguna clase de dolor ni aflicción.

Buda

El gran camino es muy llano y recto, aunque la gente prefiere senderos tortuosos.

Lao Tse

Miren, dentro de ustedes se encuentra el reino de los cielos.

Jesús

 

INSATISFACCIÓN CRÓNICA

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Una de las sensaciones más evidentes del ser humano es precisamente esta: la insatisfacción. Es algo parecido a una enfermedad mental. Esta insatisfacción crea ansiedad, angustia, confusión y malestar.

A veces, se percibe como algo difuso, indefinido, pero a pesar de su sutilidad acaba por robarnos el sosiego, la claridad mental y el estado de ánimo. Nos causa sufrimiento, y nos obliga a buscar compulsivamente la forma de encontrar soluciones a esa sensación de vacío, al igual que la persona hambrienta busca su comida. Es como si la persona tuviera un hueco que llenar.

La sensación de foso sin fondo.

Nos ponemos a llenar ese hueco con todo tipo de actividades, logros y metas para llenar el vacío.

Nos compramos un carro nuevo, cambiamos de pareja, intentamos ascender en la empresa, cueste lo que cueste, viajamos para distraernos, consumimos de forma voraz. Toda esa sed, esa voracidad por llenar el vacío, la insatisfacción, hace que al tomar decisiones equivocadas, nos provoquen el mismo efecto que beber agua salada en un sediento: la sed aumenta, aumenta el malestar y el vacío no se llena. Por lo tanto, aparece la insatisfacción crónica.

De esta forma, al desatender los aspectos más valiosos de la vida, es decir: los internos, la paz interior, la salud mental y física, nuestra relación con los demás, nuestra psiquis colapsa como un alud de nieve.

Pero lo bueno es que este estado negativo de insatisfacción puede ser precisamente el detonante que invita a la persona a modificar su mente, y aspirar a un nuevo estado de consciencia. Así, haber sentido en carnes propias la vacuidad nos impulsa a conseguir la plenitud.

Si así nos ejercitamos, poco a poco, iremos sustituyendo el veneno por el antídoto. O sea, transformaremos la ofuscación en claridad, la avidez en serenidad y el odio en amor.

De esta forma, se acabará con la insatisfacción y el vacío crónico, y a su vez, pondremos en marcha las fuerzas psicosomáticas naturales que nos llevan hacia la integración y la evolución de la consciencia, de forma que evitaremos quedar atrapados en nuestras contradicciones internas, en nuestro desorden psíquico, y en todo aquello que consume de forma voraz nuestra paz interior, nuestra claridad espiritual.

Busquemos las herramientas que nos permitan la liberación de lo pernicioso. Volvamos al lugar del que hablaban Jesús y Buda en la parábola del hijo pródigo, y volviendo a él encontraremos aquello que llena el vacío: la plenitud, la paz interior.

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Hay tres herramientas para hacerlo posible. En primer lugar: practiquemos una ética genuina, o sea, poner los medios para que los demás sean felices y evitarles cualquier sufrimiento.

Segundo: una disciplina mental que pasa por usar métodos para el cultivo, desarrollo y perfección de la propia mente, aprendiendo a gobernarla hasta donde sea posible. Todo esto se resume en una sola palabra: meditación.

Y la última recomendación es el desarrollo de la sabiduría, que obtendremos al practicar los dos primeros puntos. Esta sabiduría no está en los libros, no está en la acumulación de datos, no está en la erudición, está dentro de ti, en tu alma, en tu consciencia.

Serena tu mente. Gobiérnala, y llenarás el vacío crónico.

 

 

 

 

 

El vuelo del dragón


EL VUELO DEL DRAGÓN

NOVELA CORTA

(Escrito por Marcela Noriega – Ilustrado por Mauro Sbarbaro)

Breve descripción:

El libro cuenta la historia de Oruam, un joven dragón que desconoce su verdadero origen, pero que persigue instalar la paz en la tierra interna, a donde fueron confinados a vivir los dragones oscuros. A pesar de que sus padres adoptivos, los Uróboros, le han inculcado el miedo y la necesidad de matar a otros animales para sobrevivir, Oruam es totalmente distinto a ellos. Él no teme enfrentarse con las fuerzas oscuras que han manipulado a los suyos, y han atemorizado a la humanidad de la superficie.

Es una historia de ficción, surrealista, pero que tiene un profundo mensaje de paz, de valor, de compromiso social, consciencia de unidad y de sentido de pertenencia.

 

(fragmento)

El día en que el huevo se rompe y Oruam sale de adentro, es el más feliz para la vieja dragona. Su compañero también está contento. Se desviven por darle de comer al pequeño dragón, que evidentemente es muy distinto a ellos. No sólo porque sus escamas son doradas como el Sol, sus patas son robustas y sus alas traslúcidas, sino porque es muy inteligente, valiente y rebelde.

Nunca podrían mostrarlo a los demás dragones, porque si los dragones rojos y negros, que son los de las jerarquías, se enteran de que ellos han ocultado a un dragón de la luz, lo matarían y a ellos también por traición.

Realmente Oruam nació y fue encontrado por los Uróboros para cumplir con el plan de los dragones Kumara. El plan consiste en que algunos dragones de luz nazcan en hogares de dragones oscuros para así conocer en profundidad sus pensamientos, maquinaciones y estrategias. Se esperaba que el huevo fuese encontrado por un dragón negro o rojo, y no por un Uróboros.

Desde antes de nacer, Oruam fue instruido en cumplir esta misión, pero al romperse el huevo y producirse el nacimiento, el dragón olvidó todo el plan. Nació sin memoria alguna, sin saber quién es y qué hace en esa cueva. Igual como les ocurre a los humanos al nacer en la Tierra: olvidan todo lo que antes habían diseñado con sus maestros. Pero esto es parte del juego.

Los padres verdaderos de Oruam son Eliá y su compañera Amaru, reina del pueblo pacífico de los Amaru. Mientras que Eliá es un dragón de escamas de oro; Amaru es una dragona cristalina de cola de pez. Ellos engendraron el huevo dorado, mientras vivieron en la montaña Palacio. Y, con una confianza total en el plan Kumara, lo dejaron entre la maleza. Otros huevos fueron puestos cerca de dragones oscuros, lamentablemente algunos fueron comidos.

Los viejos Uróboros temen que su pequeño dragón sea descubierto, por eso le impiden salir de la cueva con tanta insistencia. Aunque ellos están cada vez más viejos y cansados, hacen lo imposible por traerle comida a Oruam. Y no es comida fresca lo que le traen, sino que lo alimentan, casi siempre, con animales muertos.

Oruam crece y aprende a amar a los viejos Uróboros como si ellos fueran sus padres. Él no recuerda que puede volar largas distancias, a velocidades invencibles. No sabe que es capaz de volar tan alto que puede llegar a las cumbres y más allá… Incluso, a la superficie. Podría conseguir alimento fresco y divertirse danzando en al aire.

***

Pasan los años, y Oruam se va convirtiendo en un hermoso joven dragón. Cuando abre sus alas adentro de la cueva, puede sentirse como un vendaval de aire fresco. La vieja dragona empieza también a enseñarle cómo echar fuego por la boca. Sin embargo, la mala calidad de la comida que recibe Oruam, le impide lanzar reales llamaradas y sólo le sale un pequeño fueguito.

Luego de su primera salida, Oruam ya sabe que puede defenderse por sí mismo, y con mucha seguridad se les planta a sus padres.

—Padres, déjenme explorar afuera de la cueva. Les prometo que regresaré con comida para los tres —les dice decidido, al verlos totalmente agotados.

—Está bien Oruam, mañana podrás salir —le responde la vieja dragona para sorpresa del pequeño. El padre está de acuerdo. No pueden seguir cazando solos, necesitan de su ayuda. Y Oruam no puede vivir siempre encerrado. En caso de que alguien lo descubra, tendrán que enfrentar las consecuencias de haberse robado ese huevo dorado.

(Tomado del Capítulo III: EL PLAN DE LOS DRAGONES KUMARA)

Comentarios sobre el Taller de Escritura/ Todos los Géneros


Taller de Febrero

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Michelle López 

 

«Sanar, DESCUBRIR, verme a mí, a la auténtica Cinthya mientras escribía, sintiendo dolor y alegría, con lágrimas y risas, con aprendizaje y amor, amor a esa mujer que ahora veo; fluir escribiendo ya no desde la sumisión y el hundirme en lo oscuro y triste… sino verme y agradecer porque eso me ha hecho quien soy ahora y me hace feliz, verme en mi lado oscuro y con mi luz. GRACIAS».

Cinthya Plaza

 

«El Taller de Escritura para mí ha sido revelador y liberador (en ese orden). Distinguí cosas que no tenía ni idea que estaban ahí y me está apoyando a sanar. Es una forma diferente de expresión. Siempre podremos crear un personaje que haga lo que nosotros no nos atrevemos, o uno que cuente nuestra historia. Siempre podremos conocernos por medio de ellos. Gracias Marcela por compartir tus conocimientos, y abrir este espacio para personas que, tal vez sin saberlo, buscamos sanar y ser libres».

Cinthya Jeldes 

 

«Fue un Taller que aportó muchísimo en que yo reconozca mi vulnerabilidad e imperfección, como un valor que habita en mi naturaleza humana, sin juzgamientos ni señalamientos, sólo con la simpleza de las frases y las letras que iban impregnadas de mi sentir y el de todas las personas que tuve el gusto de conocer y compartir. Escucharlas, sentirlas, fue un regalo maravilloso que lo guardaré en mis memorias. Logré recordar momentos hermosos de mi infancia y adolescencia, e incluso ver etapas de mi vida desde una perspectiva poderosa! Gracias Marcela por esta experiencia.

Verónica Coronel 

«Para mí el Taller fue una experiencia enriquecedora como persona, sobre todo en lo espiritual. Fue una reconexión conmigo misma, un alto a esta vida apurada y reflexionar en cómo estoy, a dónde voy, qué hago, qué pienso, qué siento. Mejoró mi manera de verme, me ayudó a amarme más, y pude ver cómo mis compañeros tuvieron un antes y un después del taller, se sentía el cambio. Gracias por ser como eres, por tu energía y por transmitir reflexión y paz».

Catherine Delgado 

 

 

Taller de Diciembre

«Mi idea con el taller era poder ver de forma técnica la escritura, poder mejorarla y quizá recibir algunas reglas gramaticales, como dónde van las pausas, comas, puntos, etcétera, pero definitivamente fue mucho más allá de mis expectativas.

Ha sido un continuo auto-descubrimiento, redactar la historia que se alejaba de mi realidad y darme cuenta que en cada parte estoy yo, descubrir esos lazos que me atan, ideas preconcebidas de cómo deben verse las cosas, cómo una mujer debe actuar y qué es permitido hacer sin escandalizar a la gente. Es una forma de ir profundo a conocerme y darme esa libertad que en mi vida particular no me he dado.

La experiencia del taller es aún más rica cuando escuchas a tus compañeros descubrir lo que necesitan descubrir y, de paso, crear historias maravillosas. Gracias Marcela por darnos una herramienta de sanación, descubrimiento y libertad».

Stephania Cagua 

 

«Recuerdo cuánto disfrutaba leer un libro y las ganas que metía en cada carta que escribía para mis amigas o familiares queridos durante mi adolescencia. De repente, me encontré sin ese placer y lo extrañé mucho.

Sabía de los talleres de Marcela,  pero no se me dio hasta ahora, que estoy teniendo esta mágica experiencia. La  busqué con la intención de reconectar con mi creatividad. Sentía que debía volver a fascinarme por algo. Y en el proceso me reencontré.

Estoy maravillada de poder sanar junto a otros seres hermosos en un calor tan cálido como el de un hogar.

Volver a casa a través de la escritura es un regalo. Estoy aprendiendo a integrar mi luz y oscuridad con amor y compasión. Confirmando que el maestro aparece cuando el alumno está listo. No antes ni después. Gracias Marcela por tu entrega de amor y paciencia, por ser guía en este caminar».

Meli Chan 

«Realizar el Taller de Escritura con Marcela está aportando a mi visión de escribir un libro con técnicas y herramientas prácticas. Además, me ha apoyado a observar mi realidad interior, ver información que estaba en mi memoria, reconocerla objetivamente y escribir sobre ello».

Julia Gómez

«A través de la escritura he podido encontrar una forma de expresar todo aquello que guardaba en mí. El dolor, la desilusión, el amor, la esperanza. Tantas veces ha sido mi refugio, mi casa, mi compañía.

Viviendo a través de las letras. La vida te lleva a los lugares en los que debes estar, en el momento que estás listo, y con personas que vibran en tu frecuencia.

Es así, como puedo describir la hermosa energía que fluye en esta experiencia, entre las personas que conformamos este curso. Encuentras vivencias con las que te reflejas, historias que te identifican, silencios cargados de una magnífica reflexión, risas que te van curando el alma.

Cuando resulta la sincronía y se dan encuentros tan hermosos, en una atmósfera tan profunda, no queda más que ser agradecido.

Fui con el objetivo de mejorar mi escritura, y he recibido una recompensa aún mayor».

Mafer Emen 

«La escritura es una experiencia tan maravillosa como volver a casa, a la casa más bella, la del alma. Al inicio, escribir fue la burbuja de mis quimeras, mi mundo alterno. Hoy, escribir es sentirme mitad cielo, mitad tierra, abrazando mis matices y haciendo eco de mi voz. Gracias Marcela Noriega por ser luz en el camino, a través de tu amor por las letras».

Alexandra Coloma

 

Si quieres participar en el Taller, escríbeme a marcenoriega@gmail.com

Los círculos de la Piedad


Novela inédita «Los círculos de la Piedad»

«Los Círculos de la Piedad» es una obra existencialista en la que dos amantes se encuentran y desencuentran. Piedad es una mujer que ansía ser amada, pero no sabe cómo retener a Pablo, un hombre amurallado, quien ha vivido siempre en un vacío profundo. La obra refleja los dramas en las relaciones de pareja, que son consecuencia de traumas infantiles no superados. Habla de los círculos de amor, desamor, sexo, posesión, lujuria, excesos en los que las personas se ven envueltas.

FRAGMENTO

CAPÍTULO IV

LAS NOCHES DEL ESCORPIÓN

 

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Piedad pasa de ser un río tumultuoso a un tímido y jadeante hilo de agua que no sabe por dónde correr, que empieza a seguir un rastro ya establecido. El final es siempre el mismo. Pablo es estéril, parco, está hecho de una roca imposible de penetrar. Sus sentimientos permanecen cercados, permanecen altivos como la araña sobre su maroma, sus brazos jamás se abren y su boca está siempre lista para la pelea. Para demostrarle que el deseo de ella le pertenece, juega. Le niega el placer por días y noches, días y noches, se ausenta por semanas enteras. Ve con otros, le dice, yo no te ato. Él se queda lejos, resplandeciendo con otras, y ella pierde el juego. Él manda. Cuando quiere poseerla, simplemente lo hace. Ella está enferma y él lo sabe. Un hombre antes que él la enfermó, y él se aprovecha del camino abonado.

El sexo es una forma de dominación que funciona para casi todos los hombres. Lilith, la hembra que no se somete, la bruja que aún duerme en su interior malherido, se revuelve, grita pero Piedad no la escucha. Quiere revertir el daño, pero no sabe cómo hacerlo. Quiere huir y no volver, echar tierra sobre el nombre de Pablo, dejarlo solo en su ruindad, pero nunca tiene suficiente fuerza. Ha cedido todo su poder, su voluntad ya no le pertenece. Se desconoce.

Eva, la mujer sometida, la que guarda silencio y espera, le dice que aguante, que sea constante, que él, algún día la va a amar. Piedad sabe que Eva miente, que el amor es solo un engaño, un mórbido anzuelo que la mantiene en la agónica espera de la muerte. Es mejor levantar el vuelo y largarse a otro paraje. Pero Eva no la deja. Ella es la que ahora prevalece. Paciente, Piedad intenta comprender las causas y se dispone a soportar. Le repite a Pablo  una y otra vez lo que siente como un reclamo, un llanto, una insoportable letanía.

— ¿Tú no me amas? — le dice como una pregunta que parece una sentencia.

—Te equivocas. Yo soy así, un animal raro, un gusano intentando vivir en un mundo de hombres  —dice él sin contestarle realmente. Pablo  es Géminis, y siempre juega con la mente, tiene respuestas salidas de cuevas remotas que la dejan sin habla.

—Pero ¿me amas o no? —insiste ella, al cabo de un largo silencio. —Necesito saber qué sientes —dice en tono de lamento.

—Quita ese tono, porque de esa manera no conseguirás que nadie te ame —le dice él y se va.

***

Lilith sabe que él jamás cambiará. Ella es sabia, conoce a los hombres y, por lo tanto,  es pesimista. Sabe que Pablo  herirá hasta la muerte a la Eva que vive en Piedad, y jamás dejará de ser quién es. Pero Eva es ingenua, se aferra a la idea de que ella le enseñará el camino. Siente que ella le pertenece. Le abre el cuerpo apresuradamente para que encuentre las respuestas de sus cavilaciones. Le entrega el alma como hacen las vírgenes, como Dios ordena hacer a todas las mujeres. Le dice que lo ama y casi lo amamanta aunque no obtenga nada más que silencio. Él cree estar desahuciado, muerto antes de tiempo. Las múltiples tragedias han carcomido sus huesos, y él ha renunciado a la esperanza. Eva jamás renuncia. Él toma de ella lo que su desencanto le permite.

Durante tardes, madrugadas, noches, mañanas enteras se ahoga en sus líquidos blancos. Algunos días amanece convencido de ese amor, y se abraza a ella. Como un recién nacido suplica no ver la luz. Como un feto, no nacer. Como un hombre doliente implora morir dentro de la mujer. Como un dios, sonríe mientras se extingue. En esos días, él deja entrar el delirio. Hace poesía como un ejercicio para reconocer su propia alma, la llama con sonidos cóncavos, inventa plegarias para que el alma regrese, pero el alma está demasiado lejos.

Entonces, se aferra a las piernas de Piedad, como si fueran balsas en el gran río de la soledad. Porque Pablo  se sabe profundamente solo. Se han ido la madre y el alma detrás. Se ha perdido a él mismo, y si Piedad sigue insistiendo en seguirlo, también se perderá. No importa lo que ella haga, es inútil tratar de aplacar la llama del abandono en la que vive Pablo. Es un niño dejado, rechazado, por la única mujer que pudo amarlo realmente, y esa herida está tan abierta que él no logra unir los bordes. En los bordes, él se arrastra como un reptil pidiendo agua.

La estela azul


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Habíamos salido a la terraza, faltaba poco para que el sol terminara de caer. Nos sentamos en el suelo. Me tomaste de las manos y me pediste que cerrara los ojos. Yo obedecí.

Imagina que tu cuerpo se desintegra poco a poco, me dijiste. Imagina que te vas volviendo de aire, que te vas haciendo partículas de un polvo luminoso, imagina que tu alma sale de ti y vuela. Detrás, deja una estela brillante. Ahora, desde arriba, te fundes con los colores y caes sobre la ciudad en forma de luz azul. Esta luz es un consuelo para los que sufren.

De pronto, en el sueño, me vi a mí misma sentada en la ventana de un bus. Me sorprendió ver cómo podía caber en una pequeña ventana. Al parecer, tenía el mismo cuerpo, sin embargo, era como de aire, como un espíritu. Sí, era un espíritu, porque los demás pasajeros no podían verme. Tú estabas sentada a mi lado, en el primer asiento del bus, y mirabas para adelante, como si esperaras a que algo ocurriera de un momento a otro. Por lo visto, te parecía muy normal que yo estuviera sentada en una ventana y con casi todo el cuerpo afuera.

Como una niña pequeña, muy divertida, yo metía y sacaba el cuerpo. Y cuando lo sacaba, a veces, sentía cómo todo tipo de buses e incluso camiones grandes me atravesaban, como si yo fuera puro éter. No me dolía ni nada, pero era una sensación que me hacía apretar muy fuerte los ojos. Tú estabas demasiado concentrada en ver al frente. Así que yo seguía jugando a sacar y meter el cuerpo.

El bus iba realmente muy rápido, tanto que los pasajeros empezaron a protestar. Era inusual la velocidad que llevaba, parecía un carro de carreras. Se armó una bulla intensa dentro por las voces de los pasajeros que exigían al chofer que saque el pie del acelerador. Pero ninguno se atrevía a levantarse del asiento. Una energía de miedo empezó a inundar el bus, algunas personas empezaron a gritar.

De pronto, tú me dijiste: ¡Ahora! ¡Suéltate ahora!

Y cuando tú dijiste esto, yo inmediatamente supe qué hacer, como si lo hubiésemos planeado en algún momento pasado que yo no recordaba. Fue cuando me lancé hacia atrás. Simplemente me dejé caer, como cuando uno está en un mar tranquilo y se echa hacia atrás para flotar. Caí en el suelo, di algunas vueltas, y muchos autos me pasaron por encima. Pero me levanté sin ningún dolor. Me sacudí el polvo. Y tú, desde adentro del bus, me gritaste ¡Ahora vuela!

Entonces, instintivamente yo empecé a flotar por encima de toda la carretera, y pude ver lo que había ocurrido. El bus había provocado un choque múltiple, y todo era demasiado terrible para quererlo ver. Tú estabas ahí, fuera del bus, indicándome con la mano que me aleje. Así que, en medio de la confusión, me fui flotando, ascendiendo. Cuando regresé la mirada para buscarte entre lo diminuto, pude ver una estela de luz azul que yo misma estaba desprendiendo. Era como un polvo que me caía del cuerpo, y se difundía sobre la ciudad.

Después de esto, me vi sentada frente a ti. Y me pregustaste ¿Ahora lo recuerdas?

Yo recordé claramente que desde niña tuve visiones, siempre supe que el lugar donde estaba, de alguna manera, no era real, sino que estaba representando una especie de teatro, en el que todos actuaban de una manera contraria a lo que realmente eran, sentían y querían.

Entonces, fui a otro sueño en el que veía cómo los hombres usaban corbata cuando realmente querían usar camisetas. Las mujeres usaban tacones, cuando en realidad querían ir descalzas. Los niños usaban camisas cuando en realidad querían ir en pijama o desnudos. Y te preguntaba: ¿Por qué las personas se visten como no se quieren vestir? ¿Por qué las personas se esconden detrás de esos personajes que crean? ¿Por qué no quieren ser ellos mismos? ¿Ellos saben lo que son?

Entonces, mirándome a los ojos, me respondiste: Sabía que este día llegaría. El día del recuerdo y la palpitación. Fue cuando desperté, con sus palabras repitiéndose, como un mantra, en mi mente.

La compañera de tu alma


Yo soy la bruja de tus sueños. La hermana en la que siempre confiaste. La amiga a la que le contaste todos tus secretos y en la que descargaste tus lágrimas más amargas. La maga que te abre el camino al conocimiento de ti mismo. La mujer que nunca se cansa de intentar el amor. Yo soy a quien buscaste todas tus vidas, la que heredó la sabiduría para transmitirla a los hombres hambrientos de la verdad. Yo soy la depositaria de los ancestrales saberes, la que dará a luz la creatividad y el poder escondidos en tu esencia. No sé si seré la madre de tus hijos, pero sí sé que ya soy la compañera de tu alma.

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