Los Cuentos del Piche


Esta reseña salió publicada hoy 12 de Septiembre de 2019, en el diario La Industria de Chiclayo, Perú.

diario Perú

REVIVE LA AVENTURA POÉTICA DEL NIÑO QUE LLEVAS DENTRO

Después de leer Los Cuentos del Piche, de Javier Villegas (Cajamarca, 1955), uno se siente livianito.

Livianito como después de soñar que cabalgas sobre nubes. Livianito como cuando te reencuentras con un querido amigo que creías perdido. Livianito como cuando vuelves a casa al final de una larga travesía. Livianito como cuando te sientes de nuevo el niño que fuiste, el niño que aún eres. Porque ese niño sigue ahí, queriendo soñar como siempre.

Y es que los cuentos de Javier Villegas son muy recomendables para los niños, pero, sobre todo, serán una deliciosa lectura para los adultos. Esos adultos que están abrumados, cargados con obligaciones, estrés laboral y compromisos. A ellos, les permitirá volver a conectarse con su inocencia original, con su energía vital extraviada. La infancia es un terreno fértil al que podemos volver, ahora a través de la lectura.

Les sugiero que, como si fuera una terapia, lean un cuento por noche y verán cómo se duermen relajados, tan despreocupados como cuando el futuro era aún lejano, y solo el presente importaba. Los que no soñaban, volverán a soñar. Y amanecerán llenos de un nuevo entusiasmo y una visión de la vida, en la que caben la aventura, el juego y la poesía, resurgirá desde muy adentro.

El estado de la felicidad se alcanza volviendo a sentirse como ese niño al que sólo le importa lo verdadero: la amistad, el amor, el eterno paseo de un ser que se está buscando a sí mismo. Y que se halla en las cosas sencillas: un paseo, una amistad, un río que corre sin prisas.

Javier Villegas logra devolvernos la frescura de lo que fuimos, de lo que somos: niños que corretean entre risas, llenos de alegría y apertura. A través de sus letras cargadas de vivencias, nos transporta a mundos sencillos donde, por ejemplo, podemos participar del parto de una yegua. O mundos surrealistas, donde podemos acompañar el viaje de una rana a París. O mundos emotivos, donde podemos sentir la alegría del reencuentro entre un niño con su entrañable amigo sapo.

Los Cuentos del Piche está compuesto por cinco relatos: “Corta Viento”, “Mono Nono”, “Sapito Sapón y la luna”, “Ojitos” y “La rana Anita”. En estos relatos que, sin bien están perfectamente estructurados como cuentos, subyace un arte poético que es inherente al espíritu del autor. Y es con este hilo invisible de la poesía que Villegas zurce sus entramados.

caratula sapito sapón

Quiero detenerme en el cuento llamado “Ojitos”, que narra la osadía de un búho al querer permanecer despierto en el día.

— Deseo salir de día, quiero ver los colibríes, las mariposas, las libélulas y a todos los animales que juegan cuando el sol está alumbrando con todo su esplendor. Quiero ver corretear a los conejos, dar brincos a los saltamontes y dar saltos a los sapos que por la noche croan, croan y no me dejan tranquilo para meditar. Lamentablemente en el día no puedo ver. Veo todo borroso —dice Ojitos.

El búho consigue unos anteojos especiales gracias a una rana oculista. Ya con la visión clara, el más sabio de todos los animales del bosque, logra su cometido. “Paseaba y paseaba durante el día. Volaba de un árbol a otro, a otro y a otro. Cuando no miraba a los hombres o a los animales que se movían a su alrededor, se atrevía a mirar de frente al sol, intentaba verle la cara”.

La poesía no está escrita en versos, sino que se adivina oculta en el relato. La poesía está en la posibilidad de ver lo que el día depara, a través de los ojos de un ave a la que su naturaleza la restringe a la oscuridad. Y es esto lo que nos posibilita la imaginación poética del autor: introducir en nuestra mente un acontecimiento inesperado. La resolución de algo que antes se creía imposible. El autor saca al ser de la oscuridad, y lo coloca en el escenario luminoso opuesto. Y así crea el entramado poético perfecto.

De ahí que la literatura infantil despierte en los adultos estas conexiones sensitivas que despiertan una lejana memoria dormida, una memoria relacionada con vivencias poéticas, es decir: no vividas, sino sentidas. Estas vivencias poéticas se esconden como flashes de luz en las almas calladas de los adultos, duermen en recodos jamás vueltos a mirar cuando las vidas son demasiado agitadas.

Cuentos del Piche

En todos los cuentos de Javier Villegas podemos encontrar estas vivencias poéticas. Tenemos, por ejemplo, el caso de la rana Anita, quien necesitaba urgentemente conocer el amor. “Soy la rana más linda entre todas las ranas”, decía de sí misma. Sin embargo, no sirve de nada que uno mismo se elogie, necesita verse reflejada en otros ojos que también vean la belleza.

La rana Anita se “soñaba viajando por el aire, en avión; por el agua, en barco”. Y, en un arrebato emprendió un largo viaje en el que se puso a prueba a ella misma, en el que descubrió de lo que era capaz.

¿Existe algo más poético que viajar en busca de las huellas de un amor desconocido, un amor invisible? Porque la rana Anita no sabía a quién buscaba, simplemente tenía la urgencia de ir lejos, muy lejos de su orilla. Su travesía resultó en un auto-descubrimiento fascinante.

— Me llevó el amor, el amor. El sueño en un Príncipe azul —, le confesó a un colibrí políglota que encontró en su viaje.

Y, aunque regresó a su estanque de siempre, su vida cambió no sólo por fuera, sino sobre todo por dentro.

“Estando en su tierra, la esperanza de la rana Anita, creció. Hubo una especie de metamorfosis en su interior, para reencontrase consigo misma y para imaginar un mejor futuro”.

Un pensamiento poético, cuando se lleva a la práctica, siempre resulta en un acto heroico para con uno mismo. Este acto nos lleva a un estadio más allá en la evolución de nuestra propia consciencia. Y esto es lo que este cuento propone a los lectores. Realizar actos poéticos que nos saquen de nuestra comodidad, salir y experimentar el mundo, estar abiertos a encontrar el amor en la siguiente esquina, en una ciudad distinta, en una orilla nueva.

Los cuentos de Javier Villegas no son sermones, son narraciones en las que encontramos tesoros escondidos, aprendizajes que podemos trasladar a nuestras vidas diarias. De esta manera, el texto cumple su cometido de ayudar, a quien lo lee, a explorar las incertidumbres, los temores, las dudas internas a través de los personajes, y resolverlos de maneras que el autor vuelve posibles.

Otro punto fascinante de Los Cuentos del Piche es que se ponen de relieve siempre a los animales. Y aunque también hay personajes humanos, como Juancito y su padre, Shemo, el cuidador del bosque y don Pancho Molocho, son los animalitos los que se roban la atención.

Los protagonistas de las historias son: un caballo blanco de paso fino que alegra la vida de un niño; un mono inconforme que quiere experimentar ser un animal distinto e incluso un ser humano; un sapo que emprende un viaje de regreso para reencontrarse con su amiguito; un búho que se atreve a ver la vida por el día, y una rana enamorada que viaja por el mundo en busca del amor.

Y como personajes secundarios, tenemos a sapos, picaflores, un guacamayo azul, una vizcacha, un hada del bosque, un caracol, muchas luciérnagas, más sapos, ranas y otros colibríes.

Son enternecedoras las relaciones que establecen los niños con sus amigos animales. Este es el caso del primer cuento de la serie, “Cortaviento”, un hermoso caballo que nació para alegrar la vida de Juancito.

La relación se establece desde el nacimiento del corcel, que nació blanco, “blanco, como las nubes, blanco como el olvido”. En este cuento también tenemos acceso a una delicada descripción poética de esta relación niño-caballo.

“Una noche, Juancito soñó galopar de nube en nube sobre el lomo de Cortaviento. Por el brío, parecía un caballo alado. Galopaba con ardor, relinchando y agitando las patas continuamente. Tocaron las estrellas, el sol a punto de despertar, y arribaron a un valle hermoso, poblado de luz y aromas. Era un valle situado allá en el infinito”.

Lo onírico ocupa un lugar protagónico en esta historia, en la que el padre de Juancito le ayuda a interpretar algunos sueños, y el niño vive el sueño más real de todos cuando amansa a Cortaviento, quien engalanado con un “aparejo de lujo: estribos, florón y freno con piezas de plata”, lo cabalga, sintiéndose el mejor jinete, “con poncho blanco de lino, sobrero de ala ancha y botas de vaquero”.

Sin duda, Los Cuentos del Piche es un libro en el que los niños y los animales cumplen sus sueños. Y se siente como una acogedora brisa que te transporta a la infancia.

 

Javier Villegas

 JAVIER VILLEGAS FERNÁNDEZ

Poeta nacido en Chiguirip, Cajamarca, Perú, y residente por varios años en Chiclayo. Es ganador en diversos eventos literarios a nivel regional y nacional. En 1991 y 1992 mereció por su obra poética el Premio Nacional de Educación «Horacio»; en 1997 obtuvo el Primer Lugar en el género cuento en la II Bienal Regional de Poesía y Cuento. Es miembro activo de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ) y además infatigable promotor de la literatura para niños. HA PUBLICADO LAS OBRAS: “La Luna Cantora” y otras poesías para niños “Repertorio de Ternura” (antología hispanoamericana de poesía para niños) “Poesía para Niños”(antología personal) “Rimando la Alegría”(poesía para niños) “El Amor es Más…”(poesía romántica) “La Flauta del Agua”(poesía para niños).

Leer poemas

 

Anuncios

El guardarropa y las arañas


Cuento publicado en el libro Bichos Raros (Academia Editores, 2019)

Ilustraciones de Mauro Sbarbaro

7 El guardarropa y las arañas

Tengo una boda. Necesito un vestido largo y elegante, pero en mi guardarropa solo está aquel vestido hindú de fondo rojo que tantas veces me he puesto para salir cualquier noche. No necesito abrir el guardarropa para verlo. Sé que el vestido permanece, ajado y solitario, en el rincón de siempre.

Son las primeras horas de la tarde. Las mujeres conversan amenamente en la cocina. Me siento alejada de ellas, y de todo. En mi mente sólo cabe esa idea que va creciendo como un secreto: no tengo un vestido nuevo ni elegante para esta noche. Se sabe que los secretos, más si son entre mujeres, producen angustia. Quisiera ir a la boda como estoy ahora: en camiseta de algodón y zapatillas.

― ¿Qué te pondrás? ―me pregunta mi madre, de pronto.

―Iré a ver  ―digo, y camino con desgano hasta el guardarropa, que espera cerrado y tieso. Lo abro y enseguida veo el vestido rojo. Lo desprecio por feo y pobre, y siento tristeza.

Me siento en el suelo para mirar el trabajo de las arañas. Ellas han ampliado las dimensiones de su trampa a pocos pasos del vestido, pasos pequeños, pasos de araña. Las arañas tejen la tela para atrapar a sus presas. No se les ocurre vestirse con ella, aunque es tela buena, resistente y luminosa; ellas prefieren la desnudez.

Las arañas no necesitan maquillarse ni lucir elegantes. Son feas y se aceptan como son. En cambio, las mujeres son animales hermosos, pero llenos de máscaras.

Las mujeres viven comprando vestidos. Yo prefiero comprar aire, porque cuando compro un vestido lo termino regalando al cabo de poco tiempo. Siempre lo paso mal en las bodas y en las fiestas importantes, y el vestido me lo recuerda. Lo recluyo en el guardarropa; y se queda ahí mudo, sin hacer nada. Pero un día lo saco y le prometo que nunca volveré a usarlo. Entonces, lo echo de mi vida.

Sigo mirando el constante trabajo de las arañas. Espero a que caiga la tarde.

8 El guardarropa y las arañas

Las mujeres empiezan a desaparecer, se van a las habitaciones para vestirse, maquillarse, ponerse joyas y perfumes. Escucho que mi madre me llama. Yo me como las uñas, sentada debajo de la telaraña, que forma un pequeño techo blanquecino dentro del guardarropa. Pienso en qué hacer para no verme desigual, para aparentar que soy como las demás: alguien que sabe llevar su máscara.

A mí me gusta el algodón y sentarme en el piso con las piernas cruzadas. No me gustan las bodas, los bautizos, los sepelios y los vestidos apretados que las mujeres suelen ponerse. Prefiero las telas ligeras de verano, los tirantes al sol, las faldas que vuelan con cualquier viento, los vestidos simples que son fáciles de poner y quitar.

Mi hermana va a buscarme. Me mira mal y me dice que me ponga uno de sus vestidos. Me lo pongo y durante toda la fiesta me siento fea y ridícula, como una araña en una boda. No soy yo dentro de ese satín, esos broches y esas piedras relucientes.

Apenas termina la fiesta, me desnudo y me encierro en el guardarropa con las arañas. Ellas siguen afanadas en construir su enorme tela, el escenario de su festín, para atrapar a sus presas. Cuando tengan la malla lista, se esconderán y apenas algún inocente bicho caiga, lo devorarán. Pienso que, después de todo, las mujeres y las arañas no somos tan distintas.

 

BICHOS RAROS

III FESTIVAL DE ORATORIA ANCESTRAL Y NUEVAS NARRATIVAS, EDICIÓN “SALINERITO”


 

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (11)

El jueves 15 de agosto, con la participación de 15 adultos mayores de la comunidad de Salinas, de Guaranda, se llevó a cabo el Taller de Escritura Testimonial en el marco del III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas, edición “Salinerito”.

Las edades de las personas estuvieron comprendidas entre los 75 y 95 años, y se mostraron muy receptivos al Taller, en el que pudieron compartir sus experiencias de antaño sobre cómo ocurrió el cambio en su comunidad, que pasó de ser una aldea indígena en extrema pobreza a una comunidad con visión cooperativista, basada en una economía horizontal y solidaria, gracias a la cual han podido desarrollarse, crecer y vivir actualmente de manera sostenible.

Iniciaron en 1973, con la llegada a Salinas del sacerdote salesiano Antonio Polo, quien infundió en los salineritos una nueva perspectiva de la vida. Fue él quien impulsó el desarrollo de Salinas haciendo un trabajo integral, que fue desde lo espiritual hasta lo pragmático, dando como resultado el empoderamiento de sus pobladores al punto de llegar a concebir pequeños emprendimientos que fueron creciendo hasta conformar una comunidad totalmente sustentable, que genera ganancias de alrededor de 8 millones de dólares cada año.

Salinas queda a 20 kilómetros de la capital de la provincia de Bolívar, Guaranda. Su belleza es única, aunque a los foráneos les pueden llegar a pesar los 3.550 msnm en los que viven los salineritos. La altura se debe a que, hace 500 años, los antiguos pobladores se refugiaron en estos páramos fríos, en plena estribación de la cordillera Occidental de los Andes, huyendo de la violencia de la conquista española.

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (16)

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (18)

Lleva el nombre de Salinas porque en este lugar existen minas de sal, que en tiempos ancestrales proveían de sal a varias ciudades del país. Aún se pueden contemplar vestigios de estas minas, muy cerca del centro del poblado.

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (4)

Salinas está conformada por 33 comunidades, 28 microempresas comunitarias, las cuales son sobre todo indígenas. Sin embargo, existe una gran apertura para los extranjeros que van en busca de aprender cómo generar auto-emprendimientos que les permitan volverse autónomos, prósperos y evolucionar hacia una economía basada en la creatividad y los talentos del ser humano, y no en la explotación de los recursos naturales. De ahí que cada año a Salinas llegan voluntarios de todas partes del mundo, sobre todo europeos, que contribuyen a la expansión, tecnificación, profesionalización, de las áreas productivas, pero que, además, se llevan grandes enseñanzas a sus lugares de origen.

En sólo cuatro décadas Salinas ha pasado de ser un pueblo con una sola fuente de trabajo (la extracción de sal mineral), a ser un centro activo de emprendimientos comunitarios con su marca común “Salinerito”.

Al día de hoy, han desarrollado 180 productos, que se enmarcan en siete industrias totalmente tecnificadas: lácteos, confitería, embutidos, deshidratados, hilos de alpaca y oveja, textiles y aceites esenciales.

Entre los productos más destacados están: quesos, mantequilla, yogurt, turrones, mermeladas, fideos, galletas, trufas, hongos secos, pan, caramelos de miel de abeja, chocolates, chocolatines, lana, tejidos, balones de fútbol, artesanías… En fin, Salinas es un pueblo de sorpresas maravillosas.

A pesar de vivir en una zona de mucho frío, los salineritos son personas de corazones cálidos y siempre dispuestos a compartir. Muchos de ellos han salido fuera del país y han regresado con la visión necesaria para impulsar el progreso de Salinas. Lo hacen a través de la generación de productos, pero también de actividades culturales y festivales que permiten la integración de los salineritos con otros colectivos del país.

El saber compartir, el ser generosos, el ser constantes en la realización de nuestros sueños, el saber que todo emprendimiento requiere de un proceso, el saber vivir en comunidad, y tantas grandes enseñanza que nos dejan los salineritos fue lo que motivó al colectivo CENTRAL DOGMA a realizar el III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas en Salinas.

Central Dogma ( Ambato) es una plataforma cultural generadora de puentes entre los artistas, la sociedad civil y el espacio público; una interface de intercambio de varias plataformas; entre ellas el Festival de Música de Vanguardia Festivalfff, el Festival de Creación Audiovisual VFFF, el Festival de Arte Público GRAFFF y la Residencia para Artistas “Pujinostro” (Pujilí).

Quienes están al frente de esta plataforma cultural son Tania Navarrete y José Luis Jácome Guerrero. Ellos realizaron el I Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas en Guayaquil, el segundo lo hicieron en Galápagos, y este año decidieron llevar esta iniciativa a Salinas, donde contaron también con la ayuda logística de Diego Morales Oñate (Quito).

29683410_10209279946230707_3200716200085735991_n
Tania Navarrete, José Luis Jácome y su hija Débora
18057124_1226684500762590_1190531696610170839_n
Diego Morales

 

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (25)

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (26)
Padre Antonio Polo

 

EL TALLER DE ESCRITURA TESTIMONIAL CON ADULTOS MAYORES SALINERITOS

Este Taller fue diferente a cualquier otro taller de escritura que haya guiado, por el hecho de que muchos de los talleristas eran personas analfabetas. Así que por respeto a ellos, dejamos las plumas a un lado, y nos concentramos en la oralidad.

Empezamos preguntando ¿qué es lo único que nos llevamos cuando morimos? Y ellos contestaron: los recuerdos, lo que vivimos en la tierra, el amor que dimos. Entonces, pasamos a explicar lo que significa la palabra “RECORDAR”.

Recordar está compuesta de dos términos: “RE” significa volver a pasar. Y “CORDIS” significa corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón lo que hemos vivido. Para poder hacerlo, necesitamos primero conectar con nuestros sentimientos.

Una manera de generar esta conexión es a través de fotografías. Cada persona recibió un retrato de alguien desconocido, también ancianos, de cualquier lugar el mundo. Les pedimos que les pusieran un nombre, les crearan una identidad, y luego comentaran qué les hacía sentir su expresión, su mirada. Qué sentimiento les transmitían. De esta manera las personas empezaron a decir: tristeza, alegría, reflexión. Luego de que conectaron con estos sentimientos, les explicamos que todo lo que vemos por fuera de nosotros, está realmente adentro. Nada podemos ver afuera que no estemos sintiendo adentro. Por lo que las personas que dijeron “tristeza”, empezaron algunas a cambiar de opinión, y dijeron que realmente veían “alegría”. Pero una de ellas, insistió en la tristeza y empezó a llorar y a contar su historia.

Al tratarse de personas tan mayores era muy importante crear una atmósfera de seguridad afectiva, de confianza total, por lo que siempre me mantuve abrazándolos, y conteniéndolos en sus procesos de sacar a luz sus memorias, algunas muy tristes.

Partimos del hecho de que todas las memorias son sagradas, y de que es lo único que nos llevaremos al otro lado, por lo que las memorias tienen que ser sanadas.

La persona que estaba triste, de nombre Aída, fue sostenida y contenida emocionalmente por el grupo. Su testimonio fue muy importante, porque despertó la necesidad de los demás de también contar cómo se sentían. Uno a uno empezaron a extraer de sus mentes y corazones las memorias de los tiempos antiguos, y cómo Salinas se fue transformando en lo que ahora es.

Al final, todos comentaron, agradecieron, sonrieron. El Taller de escritura se transformó en un taller de memorias habladas, y fue perfecto que así sea.

Mi compañero Mauro Sbarbaro (artista visual) fue el encargado de documentar tan bella experiencia. Espero que disfruten tanto como nosotros de las fotos.

 

III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (14)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (17)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (23)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (9)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (20)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (16)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (21)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (15)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (26)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (22)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (30)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (36)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (42)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (25)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (33)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (39)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (48)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (28)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (54)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (41)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (50)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (59)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (60)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (33)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (61)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (53)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (52)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (29)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito (62)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (30)III Festival de Oratoria Ancestral y Nuevas Narrativas edic Salinerito CEL (44)

CONOCE MÁS SOBRE EL SALINERITO 

http://www.salinerito.com/

En este portal se exhiben las empresas, los productos y los atractivos turísticos de Salinas de Guaranda entre otras cosas. Le invitamos cordialmente a descubrir los encantos de esta tierra y su gente!

GRACIAS POR PERMITIRNOS SER PARTE DE SU COMUNIDAD!

Mauro y Marcela

El regalo de la princesa Iris


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

Mariana nunca imaginó que alguien como Pablo pudiese fijarse en ella. Ella no era la más guapa de la clase, la más creativa ni la más popular, al contrario, se sentía como el patito feo, o como alguien común y corriente que no destacaba. Eso sí: Mariana sabía guardar secretos y ser una amiga fiel.

Un día, Mariana se hizo amiga de Pablo. Ella se enamoró de inmediato de su inteligencia,  generosidad, y seguridad en él mismo. Era alguien siempre dispuesto a ayudar, tenía mucho carisma y era un líder nato. Él empezó a confiarle sus ideas, sus secretos más íntimos. Confió en ella como nunca antes había confiado en nadie. Fueron amigos y confidentes durante mucho tiempo, hasta que cierto día algo se le removió por dentro a Pablo. Miró a Mariana a los ojos y la besó. Era lo que ella había estado esperando desde el primer día, así que se puso muy feliz.

Mariana transmitió en ese beso todo el amor que había guardado en su corazón para Pablo, y él, de repente, sintió que su vida entera ahora tenía un propósito: amar. Amar a Mariana, pero sobre todo amar la vida. Amar todo lo que existe. Pablo empezó a poner un gran amor en cada cosa que hacía de una manera muy intensa. Su sentimiento creció tanto que encendió una luz fuerte, tan fuerte que la princesa Iris la vio.

9 El regalo de la princesa Iris

Yo soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Recorro la tierra buscando corazones que amen y, cuando los encuentro, los premio con maravillosos regalos. Yo no veo las formas ni escucho las palabras, sólo veo los fuegos del corazón. Recientemente, he conocido a Pablo, y sus fuegos son tan fuertes que casi me enceguecen. Sé que ama de verdad por cómo se enciende su corazón cuando está con Mariana, y por el amor que pone en todo lo que hace.  Definitivamente, quiero hacerle un regalo; tiene que ser algo tan hermoso que semeje la intensidad de su luz.

Pablo no me conoce. Yo soy invisible para el ojo humano, sólo existo de una forma etérea, como si fuera una nube que pasa. Pero, si pudieran verme, tal vez, yo podría parecerles una montaña con ojos de mujer.

No me pueden ver, pero sí me pueden oler. Huelan la flor del jazmín, ese es mi olor. Cuando lo perciban, sepan que estoy cerca. Si es así, es porque alguien está enamorando.

Yo busco a los que entregan el amor sin miedo y no tienen intenciones ocultas. Aman sin condiciones. No un mes, no una semana, no un día, sino cada instante.

Mi madre, la Diosa Pachamama, es la dueña de todos los tesoros. Ella tiene oro, plata, rubíes, zafiros, diamantes y cuanta joya preciosa se pueda desear. La parte de afuera de su templo está rodeada por una pared altísima que en su base tiene amatistas, en medio tiene cuarzos y arriba, esmeraldas. Y eso es sólo en la pared que separa el templo de los jardines. Adentro, hay habitaciones enteras llenas de piedras preciosas.

Entro al templo de la Diosa con un cofre en el que guardaré el regalo para Pablo. He decidido llenar el cofre de oro y también incluiré algunos diamantes.

***

La princesa Iris entró en los sueños de Pablo, y le dijo: La diosa Pachamama quiere darte un regalo. Encontrarás un tesoro enterrado al pie del árbol al que ibas cuando eras pequeño. Pero recuerda: para recibir algo, tienes que soltar algo. Al despertar, Pablo tenía esas palabras, dichas con una enorme dulzura, susurrando en su mente.

No perdía nada con ir al árbol, sabía exactamente dónde estaba. Así que emprendió el camino, y cuando llegó al lugar del árbol notó que algo no andaba bien. El árbol, que era un enorme eucalipto rosa, no estaba, había sido derribado para hacer madera. Sólo quedaba de él un triste pedazo de tronco. Pablo se echó a llorar; sentía que algo muy suyo le había sido quitado. Y ningún regalo podría reemplazarlo. Pero las palabras de la princesa se repetían en su mente.

De pronto, vio que al pie del árbol había algo que sobresalía. Metió las manos en la tierra y encontró un cofre. Lo abrió y estaba lleno de oro y de diamantes. Pablo no lo podía creer. Sus lágrimas se secaron, y sintió una paz enorme.

Entendió todo esa noche, cuando en sueños, la misma voz le dijo: “Soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Te he dado este cofre porque he visto que tu corazón está lleno de amor verdadero. Y debes saber que el amor implica crecimiento. El eucalipto rosa que derribaron representa tu infancia, tu pasado, lo que estás dejando atrás. El regalo de la Diosa representa tu presente, que es el amor que sientes, y que eres. Ese es el verdadero tesoro”. Entonces, Pablo despertó y enseguida llamó a Mariana para contarle.

Mariana nunca fue tan feliz como después de aquel sueño de Pablo.

10 El regalo de l princesa Iris

El abuelo y el patito amarillo


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

 

A Sofi le encanta escribir poemas en su cuarto, mientras en la sala su abuelo escucha las noticias. En el programa dicen que China está lista para eliminar el dólar de la economía mundial. Sofi no sabe lo que eso significa. “¡¡Significa un tsunami financiero, afectará a todo el mundo, Julia!!”, da voces el abuelo poniéndose las manos en la cabeza, y dirigiéndose a su esposa que hace un té en la cocina. Sofi piensa que no es para tanto, y que mientras ella sepa cómo terminar su poema con gracia, todo estará perfectamente en su mundo, que es el único que conoce y le interesa.

El mundo externo, del que hablan las noticias, a Sofi le importa menos que una nuez partida por la mitad. En cambio, para su abuelo, las noticias son muy muy muy importantes. No existe un día en que el abuelo no escuche las noticias, y sufra por lo que él llama “el estado del mundo”.

La abuela levanta la ceja y se burla un poco de la angustia del abuelo.

―¿El estado del mundo? No me hagas reír, viejo. Lo único que te tiene que importar es el estado de tu corazón. ¿Cuándo vamos para hacerte el chequeo? ―le pregunta la abuela.

―Todavía no ―responde él de manera cortante―. Ya me lo haré la próxima semana.

El abuelo sufre del corazón desde hace mucho tiempo. Por eso, Sofi intenta sacarle una sonrisa siempre que puede. Al corazón le hace bien reír.

A Sofí le encanta ir donde su abuelo, y decirle: “¿Quieres que te lea mi último poema? Y ver la expresión de él. Su cara se ilumina, y Sofi imagina que su corazón también, porque una enorme sonrisa aparece. “¡Claro que sí!”, responde de inmediato.

El abuelo toma la posición de escucha. Se sienta y para bien la oreja. Los poemas de Sofi le parecen sublimes, mejor que los escritos por él cuando era un joven idealista.

Sofi no escucha las noticias, pero siempre encuentra cosas curiosas en Internet, que comparte con su abuelo. Esta, por ejemplo.

―Abuelo, el otro día leí en Internet que tú, con tu mente, puedes crear tu realidad, tal vez simplemente creyendo que estás sano, te puedas sanar.

―A ver… ¿cómo es eso, Sofi?

―No sé bien, pero dijeron que haga un ejercicio, y yo lo hice ¡Y funcionó!

―¿Qué ejercicio?

―Decían que si tú te enfocas en algo muy detenidamente, si pones toda tu concentración en algo, puedes hacer que eso se repita más adelante. Si es algo que te emocione, mejor. Entonces, yo puse atención al perro blanco con negro del vecino. Ese que siempre está atado. ¿Te acuerdas?

―Sí ¿y qué con ese perro? ― preguntó el abuelo, sin entender nada.

5 El abuelo y el patito amarillo

―Es raro, pero ese día el perro estaba suelto. Yo salí al jardín, el perro me vio y vino corriendo, saltando de alegría. Empezamos a jugar correteando. Yo puse toda mi atención en ese instante, me olvidé por completo de lo que estaba haciendo, y sólo grabé en mi mente mi felicidad y la del perro. Después, el perro entró a la casa y me di cuenta de que estaba ensuciando con lodo el piso de la sala, y le dije gritando: ¡¡Estás todo mojado!! Y fue muy divertido tratar de sacarlo. Fue muy extraño lo que pasó luego. Y es que fui al pueblo y tooodo el tiempo me pasé viendo perros mojados que jugaban y saltaban libremente. Incluso vi a un perro que entraba y salía de la pileta que está en la plaza. Es muy loco, abuelo. Sin querer queriendo, el experimento funcionó. ¿Quieres hacer la prueba?

―A ver… ―dice el abuelo con incredulidad, pero intentando seguir el juego de su nieta.

―Observa este lugar y elige una cosa, cualquiera de ellas ―le pide Sofi.

―Ya ―dice el abuelo, mirando hacia un punto específico.

―¿Qué elegiste? ―le pregunta Sofi ansiosa.

―El patito amarillo aquel de allá ―responde señalando. ―Lo elegí porque debería estar en el baño, y no entiendo qué hace allí. ―El patito amarillo estaba subido en lo alto de una repisa, como mirándolo todo desde arriba.

―Patito amarillo. Patito amarillo. Patito amarillo ¿qué haces allí? ¡Ese no es tu lugar! ―decía Sofi hablándole al objeto de plástico. ―Abuelo, ahora nos vamos a concentrar muuuucho, pero mucho mucho, en el patito amarillo ―dice Sofi moviendo sus manos como si fuera una vidente.

―¿Y todo esto para qué? ―dice el abuelo sin ocultar una risa burlona.

―Ya lo verás. Tú confía en el poder de la mente. Tienes que pensar y pensar en el patito ―le dice Sofi moviendo los brazos en círculos y apuntando a la repisa.

 

***

Pasaron los días. Y aunque el abuelo no entendía el ejercicio de Sofi, igual pensaba siempre en el patito amarillo. Cada vez que pasaba por ahí, lo veía y le decía: “¿qué haces aquí patito amarillo? Ese no es tu lugar”. Sin embargo, no se le ocurría moverlo.

Uno de esos días, el abuelo enfermó gravemente del corazón y lo llevaron al hospital. Estuvo en terapia intensiva tres noches, enchufado a un respirador, todos pensaron que moriría, porque no reaccionaba. Pero,  al fin se restableció, y a los pocos días lo llevaron a la casa. Eso sí, le advirtieron que no podía tener emociones fuertes, porque su corazón estaba cada vez más débil.

El abuelo volvió a vivir, y esto le hizo pensar diferente. Ya no tenía ganas de escuchar las noticias, ya no quería quejarse ni pelear con nadie, ahora sólo se pasaba en el huerto y escuchando música clásica. Daba gracias a Dios por estar vivo, y sobre todo daba gracias por Sofi, porque sin el amor de su nieta no habría logrado sobrevivir. Ella fue quien más lo cuidó y veló en el hospital y en la casa.

Un día, después de leerle un cuento a Sofi, el abuelo le dice:

―¿Sabes en lo único que pensaba mientras estaba entre la vida y la muerte?

―¿En qué abuelito? ―le dice Sofi abrazándolo.

―En el bendito patito amarillo. Y, ahora me doy cuenta, de que pensando en el patito amarillo pensaba en el amor que te tengo y era eso lo que me fortalecía y me dio ánimos para seguir viviendo ―dice el abuelo soltándose en llanto.

―Ya abuelito, no llores. Yo también te quiero mucho ―le dice Sofi, sobándole la cabeza como a un pequeño cachorro.

Un día de aquellos, el abuelo decidió volver a encender la radio y sintonizar la emisora de las noticias, entonces fue cuando escuchó la siguiente noticia:

“Entre las noticias curiosas del día, tenemos una que realmente nos ha hecho mucha gracia. Resulta que una playa de Australia apareció esta mañana llena de patitos amarillos, de esos que se usan en los baños para los niños pequeños. Así como lo escuchan: ¡la playa amaneció llena de patitos amarillos! Al parecer, un container cayó de un barco en China, ocurrió una tormenta y se abrió aquel container, que estaba lleno de patitos amarillos, que llegaron flotando a las costas australianas. Los niños llegaron por montones y se llevaron todos los patitos. Esto es algo inaudito”, decían con asombro.

Mientras el abuelo escuchaba esta noticia, las lágrimas caían por sus mejillas. Cuando reaccionó, buscó una escalera, se subió en ella y bajó de la repisa al patito amarillo. Le quitó el polvo, lo besó y le dijo: ¡¡Gracias!!

6 El abuelo y el patito amarillo

El camino de las luciérnagas


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

 

Descalza y en puntillas, Lucy entra en la habitación de sus padres.

―Mamá, papá. ¡He soñado que un hada me invitaba a una fiesta en el bosque! Y tengo que ir. Por favor, por mi cumpleaños, vayamos al bosque, por favor, por favorrr ―dice Lucy enrollándose como un gato entre sus padres. Ya no es una pequeña, pero, a veces, le dan estos arranques infantiles, sobre todo cuando quiere algo de verdad.

Su padre está con su tablet jugando algún jueguito bobo, y su madre está viendo una telenovela, es decir, ignorando completamente a su padre. Y también a Lucy, quien le empieza a hacer cosquillas para que reaccione.

―No quiero manejar ocho horas para ir al bosque, hija, vamos a la playa como siempre ―dice el padre apenas levantando la vista.

―Por favor, es mi cumpleaños. Las hadas están en el bosque, no en la playa ―dice Lucy. Su madre apaga la televisión, y le dice a Lucy que se vaya a dormir, que mañana conversan sobre el tema.

Al cabo de tres dias de insistencia, al fin, Lucy convence a sus padres de que la lleven a un resort que ella misma encontró en Internet y que quedaba en un bosque entre las montañas.

La idea de Lucy no era ir a un resort, ella simplemente quería acampar al aire libre, pero su madre dijo que eso no era posible, y que ya que iban al bosque, al menos, no agarrarían ningún piojo ni chinche. Ni los mordería una serpiente, ni les picarían los zancudos. Por eso, el padre tuvo que pagar mucho dinero para hacer una reservación en el tal resort.

El padre no hizo ningún esfuerzo por averiguar cómo llegar al bosque, dejó todo en manos de Lucy. Pero, ya en el camino, las indicaciones que le daba su hija eran confusas. Así que al padre no le quedó más remedio que poner el GPS y larzarse a la aventura.

Cuando entraron en la zona de los bosques y el frío los obligó a subir los vidrios, la señal de teléfono dejó de funcionar y el GPS también empezó a fallar, tal vez por tantas vueltas que dieron. Estarían a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar, y estaban en una espiral ascendente. Mientras subian, el aire se hacía más y más denso. La neblina no dejaba ver más allá de medio metro. El padre iba lento, como una caracola de playa cruzando una autopista.

Hacía rato que había caído la noche, y encima era novilunio, que es cuando no hay luna y la oscuridad es total. Los tres tenían frío y hambre, pero ninguno se quejaba, solo pedían por dentro salir de la neblina y encontrar refugio.

Estaban perdidos en un laberinto de pequeñas carreteras rurales. No había ni una sola persona a quién preguntarle nada, ni luces encendidas.

Tampoco se veía rastro de bosque alguno, todo montaña y precipicio.

 

3 El camino de las luciernagas

―Yo te dije mamá, que no había que reservar en ningún resorte ―dijo Lucy enojada.

―Se dice Ri-sort, hija, aprende a pronunciar. Y ¿qué querías tú? ¿estar como una hippie en una carpa, aquí con este frío? ―le dijo la madre, tiritando y poniéndose una colcha encima.

―Eso es mejor que estar dando vueltas en el carro. Las hadas se van a espantar ―le dijo Lucy ya casi a punto de llorar, con su libro de hadas en las manos.

―Chicas, ya no peleen ―dijo el padre, calmándolas―. No se preocupen que pronto encontraremos algo, aunque sea una casa pobre que nos dé posada.

Y, efectivamente así fue. A los cinco minutos, vieron, a lo lejos, un fogón y a su lado una anciana que lo mantenía vivo. Sobre ella había un letrero que por la oscuridad no se veía, pero decía: “Cabañas del bosque”.

―¡Este es el lugar, papá! ―dijo Lucy apenas se acercaron. No era el resort, pero era el lugar que Lucy había imaginado.

La anciana les explicó que, efectivamente, ese era un lugar de alojamiento, pero que hacía mucho tiempo nadie se hospedaba, por lo que estaba lleno de polvo y, quién sabe, qué insectos.

Al padre no le importó nada, él sólo quería comer algo y descansar del larguísimo viaje. La anciana les dio un poco de sopa caliente y el padre cayó rendido en la cama. La madre se acostó a su lado y puso un toldo; la mujer tenía miedo de que le cayera una tarántula o un escorpión del techo. A Lucy le dieron una cama más pequeña, también con toldo.

Pero Lucy no tenía sueño. Al fin estaba cerca del bosque, y seguramente afuera estaba lleno de hadas. Se hizo la dormida un rato y, cuando escuchó a sus padres roncar, se levantó. Eran ya más de las dos de la madrugada.

Al salir, vio a una luciérnaga que titilaba suspendida en el aire. Lucy no veía nunca luciérnagas en la ciudad ni en la playa, y se maravilló mucho al verla. La luciérnaga la invitó a entrar con ella por el camino de las luciérnagas, que es un pasadizo que te lleva al Bosque de las hadas. Lucy aceptó encantada, se volvió a poner las botas y, así en pijama como estaba, se sumergió, con la luciérnaga como guía, en un mundo maravilloso.

Apenas entró, muchísimos puntitos de luz empezaron a alumbrarle el camino. Eran cientos de luciérnagas que le daban la bienvenida al bosque. Lucy lloró de la emoción, y una luciérnaga se posó en la lágrima que le rodó por la mejilla. Lucy miró su pijama y estaba resplandeciente de la luz de las luciérnagas. Después miró sus botas y su pelo, y también estaban brillantes. Los árboles de aquel bosque eran gigantes y a Lucy le parecía que se inclinaban al paso de las luciérnagas que habían formado un corredor luminoso. Ya no había oscuridad, todo estaba iluminado con una luz dorada.

De pronto, el camino se abrió y apareció una enorme pared de piedra que estaba totalmente cubierta de luciérnagas y resplandecía en medio del bosque. Sobre esa piedra había algunas luciérnagas enormes que volaron al encuentro de Lucy. La niña contuvo el aliento. Las luciérnagas gigantes se pusieron a su alrededor haciendo un círculo de luz, y Lucy pudo verlas de cerca. Aún ellas eran más pequeñas que Lucy, pero eran cincuenta veces más grandes que las luciérnagas normales.

―¡¡Ustedes son hadas!! ―dijo Lucy y, de pronto, empezó a escucharse música de violines.

Todo era tal como Lucy lo había soñado, por eso empezó a reírse mucho, como nunca antes se había reído, y también lágrimas de emoción caían por sus mejillas.

4 El camino de las luciernagas

Las hadas empezaron a danzar a su alrededor, y la tomaron de las manos y la invitaron a comer miel con menta, tortas hechas con flores, y a beber del jugo de los tulipanes y de las orquídeas salvajes. Estos brebajes, le explicaron, te multiplican la energía y nunca te da cansancio ni sueño, y puedes divertirte toda la noche como si fuera de día.

Si los bebieras a diario, nunca envejecerías, porque tus células se regenerarían eternamente, por eso las hadas son siempre jóvenes.

El tiempo se detuvo y Lucy pudo divertirse y aprender de sus nuevas amigas durante toda la noche, mientras sus padres dormían profundamente. Lucy fue la protagonista de una verdadera fiesta de hadas que ellas prepararon en ese mismo momento, de manera espontánea y alegre, pues las hadas transforman todo en un juego.

Al amanecer, antes de irse, las hadas entregaron muchos dones a Lucy. Entre los dones que le dieron estaban:

  • El amor desinteresado
  • La ayuda fraternal
  • La protección especial de las Hadas
  • Sentimientos de profundo agradecimiento por la vida
  • Inspiración. Aventuras. Constante asombro.

Las hadas le pusieron a Lucy todos los dones en pétalos de rosas blancas y con ellas hicieron una pócima a la que agregaron miel, y dieron como desayuno a Lucy. La niña nunca había probado algo tan delicioso. Cuando lo bebió, se sintió totalmente llena de vida, y quiso saltar y cantar.

Lucy regresó al lado de sus padres, ya sin las luciérnagas que se quedaron en sus casas, con las luces apagadas y durmiendo a pierna suelta. La niña se sabía de memoria el camino de vuelta, como si lo hubiese andado muchas veces.

Cuando llegó, sus padres aún dormían. Ella no tenía sueño ni estaba cansada, al contrario, se sentía llena de vitalidad. Se puso a prepararles el desayuno, al que agregó algunas gotas de pócimas mágicas que le dieron las hadas para causar súbita alegría. Cuando ellos se despertaron, aún agotados por el viaje de ayer, Lucy ya les tenía la mesa servida, y estaba lista para enseñarles el camino al bosque.

Una visita al islote Sucre


Coordenadas: Provincia de Manabí, cantón Puerto López, parroquia Machalilla.

Latitud: -1.46667 Longitud: -80.7833

Testimonio y fotos de Mauro Sbarbaro (2015)

 

Soy descendiente de italianos y he vivido en Italia, Suiza, Londres. Durante mucho tiempo me alejé de Ecuador, el país donde nací y el lugar al que volví para echar raíces. A inicios de este año decidí dejar las comodidades de la ciudad y venirme a la naturaleza.

Islote Sucre9

En Europa, hace más de diez años, empecé a pintar ballenas utilizando muchas técnicas. Fueron ellas las que me trajeron a este pequeño pueblo de pescadores, Puerto López, donde vivo hace tres meses. Desde aquí puedo ser testigo de uno de sus últimos viajes sobre la Tierra.

Todos mis amigos de Europa quieren venir a visitarme. El primero fue Dave, un suizo que vino a pasar sus tres meses de vacaciones en Ecuador. Puerto López ofrece mucho. Y este día nos embarcamos en un bote para vivir la experiencia de bucear con tanque. Nos acompañan dos chicas de Dinamarca y una belga.

La embarcación sale de una playa cerca de Los Frailes. El capitán es Aníbal y el instructor, Joshue. En diez minutos llegamos al islote Sucre. Es impresionante ver cómo el viento y el agua lo han esculpido, se lo han ido comiendo poco a poco. Se ven formas de caras que parecen estatuas de gigantes.

Islote Sucre12

Islote Sucre6

Islote Sucre7

Anclamos muy cerca de la orilla. Dave es el primero en sumergirse con el tanque, las chicas hacen kayac y yo me voy a hacer snorkelling a la punta. El agua es tan clara que veo estrellas de mar gigantes, rojas y azules fosforescentes, extendidas en el fondo. Todo está vivo, el piso se mueve. Hay corales y pecesitos que, como colibríes llegan y se van.

Islote Sucre17

Islote Sucre15

Antes de bajar con el tanque, te enseñan cinco señas que significan: OK, Quiero subir, Quiero bajar, Me siento mal y Descomprime. Cuando te ponen el oxígeno se siente delicioso. Nunca en mi vida pensé respirar tan rico. De pronto, éramos solo yo y el agua.

Islote Sucre16Islote Sucre18

El instructor te lleva por detrás, él tiene aletas y un cinturón de plomo. Tú llevas el tanque, y eso te da la sensación de tener el control.  Veo dos mantarrayas redondas gigantescas escondidas debajo de la arena, una morena, peces globo, tambuleros, muchos peces que no sé identificar. Me vuelvo un niño pequeño, estoy extasiado, hay tanto para mirar, para sentir. Cuando salgo del agua, me quedo tranquilo y me caliento al sol. Esta parece ser la recompensa de haber dejado la ciudad, y haber optado por una vida más sencilla, llena de belleza y paz.

SER LIBRE (1)

SER LIBRE (7)

SER LIBRE (8)

Yo y mis partes


descarga (3)

Una vez más desciendo al fondo de mi abertura

Una vez más voy en busca de lo que soy

En lo oscuro de mi alma, donde viven mis miedos

los deseos que duermen escondidos sueños eternos

La sombra me abriga, y en ella me dejo caer

Como una niña que no sabe lo que hace

Pero sigue un instinto que la llama

Tan fuerte, tan adentro, tan carne y tan espíritu

Entonces, descubro que no hay fondo, que no hay límite

Para el dolor,

La sangre brota de mis entrañas como una confirmación

De mi caída

La única diferencia es que ahora no estoy sola

Vienen conmigo legiones de ángeles

Que creyeron caer en el mismo artificio de la duda

De la culpa, del error

Somos los que anoche nos llamamos amor

Y hoy nos llamamos despojos

Ambivalentes, duales, crueles

Hemos transitado rompiéndonos

El camino de la separación

No hemos sido fuertes todos los días

Ya hemos hecho demasiado daño

En la tierra de los reptiles

Sabemos que hay un cielo esperándonos

Pero hasta que dentro de nosotros no lo veamos

Resplandecer como un arcoiris completo

No podremos volver al hogar

angeles-caidos-2

Hoy me siento un ángel caído

Un ser que olvidó la consciencia de lo que fue

Un ser partido por un rayo que no vio venir

Una torpe risa que no quiere expresarse

Una caricia dolorosa que ha perdido el sentido

Hoy más que nunca soy yo y mis partes

Porque puedo verlas delante de mí y contarlas

Las llamo por su nombre y ellas me reconocen

Ellas me aman,

Saben que tendré que juntarlas y cada una perderá

Su identidad

Será el final de mis partes divididas

Volveré a caminar como una mujer entera

Nadie contará la historia de mis partes

Ellas dejarán de ser y callarán

Sus cicatrices finalmente se cerrarán

Nadie las recordará, solo el cuerpo que mudo

Se quejará en las noches solitarias

Marcela Noriega: ‘La verdad está en el otro, no en el periodista’


Publicado en Diario La Hora, 17 de junio de 2019

Sección CULTURA

Por Abril Altamirano

VPC PORTADA

“La crónica te pasa factura en tu propia vida”, dice Marcela Noriega en su última obra: ‘Vivir para contar’, material de su taller de crónica dirigido al público juvenil. Desde 2009, la periodista y escritora guayaquileña encontró en este género la oportunidad de desarrollar una escritura involucrada con la gente, que devino en grandes cambios no solo en su carrera profesional, sino también en su percepción del mundo.

La principal enseñanza que le dejó el periodismo narrativo es el trabajo con la empatía: “Si no puedo sentir lo que el otro está sintiendo, no puedo escribir”, afirma. “Lo que hago es abrirme totalmente al sentimiento y que la historia me conmueva lo que me tenga que conmover”.

Noriega corre el riesgo de enfrentarse a la realidad ajena en total vulnerabilidad. “El cronista necesita sentir y cuando empiezas a escribir inicia una suerte de catarsis, empiezas a liberar ese dolor que no es tuyo realmente, sino del otro”.

El cronista, una presencia silenciosa
Para Noriega, encontrar la verdad en una historia depende por completo de la capacidad del cronista de escuchar y “privilegiar la voz del otro”, haciendo a un lado el ego y las ideas preconcebidas: “La verdad está en el otro, no en el periodista”, sostiene.

En una de sus crónicas más fuertes, ‘Puná Vieja, la tierra del Tin Tin’ -publicada en Mundo Diners en 2015-, Noriega fue testigo de las escenas desgarradoras de la pobreza. Ella mismo vivió el terror por la inseguridad y la violencia que imperan en la isla ecuatoriana; sin embargo, en el texto su presencia es casi invisible. Los personajes de la historia tienen todo el protagonismo.

“Nos enfrentamos con mafiosos, con drogadicción, un panorama terrorífico, fuimos a buscar al diablo, al Tin Tin, y lo encontramos -cuenta la autora-. No podíamos dormir del miedo que teníamos. Nada de eso está en la crónica contado de esa manera, pero se percibe el terror y eso es, yo creo, ese proceso de dejar tu ego a un lado”. La realidad de la isla Puná está contada de boca de sus habitantes, de los jóvenes que se enfrentan a un futuro ineludible de precariedad y vicios, así como de las mujeres que conviven con criminales y buscan salvar a sus hijos de su propio destino.

“Es la visión de quienes están construyendo esa realidad, el periodista casi no puede intervenir en ella, solo está ahí para narrarla, para reconstruir los pedazos”.

 


Poesía en todas partes
Noriega se inició en la escritura como poeta. Jugar con las herramientas del lenguaje se convirtió en su técnica predilecta a la hora de abordar textos narrativos de ficción y no ficción. “Hay cosas que no las puedes decir de otra manera, sino a través de la metáfora. Cuando ésta toca una fibra sensible tuya, puede suceder lo mismo con el lector”.

Autora de varios cuentos, de la novela ‘Pedro Máximo y el círculo de tiza’ y de los libros de crónica ‘Historias que contar’ y ‘Crónicas de San Bartolomé’, Noriega siempre vuelve a la poesía como un medio para expresar lo que el lenguaje común no alcanza a decir.

“Me di cuenta de que la poesía lo ligaba todo y le daba la emoción y la intención que necesitaba para construir una novela”, comenta. En los últimos dos años, se ha dedicado a escribir relatos cortos dirigidos al público infantil y juvenil.
Involucrarse en lo real
También ha trabajado en talleres con jóvenes de colegio, en los que imparte su método de ‘Escritura instrospectiva’: “Hago ejercicios para que se puedan conectar con su yo, que se aparten del ruido exterior, que entren en su ser creativo y desde ahí escriban”.

Su libro ‘Vivir para contar’ invita a los jóvenes a interesarse en la realidad de quienes los rodean. Más que un manual de crónica, la obra busca animar a los estudiantes a contar casos reales para sensibilizarlos. “Si ellos no se involucran con la realidad, ¿qué futuro hay? La idea es dejar de estar tanto en las nubes, en los jueguitos, en la pantalla, y poner los pies en la tierra”.

FRASE

Quiero que los jóvenes no se lo planteen como: ‘voy a escribir una crónica’; sino como: ‘quiero contar algo real’.  Marcela Noriega, periodista y escritora. 

Cuando vives la crónica en carne propia


CAPÍTULO VI

SIN CONFLICTO, NO HAY HISTORIA

Libro de Crónicas “VIVIR PARA CONTAR”

 

Probablemente se trata del género más difícil de dominar.

De hecho, en un periódico de prestigio

una crónica no la hace cualquiera.

Álex Grijelmo

Cuando escribes una crónica, siempre es recomendable que haya un conflicto. Es decir: obstáculos entre el personaje y sus metas, enfrentamientos con otros seres o, a veces, consigo mismo, choques con su entorno, limitaciones, diferencias con sus familias, etc. Si te das cuenta, la vida está llena de conflictos.

Entrar tan profundamente en los conflictos de los demás es, sin duda, la prueba de fuego para cualquier cronista. Tus nervios tienen que ser de acero y, aun así, estarás caminando sobre espinas y minas. Esta es la causa por la que muchos cronistas se meten en problemas. La crónica te pasa factura en tu propia vida.

Un ejemplo clásico de esto es lo que le ocurrió a Truman Capote, quien se dedicó seis años a investigar el crimen ocurrido en un pueblo rural, en Kansas, Estados Unidos, para escribir A sangre fría[1]. Capote se fue a vivir a este pueblo para seguir de cerca los acontecimientos. Puedes ver esto en la película Capote[2]. Los asesinos fueron sentenciados a pena de muerte y el escritor desarrolló un fuerte vínculo con uno de ellos, relación que lo llevó a plantearse temas de ética muy profundos. Capote decía que, por causa de esta historia, él enfermó y aumentó su adicción al alcohol y a las drogas, sumiéndose en una profunda depresión.

Salvando las distancias con Truman Capote, yo también, como cualquier otro cronista al que le apasiona el oficio, he vivido episodios de angustia, tristeza profunda o desasosiego a causa de los temas que he investigado.

La crónica de este capítulo es un ejemplo de aquello. Me enfoqué en la parte turbia de la isla Puná (Puná Vieja), donde se concentran todos los problemas de insalubridad y drogadicción. No solo tuve problemas con las personas del lado opuesto de la isla, donde se desarrollan proyectos turísticos, quienes llamaron a reclamar a la revista por mis observaciones tan crudas acerca del pueblo, sino que quien me dio la mayor cantidad de información, se retractó de lo dicho, y estaba furiosa porque yo había publicado todo lo que ella me había contado.

Pero los conflictos de la crónica siguieron al plano personal, pues terminé perdiendo a un amigo por esta historia. Él era el editor y yo la cronista, y no lográbamos ponernos de acuerdo en la escritura. Realmente, yo tenía la mente revuelta y no podía escribir decentemente en esos días. Esas cosas pasan. Pero debo decir que esta crónica fue reescrita por mi amigo Juan Fernando Andrade[3], en base a la investigación que hice. La historia, al final, fue publicada por la revista Diners.

Y es que donde hay conflicto, hay buenas historias, pero cuidado: ¡hay trampa! Estas historias te pasan factura a nivel emocional y personal. Es decir, que si vas a buscar al diablo, lo vas a encontrar.

[1]             Esta novela, considerada la primera del género non-fiction novel o novela periodística, es mezcla de la inventiva del reportaje verídico con la inventiva de la ficción. A sangre fría es una seductora versión de los asesinatos cometidos por dos sociópatas en el estado de Kansas. Capote, al conocer la noticia, decidió investigar por su cuenta las circunstancias. Pasó seis años escuchando, haciendo cientos de entrevistas a vecinos, a los policías encargados del caso, a los amigos íntimos de la familia Clutter; en total, más de seis mil folios de información.

[2]             Capote (2005) es una película dirigida por Bennett Miller y protagonizada por Philip Seymour Hoffman, quien ganó el Óscar al mejor actor por esta interpretación.

[3]    Escritor, guionista de cine, cronista. Director adjunto de la revista Diners en Ecuador.

Puná Vieja, la tierra del Tin Tin 

Publicado en la revista MUNDO DINERS en Abril 2015, # 395.

Fotografía: Mauro Sbarbaro

puna vieja foto Mauro 2

Hay rincones del mundo donde eso que alguna vez se conoció como “realismo mágico” limita hombro a hombro con las realidades de nuestro siglo, donde personajes como el Tin Tin o el mismísimo diablo conviven con adolescentes que consumen drogas desde los doce años y se reproducen por accidente. La isla Puná es uno de esos lugares.

 

Parte 1: La llegada

Las lanchas, impulsadas por tres motores fuera de borda, tardan menos de una hora en llevar pasajeros desde el malecón de Posorja hasta la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, frente al delta que forman el río Guayas y el estero Salado. El boleto de ida y vuelta cuesta cinco dólares. Al llegar, los pasajeros desembarcan en Puná Nueva, la esquina de la isla que de un tiempo a esta parte se ha convertido en un atractivo turístico con hoteles ecológicos a disposición de los viajeros, un puente futurista cuyo esqueleto de metal se alza como un arco que apunta hacia las nubes, aves marinas de todos los colores descansando en las copas de los árboles y delfines con nariz de botella haciendo acrobacias cerca de la orilla. Puná Vieja, donde se concentra la población de esta isla de más de 900 kilómetros cuadrados de extensión, está a una hora y media de distancia. Allí, el paisaje es otro. Allí, la historia es distinta.

 

Parte 2: Puná Vieja en plano general

El hedor putrefacto y jugoso de la basura acaba con cualquier rastro de brisa que intente siquiera llegar desde el río. La gente mira a los extraños con abierta desconfianza y les advierten, en un tono más bien amenazante, que se calmen, que no se preocupen, que nadie les va a robar. La miseria brota incontenible por las paredes cuarteadas de las casas y, como si se tratara de una especie de claustro para marginados, es imposible no fijarse en la cantidad de personas con deformidades físicas y niños con algún grado de retardo mental que vagan a paso relajado. Hay solo unas cuantas calles que han sido bendecidas con el manto del asfalto; muros donde se puede leer propaganda política de la primera campaña de León Febres-Cordero por la alcaldía de Guayaquil, ruinas arqueológicos que datan de 1992, y perros sarnosos, agonizantes, en busca de su última cena. La sensación térmica es que nadie quiere vivir aquí, que lo hacen porque no les queda otro remedio.

Puná Vieja foto de Mauro Sbarbaro

 

Parte 3: Una entre ocho mil

Los cerdos que resguardan la casa de Ángela Parra tienen, todos, una soga atada al cuello, una soga corta que limita sus movimientos a una sola maniobra: bajar la cabeza para seguir mojando sus hocicos en el lodo. Detrás de la casa, está el basural de Puná Vieja, el lugar donde desembocan los ríos de basura del pueblo, una redundancia en sí mismo. Ángela está sentada en un mueble de la sala de su casa, tiene una pose de matrona y un dolor de cabeza que piensa curar con un poco de café caliente. Más tarde, en la esquina de una cancha deportiva en decadencia, dos adolescentes que no pasan de los diecisiete años comen galletas, toman gaseosas: pierden el tiempo en silencio. Dicen que no van al colegio “porque ya casi nadie va”, que pasan el día durmiendo, viendo televisión y escuchando reguetón. “Pero eso no es todo lo que hacen”, dice Ángela, “también se drogan”. La edad promedio para empezar a consumir drogas en Puná bordea los doce años.

puna vieja foto Mauro Sbarbaro

Parte 4: La misión

Ángela Parra tiene una misión: rescatar a los jóvenes de Puná. ¿Rescatarlos de qué? Rescatarlos de Puná, ¿de qué más? Todos los años, Ángela reúne estudiantes que se hayan graduado de bachilleres y los ayuda a realizar los trámites pertinentes para que entren en la Armada Nacional. Esta, por ahora, parece ser su única salida. Allí pueden recibir educación y alimentación gratuita; allí, tras dos años de preparación, se convertirán en marineros, luego ascenderán a cabo segundo y finalmente, en un año más, se especializarán: serán hombres-rana, paracaidistas o comandos. Así, en 36 meses, un joven que estaba condenado a una vida que se repite como una propaganda maldita, la de los hombres que pescan por la madrugada y se emborrachan por las noches, puede, si quiere, si no es arrastrado por el peso de la costumbre y la envidia de los otros, cambiar un futuro que le había sido arrebatado incluso antes de suceder.

 

Parte 5: El pasado, la prehistoria

En abril de 1531, llegó a la isla el tristemente célebre Francisco Pizarro, que venía desarmando el imperio inca con la complicidad de pequeños cacicazgos golpistas. Los nativos, llamados tumbes o punáes, hablaban una lengua distinta a la de sus compatriotas, pues habían logrado, batallas mediante, mantenerse como una tribu autónoma dentro del imperio. La tropa ibérica, sin embargo, se impuso con violencia y dejó como embajador itinerante al obispo Vicente de Valverde, dominico de la Universidad de Salamanca y capellán castrense del conquistador Pizarro. Durante su primera estancia en Puná, Valverde ordenó decapitar a los caciques locales y derribar los altares para Tumbal, el dios de Puná. Su segunda visita, en 1541, no fue tan placentera. Los nativos lo asesinaron con armas hechas con una especie de vidrio volcánico llamado obsidiana. Luego, en una celebración caníbal, se lo tragaron pedazo a pedazo.

 

Parte 6: El presente, ahora

En este pueblo de aproximadamente 8.000 habitantes, no hay centros comerciales ni teatros ni cines ni taxis ni lavanderías ni oficinas ni mensajeros ni supermercados ni gasolineras ni bancos ni plazoletas ni cruz roja ni defensa civil ni hospitales ni restaurantes con terrazas al sol ni pizzerías ni yogur con pan de yuca ni carros ni semáforos ni señales de tránsito ni camiones recolectores de basura ni jugueterías ni boutiques ni centros de trabajo comunitario ni centros de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos ni federaciones deportivas ni asambleas de vecinos ni bibliotecas ni cursos vacacionales de arte ni conservatorios de música ni centros de educación superior ni institutos que ofrezcan carreras técnicas y rápidas ni consultorios o médicos del seguro social ni carreteras revolucionarias ni escuelas del milenio ni asociaciones que defiendan los derechos de los animales ni un repelente para el abandono.

 

Parte 7: El diablo

Si algo hay en este escollo del mundo, son demonios. En el parque de Puná Vieja, cerca de la iglesia del pueblo, donde los niños juegan montados en artefactos desfigurados por el tiempo y afilados por el óxido, máquinas capaces de producir cantidades iguales de alegría y tétano, Milithzy Yánez y Mairoli Ramírez, dos niñas de nueve años que estudian el quinto grado en la escuela Nahím Isaías, hablan del más famoso de sus vecinos mientras suben y bajan en un fierro crujiente. “El diablo se puede convertir en cualquier persona; a veces es un hombre alto, flaco, ojo verde; pero lo que nunca se puede sacar es el rabo”, dice Milithzy, y agrega: “Viene a llevarse gente. Se le presentó a mi prima Janeth, y a Yuli, otra niña, y dicen que a esa niña le salió un pájaro negro por la boca”. “Fue como hace un mes”, dice Mairoli, “yo estaba en la cancha y escuchaba cómo esa niña gritaba que Dios no tiene poder”.

 

puna foto Mauro Sbarbaro

Parte 8: El Tin Tin

Según la tradición oral, el Tin Tin es una criatura pequeña, una especie de duende que esconde su enorme cabeza bajo un sombrero de paja, tiene los pies al revés y un miembro tan grande que, dormido, le cuelga desde la cintura y se arrastra por el suelo como una serpiente parada de cabeza. Según los historiadores, este personaje fue una invención de las tribus del litoral ecuatoriano que, incapaces de relacionar las relaciones sexuales con la mágica aparición de sus crías, lo asumieron como el dios de la fertilidad (en chino, Tin significa Dios y refiere a un dios de dioses). Según los ateos, el Tin Tin era el pseudónimo que los sacerdotes que visitaban la isla usaban para explicar el incremento de mujeres embarazadas tras esas misiones donde regaban la palabra y, claro, el esperma (como la multiplicación de los panes y los peces en aquel monte cercano a Betsaida, digamos). Según Ángela Parra, el Tin Tin existe. Es más, ella lo conoció cuando era apenas una jovencita a la que le gustaba mucho pescar.

 

Parte 9: Después del atardecer

Amadita, Pepe Viche, Rosita, Ruta Azul, Peña Karaoke, El Reencuentro, El Pelucón, Don Chato y Foquito Rojo son algunas de las más de treinta cantinas que, pasadas las cinco de la tarde y hasta que el cuerpo aguante, reciben a los pescadores de la isla: hombres honrados y humildes de todas las edades que trabajan duro desde las horas más oscuras y silenciosas de la madrugada y luego, en una especie de venganza cargada de resentimiento y soberbia contra la solitaria jornada, beben procurando la amnesia temporal, como si quisieran olvidar que mañana, y pasado mañana, tendrán que pescar de nuevo. En la noche, borrachos y descamisados, estos hombres se pasean por las calles gritando y repartiendo golpes. En Puná, en toda la superficie de la isla, no hay más que tres policías, que, sabiamente, prefieren no interferir con las peleas entre los mareados para salvaguardar su integridad física. Es, por tanto, la ley de la selva.

Parte 10: Los chicos

Ulises Delgado, Jean Crespín, David Espinoza, Israel Gómez y Bryan Chávez son seis de los jóvenes que, con la ayuda de Ángela Parra y el magnate, filántropo y playboy Segundo Reyes Gonzabay, entrarán pronto a la Armada Nacional. “Aquí en la isla el peligro es caer en las drogas. Acá llega todo desde Balao, Naranjal o Guayaquil. Hay marihuana, cocaína, heroína, y también hay esa droga que llaman ‘cocodrilo’ (la alternativa barata a la heroína, una droga que, entre otros efectos secundarios, produce el desprendimiento de la piel)”, dice Ulises. “Aquí todos los días es sábado. Los niños a los doce años ya están bebiendo y consumiendo drogas, porque no tienen dónde distraerse”, dice Jean. “Los hombres se gradúan y se quedan a pescar. Las mujeres se gradúan con bombo (embarazadas)”, dice David. “Nosotros quisiéramos decirles que la felicidad no es la droga, no es el alcohol. Pero aquí no hay nada para reemplazarlo”, afirma Israel. “Aquí no hay nada. Hay un centro de salud sin pastillas ni médico, porque nunca son doctores, siempre mandan practicantes. No hay farmacia 24 horas. Si tienes un accidente, te mandan a Guayaquil, pero hasta que prestes gasolina te mueres. Hay gente que se ha muerto en medio viaje”, dice Bryan.

Parte 11: Últimas palabras

“Si se quiere prosperar, no hay más opción que salir de la isla. Aquí la gente es pobre de espíritu y de conciencia”, dice Ángela Parra, cuya hija menor, una joven de diecisiete años llamada Rosemarie, todavía no termina el colegio y está embarazada. Así, la magia imposible de Puná, esas historias de otros tiempos que parecen una broma del folclore, se unen con la inevitable realidad de la isla.

 

Parte 12: Lo que nunca se puede sacar es el rabo

En Puná Vieja dicen que “reciencito”, hace dos semanas más o menos, el diablo se volvió a aparecer. El hombre, blanco, alto y guapo, se presentó en un karaoke, pidió un par de tragos, miró a su alrededor y activó su radar. Según quienes lo vieron, quienes dicen que lo vieron y quienes escucharon la historia al día siguiente y la repiten como si ellos también lo hubiesen visto, horas más tarde, cuando la noche ya estaba sudada y encendida, el diablo estaba bailando perreo, rebotando sus caderas contra las caderas de una isleña sometida por el ritmo agresivo y animal del reguetón, y fue entonces cuando, después de una maniobra lujuriosa, la punta del rabo se le salió por debajo de la basta del pantalón y todos se dieron cuenta de que era el diablo y salieron corriendo. Y esas son las últimas novedades del pueblo.

 

  • Gracias a mi compañero Mauro Sbarbaro por acompañarme en esta aventura de la crónica.