Hacer las paces


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Mirémonos a los ojos y nos veremos a nosotros mismos. No las imágenes que otros construyen de nosotros, sino a nosotros, desnudos, tal como somos.

Como dice el antiguo saludo en idioma naguatl con el que saludaban los toltecas y los mayas.

Cuando se encontraban decían:

Inlakesh, que quiere decir: “yo soy tú”

y el otro contestaba: Halaken que quiere decir: y “tú eres yo”.

Todos somos Uno. Si queremos realmente ayudar al mundo, sanemos nuestra parte. Compartamos energía positiva, porque cuando seamos los suficientes, la energía positiva será tan poderosa que lo cambiará todo.

Es hora de perdonarnos y de reconciliarnos con nuestro pasado y con quienes hemos sido. Vivimos un momento único, y ahora es posible sanar y salir de los círculos en los que hemos estado atrapados.

Recuerden cuando se han enamorado de alguien, los primeros días, los primeros meses. El corazón late acelerado todo el tiempo, vértigo, accesos de euforia.

Cuando estamos enamorados vivimos una especie de amor incondicional temporal y no consciente. Caemos en ese estado como por arte de magia, sin haber hecho nada. Uno no decide enamorarse, uno solo se enamora. Pero amar, que es la acción continua que nos vincula y que permanece en el tiempo, es otra cosa. Amar es una decisión consciente y esa decisión solo puede mantenerse en el tiempo si vivimos el amor de manera incondicional. Es decir sin juzgar, sin criticar al otro.

Pidamos perdón por haber pensado y hablado desde la amargura o el rencor de nuestras ex-parejas o parejas. Reconciliémonos. Las personas que elegimos para que nos acompañen íntimamente saben más de nosotros que cualquier otra persona en el mundo, ellos son nuestros otros yo, nuestros espejos. Son realmente importantes. No es posible el olvido.

No permitamos más que el rencor nos venza. El amor en nosotros es más fuerte. Debe serlo.

No permitamos más que el orgullo nos inmovilice.

Perdonémonos a nosotros mismos y entre todos de una vez por todas.

 

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Taller de Escritura Introspectiva: Escribir para sanar


 

Tus visiones se aclararán sólo cuando puedas ver en tu propio corazón. Quien ve hacia afuera, sueña; quien ve hacia adentro, despierta”.
Carl Jung

 

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Taller en La Casa de mis Padres (Luciana Grassi) GUAYAQUIL
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Taller en Swiss Hotel (Maluli) QUITO
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Taller en Raíces (Vivi y Javi) PUERTO LÓPEZ

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El Taller de Escritura Introspectiva es una experiencia literaria no convencional. Es un Taller de auto-descubrimiento en el que se muestra a los participantes cómo utilizar la escritura y los ejercicios de introspección para ganar perspectiva, observarse desde distintos ángulos y reconocerse en los otros y sus historias.

Para hacer el Taller no es necesario tener experiencia con la escritura. Personas que nunca antes habían escrito un cuento o un poema han tomado el Taller y han descubierto el potencial creativo que guardaban. Sin embargo, a los escritores les puede servir para aprender a construir personajes desde el ser interior, y no solo desde el intelecto.

Este Taller está dirigido a cualquier persona que busque experimentar un viaje hacia sus memorias, su inconsciente, sus deseos y sueños. Los talleristas escriben durante ese viaje, de principio a fin. Y hay quienes han descubierto que la escritura es una aliada perfecta para continuar el viaje, después del Taller.

LA POSTURA DEL OBSERVADOR, LA CLAVE DEL TALLER


No es posible que pretendamos ver el cuadro completo de lo que somos sin que nos paremos a observarnos. Es el observador quien construye la realidad desde su particular punto de vista. Tal vez, no hemos estado viendo todo lo que podríamos ver sobre nosotros mismos. No hemos estado observándonos lo suficiente. Observar una casa desde dentro es imposible. Por eso yo propongo que nos observemos desde fuera. Que nos disociemos de nosotros mismos, y para hacer esto la escritura es una herramienta fantástica.

La escritura nos permite construir un personaje más lúcido, más fuerte, más conciente, de nosotros mismos. Es así de sencillo. Si tomamos la distancia correcta y nos observamos con la compasión necesaria, lograremos perdonarnos y perdonar. Lograremos dejar de ser víctimas o personajes secundarios y nos volveremos protagonistas de la historia de nuestra vida. Tomaremos las riendas, asumiremos el control.

Todos llevamos cargas, cosas que nos pesan en las espaldas y en el alma. Charlas pendientes con personas queridas, alguien a quien no hemos podido perdonar del todo, alguien con quien no hemos sido del todo justos, alguien a quien hemos hecho daño deliberadamente, culpas, miedos, sensaciones terribles. Lo que les propongo es que tomemos conciencia de la carga que llevamos, nos relajemos y la dejemos caer.

Les propongo acallar la mente y poner en palabras lo que el corazón tiene que decir. Eso se llama tomar conciencia. ¿Cómo hacemos eso sin sufrir?

Observándonos
Disociándonos

Sólo desde fuera de nosotros vamos a poder ver el cuadro completo. Tal vez nos falta recordar lo decididos que hemos sido en algún momento anterior. Tal vez, necesitamos recordar lo que nos están diciendo nuestros sueños.

Vamos a recordar para sanar, no para sufrir. Además, no estaremos solos. El Taller no lo hago yo, el Taller lo hace cada persona que decide abrir su corazón delante de los demás y contar su historia. La energía del grupo nos sostiene a cada uno. No deben tener ningún temor.

Ninguna memoria nos dañará como antes. Y esto es así, porque el conocimiento es lo que hace la diferencia. El darte cuenta es lo que obra el milagro. Sólo tienes que recordarte a ti mismo quién eres y qué te hace feliz.

Mi intención es que salgan del Taller más livianos, con menos carga emocional, y con muchas ideas en la cabeza, ideas creativas, soluciones para problemas que antes tal vez no veían.

Sean todos bienvenidos! 

Marcela Noriega

 

 

Taller Portoviejo (3)
Taller con profesores de la Unidad Educativa Cristo Rey, en Portoviejo.
Taller Portoviejo
Taller con profesores de la Unidad Educativa Cristo Rey, en Portoviejo.
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Taller en Hostería Mi Compadre, Landangui, Loja

 

Opiniones de Talleristas

“Tenemos muy adentro del corazón, de la mente, secretos escondidos, muy pero muy ocultos. Tal vez, no sean secretos para nosotros mismos, porque están allí, sino que no los queremos ver, peor sacar a la luz. Y nos hacen daño. En este Taller he aprendido a hurgar en mi inconsciente, a detectar, a descubrir qué es lo que estaba molestando. Y sacarlo de ahí, de su escondrijo mal oliente y traerlo a mi ser consciente. Y más aún: a decirlo en voz alta. Y allí eliminarlo como se hace con un mal amigo”.

Vitalia Rodríguez, jubilada (72 años)

“Me sirvió para reflexionar sobre la existencia personal. Para comprender que las cosas que ocurren tienen un antecedente, con causas imperceptibles que nos las consideramos y que se van manifestando silenciosamente, hasta que nuestro exterior acepta inconscientemente el efecto. Este Taller expone la importancia de estar atento a todas las presencias etéreas y emocionales que nos avisan muy sutilmente sobre desenlaces futuros.  Es importante no tomar las cosas a la ligera, sino meditar y comprender”.

Eduardo Suárez, Jubilado (70 años)

Al inicio del taller, me encontraba totalmente bloqueado, no había escrito ni leído prácticamente nada en meses. No sé si podría decir en qué momento, durante esos tres días de compartir con Marcela y mis compañeros, los ejercicios resultaron en una suerte de catarsis creativa. De repente no sólo recuperé las ganas sino también el impulso de escribir, de escribir sin detenerme y desde otros ángulos que no se me habían ocurrido antes.

Recomiendo la experiencia del taller no sólo a escritores sino a todos aquellos en busca de una experiencia nueva de creación, de introspección y de autoconocimiento. La riqueza del trabajo de Marcela no sólo se limita al decirte si estamos o no escribiendo bien, sino de mostrarnos una nueva perspectiva de nosotros mismos”.

Alfredo Mora Manzano
Cineasta

“El taller de escritura introspectiva es una experiencia que yo repetiría mil veces. Los ejercicios están tan bien planteados que se vuelve fácil tomar distancia de uno mismo y ganar perspectiva sobre la realidad individual. Yo personalmente, me pude ver mejor, me reí de mis taras, entendí mejor mi música y mis procesos creativos, reaprendí cosas simples, reaprendí sobre el silencio, aprendí nuevas formas de darle una dirección al caos.”
Toño Cepeda, músico

“Solía creer que estaba bien mostrar muchas máscaras en mi vida. Una para el trabajo, otra para mis amigos, otra cuando estaba sola, porque incluso cuando estaba sola me colocaba una. El taller me ayudó y me ayuda a despojarme de mis mentiras y mis miedos; en la búsqueda de quién soy. A conocerme y disfrutar el proceso, escribiendo, pensando y compartiendo con otros que como yo, se encuentran en un camino cercano al mío.”
Diana González, diseñadora y periodista

“Para mí, que me declaro amante del mar, fue como sentir los pies jugando en la arena, el rostro acariciado por un viento delicioso y apenas salpicadito de sal. Fue como un chapuzón fresco y liberador. Marcela sabe cómo tocarte el alma con sus palabras, con sus reflexiones y su sabiduría; con esa risa estruendosa y franca que, confieso, se parece tanto a la mía. Ella es un mar azul, rojizo, verde, de todos los colores, que va salpicando destellos de alegría y de bondad. Siempre creí en ella. Sé que también creyó en mí y por eso me invitó a ser parte de esta experiencia que ella llama Taller. Yo digo que es una valiosa oportunidad para construir, para aprender, para crecer y es, además, su forma de dar las gracias a este mundo que le ha ofrecido tanto. Compartí el taller con Andrea, otra alma de aquellas que tienen tanto que dar. Andrea es la certeza de que es posible seguir caminando, riendo, jugando y amando, pese a todo el dolor. Es una de las mujeres más hermosas que he conocido y sin el taller, tal vez, no habría sabido de ella.

Tres mujeres construyendo, rearmando, reencontrándose, compartiendo sus emociones y vivencias; liberándose de cargas y mirándose una a la otra con honestidad. Cero egoísmo, cero vanidad, cero vergüenza. Sí generosidad, paz, éxtasis y luz. Vivir el taller me permitió constatar que he crecido como ser humano, que he arrojado cadenas y que estoy lista para seguir aprendiendo, para no limitarme jamás. No quiero pensar que será mi única experiencia. Mi deseo por continuar en los talleres de la Marce se parecen mucho a un grupo de niños que anhelan los besos y mimos de mamá y papá. Eso quiero yo. Ser como una hija que se nutre del amor y las lecciones que Marcela está dispuesta a dar”…

Matita Granda Kuffó, comunicadora

“No sabía cuánto extrañaba mi río y mi tierra hasta que hice el taller introspectivo. Sirve lo de uno para construir lo de uno”.
Erika Espín, comunicadora

“El Taller de Escritura Introspectiva, para mí, va más allá de las cuatro sesiones con la Marce. En un inicio es aterrador: te enfrentas a tus miedos, a tus inseguridades, pero después entiendes que la escritura también puede ser sanadora, un canal para reencontrarte con tu luz, para aceptar tu lado oscuro y liberarte del temor y de la culpa. Una vez que empezaste ya no puedes parar. Yo no he dejado de escribir desde que hice el taller. Fue algo muy lindo porque compartes con gente desconocida rasgos tan íntimos y que te asustan un montón y entre todos nos damos una mano. Cuando finalicé el taller sentía que aún tenía mucho más que escribir, fue un desahogo constante de semanas y meses. Luego llegué a un punto en el que superé todo lo que me había estado molestando y mis cuentos cambiaron de tiempo, de intención, de sentimientos, de colores, de ambientes. La escritura es un camino lindísimo de autoconocimiento, no existe tal cosa como un mal texto. La escritura introspectiva es una suerte de espejo en el que podemos reflejar la belleza (oculta o no tan oculta) de nuestras almas. El taller me ayudó a canalizar mis energías mediante la escritura y eso, a su vez, me ayudó a utilizar mis sentimientos como combustible para alcanzar cosas mejores.”
Carla Vera, periodista

Si quieres tomar el Taller o quieres llevarlo a tu comunidad, escríbeme a marcenoriega@gmail.com

Un abrazo,