El vuelo del dragón


EL VUELO DEL DRAGÓN

NOVELA CORTA

(Escrito por Marcela Noriega – Ilustrado por Mauro Sbarbaro)

Breve descripción:

El libro cuenta la historia de Oruam, un joven dragón que desconoce su verdadero origen, pero que persigue instalar la paz en la tierra interna, a donde fueron confinados a vivir los dragones oscuros. A pesar de que sus padres adoptivos, los Uróboros, le han inculcado el miedo y la necesidad de matar a otros animales para sobrevivir, Oruam es totalmente distinto a ellos. Él no teme enfrentarse con las fuerzas oscuras que han manipulado a los suyos, y han atemorizado a la humanidad de la superficie.

Es una historia de ficción, surrealista, pero que tiene un profundo mensaje de paz, de valor, de compromiso social, consciencia de unidad y de sentido de pertenencia.

 

(fragmento)

El día en que el huevo se rompe y Oruam sale de adentro, es el más feliz para la vieja dragona. Su compañero también está contento. Se desviven por darle de comer al pequeño dragón, que evidentemente es muy distinto a ellos. No sólo porque sus escamas son doradas como el Sol, sus patas son robustas y sus alas traslúcidas, sino porque es muy inteligente, valiente y rebelde.

Nunca podrían mostrarlo a los demás dragones, porque si los dragones rojos y negros, que son los de las jerarquías, se enteran de que ellos han ocultado a un dragón de la luz, lo matarían y a ellos también por traición.

Realmente Oruam nació y fue encontrado por los Uróboros para cumplir con el plan de los dragones Kumara. El plan consiste en que algunos dragones de luz nazcan en hogares de dragones oscuros para así conocer en profundidad sus pensamientos, maquinaciones y estrategias. Se esperaba que el huevo fuese encontrado por un dragón negro o rojo, y no por un Uróboros.

Desde antes de nacer, Oruam fue instruido en cumplir esta misión, pero al romperse el huevo y producirse el nacimiento, el dragón olvidó todo el plan. Nació sin memoria alguna, sin saber quién es y qué hace en esa cueva. Igual como les ocurre a los humanos al nacer en la Tierra: olvidan todo lo que antes habían diseñado con sus maestros. Pero esto es parte del juego.

Los padres verdaderos de Oruam son Eliá y su compañera Amaru, reina del pueblo pacífico de los Amaru. Mientras que Eliá es un dragón de escamas de oro; Amaru es una dragona cristalina de cola de pez. Ellos engendraron el huevo dorado, mientras vivieron en la montaña Palacio. Y, con una confianza total en el plan Kumara, lo dejaron entre la maleza. Otros huevos fueron puestos cerca de dragones oscuros, lamentablemente algunos fueron comidos.

Los viejos Uróboros temen que su pequeño dragón sea descubierto, por eso le impiden salir de la cueva con tanta insistencia. Aunque ellos están cada vez más viejos y cansados, hacen lo imposible por traerle comida a Oruam. Y no es comida fresca lo que le traen, sino que lo alimentan, casi siempre, con animales muertos.

Oruam crece y aprende a amar a los viejos Uróboros como si ellos fueran sus padres. Él no recuerda que puede volar largas distancias, a velocidades invencibles. No sabe que es capaz de volar tan alto que puede llegar a las cumbres y más allá… Incluso, a la superficie. Podría conseguir alimento fresco y divertirse danzando en al aire.

***

Pasan los años, y Oruam se va convirtiendo en un hermoso joven dragón. Cuando abre sus alas adentro de la cueva, puede sentirse como un vendaval de aire fresco. La vieja dragona empieza también a enseñarle cómo echar fuego por la boca. Sin embargo, la mala calidad de la comida que recibe Oruam, le impide lanzar reales llamaradas y sólo le sale un pequeño fueguito.

Luego de su primera salida, Oruam ya sabe que puede defenderse por sí mismo, y con mucha seguridad se les planta a sus padres.

—Padres, déjenme explorar afuera de la cueva. Les prometo que regresaré con comida para los tres —les dice decidido, al verlos totalmente agotados.

—Está bien Oruam, mañana podrás salir —le responde la vieja dragona para sorpresa del pequeño. El padre está de acuerdo. No pueden seguir cazando solos, necesitan de su ayuda. Y Oruam no puede vivir siempre encerrado. En caso de que alguien lo descubra, tendrán que enfrentar las consecuencias de haberse robado ese huevo dorado.

(Tomado del Capítulo III: EL PLAN DE LOS DRAGONES KUMARA)

El amor por los animales


Ilustraciones para pintar de Mauro Sbarbaro

 

Las mascotas de Dana 1Dana juega sola en la arena, excava un enorme agujero con su pala amarilla pensando que encontrará el castillo de algún enorme cangrejo. Acaba de cumplir los nueve años, y lo que más le apasiona es observar a los animales de cerca, incluso los bichitos más raros le parecen una obra de arte digna de ser admirada. Le llena de entusiasmo estar entre animales. El año pasado, sus padres la llevaron de vacaciones a Mundo Marino, el oceanario más grande de Sudamérica. Un oceanario es un parque temático que muestra la vida marina. Allí, Dana pudo nadar con los delfines, jugar con las focas, ver de cerca a los tiburones y las orcas, así como deleitarse con las gracias que hacen las gigantescas morsas y los lobos marinos.

Dana respeta a la naturaleza por sobre todas las cosas, y jamás le haría daño a un animal. Cuando ella encuentra algún caracol, estrella de mar o cangrejito, simplemente los mira atentamente para saber su comportamiento. En cambio, su hermano Julián, dos años mayor a ella, es todo lo contrario. Le encanta destruir todo lo que se mueve. Siempre anda con una resortera en la mano para dispararle a los pájaros, y ya ha matado a varias palomas. Todos los insectos le dan asco y los bichitos de la playa no le hacen la menor gracia. A él también lo llevaron a Mundo Marino, y se pasó jugando videojuegos en su tablet, no le interesaba en absoluto aprender sobre los animales. Hasta ahora, Dana nunca ha tenido una mascota, porque sus padres piensan que si tuviera una, se desviviría por ella y no prestaría atención a sus obligaciones escolares. Además, como viven en un departamento sin patio, la mascota no podría jugar libremente.

De pronto, en el profundo hueco que ha hecho, Dana ve a una diminuta tortuga que, al parecer, acaba de salir del huevo. Dana la pone sobre su mano y contempla, fascinada, cómo las pequeñísimas patas de la tortuga se mueven y, enseguida, todo su cuerpecito se mete dentro del caparazón. Dana la coloca sobre la arena y, entonces, la pequeña empieza a caminar en dirección al mar. Dana la va guiando con mucha delicadeza, con su voz y con sus manos para que no se desvíe, hasta que la tortuguita logra tocar el agua. Su hermano, que observa la escena a lo lejos, llega corriendo y pone, a propósito, su pie encima de la tortuguita. Dana empieza a gritar dando alaridos, llamando a sus padres. Su mamá viene corriendo.

―¿Qué pasa, hija? ¿Por qué gritas de esa manera? ―le pregunta. Dana está llorando.

―¡Julián aplastó a la tortuguita! Yo la ayudé para que llegara al mar, y él vino y la pisó ―dice Dana. Para esto, su hermano ya se ha ido corriendo. La madre y Dana buscan a la tortuguita en la arena, pero no la encuentran. Dana regresa a casa muy triste.

―Julián siempre hace estas cosas. Él es malo con los animales. ¡No es justo! ―le dice Dana a su mamá ya en su cama, antes de irse a dormir. La mujer se queda pensando qué hacer.

―Tienes razón hija. Vamos a hacer algo para que él aprenda a valorar a los animalitos ¿Quieres? ―le propone la mamá.

―Sí, pero ¿qué? ―dice Dana secándose las lágrimas.

―Verás… vamos a traer animalitos a la casa por un tiempo. No serán nuestros, sino que se los pediremos prestados a nuestros amigos o vecinos. Solo estarán una semana o dos, hasta que Julián aprenda a quererlos y luego los devolvemos. En ese tiempo, tú podrás ser feliz jugando con ellos, y cuidándolos. ¿Te gusta la idea?

―Sí mamá, eso me parece genial.

***

La semana siguiente, llegó el primer huésped a la casa de Dana. Se trataba de un perrito de la raza Schnauzer, que era de su mejor amiga. Dana corría por toda la casa con el Schnauzer persiguiéndola, mientras su hermano intentaba ignorarlos, aunque la curiosidad pudo más.

―¿Qué hace ese perro aquí? ―le preguntó Julián a su madre.

―Es la mascota temporal de tu hermana y tienes que respetarlo ―le contestó muy seria.

―Es un perro horrible, me da alergia, quiero que se vaya ―dijo Julián y se encerró en su cuarto.

Dana no se separaba del Schnauzer y lo llevaba al parque para que hiciera sus necesidades. Allí estaban los amigos de Julián jugando con la pelota y, apenas vieron al perro, se acercaron para acariciarlo y jugar con él. Le tiraban un palo y el Schnauzer lo traía de regreso. A todos les parecía muy gracioso. A todos, menos a Julián, quien, al ver que sus amigos también jugaban con el perro, se puso muy celoso.

―¡Quiero que ese perro se vaya de la casa! ―gritó Julián.

―Está bien, hijo, el perro se irá mañana ―le respondió la madre.

Lo que no sabía Julián es que dos días más tarde, llegaría a casa una perra Labrador de nombre Sasha, que era mucho más grande que el  Schnauzer y que, desde el primer día, captó la atención de todos los amigos de Julián, quienes trajeron especialmente un disco frisbee para jugar con ella. Dana no se separaba de Sasha, salvo para ir a la escuela. Por las tardes, la llevaba al parque y todos los niños se divertían mucho. Dana hizo más amigos que nunca gracias a la perra que se convirtió en la sensación del barrio por su gracia e inteligencia.

―Tu hermana es lo máximo, siempre trae nuevas mascotas ―le dijeron a Julián, y esto terminó por ponerlo furioso.

―¡Mamá, todos mis amigos me han dejado solo por irse a jugar con mi hermana y esa perra! ¿Cuándo se irá?  ―dijo Julián protestando.

―Mañana se irá ―le respondió su madre.

Sasha se fue, pero al cabo de una semana llegó a la casa Sammy, que era un Samoyedo, de esos perros que parecen lobos, totalmente blanco y de ojos celestes. Extrañamente, desde el primer momento, el Samoyedo captó la atención de Julián. Le parecía un perro diferente, como enigmático. Sin embargo, por orgullo, no se le acercaba. Casi se le caía la baba al ver cómo su hermana se divertía a lo grande jugando con Sammy por toda la casa y en el parque. Los amigos de Julián estaban felices también con el nuevo perro. Todos se divertían, menos Julián.

Un día, Dana se puso enferma, le dio un resfriado que la dejó en cama varios días. Entonces, la madre le pidió a Julián que sacara al perro al parque. Julián pensó que era una buena oportunidad para, al fin, poder jugar con Sammy sin que su hermana lo viera. Y así lo hizo. Esa tarde y las dos tardes siguientes, Julián jugó de lo lindo con el perro y sus amigos. Se dio cuenta de que la simple compañía de un animal podía darle una felicidad que hacían mucho tiempo no sentía.

De regreso a casa, Julián abrazó a Sammy y le dijo: “De ahora en adelante, eres mi mejor amigo. No quiero separarme nunca de ti. Gracias por llegar a mi vida y hacerme tan feliz”.

Al día siguiente, Dana ya se sentía bien así que retomó el cuidado de Sammy. Su hermano se le acercó y le pidió que, por favor, lo dejara a él también jugar con el perro. Dana se sorprendió de la insólita amabilidad de Julián, pero aceptó compartir al perro. Sin embargo, le dijo que Sammy pronto tendría que irse. Entonces, Julián fue donde su madre.

―Mamá, por favor, no permitas que Sammy se vaya. Él y yo somos muy buenos amigos, me hace muy feliz su compañía ―le pidió. Su madre también se sorprendió del cambio de su hijo, pero, por dentro, esperaba que esto ocurriese en algún momento.

―Lo siento, hijo. El perro no es nuestro, sólo lo estamos cuidado por un tiempo. En dos días lo tenemos que devolver ―le dijo su madre.

―¿Por qué me haces esto, mamá? ¿Por qué traes un perro para que me encariñe con él, y luego te lo llevas? ―le dijo Julián y se soltó a llorar. Entonces, la madre comprendió que, al fin, este perro había logrado el milagro de sensibilizar el corazón de su hijo hacia los animales.

―Precisamente por eso Julián, porque tú antes no querías a los animales, y gracias a Sammy ahora estás pudiendo comprender que ellos son como nuestros hermanos menores, y tenemos que amarlos y cuidarlos, nunca maltratarlos ― le contestó la mamá.

―Mamá, te prometo que nunca más volveré a maltratar a un animal, ni a un gato ni a un pájaro, pero, por favor, no te lleves a Sammy ―dijo Julián llorando.

―Me alegro de que prometas esto, Julián. Si lo cumples, te traeremos a una mascota para que sea tuya y la cuides siempre, pero Sammy no es nuestro y tiene que irse.

***

Al cabo de tres días, Sammy se fue de la casa y Julián se quedó llorando. Sufrió unas semanas, pero comprendió que los animales son seres amorosos que no merecen su desprecio, sino su cuidado. Se prometió a sí mismo nunca volver a dañar a ningún animal.

En vista de que su corazón ahora estaba abierto, sus padres le regalaron a Julián una visita a un lugar de adopción de mascotas. Allí, pudo ver a muchos perritos abandonados, que necesitaban un hogar. Julián se sintió muy triste al ver a tantos perros maltratados y pidió perdón en silencio porque antes él también los maltrató.

―Cuando sea grande, quiero tener un lugar como este para rescatar a todos los perritos que están en la calle. También podríamos tener a gatitos y a todos los animales que han sido maltratados ―le dijo a su mamá.

Ese día, Julián volvió a casa con una perrita mestiza o runa, a quien puso por nombre Tina. Ella se volvió su compañera inseparable, era quien lo despertaba en las mañanas, quien lo protegía en la calle y con quien jugaba en el parque. Compartía sus cuidados con su Dana y recuperó a todos sus amigos gracias a que Tina se convirtió en la mascota de todos.

Las mascotas de Dana 2