Visiones silenciosas


 

Siempre me ha llamado la atención el tema de la ceguera, tal vez, desde que leí a Homero cuando era una niña. Este largo poema lo escribí cuando tenía 17 años, y forma parte de un poemario con el que, a los 19 años, gané el II lugar en la V Bienal de Poesía Ecuatoriana (Cuenca, 1999).

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Mis ojos se ahogaron en aquel líquido amniótico

que me ocultó del mundo

Nunca aprendí a nadar en aquellas aguas

de células desteñidas

Carezco de una consciencia óptica

Pero desde el vientre procreé figuras, historias, placeres, dolores

abstractos

El analfabetismo imaginario de mis creadores

No me fue heredado

Soy capaz de capturar cuerpos lumínicos

Que encandilan los sorbos

Que bebo de la oscuridad

Mis ojos son hoyos infinitos provistos de nada

Espejos virtuales de mi mismo naufragio

Poseo una memoria inventada

Poblada de recuerdos que digo en voz alta

 

II

Soy como un planeta despojado

Un mástil alzado en la noche ártica

Se me impuso la misión de dejar la playa

De las miradas

Y navegar hacia los océanos

De los estigmas inconscientes

Mi acústica no es buena

Los sonidos retumban entre mis sienes

Como en un mal teatro

 

III

Nací en un siglo sin luces

En una madrugada, al lado de las lechuzas

No hallaron en mí los látigos del libre albedrío

Las conjeturas son invisibles

Los vidrios ahumados, los grises desobedientes

Son los sastres de mis sueños resucitados

En cada gota de lluvia.

 

 

 

IV

Permanezco inconmovible ante mi propia ausencia

Veo beber cieno o vino fermentado

¿Acaso son ciegos?

No se cerraron mis ojos,

Simplemente se durmieron sobre otros cuerpos

 

V
Van al despeñadero, lo sé

Tengo el oficio de hurgadora de imágenes

Soy una antropóloga de ruinas incorpóreas

Rasguño todos los velos que preceden

La furia de las almas.

 

 

 

VI

¿Has visto el color del viento cuando golpea los ventanales?

¿Te has mirado al espejo sin poner de por medio tu cuerpo?

¿De qué color es tu piel: blanca, canela, ébano?

Todas son iguales, policromadas o color desnudez

Bosquejo mis formas en el espejo orbital

Sobre la cama

Inclusive bosquejo mi voz

 

Nada es un estorbo congénito

 

Mis silencios son las voces

De todos los espasmos del mundo

Puedo hurgarme hasta los huesos

Llegar hasta mis sombra o hasta mi nombre

Y volver

Del irrealismo cósmico emergen

Imágenes desvestidas y eternas

Que subyacen debajo de mi visión succionante

y siempre hambrienta

de encuentros con tempestades

Y esqueletos alucinados.

 

 

VII

Recorrí un país

Donde yo era la única sin vista

Me alojé en la hostería de un sordo

Nunca pude reclamarle nada

Lo único cierto entre nosotros eran los dos grandes signos

de interrogación que separaban nuestras habitaciones

Nuestros sentidos perdidos

 

VIII

No soy cronista ni llevo un diario de risas

Vivo sin distinguir rumores

O noticias polvosas

He de confesar que no veo la luz

No conozco su olor

Pero la he olido tanto

Que mi nariz se asolea en cada palpitación

De la mañana

Y ustedes

¿Alguna vez olieron la luz?

Existe cierta euritmia entre mis ficciones

Aunque muchas de ellas no fueron bautizadas

Con el agua de mi memoria anacronista

 

 

IX

Conocí a un hombre

Cuyas iniciales no recuerdo

Pero sus ojos eran como el firmamento

A las seis de la tarde

Un ónice de tonalidades homogéneas

Nunca los vi

Mas sentí su refulgencia

Su húmedo ardor sobre mi cuerpo

Extraviado entre tanto cosquilleo

Mi vida es un vaivén cromático

Una escalera de grises interminable

Que nunca llega a revelarse como negro endrino

Por lo níveo de las visiones que me circundan

Y diluyen el crepúsculo de mis ojos.

 

X

Confieso haber quedado ciega por propia voluntad

Todas las imágenes emergieron de mis entrañas

Ninguna escapó

Ellas me pueblan, me gobiernan

Desde que el arte es nacimiento

Son mis hijas y mis verdugas

No tengo lazarillo,

Me orienta mi consciencia

Si ésta falla

Me quedan los olores nublados

Si éstos terminan,  mi sombra siempre está dispuesta

Ella, mi sombra, a veces, se disfraza de recuerdo

O de imagen muerta

Mi vida abarca más que un adiós

Mi placer, más que encuentros tardíos

Mi visión, mucho más que un mundo desmayado.

 

 

 

XI

Me parezco a Argos,

Hijo de Gea en la mitología de las visiones griegas

Soy hija de la tierra,

Una vigilante pequeña

Provista de cien enormes ojos

Que lo ven todo

Fonemas y morfemas

Pesadillas y extravíos

Ellos son como los agujeros

De una armónica

Vibran todos al aspirar o soplar

En sus contornos inusitados

 

XII

Nadie taladró mis sueños

Tanto como los otros ciegos

¿No creen en el onirismo?

Confieso que yo vivo de él

Le alzo los hombros al mundo y digo:

Tú ves, pues Yo vivo.

 

 

XIII

Soy una gacetillera de alucinaciones

Conozco a la diosa de la memoria

Ésa que le canta al oído a los poetas

Y les mueve la lengua

Para hacerlos audibles a los demás mortales

Me la presentó un ciego anónimo

Hijo ilegítimo de Zeus, y de madre advenediza

Mitad eternidad, mitad risas

Me levantó en sus brazos como a Helena

Entre hojas caídas de la selva, y luego

 

Su imagen se fue en silencio

Por la orilla del estruendoso mar

 

Me dijo algo antes de partir

“Hay un complot para acabar con la luna”

Yo amo la luna

La congoja la quiere hacer invisible

A los videntes les aburre mirar su mística circunferencia

Pero a nosotros,

a nosotros un leve eco de ella nos despoja de pesadas sombras

y nos hace luciérnagas

brillando en cualquier escondite

de la noche.

 

 

XIV

Siento escalofríos

Cada vez que sonidos embriagados

De lágrimas asesinas me tocan

 

 

 

XV

En mis ojos cayó algo como arena

Por eso amo el mar

Me salvó de petrificarme junto a tanto árbol derribado

En el suelo yacen sauces, guayacanes, almendros, caobas, ceibos,

todos dispersos,

la sangre chorreando por sus troncos envejecidos

Niños, padres, jóvenes, abuelos, esposos,

todos dispersos

la sangre chorreando por sus cuencas envejecidas.

 

Soy una exiliada de este país

Me acusaron de ofender a  mimos muertos,

De esos que llevan pieles disecadas encima

De aquellos que nunca sabrán hacer hogueras ni mirar al cielo

cuando pare un atardecer

De los que jamás aprenderán a reír a solas bajo la lluvia.

 

 

 

XVI

Sueño con el mar con los ojos abiertos

Toco mi alma con los dedos para ver si respira

Busco la pregunta perfecta entre el vacío

De mis signos

Bebo de mi escenificación desde una butaca cualquiera

Invento una multiplicidad de ríos

Todos desembocan en un poema hecho de gritos

De amor

De placer

De albedrío

De mujer

 

XVII

Creo que en el siglo veintiuno seré una argonauta

Buscaré el vellocino con la lámpara de mi cuerpo

Iré a buscar mi imagen

En algún animal del futuro.

Desconozco si los silencios se irán secando

de a poco

He comido tanto silencio afrodisíaco

Que mis piernas necesitan un candado

Para no ir detrás de las mil visiones

Que revolotean en mi estómago

Y hacen ruidos de atabales

Y de espuma de mar.

 

XVIII

Aprendí el arte de los Babuinos

Monos africanos que viven en un mundo invertido

En donde las aguas de los mares

Penden del firmamento, y los hombres patas arriba

pisan las nubes

 

XIX

El cielo debe sentirse muy solo

Nadie lo mueve de su posición

 

XX

A la tierra de los Babouins,

como los llaman en las Galias,

se llega cabalgando sobre una oca azul

Aquí viven las figuras reproducidas

Por la imaginación de todos los ciegos vivientes

Cuando vayan verán montes apoyados en las puntas de los tacos

de una hermosa mujer,

serpientes y halcones volando juntos

Casas inclinadas,

Recostadas sobre manos de niños

Ladrones colgados en copas de árboles inalcanzables

Mientras gallos los atacan a picotazos

Ya lo he dicho: aquí todo está de cabeza

Los ciegos ríen porque las lágrimas se congelaron

Se volvieron imágenes invisibles para las muchedumbres

visiones que permanecen atascadas en un planetoide distante

donde los unicornios y los poemas

aún pueblan los corazones de los hombres.

 

ojo sideral