Hacer las paces


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Mirémonos a los ojos y nos veremos a nosotros mismos. No las imágenes que otros construyen de nosotros, sino a nosotros, desnudos, tal como somos.

Como dice el antiguo saludo en idioma naguatl con el que saludaban los toltecas y los mayas.

Cuando se encontraban decían:

Inlakesh, que quiere decir: “yo soy tú”

y el otro contestaba: Halaken que quiere decir: y “tú eres yo”.

Todos somos Uno. Si queremos realmente ayudar al mundo, sanemos nuestra parte. Compartamos energía positiva, porque cuando seamos los suficientes, la energía positiva será tan poderosa que lo cambiará todo.

Es hora de perdonarnos y de reconciliarnos con nuestro pasado y con quienes hemos sido. Vivimos un momento único, y ahora es posible sanar y salir de los círculos en los que hemos estado atrapados.

Recuerden cuando se han enamorado de alguien, los primeros días, los primeros meses. El corazón late acelerado todo el tiempo, vértigo, accesos de euforia.

Cuando estamos enamorados vivimos una especie de amor incondicional temporal y no consciente. Caemos en ese estado como por arte de magia, sin haber hecho nada. Uno no decide enamorarse, uno solo se enamora. Pero amar, que es la acción continua que nos vincula y que permanece en el tiempo, es otra cosa. Amar es una decisión consciente y esa decisión solo puede mantenerse en el tiempo si vivimos el amor de manera incondicional. Es decir sin juzgar, sin criticar al otro.

Pidamos perdón por haber pensado y hablado desde la amargura o el rencor de nuestras ex-parejas o parejas. Reconciliémonos. Las personas que elegimos para que nos acompañen íntimamente saben más de nosotros que cualquier otra persona en el mundo, ellos son nuestros otros yo, nuestros espejos. Son realmente importantes. No es posible el olvido.

No permitamos más que el rencor nos venza. El amor en nosotros es más fuerte. Debe serlo.

No permitamos más que el orgullo nos inmovilice.

Perdonémonos a nosotros mismos y entre todos de una vez por todas.

 

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Querido caminante:


 

CAMINANTE Y FARO

No hay mayor cobardía que nunca intentar lo que realmente se desea. Quedarse impávido a un costado del camino no tiene perdón. Es como haber encarnado en vano, como haber venido a la Tierra para perder el tiempo. ¿Para qué quieres el cuerpo y el tiempo si no lo usas? La libertad no tiene sentido si no le das una utilidad. No es libre quien permanece inerte. Quedarse inmóvil va contra la naturaleza, y es como ya haberse muerto.

¿Acaso viniste a repetir la historia de tus padres? Una historia de miedo, de odios, de estrechez mental, de enfermedad y de vacío. Debes hacer un mejor trabajo, debes poder hacer tu vida, alejándote de los gusanos que quieren morder tu carne.

No importa si el camino está lleno de piedras, espinas o si está a oscuras. Ése es tu camino. Debes levantarte y avanzar. No hay lugar para los débiles en el corazón del viajero que sigue su ruta. No puede detenerse más a esperar a los inválidos, a los rezagados, a los sufrientes, a los quejumbrosos. Será en vano la espera de quienes eligen la pasividad. No hay nada que esperar. No hay ninguna esperanza para quienes no se mueven. Nada aparecerá delante de los temerosos, de quienes están quietos en sus casas, en la supuesta comodidad de su estupidez y su vagancia mental.

El camino no está despejado, pero está abierto. Toma un palo y conviértelo en báculo. Usa el poder interior que te fue dado para salir del pozo hondo de la auto-compasión, de la lástima y del auto-asco. No hay más remedio que despojarse del viejo ser, el que fuiste, el que ya a nadie le importa. No tienes amigos, no tienes parientes, no tienes amantes. Estás solo. Y así es como debes estar: sin pesos, sin cargas, sin apegos inútiles. Realmente estar solo es la mejor noticia que puedes darte a ti mismo.

Haz tu mochila, deja todo lo que no necesitas. Respira profundo y empieza a caminar. No lo pienses, porque si lo piensas no lo haces. Simplemente siéntelo: levántate y haz tu parte. Nadie puede hacer esto por ti. Esta es la única vida que tienes, y está en tus manos hacer que valga la pena.

Ahora no los ves, pero el camino, los puentes y los recursos que necesitas irán apareciendo en la medida en que te muevas. También irán apareciendo, de la nada, los demás caminantes, hermanos/amantes que pronto conocerás. No los busques, solo permanece alerta, porque ellos te encontrarán.

Hay gente que te está buscando. Ahora es cuando empezamos a darnos cuenta de que los verdaderos amigos y la real familia no es la que habíamos pensado. La familia que nos dieron es la familia karmática, ellos estuvieron para ayudarnos a evolucionar, poniéndonos todas las trabas y tropiezos que pudieron. No son culpables, simplemente hacían su papel. Gracias a ellos aprendimos lo que no queremos ser, nos enseñaron a liberarnos de lo que no somos, de las ideas obsoletas que no necesitamos llevar más a cuestas.

Pero ahora empieza un nuevo camino con otros compañeros, con personas que resuenan con nosotros en armonía y paz. Atrévete a dejar la casa de tu niñez, en la que viviste limitado y presionado, y sal al sol en busca de tu verdadero hogar.

Espejos


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He resuelto el enigma. Lo que yo no veía era mi propio miedo. Pensaba que era él quien tenía miedo, pero era yo. Siempre es así, solo logramos ver en el otro lo que somos nosotros, y esto ocurre a cada momento. Sus indecisiones eran las mías, sus dudas eran las mías, sus altibajos emocionales eran los míos. Me fui sanando al ir entendiendo esto. Lo que realmente estaba entendiendo es cómo funciona el amor. No podemos lograr vivir el amor sin reconocernos en el otro, sin comprender que el otro es nuestro reflejo. Para lograr esto es necesario despojarnos de nuestros orgullos, dolores, pesadillas, rencores y todo tipo de miedos. Debemos pasar por el fuego si queremos vivir el amor. Y por el fuego se pasa solo.

No hablo del amor de besarse en todo lado, sino del amor de saber que el otro es tu otro yo, es tu espejo, eres tú. Que si tú te alimentas a ti mismo con amor, lo alimentas a él. Mientras tu más te amas a ti mismo, más crece el amor por el otro. Es instantáneo. Y para lograrlo debes pasar la prueba más dura de todas: el desapego.

La prueba del desapego llega al final de un camino, no está al inicio. Es una prueba difícil, lloras a todos tus muertos y a todos tus vivos. Lloras como un animal.

El dolor se esparce por todo tu cuerpo, y haces movimientos de reptil, de un animal que muere. Realmente estás muriendo, como muere una oruga. Cuando uno se desapega la tristeza es devastadora. Estos días de oscuridad son tres, al tercer día emprendes un nuevo comienzo. El nuevo comienzo para mí fue un viaje en el que me reconcilié con memorias de mi infancia, de mi ser femenino. Pero todavía debía pasar más pruebas.

Después de esto, la sorpresa es enorme. La luz lo inunda todo y tú estás sola y desnuda en tu terraza. Estás sintiéndote libre otra vez, volviendo a respirar tu propio aire, ahora tu energía lo llena todo, y empiezas a recuperar tu poder. Empiezas a traer de regreso todas tus cosas perdidas, lo que antes te quitaron te es restaurado. Empiezas a trabajar con las energías, a limpiar lugares, a sanar personas. Tu energía fluye dentro de ti en una espiral infinita. Entonces, empiezas a comprender de qué se trata todo esto.

Me fue necesario desapegarme de mis propios pensamientos sobre el amor, sobre lo que debía sentir, lo que se suponía que debía ocurrir, todo lo que le impide al amor ser. Las ideas que nos heredaron nuestras madres. Tuve que romper mis sueños contra el suelo.

Recuerdo cómo las dudas me hacían hervir por las noches, cómo el corazón me palpitaba desbocado cada vez que él estaba cerca. Escuchar cómo late tu corazón otra vez es un milagro. Pero debes lograr traspasar la excitación, y el sexo. Y aquí muchos se pierden.

Parte del desapego significa vivir una especie de celibato elegido. Al principio me costó muchísimo, pasé meses resistiéndome a la idea, pero al final lo comprendí: el sexo es una energía demasiado poderosa, y debía sanarme primero de toda la contaminación previa, y él debía hacer lo mismo.

Pero yo elegí el camino lento, el camino del conocimiento. Y este camino no es fácil.

Llegará un momento y no será uno solo en que quieras desfallecer. Llegará un momento en que todos tus demonios saldrán a recibirte a la casa que tú mismo les acomodaste en tu mente. Ellos estarán ahí y tú vas a tener que hacerles frente. No es fácil pasar por aquí, pero la recompensa es enorme y no tarda en llegar.

Siempre nos mantuvo unidos esa llama a la que hoy llamo amor.

Siento que volví a la vida. El amor me trajo de regreso. Poco a poco fui descubriendo que cuando uno va quitando del camino las memorias de dolor, queda un espacio disponible y todo lo que llega es pura luz.

La batalla la libró cada uno en su interior, pero siempre estuvimos juntos.

Hemos ganado esta batalla, mi querido.

Hoy, un año después de conocernos, empezamos el camino del guerrero juntos.

Yo soy su shamana y él es mi mago.

Somos nuestros propios maestros


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Cada ser humano es su propio maestro. Nosotros estamos creando nuestra propia realidad todo el tiempo con los pensamientos, sentimientos y acciones que elegimos. Con cada decisión consciente o inconsciente nos atamos o nos liberamos. Nosotros somos capaces de dejar ir una realidad miserable o insatisfactoria y permitir que la Luz entre y transforme nuestra propia creación.

Somos nuestros propios maestros. Nadie mejor que nosotros sabe lo que queremos y necesitamos.

Pero tendemos a entregar nuestro poder a autoridades externas quienes dicen saber la verdad y querer lo mejor para nosotros. Esto sucede en política, medicina, educación, etc. También, nuestra “industria del entretenimiento” esta llena de falsas imágenes acerca de la felicidad, éxito y belleza, las cuales sólo sirven a aquellos que las construyen. ¿Han pensado ustedes alguna vez cuánto dinero se gasta en crear imágenes? En los medios, los periódicos, las películas, en la radio y en la televisión, las imágenes son difundidas todo el tiempo. ¿De dónde vienen éstas imágenes? ¿Por qué están ahí? ¿Quiénes las diseñan?

Las imágenes son el significado del poder ejercido sobre la gente. Las imágenes pueden volver a la gente servil y desconectada de sus verdaderas necesidades, sin hacer uso de la fuerza física o la violencia. Las imágenes pueden hacer que la gente voluntariamente entregue su propio poder y autoestima. Éstas los engañan de tal modo que no necesitan forzarnos ni violentarnos a algo; solitos aceptamos los valores retratados por la imagen como si fueran propios y actuamos según lo que vemos. Esto es lo que podríamos llamar control mental invisible y somos sus víctimas siempre que lo permitimos.

La realidad global (la que existe por fuera de nosotros, la que los toltecas llamaban “el sueño compartido por los billones de soñadores de la tierra”, el Mitote, lo que nos han dicho que es la realidad) por sí misma no existe.

Todo existe tanto en cuanto tú lo incorporas a tu realidad. La información, cualquiera que esta sea, está puesta ahí para llamar tu atención. Se alimenta de nuestra atención, es decir de nuestra energía.

Donde ponemos nuestra atención va nuestra energía. Y mientras más atención le ponemos más grande hacemos aquello que observamos. Más lo multiplicamos.

La información, así como nuestros pensamientos, sensaciones, emociones, todo, es energía.

Existe una verdadera guerra invisible en este momento en la Tierra por la energía.

Por nuestra energía. Todas las otras guerras, las muertes, la realidad que ellos nos muestran, ha sido fabricado para captar nuestra energía, para hacernos creer mediante imágenes que son propios estos sentimientos violentos que las imágenes nos producen.

¿Qué es lo que sentimos cuando vemos la imagen de un niño ensangrentado?

Energía de miedo, de indignación, de impotencia, frustración, miedo, todo lo horrible que puede sentir el ser humano. No queremos verlo más. De pronto, no sabemos qué hacer con ese sentimiento por dentro.

Esa es la razón por la que lo compartimos. Estamos buscando un poco de alivio a nuestro malestar. Nos auto-convencemos de que estamos haciendo algo, ayudando, difundiendo. Pero esto no es real.

Lo que estamos buscando es aliviar nuestra carga emocional.

Compartimos lo que nos frustra porque no sabemos lidiar todavía con la propia frustración. Cuando vemos una imagen de un animal siendo torturado o de un niño ensangrentado, esas imágenes se conectan a nuestra propia red interna de memorias afines, hacen click con muchísimas redes de pensamiento, sentimientos, sensaciones que no queremos tener más dentro de nosotros. Pero no nos tomamos el tiempo de entender lo que nos ocurre y lo disfrazamos de solidaridad, preocupación por el otro. Y lo que realmente queremos es un poco de alivio para nuestro propio malestar interno.

Compartimos sin tomar consciencia de lo que estamos haciendo.

Este sistema corrupto y moribundo, se alimenta de nuestra energía.

Es nuestra energía lo que mueve al mundo.

Si mañana todos los que estamos aquí decidimos dejar de compartir contenido violento, que genera sensaciones negativas en otros, estaremos haciendo un gran bien.

Nosotros tenemos estos cuerpos físicos, pero lo que realmente somos no puede verse a simple vista. Se ve sí cuando miramos a las personas a los ojos. Cuando descubrimos su grandeza, o su simpleza. Aún en la más torpe simpleza existe belleza. Todos, incluso el delincuente más cruel, somos seres humanos lidiando con nuestra humanidad. Todos, seamos conscientes de ello o no, somos amor. El amor nos es natural.

Si dejan de prestar tanta atención a las imágenes del exterior, y se prestan más atención a ustedes mismos, a sus propias imágenes. A las imágenes de sus sueños, si regresan a mirarse al espejo y se reconcilian con lo que están viendo y viviendo, ya están sanando una parte del mundo.

Seamos conscientes del poder que tenemos. Cada uno es una fuente de energía inagotable. Mientras estamos vivos, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras acciones van atrayendo o rechazando energía a fin. Miren lo que están atrayendo y sabrán si están yendo por el camino correcto.

No olviden que nosotros tenemos la capacidad de transformar la energía y volverla lo que queramos.

Por ejemplo, ARTE!