Los Cuentos del Piche


Esta reseña salió publicada hoy 12 de Septiembre de 2019, en el diario La Industria de Chiclayo, Perú.

diario Perú

REVIVE LA AVENTURA POÉTICA DEL NIÑO QUE LLEVAS DENTRO

Después de leer Los Cuentos del Piche, de Javier Villegas (Cajamarca, 1955), uno se siente livianito.

Livianito como después de soñar que cabalgas sobre nubes. Livianito como cuando te reencuentras con un querido amigo que creías perdido. Livianito como cuando vuelves a casa al final de una larga travesía. Livianito como cuando te sientes de nuevo el niño que fuiste, el niño que aún eres. Porque ese niño sigue ahí, queriendo soñar como siempre.

Y es que los cuentos de Javier Villegas son muy recomendables para los niños, pero, sobre todo, serán una deliciosa lectura para los adultos. Esos adultos que están abrumados, cargados con obligaciones, estrés laboral y compromisos. A ellos, les permitirá volver a conectarse con su inocencia original, con su energía vital extraviada. La infancia es un terreno fértil al que podemos volver, ahora a través de la lectura.

Les sugiero que, como si fuera una terapia, lean un cuento por noche y verán cómo se duermen relajados, tan despreocupados como cuando el futuro era aún lejano, y solo el presente importaba. Los que no soñaban, volverán a soñar. Y amanecerán llenos de un nuevo entusiasmo y una visión de la vida, en la que caben la aventura, el juego y la poesía, resurgirá desde muy adentro.

El estado de la felicidad se alcanza volviendo a sentirse como ese niño al que sólo le importa lo verdadero: la amistad, el amor, el eterno paseo de un ser que se está buscando a sí mismo. Y que se halla en las cosas sencillas: un paseo, una amistad, un río que corre sin prisas.

Javier Villegas logra devolvernos la frescura de lo que fuimos, de lo que somos: niños que corretean entre risas, llenos de alegría y apertura. A través de sus letras cargadas de vivencias, nos transporta a mundos sencillos donde, por ejemplo, podemos participar del parto de una yegua. O mundos surrealistas, donde podemos acompañar el viaje de una rana a París. O mundos emotivos, donde podemos sentir la alegría del reencuentro entre un niño con su entrañable amigo sapo.

Los Cuentos del Piche está compuesto por cinco relatos: “Corta Viento”, “Mono Nono”, “Sapito Sapón y la luna”, “Ojitos” y “La rana Anita”. En estos relatos que, sin bien están perfectamente estructurados como cuentos, subyace un arte poético que es inherente al espíritu del autor. Y es con este hilo invisible de la poesía que Villegas zurce sus entramados.

caratula sapito sapón

Quiero detenerme en el cuento llamado “Ojitos”, que narra la osadía de un búho al querer permanecer despierto en el día.

— Deseo salir de día, quiero ver los colibríes, las mariposas, las libélulas y a todos los animales que juegan cuando el sol está alumbrando con todo su esplendor. Quiero ver corretear a los conejos, dar brincos a los saltamontes y dar saltos a los sapos que por la noche croan, croan y no me dejan tranquilo para meditar. Lamentablemente en el día no puedo ver. Veo todo borroso —dice Ojitos.

El búho consigue unos anteojos especiales gracias a una rana oculista. Ya con la visión clara, el más sabio de todos los animales del bosque, logra su cometido. “Paseaba y paseaba durante el día. Volaba de un árbol a otro, a otro y a otro. Cuando no miraba a los hombres o a los animales que se movían a su alrededor, se atrevía a mirar de frente al sol, intentaba verle la cara”.

La poesía no está escrita en versos, sino que se adivina oculta en el relato. La poesía está en la posibilidad de ver lo que el día depara, a través de los ojos de un ave a la que su naturaleza la restringe a la oscuridad. Y es esto lo que nos posibilita la imaginación poética del autor: introducir en nuestra mente un acontecimiento inesperado. La resolución de algo que antes se creía imposible. El autor saca al ser de la oscuridad, y lo coloca en el escenario luminoso opuesto. Y así crea el entramado poético perfecto.

De ahí que la literatura infantil despierte en los adultos estas conexiones sensitivas que despiertan una lejana memoria dormida, una memoria relacionada con vivencias poéticas, es decir: no vividas, sino sentidas. Estas vivencias poéticas se esconden como flashes de luz en las almas calladas de los adultos, duermen en recodos jamás vueltos a mirar cuando las vidas son demasiado agitadas.

Cuentos del Piche

En todos los cuentos de Javier Villegas podemos encontrar estas vivencias poéticas. Tenemos, por ejemplo, el caso de la rana Anita, quien necesitaba urgentemente conocer el amor. “Soy la rana más linda entre todas las ranas”, decía de sí misma. Sin embargo, no sirve de nada que uno mismo se elogie, necesita verse reflejada en otros ojos que también vean la belleza.

La rana Anita se “soñaba viajando por el aire, en avión; por el agua, en barco”. Y, en un arrebato emprendió un largo viaje en el que se puso a prueba a ella misma, en el que descubrió de lo que era capaz.

¿Existe algo más poético que viajar en busca de las huellas de un amor desconocido, un amor invisible? Porque la rana Anita no sabía a quién buscaba, simplemente tenía la urgencia de ir lejos, muy lejos de su orilla. Su travesía resultó en un auto-descubrimiento fascinante.

— Me llevó el amor, el amor. El sueño en un Príncipe azul —, le confesó a un colibrí políglota que encontró en su viaje.

Y, aunque regresó a su estanque de siempre, su vida cambió no sólo por fuera, sino sobre todo por dentro.

“Estando en su tierra, la esperanza de la rana Anita, creció. Hubo una especie de metamorfosis en su interior, para reencontrase consigo misma y para imaginar un mejor futuro”.

Un pensamiento poético, cuando se lleva a la práctica, siempre resulta en un acto heroico para con uno mismo. Este acto nos lleva a un estadio más allá en la evolución de nuestra propia consciencia. Y esto es lo que este cuento propone a los lectores. Realizar actos poéticos que nos saquen de nuestra comodidad, salir y experimentar el mundo, estar abiertos a encontrar el amor en la siguiente esquina, en una ciudad distinta, en una orilla nueva.

Los cuentos de Javier Villegas no son sermones, son narraciones en las que encontramos tesoros escondidos, aprendizajes que podemos trasladar a nuestras vidas diarias. De esta manera, el texto cumple su cometido de ayudar, a quien lo lee, a explorar las incertidumbres, los temores, las dudas internas a través de los personajes, y resolverlos de maneras que el autor vuelve posibles.

Otro punto fascinante de Los Cuentos del Piche es que se ponen de relieve siempre a los animales. Y aunque también hay personajes humanos, como Juancito y su padre, Shemo, el cuidador del bosque y don Pancho Molocho, son los animalitos los que se roban la atención.

Los protagonistas de las historias son: un caballo blanco de paso fino que alegra la vida de un niño; un mono inconforme que quiere experimentar ser un animal distinto e incluso un ser humano; un sapo que emprende un viaje de regreso para reencontrarse con su amiguito; un búho que se atreve a ver la vida por el día, y una rana enamorada que viaja por el mundo en busca del amor.

Y como personajes secundarios, tenemos a sapos, picaflores, un guacamayo azul, una vizcacha, un hada del bosque, un caracol, muchas luciérnagas, más sapos, ranas y otros colibríes.

Son enternecedoras las relaciones que establecen los niños con sus amigos animales. Este es el caso del primer cuento de la serie, “Cortaviento”, un hermoso caballo que nació para alegrar la vida de Juancito.

La relación se establece desde el nacimiento del corcel, que nació blanco, “blanco, como las nubes, blanco como el olvido”. En este cuento también tenemos acceso a una delicada descripción poética de esta relación niño-caballo.

“Una noche, Juancito soñó galopar de nube en nube sobre el lomo de Cortaviento. Por el brío, parecía un caballo alado. Galopaba con ardor, relinchando y agitando las patas continuamente. Tocaron las estrellas, el sol a punto de despertar, y arribaron a un valle hermoso, poblado de luz y aromas. Era un valle situado allá en el infinito”.

Lo onírico ocupa un lugar protagónico en esta historia, en la que el padre de Juancito le ayuda a interpretar algunos sueños, y el niño vive el sueño más real de todos cuando amansa a Cortaviento, quien engalanado con un “aparejo de lujo: estribos, florón y freno con piezas de plata”, lo cabalga, sintiéndose el mejor jinete, “con poncho blanco de lino, sobrero de ala ancha y botas de vaquero”.

Sin duda, Los Cuentos del Piche es un libro en el que los niños y los animales cumplen sus sueños. Y se siente como una acogedora brisa que te transporta a la infancia.

 

Javier Villegas

 JAVIER VILLEGAS FERNÁNDEZ

Poeta nacido en Chiguirip, Cajamarca, Perú, y residente por varios años en Chiclayo. Es ganador en diversos eventos literarios a nivel regional y nacional. En 1991 y 1992 mereció por su obra poética el Premio Nacional de Educación «Horacio»; en 1997 obtuvo el Primer Lugar en el género cuento en la II Bienal Regional de Poesía y Cuento. Es miembro activo de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ) y además infatigable promotor de la literatura para niños. HA PUBLICADO LAS OBRAS: “La Luna Cantora” y otras poesías para niños “Repertorio de Ternura” (antología hispanoamericana de poesía para niños) “Poesía para Niños”(antología personal) “Rimando la Alegría”(poesía para niños) “El Amor es Más…”(poesía romántica) “La Flauta del Agua”(poesía para niños).

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Aprendizaje o el Libro de Los Placeres


Aprendizaje o el Libro de Los Placeres

Clarice Linspector

Siruela, 2008

Reseña

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“Uno se asusta con el exceso de dulzura de lo que es por primera vez”.

 

Les advierto que esta es una historia de amor, y que, por lo tanto, no tiene ningún sentido. Pero, a la vez, es de los libros más luminosos de Clarice Linspector. Les advierto también que la protagonista de esta historia lleva, en un sentido no literal, las tripas por fuera, los sentimientos desbordados. La pobre sufre la desolación de no saber quién es. Hechas las advertencias de rigor, vamos al grano.

Para Lori, Ulises es un hombre imponente. Sabe quién es y qué quiere, está lleno de sentimiento y sabiduría. Es un hombre que tiene la capacidad de revelarle los más íntimos secretos de ella misma. Es un hombre que la desea, pero no la toca, no le hace el amor. Le ha dicho que lo hará cuando ella esté lista para recibirlo, cuando esté preparada para contener la totalidad de su ser. Mientras tanto, él la observa, la ve crecer, la ve experimentar, la ve avanzar por un camino que antes estaba oscuro, pero que se ha vuelto, repentinamente, luminoso. La posibilidad del amor está a las puertas, y ella lo sabe.

 

Hasta ahora, Lori ha aprendido por medio del dolor. Le duele el alma. No sabe por qué, pero ha sido así desde el primer día en que tenga memoria. Nació con angustia. De niña, ya llevaba la tristeza atorada en la garganta. Lori ha estado encapsulada como dentro de un huevo de pájaro, no ha tenido el valor de ver qué hay detrás de las cortinas de sus propios sentimientos. Ha elegido vivir de forma gris: es una maestra de escuela que vive en el pasado, y se aburre de ella misma. Es joven, pero se siente anciana. En los largos días de las vacaciones escolares incluso borda manteles que a nadie regala. O se arregla con mucho cuidado delante del espejo, se viste bonito y se va sola al cine.

 

Pero Lori es también una mujer llena de preguntas que no se resuelven con ningún lugar común, consejo o rezo. Ella sufre de soledad e intuye que todas sus dudas las resolverá un día la experiencia real del amor, pero ¿qué es el amor real y cómo llegará ahí?

Ella pensó que Ulises, por ser profesor de Filosofía, había venido a contestar sus preguntas, pero con el paso del tiempo se fue dando cuenta de que él vino a des-estructurarlas para que ella las volviera a crear a partir de los nuevos pensamientos que él, en muy poco tiempo, logró incubar en su mente.

 

Ella no entiende cómo es que la mente de él parece haber entrado en la de ella. Pero le gusta y lo siente necesario.

 

“No entender era tan vasto que sobrepasaba cualquier entender –entender era siempre limitado-. Pero no entender no tenía fronteras y llevaba al infinito, al Dios”.

Lori es una mujer profundamente asustada ante la posibilidad de descubrirse, de transformarse en un ser humano completo y dejar de una vez por todas la auto-compasión. Esa es la única manera de estar lista para el amor de Ulises. Y ella lo desea, lo necesita, lo anhela. Pero para llegar a él, Lori debe dejar de temer y dar el siguiente paso: empezar a aprender desde el placer y no desde el dolor.

 

Eso es lo que Ulises ha venido a enseñarle. Mientras conversaba con él, Lori, de pronto, sentía que “estaba en una plataforma terrestre desde donde, en fracciones de segundo parecía ver la superrealidad de lo que es verdaderamente real. Más real que la realidad”. Eran los momentos en los que las dudas parecían desvanecerse.

 

Clarice Linspector es una maestra de la duda, del miedo, de la falta de confianza en sí mismas que sufren las mujeres. Crea este fascinante personaje, Lori, que se parece a cualquiera de nosotras en sus fueros más íntimos.

 

Este es el perfil de una mujer que quiere vivir la vida real, pero día a día elige quedarse en casa bordando, haciendo nada, sufriendo la incertidumbre de no saberse. Una mujer que un día ve delante de ella lo que tanto, a solas, había pedido al Dios. Al hombre que pueda librarla de su simpleza. El hombre que la enfrenta a ella misma, que la obliga a mirar su belleza original al espejo, que la reconcilia con su pasado. Ella intenta huir, intenta fingir, intenta todas las cosas que intentamos las mujeres. Pero nada funciona, ella necesita cambiar. Todo su ser se lo pide.