El regalo de la princesa Iris


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

Mariana nunca imaginó que alguien como Pablo pudiese fijarse en ella. Ella no era la más guapa de la clase, la más creativa ni la más popular, al contrario, se sentía como el patito feo, o como alguien común y corriente que no destacaba. Eso sí: Mariana sabía guardar secretos y ser una amiga fiel.

Un día, Mariana se hizo amiga de Pablo. Ella se enamoró de inmediato de su inteligencia,  generosidad, y seguridad en él mismo. Era alguien siempre dispuesto a ayudar, tenía mucho carisma y era un líder nato. Él empezó a confiarle sus ideas, sus secretos más íntimos. Confió en ella como nunca antes había confiado en nadie. Fueron amigos y confidentes durante mucho tiempo, hasta que cierto día algo se le removió por dentro a Pablo. Miró a Mariana a los ojos y la besó. Era lo que ella había estado esperando desde el primer día, así que se puso muy feliz.

Mariana transmitió en ese beso todo el amor que había guardado en su corazón para Pablo, y él, de repente, sintió que su vida entera ahora tenía un propósito: amar. Amar a Mariana, pero sobre todo amar la vida. Amar todo lo que existe. Pablo empezó a poner un gran amor en cada cosa que hacía de una manera muy intensa. Su sentimiento creció tanto que encendió una luz fuerte, tan fuerte que la princesa Iris la vio.

9 El regalo de la princesa Iris

Yo soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Recorro la tierra buscando corazones que amen y, cuando los encuentro, los premio con maravillosos regalos. Yo no veo las formas ni escucho las palabras, sólo veo los fuegos del corazón. Recientemente, he conocido a Pablo, y sus fuegos son tan fuertes que casi me enceguecen. Sé que ama de verdad por cómo se enciende su corazón cuando está con Mariana, y por el amor que pone en todo lo que hace.  Definitivamente, quiero hacerle un regalo; tiene que ser algo tan hermoso que semeje la intensidad de su luz.

Pablo no me conoce. Yo soy invisible para el ojo humano, sólo existo de una forma etérea, como si fuera una nube que pasa. Pero, si pudieran verme, tal vez, yo podría parecerles una montaña con ojos de mujer.

No me pueden ver, pero sí me pueden oler. Huelan la flor del jazmín, ese es mi olor. Cuando lo perciban, sepan que estoy cerca. Si es así, es porque alguien está enamorando.

Yo busco a los que entregan el amor sin miedo y no tienen intenciones ocultas. Aman sin condiciones. No un mes, no una semana, no un día, sino cada instante.

Mi madre, la Diosa Pachamama, es la dueña de todos los tesoros. Ella tiene oro, plata, rubíes, zafiros, diamantes y cuanta joya preciosa se pueda desear. La parte de afuera de su templo está rodeada por una pared altísima que en su base tiene amatistas, en medio tiene cuarzos y arriba, esmeraldas. Y eso es sólo en la pared que separa el templo de los jardines. Adentro, hay habitaciones enteras llenas de piedras preciosas.

Entro al templo de la Diosa con un cofre en el que guardaré el regalo para Pablo. He decidido llenar el cofre de oro y también incluiré algunos diamantes.

***

La princesa Iris entró en los sueños de Pablo, y le dijo: La diosa Pachamama quiere darte un regalo. Encontrarás un tesoro enterrado al pie del árbol al que ibas cuando eras pequeño. Pero recuerda: para recibir algo, tienes que soltar algo. Al despertar, Pablo tenía esas palabras, dichas con una enorme dulzura, susurrando en su mente.

No perdía nada con ir al árbol, sabía exactamente dónde estaba. Así que emprendió el camino, y cuando llegó al lugar del árbol notó que algo no andaba bien. El árbol, que era un enorme eucalipto rosa, no estaba, había sido derribado para hacer madera. Sólo quedaba de él un triste pedazo de tronco. Pablo se echó a llorar; sentía que algo muy suyo le había sido quitado. Y ningún regalo podría reemplazarlo. Pero las palabras de la princesa se repetían en su mente.

De pronto, vio que al pie del árbol había algo que sobresalía. Metió las manos en la tierra y encontró un cofre. Lo abrió y estaba lleno de oro y de diamantes. Pablo no lo podía creer. Sus lágrimas se secaron, y sintió una paz enorme.

Entendió todo esa noche, cuando en sueños, la misma voz le dijo: “Soy la princesa Iris, hija de la Diosa Pachamama. Te he dado este cofre porque he visto que tu corazón está lleno de amor verdadero. Y debes saber que el amor implica crecimiento. El eucalipto rosa que derribaron representa tu infancia, tu pasado, lo que estás dejando atrás. El regalo de la Diosa representa tu presente, que es el amor que sientes, y que eres. Ese es el verdadero tesoro”. Entonces, Pablo despertó y enseguida llamó a Mariana para contarle.

Mariana nunca fue tan feliz como después de aquel sueño de Pablo.

10 El regalo de l princesa Iris

El abuelo y el patito amarillo


CUENTO INFANTIL – Ilustrado por Mauro Sbarbaro

 

A Sofi le encanta escribir poemas en su cuarto, mientras en la sala su abuelo escucha las noticias. En el programa dicen que China está lista para eliminar el dólar de la economía mundial. Sofi no sabe lo que eso significa. “¡¡Significa un tsunami financiero, afectará a todo el mundo, Julia!!”, da voces el abuelo poniéndose las manos en la cabeza, y dirigiéndose a su esposa que hace un té en la cocina. Sofi piensa que no es para tanto, y que mientras ella sepa cómo terminar su poema con gracia, todo estará perfectamente en su mundo, que es el único que conoce y le interesa.

El mundo externo, del que hablan las noticias, a Sofi le importa menos que una nuez partida por la mitad. En cambio, para su abuelo, las noticias son muy muy muy importantes. No existe un día en que el abuelo no escuche las noticias, y sufra por lo que él llama “el estado del mundo”.

La abuela levanta la ceja y se burla un poco de la angustia del abuelo.

―¿El estado del mundo? No me hagas reír, viejo. Lo único que te tiene que importar es el estado de tu corazón. ¿Cuándo vamos para hacerte el chequeo? ―le pregunta la abuela.

―Todavía no ―responde él de manera cortante―. Ya me lo haré la próxima semana.

El abuelo sufre del corazón desde hace mucho tiempo. Por eso, Sofi intenta sacarle una sonrisa siempre que puede. Al corazón le hace bien reír.

A Sofí le encanta ir donde su abuelo, y decirle: “¿Quieres que te lea mi último poema? Y ver la expresión de él. Su cara se ilumina, y Sofi imagina que su corazón también, porque una enorme sonrisa aparece. “¡Claro que sí!”, responde de inmediato.

El abuelo toma la posición de escucha. Se sienta y para bien la oreja. Los poemas de Sofi le parecen sublimes, mejor que los escritos por él cuando era un joven idealista.

Sofi no escucha las noticias, pero siempre encuentra cosas curiosas en Internet, que comparte con su abuelo. Esta, por ejemplo.

―Abuelo, el otro día leí en Internet que tú, con tu mente, puedes crear tu realidad, tal vez simplemente creyendo que estás sano, te puedas sanar.

―A ver… ¿cómo es eso, Sofi?

―No sé bien, pero dijeron que haga un ejercicio, y yo lo hice ¡Y funcionó!

―¿Qué ejercicio?

―Decían que si tú te enfocas en algo muy detenidamente, si pones toda tu concentración en algo, puedes hacer que eso se repita más adelante. Si es algo que te emocione, mejor. Entonces, yo puse atención al perro blanco con negro del vecino. Ese que siempre está atado. ¿Te acuerdas?

―Sí ¿y qué con ese perro? ― preguntó el abuelo, sin entender nada.

5 El abuelo y el patito amarillo

―Es raro, pero ese día el perro estaba suelto. Yo salí al jardín, el perro me vio y vino corriendo, saltando de alegría. Empezamos a jugar correteando. Yo puse toda mi atención en ese instante, me olvidé por completo de lo que estaba haciendo, y sólo grabé en mi mente mi felicidad y la del perro. Después, el perro entró a la casa y me di cuenta de que estaba ensuciando con lodo el piso de la sala, y le dije gritando: ¡¡Estás todo mojado!! Y fue muy divertido tratar de sacarlo. Fue muy extraño lo que pasó luego. Y es que fui al pueblo y tooodo el tiempo me pasé viendo perros mojados que jugaban y saltaban libremente. Incluso vi a un perro que entraba y salía de la pileta que está en la plaza. Es muy loco, abuelo. Sin querer queriendo, el experimento funcionó. ¿Quieres hacer la prueba?

―A ver… ―dice el abuelo con incredulidad, pero intentando seguir el juego de su nieta.

―Observa este lugar y elige una cosa, cualquiera de ellas ―le pide Sofi.

―Ya ―dice el abuelo, mirando hacia un punto específico.

―¿Qué elegiste? ―le pregunta Sofi ansiosa.

―El patito amarillo aquel de allá ―responde señalando. ―Lo elegí porque debería estar en el baño, y no entiendo qué hace allí. ―El patito amarillo estaba subido en lo alto de una repisa, como mirándolo todo desde arriba.

―Patito amarillo. Patito amarillo. Patito amarillo ¿qué haces allí? ¡Ese no es tu lugar! ―decía Sofi hablándole al objeto de plástico. ―Abuelo, ahora nos vamos a concentrar muuuucho, pero mucho mucho, en el patito amarillo ―dice Sofi moviendo sus manos como si fuera una vidente.

―¿Y todo esto para qué? ―dice el abuelo sin ocultar una risa burlona.

―Ya lo verás. Tú confía en el poder de la mente. Tienes que pensar y pensar en el patito ―le dice Sofi moviendo los brazos en círculos y apuntando a la repisa.

 

***

Pasaron los días. Y aunque el abuelo no entendía el ejercicio de Sofi, igual pensaba siempre en el patito amarillo. Cada vez que pasaba por ahí, lo veía y le decía: “¿qué haces aquí patito amarillo? Ese no es tu lugar”. Sin embargo, no se le ocurría moverlo.

Uno de esos días, el abuelo enfermó gravemente del corazón y lo llevaron al hospital. Estuvo en terapia intensiva tres noches, enchufado a un respirador, todos pensaron que moriría, porque no reaccionaba. Pero,  al fin se restableció, y a los pocos días lo llevaron a la casa. Eso sí, le advirtieron que no podía tener emociones fuertes, porque su corazón estaba cada vez más débil.

El abuelo volvió a vivir, y esto le hizo pensar diferente. Ya no tenía ganas de escuchar las noticias, ya no quería quejarse ni pelear con nadie, ahora sólo se pasaba en el huerto y escuchando música clásica. Daba gracias a Dios por estar vivo, y sobre todo daba gracias por Sofi, porque sin el amor de su nieta no habría logrado sobrevivir. Ella fue quien más lo cuidó y veló en el hospital y en la casa.

Un día, después de leerle un cuento a Sofi, el abuelo le dice:

―¿Sabes en lo único que pensaba mientras estaba entre la vida y la muerte?

―¿En qué abuelito? ―le dice Sofi abrazándolo.

―En el bendito patito amarillo. Y, ahora me doy cuenta, de que pensando en el patito amarillo pensaba en el amor que te tengo y era eso lo que me fortalecía y me dio ánimos para seguir viviendo ―dice el abuelo soltándose en llanto.

―Ya abuelito, no llores. Yo también te quiero mucho ―le dice Sofi, sobándole la cabeza como a un pequeño cachorro.

Un día de aquellos, el abuelo decidió volver a encender la radio y sintonizar la emisora de las noticias, entonces fue cuando escuchó la siguiente noticia:

“Entre las noticias curiosas del día, tenemos una que realmente nos ha hecho mucha gracia. Resulta que una playa de Australia apareció esta mañana llena de patitos amarillos, de esos que se usan en los baños para los niños pequeños. Así como lo escuchan: ¡la playa amaneció llena de patitos amarillos! Al parecer, un container cayó de un barco en China, ocurrió una tormenta y se abrió aquel container, que estaba lleno de patitos amarillos, que llegaron flotando a las costas australianas. Los niños llegaron por montones y se llevaron todos los patitos. Esto es algo inaudito”, decían con asombro.

Mientras el abuelo escuchaba esta noticia, las lágrimas caían por sus mejillas. Cuando reaccionó, buscó una escalera, se subió en ella y bajó de la repisa al patito amarillo. Le quitó el polvo, lo besó y le dijo: ¡¡Gracias!!

6 El abuelo y el patito amarillo

Bichos raros


BICHOS RAROS

BICHOS RAROS es un conjunto de historias que nos hablan de lo natural que es ser diferente, o de lo normal que es (o debería ser) hacer algo que los demás no esperan, pues todos somos un poco “raros” y es normal sentirse así. Pero ¿qué es ser “raro” en realidad? ¡Difícil cuestión, aunque tal vez los personajes de este libro nos ayuden a entender simplemente que animales y personas, todos bichos somos.

SERIE LEER ES MÁS

Con actividades de comprensión lectora.

Lectura recomendada para jóvenes a partir de los 12 años.

EDITADO POR ACADEMIA EDITORES

 

Escrito por Marcela Noriega y Damián Pavón (Buenos Aires, 1988) Viajero que se dedica a ir por el mundo para conocer nuevas culturas e historias.

Ilustrado por Mauro Sbarbaro (creativo, gráfico editorial y fotógrafo). Ha desarrollado técnicas como la Escultopintura. Ha incursionado en la fotografía microscópica digital, actualmente continúa su producción y trabaja independientemente). Y Vicente Gallart (Barcelona, 1970) dibujante e lustrador ecléctico que reúne influencias desde el cómic underground norteamericano al surrealismo.