Espejos


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He resuelto el enigma. Lo que yo no veía era mi propio miedo. Pensaba que era él quien tenía miedo, pero era yo. Siempre es así, solo logramos ver en el otro lo que somos nosotros, y esto ocurre a cada momento. Sus indecisiones eran las mías, sus dudas eran las mías, sus altibajos emocionales eran los míos. Me fui sanando al ir entendiendo esto. Lo que realmente estaba entendiendo es cómo funciona el amor. No podemos lograr vivir el amor sin reconocernos en el otro, sin comprender que el otro es nuestro reflejo. Para lograr esto es necesario despojarnos de nuestros orgullos, dolores, pesadillas, rencores y todo tipo de miedos. Debemos pasar por el fuego si queremos vivir el amor. Y por el fuego se pasa solo.

No hablo del amor de besarse en todo lado, sino del amor de saber que el otro es tu otro yo, es tu espejo, eres tú. Que si tú te alimentas a ti misma con amor, lo alimentas a él. Mientras tu más te amas, más crece el amor. Es instantáneo. Y para lograrlo debes pasar la prueba más dura de todas: el desapego.

La prueba del desapego llega al final de un camino, no está al inicio. Es una prueba difícil, lloras a todos tus muertos y a todos tus vivos. Lloras como un animal perdiendo a su hijo.

El dolor se esparce por todo tu cuerpo, y haces movimientos de reptil, de un animal que muere. Realmente estás muriendo, como muere una oruga. Cuando uno se desapega la tristeza es devastadora. Pero termina el dolor y un nuevo fuego se enciende en ti. 

Después de esto, la sorpresa es enorme. La luz lo inunda todo y tú estás sola y desnuda en tu terraza. Estás sintiéndote libre otra vez, volviendo a respirar tu propio aire, ahora tu energía lo llena todo, y empiezas a recuperar tu poder. Empiezas a traer de regreso todas tus cosas perdidas, lo que antes te quitaron te es restaurado. Empiezas a trabajar con las energías, a limpiar lugares, a sanar personas. Tu energía fluye dentro de ti en una espiral infinita. Entonces, empiezas a comprender de qué se trata todo esto.

El nuevo comienzo para mí fue un viaje en el que me reconcilié con memorias de mi infancia, de mi ser femenino. 

Me fue necesario desapegarme de mis propios pensamientos sobre el amor, sobre lo que debía sentir, lo que se suponía que debía ocurrir, todo lo que le impide al amor ser. Las ideas que nos heredaron nuestras madres. Tuve que romper mis sueños contra el suelo. Y todavía debía pasar más pruebas.

Recuerdo cómo las dudas me hacían hervir por las noches, cómo el corazón me palpitaba desbocado cada vez que él estaba cerca. Escuchar cómo late tu corazón otra vez es un milagro. Pero debes lograr traspasar la excitación, y el sexo. 

Parte del desapego significa vivir una especie de celibato elegido. Al principio me costó muchísimo, pasé meses resistiéndome a la idea, pero al final lo comprendí: el sexo es una energía demasiado poderosa, y debía sanarme primero de toda la contaminación previa.

Llegará un momento y no será uno solo en que quieras desfallecer. Llegará un momento en que todos tus demonios saldrán a recibirte a la casa que tú mismo les acomodaste en tu mente. Ellos estarán ahí y tú vas a tener que hacerles frente. No es fácil pasar por aquí, pero la recompensa es enorme y no tarda en llegar.

Siempre nos mantuvo unidos esa llama a la que hoy llamo amor.

Siento que volví a la vida. El amor me trajo de regreso. Poco a poco fui descubriendo que cuando uno va quitando del camino las memorias de dolor, queda un espacio disponible y todo lo que llega es pura luz.

Somos nuestros propios maestros


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Cada ser humano es su propio maestro. Nosotros estamos creando nuestra propia realidad todo el tiempo con los pensamientos, sentimientos y acciones que elegimos. Con cada decisión consciente o inconsciente nos atamos o nos liberamos. Nosotros somos capaces de dejar ir una realidad miserable o insatisfactoria y permitir que la Luz entre y transforme nuestra propia creación.

Somos nuestros propios maestros. Nadie mejor que nosotros sabe lo que queremos y necesitamos.

Pero tendemos a entregar nuestro poder a autoridades externas quienes dicen saber la verdad y querer lo mejor para nosotros. Esto sucede en política, medicina, educación, etc. También, nuestra “industria del entretenimiento” esta llena de falsas imágenes acerca de la felicidad, éxito y belleza, las cuales sólo sirven a aquellos que las construyen. ¿Han pensado ustedes alguna vez cuánto dinero se gasta en crear imágenes? En los medios, los periódicos, las películas, en la radio y en la televisión, las imágenes son difundidas todo el tiempo. ¿De dónde vienen éstas imágenes? ¿Por qué están ahí? ¿Quiénes las diseñan?

Las imágenes son el significado del poder ejercido sobre la gente. Las imágenes pueden volver a la gente servil y desconectada de sus verdaderas necesidades, sin hacer uso de la fuerza física o la violencia. Las imágenes pueden hacer que la gente voluntariamente entregue su propio poder y autoestima. Éstas los engañan de tal modo que no necesitan forzarnos ni violentarnos a algo; solitos aceptamos los valores retratados por la imagen como si fueran propios y actuamos según lo que vemos. Esto es lo que podríamos llamar control mental invisible y somos sus víctimas siempre que lo permitimos.

La realidad global (la que existe por fuera de nosotros, la que los toltecas llamaban “el sueño compartido por los billones de soñadores de la tierra”, el Mitote, lo que nos han dicho que es la realidad) por sí misma no existe.

Todo existe tanto en cuanto tú lo incorporas a tu realidad. La información, cualquiera que esta sea, está puesta ahí para llamar tu atención. Se alimenta de nuestra atención, es decir de nuestra energía.

Donde ponemos nuestra atención va nuestra energía. Y mientras más atención le ponemos más grande hacemos aquello que observamos. Más lo multiplicamos.

La información, así como nuestros pensamientos, sensaciones, emociones, todo, es energía.

Existe una verdadera guerra invisible en este momento en la Tierra por la energía.

Por nuestra energía. Todas las otras guerras, las muertes, la realidad que ellos nos muestran, ha sido fabricado para captar nuestra energía, para hacernos creer mediante imágenes que son propios estos sentimientos violentos que las imágenes nos producen.

¿Qué es lo que sentimos cuando vemos la imagen de un niño ensangrentado?

Energía de miedo, de indignación, de impotencia, frustración, miedo, todo lo horrible que puede sentir el ser humano. No queremos verlo más. De pronto, no sabemos qué hacer con ese sentimiento por dentro.

Esa es la razón por la que lo compartimos. Estamos buscando un poco de alivio a nuestro malestar. Nos auto-convencemos de que estamos haciendo algo, ayudando, difundiendo. Pero esto no es real.

Lo que estamos buscando es aliviar nuestra carga emocional.

Compartimos lo que nos frustra porque no sabemos lidiar todavía con la propia frustración. Cuando vemos una imagen de un animal siendo torturado o de un niño ensangrentado, esas imágenes se conectan a nuestra propia red interna de memorias afines, hacen click con muchísimas redes de pensamiento, sentimientos, sensaciones que no queremos tener más dentro de nosotros. Pero no nos tomamos el tiempo de entender lo que nos ocurre y lo disfrazamos de solidaridad, preocupación por el otro. Y lo que realmente queremos es un poco de alivio para nuestro propio malestar interno.

Compartimos sin tomar consciencia de lo que estamos haciendo.

Este sistema corrupto y moribundo, se alimenta de nuestra energía.

Es nuestra energía lo que mueve al mundo.

Si mañana todos los que estamos aquí decidimos dejar de compartir contenido violento, que genera sensaciones negativas en otros, estaremos haciendo un gran bien.

Nosotros tenemos estos cuerpos físicos, pero lo que realmente somos no puede verse a simple vista. Se ve sí cuando miramos a las personas a los ojos. Cuando descubrimos su grandeza, o su simpleza. Aún en la más torpe simpleza existe belleza. Todos, incluso el delincuente más cruel, somos seres humanos lidiando con nuestra humanidad. Todos, seamos conscientes de ello o no, somos amor. El amor nos es natural.

Si dejan de prestar tanta atención a las imágenes del exterior, y se prestan más atención a ustedes mismos, a sus propias imágenes. A las imágenes de sus sueños, si regresan a mirarse al espejo y se reconcilian con lo que están viendo y viviendo, ya están sanando una parte del mundo.

Seamos conscientes del poder que tenemos. Cada uno es una fuente de energía inagotable. Mientras estamos vivos, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras acciones van atrayendo o rechazando energía a fin. Miren lo que están atrayendo y sabrán si están yendo por el camino correcto.

No olviden que nosotros tenemos la capacidad de transformar la energía y volverla lo que queramos.

Por ejemplo, ARTE!