Las hojas muertas han entrado en la casa


philip-glass_800x669-620x400

Durante el concierto que dieron Philip Glass y Tim Fain, en el Teatro Sucre, de Quito, el pasado lunes 25 de noviembre, experimenté algo parecido a un viaje a una vida pasada, una regresión, algo así como un paseo en el tiempo a otra realidad, supuestamente ya vivida. Para que no se asusten, debo dejar en claro que nunca me fui de mi cuerpo, así que no corrí peligro de muerte ni nada por el estilo. Como no abandoné mi cuerpo, esta experiencia no correspondería a un viaje astral. Tampoco creo haberme ido a otro universo, por lo que esto no sería un viaje interdimensional. Pienso que se trató simplemente de un viaje interior, a una antigua memoria. Muy antigua.

Para los más excépticos: no descarten que, tal vez, esto pudiera ser una silvestre alucinación producida por la música de estos genios. Y, por supuesto, siempre cabe la posibilidad de que sea simple literatura.

Usted tómelo como mejor le parezca.

Philip Glass y Tim Fain empezaban a tocar la segunda parte de la pieza Música de The Screens (1990), piano y violín. Me sumergí en aquella música, hermosa y melancólica. De pronto, me vi a mí misma en otro cuerpo. Era alta, pálida y llevaba puesto un vestido negro largo. El vestido era muy elegante, lo mismo el salón que se veía desde lo alto. Bajaba por unas escaleras anchas y veía cómo el viento empujaba las hojas de los árboles, que entraban muertas al salón.

Empecé a llorar sin entender por qué. De la nada, las palabras de un poema empezaron a dibujarse, como explicándome lo que estaba ocurriendo. Cuando las leí, fue como confirmar un temor que ya tenía. Empecé a llorar, sintiendo un dolor muy profundo. El poema me informaba que el amor de mi vida se había ido. Al parecer, había muerto. Y mientras bajaba por las escaleras, yo tomaba consciencia de lo sola que estaba. Lo amaba tan profundamente que sentía haberme muerto con él.

Veía las palabras delante de mí, en el aire, formando versos que se repetían. Entonces, recordé cuando Cortázar contó cómo concibió a los Cronopios. Dijo que se le aparecieron mientras escuchaba una ópera en un teatro. Dijo que eran seres pequeños, que aparecieron de la nada, y que él supo de inmediato que se llamaban Cronopios.

Miré a mi amigo, Juan Fernando, que estaba a mi lado, y vi que también lloraba.

Muchas personas fuimos tocados por la magia esa noche.

La música que crean Philip Glass y Tim Fain sana el alma.

Cuando salimos, escuché el relato de algunas personas que también vivieron sensaciones extraordinarias. Algunos dijeron haber visto las formas de la música en el aire, otros tuvieron orgasmos durante el solo de Tim Fain, o alucinaron mientras se oía en todo el teatro Sucre la voz desquiciada de Allen Ginsberg recitando Wichita Vortx Sutra (1966), el poema que el escritor beat escribió mientras viajaba con Philip Glass por Estados Unidos. En el centro mismo del país, en Wichita (Kansas), Ginsberg concibió este poema, que es una oración al Universo y un pedido de que seamos nosotros los destinatarios del amor. Estoy segura de que el espíritu de Ginsberg estuvo con nosotros esa noche, y ayudó a la alteración de nuestros sentidos. Gracias.

Cuando se terminó el concierto, anoté las palabras del poema que ví, las que pude recordar. Luego me fui a cenar con mis amigos, y a la medianoche, cuando me quedé sola, recordé el poema completo y lo escribí.

Lloré mucho recordándolo. Este es el poema.

Manuel_Barranco_Martos,_serie_Para_dormir_la_melancolia_

Bajo las escaleras con el vestido negro

Soy alta, de largos dedos

Pálidas lágrimas mojan el suelo

Bordeo el último escalón antes de entender

Que te he perdido

Es otoño y estoy sola

Las hojas muertas han entrado en la casa

Él se ha ido

Hubo una gran fiesta en este salón

Los amigos reían, las copas se elevaban al cielo

Fuimos los anfitriones en el gran escenario

Ahora, la tristeza del mundo se filtra

Como agua negra desde el jardín

Inunda nuestra habitación de oscuro silencio

Es otoño y estoy sola

Las hojas muertas han entrado en la casa

Él se ha ido

Afuera, el viento se queja desnudo

Imita tu voz somñolienta

Te presiento

Abro del todo la puerta del ventanal

Entra una ráfaga del antiguo miedo

Me sentaré a esperarte hasta que llegue el invierno

Es otoño y estoy sola

Las hojas muertas han entrado en la casa

Él se ha ido.