Él y la Luna


Él está conectado con él mismo a través de la consciencia. Él sabe quién es y ama saberlo. Él se deleita con la vida y la vida, en compensación, se deleita con él. Por lo tanto, estar en su presencia es un deleite. Este deleite lo sienten todos: personas, animales, plantas, el mar, el bosque, la selva, los ríos, las montañas, las flores, el fuego, el agua, el aire, la sal, la tierra. Yo soy su deleite. Cuando está en mi presencia, él se siente a salvo para crear, a salvo para sentir, a salvo para ser. Él es quien es, no lleva nada oculto. Su corazón es sabio y sus formas, a veces, iguales a las de un niño. Me siento a salvo con él.

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EL FUEGO DE LA LUNA

La Luna me ilumina. La luna enciende mi emoción desbocada. Me alimento de su influjo como solían hacer las mujeres sabias de antaño, las que sanaban con plantas y comprendían el fluir de los astros. Les contaré un secreto: la luna no es femenina.

El principio de la sabiduría es el silencio. La luna es silente, la luna es sabia y la sabiduría es masculina. Lo femenino bebe del influjo masculino de la luna y este elixir les permite ver el pasado, presente y futuro, les permite verse a ellas mismas en un espejo.

Beben de la luna cuyo líquido es blanco-plata.

Lo femenino es el amor, lo masculino es la sabiduría. El amor creó a la sabiduría para poder tener una dirección, un rumbo. Porque el amor por sí mismo no puede guiarse, da pasos de ciego; necesita de la sabiduría masculina para tener un propósito. De ahí que la energía femenina (el amor) a veces parezca caótica, porque es la energía de la creación pura, de la permanente transformación. Por eso quiere hacer muchas cosas a la vez, vivir muchas vidas a la vez, porque es la energía primordial, la que da la vida. La energía Yin, que es la que rige este año 2017.

El amor sin sabiduría, sin propósito, te pierde, te enloquece, te vuelve dependiente.

La Luna es como un hijo de Gaia, aunque no es exactamente eso. Dicen que hace muchísimo tiempo, el planeta Tierra era tan grande como Urano. Hubo muchas guerras nucleares, interestelares, por la Tierra y fue fragmentada. Una parte quedó como lo que se conoce como el Cinturón de Asteroides. Otra parte es la Luna, que fue llamada Kingu.

Kingu ama a las mujeres, ama lo femenino y lo influye tremendamente. Es tan astuto que ha convencido a las mujeres de que es otra mujer. Lo hace para que no le teman, o hablen mal de él, como hacen, por ejemplo, con el Sol. ¿Y si les digo que hace muchísimos años al Sol se le llamaba Madre Sol?

La Madre Sol y el Padre Luna.

De Kingu provienen todos los artistas, los que nunca se amoldaron al sistema y llegaron para cambiarlo desde adentro de ellos mismos. El agua es emoción, y Kingu regula las mareas y las emociones, que son la parte femenina del ser. Es el plano astral de la Tierra.

Muchas mujeres aman a Kingu o la Luna, y él siempre les corresponde el amor. Sin embargo, es útil saber que el amor es una energía que siempre se está transformando, por lo que él hará de todo para que tú te transformes en lo que amor quiera.

De ahí que muchos acusaran de brujas a las mujeres que tenían una profunda conexión con la magia de la Luna. La magia es masculina también, porque la magia se hace con la palabra y todo el lenguaje, todo lo que es código y es posible de medir en números, es concebido por la parte masculina del ser, la parte que da la estructura, la forma. El arte en cambio es femenino.

Todo lo que las mujeres saben de magia se lo enseñaron los hijos de los dioses que fueron sus amantes. El mago le revela a quien él elige la magia. Pero sólo la mujer puede abrir el corazón del mago con el poder del amor.

La mujer es el cáliz donde la magia se cocina, se cuaja, germina, se nutre, crece. La magia es el amor. Sin lo femenino, no hay magia ni amor posible.

En Geometría Sagrada: lo femenino es el amor en sí mismo, y lo masculino es la sabiduría en sí misma. Lo femenino existió primero, lo masculino fue creado a partir de lo femenino. Por eso, antes, a todo se le llamaba Madre-Dios.

Para el Universo, eso se representa de la siguiente manera:

Triángulo hacia abajo: simboliza lo femenino, el poder de Co-Creación.

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Triángulo hacia arriba: simboliza lo masculino, la forma, la estructura (la pirámide).

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Cuando el hombre va en contra de esto, y por ignorancia no reconoce la divinidad en la mujer está negando a Dios. Se está negando la posibilidad de conocerse realmente a él mismo. Ella es la única capaz de hacerlo retornar al hogar, que es su propia divinidad.

Ella es el camino, la verdad y la vida.

Es a través del útero que todos salen y todos regresan. Es un orgasmo cósmico lo que les espera a aquellos que encuentran el camino de regreso a casa, a través del reconocimiento del amor en sus vidas.

Los hijos e hijas de la Tierra nacimos para amar a los hijos e hijas de la Luna.

Los pájaros


CUENTOS DESDE EL VALLE SAGRADO

 

¿Viste cuántos sonidos en uno?

Un solo pájaro hace todo eso.

Poco a poco los pájaros fueron viendo que no somos de temer, que pueden hacer sus nidos encima de nuestras cabezas, si así lo quieren. Amamos a los pájaros, y llegan en todos los colores y formas. Los colibríes se acercan todos los días para avisarnos que nuestros seres queridos están bien. Los pájaros azules llegan para comerse los nísperos. Los pájaros café con blanco suelen caminar por el suelo alfombrado de hojas húmedas en búsqueda de bichitos. Todos convivimos en armonía. Los pájaros libres son bellos, y no existe armonía sin belleza.

El día que llegamos a la Casa de las Guadúas nos recibieron con un conciertos cientos de pájaros que llegaron de todas las direcciones. Hermosos pájaros totalmente negros, de esos que llaman tilingos y que parecen ser primos de los garrapateros de Guayaquil. Se diferencian unos de otros, porque los garrapateros siempre los verás en el suelo picoteando algún bichito. En cambio, los tilingos siempre están en las copas de los árboles, pues se alimentan de sus frutos. Les gustan sobretodo los aguacates.

Con los tilingos parecíamos amigos de toda la vida y fuimos felices al ver que su favorito era el árbol de aguacate que está justo frente a la Casa de las Guadúas. Eso fue maravilloso. Y digo fue porque ya no podría asegurar del todo que ése árbol de aguacate siga siendo su preferido.

Últimamente, los pájaros tilingos se reparten entre los tres árboles de aguacate haciendo un triángulo sobre la casa. Está el árbol de aguacate que queda atrás de la casa, y que sobresale del resto por lo alto que es. Alrededor de este árbol hay dos naranjos y una mata de guayusa. También está el árbol de aguacate que queda al lado izquierdo de la casa, en la parte frontal. Siempre abrazo a este árbol, porque me queda cerca y está en terreno plano, no como el otro. Estos dos árboles nos han dado muchos aguacates en estos meses. Teníamos tantos que regalábamos a las personas que pasaban. Los aguacates caían de lo alto día y noche. En el día, los pájaros los echaban árbol abajo. En las noches, a veces, nos hacía saltar el ruido del aguacate golpeando con la tierra. Nunca vimos aguacates tan grandes. El tercer árbol de aguacate es que el queda frente a la casa. A ése los pájaros tilingos van en menor cantidad.

Ahora los pájaros tilingos se reparten entre los tres árboles de aguacate. Prácticamente viven encima nuestro. Esto, a pesar de que ya no quedan muchos aguacates en los árboles.

Pero esta mañana quien nos sorprendió fue el pájaro amarillo con negro, quien hace unos sonidos increíbles, en diferentes tonos muy altos. Lo habíamos visto por aquí y por allá, pero a lo lejos. Cuando fui al baño, antes de las doce del mediodía, escuché un ruido proveniente de las palmeras encima del baño. Era el pájaro amarillo con negro y como sabía que Mauro querría verlo fui, en puntillas, a avisarle. Él estaba haciendo un pasta (pennette rigate integrale) con una salsa pomarola. La pasta llevaba también arverjitas y zanahoria, unas hojas de laurel, aceite de oliva, ajo y sal. Al mismo tiempo hacía un jugo de tomate de árbol. Mauro es experto en hacer varias cosas al mismo tiempo.

¿Quieres venir a ver el pájaro amarillo con negro?

Con la lentitud de un maestro zen, él dejó de mover la salsa con el cucharón de palo, y vino conmigo. El pájaro amarillo con negro estaba encima de la hoja de palma, que es verde. Tan verde como puede ser el verde. Lo picoteaba, pero no lograba sacar nada de él. Al parecer estaba haciendo su nido en algún lugar cercano y necesitaba materiales. Enseguida se fue.

Más tarde, estábamos tomando el jugo de tomate de árbol en la parte de afuera, sentados en el suelo. Mauro puso una mesa bajita al estilo japonés para que vaya de acuerdo con el jardín japonés sobre el que crecen majestuosas las cañas guadúas en la parte delantera de la casa. Sentados en el suelo sobre mantas y tapetes, así comemos por el día. En las noches entramos porque afuera hace frío, y también porque en épocas de lluvia, como ésta, suelen venir los enormes escarabajos. Son inofensivos, pero si uno se te prende es difícil sacarlo. Tienen en sus patas una especie de púas diminutas. Lo más probable es que tú te lleves un gran susto, y le hagas daño intentando quitártelo de encima.

A ellos les atrae la luz, por eso preferimos apagar las luces y entrar por las noches. Comemos en la mesa de madera de pino, que es bastante grande. En ella, además de los platos de comida, nos caben computadoras, impresora, parlantes pequeños y grandes, celulares y algunos libros. Suelen también estar sobre estas mesa mis pulseras, aretes, moños, y la grapadora, filtros de tabaco, anotaciones en papeles sueltos de Mauro. Además, nunca faltan los sahumerios. Ahora mismo encima de la mesa hay dos pocillos con palo santo, copal blanco de la India y un sahumerio hecho por nosotros con las hojas de la lavanda.

Estábamos tomando el jugo de tomate de árbol cuando en eso vemos al pájaro amarillo con negro a unos dos metros intentando rasgar una palmera más pequeña, y haciendo unos sonidos como si estuviera hablando con otro pájaro.

Entonces no solo hacen sonidos cuando están hablando, también hablan solos. Más o menos son como nosotros.

De pronto, vino volando la que Mauro dijo era su compañera. Era exactamente el mismo diseño, aunque un poco más pequeña. Sus tonos amarillos radiantes y el negro impecable, sus plumas como de algodón muy suave. Se quedó mirándonos y dando la vuelta, analizando la situación hasta que empezó a ayudarlo a encontrar alguna rama lo suficientemente resistente, pero también lo suficientemente ligera.

Entonces pensé que ellos, al igual que nosotros, están preparando un nido, buscando materiales para construir un hogar.

Ah. Él no estaba hablando solo. Él la estaba llamando, y ella vino a ayudar.

Los hombres no lo pueden hacer todo solos, ni las mujeres lo pueden hacer todo solas. Nos necesitamos los unos a los otros, tenemos que hacer un equipo, estar del mismo lado, ser fieles, ser compañeros, ser aliados, como las parejas de pájaros.

¿Viste cuántos sonidos en uno?

Un solo pájaro hace todo eso.

Él hace ese sonido para ella, es un sonido que sólo ella conoce. Es la llamada del amor. Donde sea que ella se encuentre, escuchará ese sonido y sabrá exactamente dónde está él.

GUAYAQUIL CENTRO, TERRITORIO DE ARTISTAS


La ciudad es un macro espejo, un caleidoscopio, en el que se refleja el inconsciente de todos quienes en ella habitan, sean propios o extranjeros. La ciudad plasma aspectos de nosotros mismos que no podemos ver a simple vista. Y lo hace de una manera amplificada, en lo colectivo, a lo grande. Por alguna razón, mi alma de poeta y cronista eligió a Guayaquil como su ciudad natal, como su matriz, el útero contenedor colectivo, al que todos regresamos una y otra vez.

Guayaquil es una ciudad construida sobre pantanos, manglares, lodo, agua estancada o de corriente lenta. Algún día fue un paraíso para los lagartos, papagayos, cangrejos, iguanas, ardillas, monos y también para los samanes, guayacanes, ceibos y muyuyos. Pero, ahora, la ciudad es un infiernillo de alrededor de cuatro millones de personas, donde manda el materialismo, y prima la supervivencia. El calor es insoportable, los árboles han sido derribados. En Guayaquil todo tiene un precio, se vive el consumismo en su máxima expresión. Nada permanece. Todo es desechable. Los budistas dicen que la mente humana es como un mono que va de rama en rama intentando coger un banano que nunca alcanzará. Así actúa una persona que nunca logra estar en ella misma, en su centro, que no consigue la paz interior. No es casualidad que a los propios de Guayaquil les llamen “monos”.

Sin embargo, en el centro, en el corazón de Guayaquil, podría haber una luz. El centro es donde las ciudades llevan el alma. Y el alma de Guayaquil es alma de artista. Alma sensible, hiper-sensible dirían algunos; curiosa, ávida de vivir experiencias que la sacudan, siempre lista para la aventura y el romance, ansiosa de adrenalina y pasión, ingobernable, rebelde, profunda. Autodidacta, investigadora, libre-pensadora, llena de dones y talentos que ha desarrollado en sus muchas vidas. Un artista es siempre un alma vieja. No le gustan las doctrinas, huye de los yugos. Es el alma de los poetas, de los músicos, de los pintores, de los cineastas, de los filósofos, de los artistas escénicos, de los amantes de la vida al aire libre, de los perseguidores de la libertad, de los viajeros.

En el centro, todo parece ir más de prisa, pero los artistas hacen que se ralentice la vida. Ellos desgranan el tiempo. Se relajan y logran abrir espacios donde es posible respirar un aire menos viciado, un aire de autencidad. Los artistas limpian la estela tóxica que deja el consumismo, el borreguismo, la inconsciencia que esclaviza a las masas. Los artistas salen de la multitud, pero no la desprecian, sino que intentan elevarla a su altura, compartir un poco de su libertad creativa, de su inmenso potencial creador.

Si eres un artista, Guayaquil te empujará para que seas su voz, y la expreses de la manera en que tú sabes hacerlo. Ve al centro y encontrarás el alma de esta ciudad. Ella te acogerá, y te darás cuenta de que puedes ser lo que tú quieras en ella. Guayaquil no se espanta de nada. Tú eres quien podría asustarse de las sombras que proyectarás en su escenario. Ella incitará tus sentidos para que la bailes, para que la bebas, para que la saborees, para que te enamores de ella y la penetres. Te llevará a sus profundidades. Ella calmará tu sed de cuerpos, tus ansias de sentirte adentro.

Pero, déjame decirte, que esta ciudad es de aquellas amantes que al día siguiente no llama y que, para volverlas a ver, tienes que hacer algún truco. Te parecerá que, en Guayaquil, todo truco se hace con dinero. Intentando alcanzar el dinero que te permita hacer el truco para poder “vivir la ciudad”, te volverás un esclavo de ella. Entonces, empezarás a transitar tus sombras y las verás reflejadas en sus calles, en su gente, en su arte. Es cuando empieza el juego del caleidoscopio. Una vez que comprendes los patrones de la ilusión en los que vive Guayaquil, empiezas a divertirte.

En apariencia, la ciudad cambia, pero solo en apariencia. En el fondo, siempre es la misma. Su personalidad se refuerza con el tiempo. Guayaquil no medra, no evoluciona. Eres tú quien evoluciona si aprendes a nadar en sus turbulentas aguas.

Estos son seis testimonios de artistas, gente que ha movido y que mueve la actividad cultural en el centro de Guayaquil. Seis versiones distintas del juego, del mismo caleidoscopio.

ALICE GOY-BILLAUD: La efervescencia del ahora

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(escritora y viajera francesa de 27 años. Vivió en París, vivió en India, y nunca se ha sentido tan en casa como en Guayaquil. En menos de un año aprendió español, sin hacer ningún curso, simplemente viviendo la vida bohemia del centro. Está escribiendo un libro autobiográfico, en español, al respecto. Este texto está construido a partir de algunos fragmentos.)

París, te amo más que todo, pero hoy día, me cansas. Guayaquil me hace pensar en París. Y en Nueva Delhi también, donde estuve viviendo siete meses. De Nueva Delhi encuentro en Guayaquil el calor y la libertad. La libertad de la locura. La locura de la libertad. Cosas que no puedo hacer en mi país, como abrir un café en una salsoteca underground que propone literatura erótica los jueves. De París, Guayaquil tiene las noches. La belleza de las noches; el calor de los cuerpos.”

Alice Goy-Billaud

Guayaquil ejerce un encanto irresistible para algunos viajeros, escritores o artistas que buscan la noche, la vida cultural que se bebe en largos sorbos de cerveza y que palpita en determinados lugares del centro. Alice Goy-Billaud es una de ellas. Nació el 26 de junio de 1989 en Montpellier, al sur de Francia. Eligió Guayaquil como su destino, después de haber buscado trabajo en China durante tres meses y de haber vivido en París y en India. Aplicó para tres puestos en América del Sur. La Alianza Francesa de Guayaquil fue la que primero le contestó. Se instaló en la ciudad y a los 8 meses, renunció al puesto de profesora de francés porque estaba descubriendo la vida bohemia del centro y el trabajo no le dejaba tiempo para dedicarse como quería a experimentar la noche.

Alice llegó a Las Peñas, el año pasado, como cualquier turista. Pero a ella no le gusta solo “visitar”, sino conocer a fondo los lugares y su gente. Dice que las ciudades son como mujeres. Y, al igual que París, Guayaquil es una mujer bien poderosa que tiene influencia sobre todo lo que Alice hace.

Sus primeros trayectos eran desde la Alianza Francesa hasta la calle Numa Pompilio. Iba lo más rápido que podía, porque apenas llegó a Guayaquil conoció a J y se enamoró perdidamente. El bus la dejaba en el mercado artesanal, bajaba la calle Loja, entraba en el Malecón, pasaba por el MAAC, caminaba sobre las piedras irregulares de la calle Pompilio, y llegaba a la terraza de J. Esta llegada era su momento favorito. “Al bajar las escaleras, se puede observar el río tranquilo que me hizo amar esta ciudad”, escribe en sus notas. Alice está preparando un libro en español sobre sus vivencias en esta tierra caliente.

J. introdujo a Alice en los tres lugares que luego serían su vida en el centro. Estos tres lugares han sido, en los últimos tiempos, el punto de encuentro de los artistas que viven o están de paso por la ciudad. La Culata, el Guayaquil Social Club, que luego cerró, y El Cangrejo Cultural, “el único lugar dónde vale la pena ir para bailar de verdad”.

Empezó con el Guayaquil Social Club. Se hizo amiga de Gabriel Proaño, un fotógrafo free-lance que decidió abrir este bar sobre la calle Rocafuerte como un espacio libre para músicos, actores, escritores, pintores o cualquier artista que quisiera intervenir. “Estaba buscando un lugar como el Guayaquil Social Club desde que empezó mi vida nocturna. Este bar mueve una parte del pequeño mundo intelectualo-cultural de la ciudad, que entiendo como una comunidad muy cerrada. No aguanto este mundo en Francia, quizás porque no me siento parte de él, pero me encanta mezclarme en él en otros países.”

Alice se dedicó a pintar un mural en el primer piso del bar. Terminaba clases a las 9 en la Alianza Francesa y llegaba, con el apuro de siempre, hasta el Club. “Bajaba la 9 de octubre, me paraba por el parque Centenario para comer un encebollado con mi amigo José, quien tiene allí su quiosco y seguía sobre la 9 hasta girar en la Córdoba. Giraba a la esquina de la Juan Montalvo y allí estaba el bar de mis sueños: abierto como una segunda casa, rústico y underground como un garaje de adolescentes que buscan un lugar para tocar música, amigable como un bar de pueblo donde todos los amigos se juntan porque no hay otro lugar”. Se quedó unos tres meses trabajando en el bar. Pasaba más ahí que en su propia casa. Atrás de la barra, viendo a sus amigos bailar y pedirle cervezas, era la más feliz del mundo.

Pero el bar fue clausurado dos, tres veces, perdió a sus clientes y nunca abrió de nuevo. El mural de Alice quedó encerrado en la sombra. Su vida del centro se movió a la calle Córdova y Mendiburo, donde queda el restaurante La Culata, que para Alice es como el Café de Flore, del boulevard Saint-Germain, de París, que fue lugar de encuentro de dadaístas y surrealistas. Alice es generosa al hacer esta comparación, pues en el Café de Flore, personajes como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir tenían mesa fija y atrajeron allí a buena parte del movimiento existencialista. Sartre escribió: “Durante cuatro años, los caminos del Flore fueron para mí los caminos de la libertad”.

Alice ve que en La Culata, de Guayaquil, se juntan los artistas por todo motivo, una reunión de trabajo, comer un poco, compartir una biela. F., quien luego se hizo novio de Alice, dice que lo que hace un lugar, aquí en Guayaquil, no es el parecer bonito, si no la gente que cae. Y la gente cae a la Culata porque la Muñeca y Freddy, sus dueños y anfitriones, lograron dar amor a la comida y al ambiente.

(Escena tomada del libro de Alice)

Llego a La Culata. Son la cinco, y me uno a F. que está desayunando una cerveza y un ceviche.

Ustedes los artistas se levantan a las tres de la tarde y empiezan el día con una cerveza.

La plena, contesta F. y se deja resbalar en su silla, las manos sobre su barriga. Mira, qué bella es esta ciudad. Mira cómo voy a quedarme aquí y las cosas van a pasar.

Tenía razón. Sentarse en la terraza de la Culata es una cosa maravillosa. La gente pasa, saluda, se sienta, conversa, se va un rato, regresa, toma una biela, se caga de risa y, a veces, se calla. Y todos nos callamos para mirar a los buses y disfrutar del tiempo que pasa lento. Así es Guayaquil.

A veces, llegamos juntos. Él, con su bicicleta roja. Ojeo para ver si conozco alguien. F. no lo necesita, él ya conoce a todo el mundo (y gracias a eso, conozco a mucha más gente hoy). La primera persona que va a saludar es la Muñeca. La Muñeca es la dueña del lugar y también la mamá de estos niños borrachos. Todos están de acuerdo en decir que hace el mejor ceviche de Guayaquil.

Nos sentamos afuera para disfrutar del viento. El tiempo pasa, los panas se unen, las cervezas en la mesa se añaden y la bulla crece. El guayaco tiene esta particularidad: después de solo una cerveza empieza a gritar. Llega la noche y se inicia un movimiento lento para moverse de lugar. Cuando todo el mundo terminó de comer su plato (o el de otra persona, porque el guayaco tiene también la particularidad de compartir cualquier cosa que pide con 2, 3 ó 6 amigos), empieza el viaje más largo del mundo hasta El Cangrejo Cultural, dos cuadras mas allá de la Mendiburo.

El Cangrejo Cultural es mi otra casa. Es un hueco que solo tiene de cultural su nombre y la mitad de la gente que cae. La otra mitad son borrachos y punto. Los jueves son noches de lectura de poesía y literatura erótica. Nunca me arriesgaría a leer allá porque la gente está más ocupada en emborracharse, reír, gritar o en pelar su cangrejo que en escuchar, ¡yo incluida!

Después de la poesía es la hora de bailar salsa. Bailamos hasta el cierre, compartiendo cervezas menos y menos heladas y riendo más y más fuerte. Como de acostumbre, el cierre se hace con la policía. El bar se vacía y nos quedamos una hora más afuera, chupando las últimas bielas.

Esta vereda es parte inherente al Cangrejo Cultural. Una vez, salimos temprano de un evento que hubo a una cuadra y queríamos seguir la noche. Fuimos al Cangrejo pero estaba cerrado. Perdidos como niños sin padres ni casa, nos quedamos en la vereda pensando en dónde ir. Al lado, una familia estaba chupando en un carro, y sonaba salsa. Nos ofrecieron unos tragos y nos pusimos a bailar en la vereda vacía, hasta que se acabaron los tragos y se fue la familia, deseándonos un lindo final de la noche.

Cuando se termina el baile, empieza la ruta del punto A al punto B. Del Cangrejo Cultural tenemos que ir a la Ferroviaria, donde vive F. Subimos la Córdoba, giramos en la P. Icaza, y hacemos la primera parada. Compramos las “dos últimas bielas” en el Economarket de la esquina. Parece cerrado, pero hay que tocar la ventana mágica, y allí se puede pedir cualquier cosa. Para beberlas, nos sentamos en la esquina de la 9 de octubre. Los chicos llaman a este lugar “la oficina”. Al inicio de este ritual, me quedaba bastante callada, escuchando las huevadas de los chicos. Luego, vino mi integración y ahora soy parte del grupo. Gané el derecho de que se burlen de mí también. Estar bebiendo cervezas en la calle de noche en Guayaquil es una experiencia genial.

Antes de venir a Guayaquil, Alice estuvo viviendo siete meses en Nueva Delhi. Allá aprendió todo lo relacionado con el té, así que, por las mañanas hasta las seis de la tarde, Alice abre El Café del Cangrejo, que queda en el mismo local del Cangrejo Cultural. Ahí, además de café con caña o café chai, prepara variedades de té: verde, negro, rojo, de flores, de frutos, o el té de la bruja, su especialidad. Se siente tan gusto en Guayaquil que está buscando departamento en el centro. “Es la primera vez que me siento en casa”, dice.

AMARANTA PICO. El centro como un horizonte abierto

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(antropóloga, investigadora, escritora quiteña. Se mudó al centro de Guayaquil el año pasado para trabajar en la Universidad de las Artes y su experiencia ha resultado profundamente transformadora.)

He llenado como diez cuadernos de información sobre mí misma en estos meses en Guayaquil. Me siento tan bien recibida que estoy repleta de gratitud”.

Amaranta Pico

Amo el silencio, dice Amaranta Pico para empezar. Ella nació en Quito hace 36 años, y el 7 de junio del 2015 se mudó al quinto piso de un edificio que queda sobre la ruidosa calle Aguirre, esquina Malecón. Desde el ventanal de su cuarto hay una vista espectacular de la ría, el centro y su lugar de trabajo: la Universidad de las Artes.

En Quito, también vivía en el centro, en Matovelle y Canadá, en el barrio San Juan, justo en una esquina en la que los buses frenan con mucho esfuerzo por lo empinado de las calles. Como diez líneas de buses pasaban por ahí. No había instante en que no haya un bus pitando o frenando, u otro carro casi chocándose con él. Lanzando humo negro todo el día. Por suerte, solo la sala daba hacia esa calle. Su cuarto daba hacia las montañas. Frente a su ventana había un horizonte abierto. San Juan es un barrio muy empinado, es como un mirador natural de Quito. Desde su ventana se veía el Cotacachi, el Imbabura, el Cayambe, el Cotopaxi, el Antisana. En su habitación, en las noches, el silencio era total. Si abría las ventanas, se desplegaba un paisaje increíble.

Yo llegué un domingo de noche a Guayaquil y el lunes por la mañana, el ruido era ensordecedor. Acá pitan el doble, es mucho más ruidoso. Y aunque aquí estoy en un quinto piso y allá era un primer piso, aquí fue más fuerte el ruido. Pero ya el segundo día, dejé de poner mi atención en ese ruido, cambié mi actitud, porque si me enfocaba en esa queja, no lo iba a pasar bien. Lo que hice fue, como si fuera una lámpara que le había puesto al ruido, quitarle la lámpara al ruido y ponerla en todo lo otro que sí estaba bien. El ventanal es enorme, y desde mi cuarto se ve un paisaje impresionante. Cuando uno se levanta, no ve los edificios. La vista de la ventana me permite sólo ver la Ría y la isla Santay. Se ven solo árboles. Entonces, mi primera impresión fue como estar en la selva, porque el río Guayas es como los de la selva en su amplitud. ¡Estoy en la selva! me dije y todo cambió.”

Todo cambió de un día para otro. Amaranta puso su atención en ese horizonte limpio y hasta ahora la sigue poniendo. Después, se fue dando cuenta de que hay un montón de pájaros que nunca había visto en su vida, porque la gran mayoría de pájaros son distintos en la Sierra. Empezó a darle mucho espacio a la contemplación gracias a esto. Después, puso atención a otras cosas, como que su casa era un espacio amplio que le proponía mucha introspección.

El espacio de contemplación también trajo experiencias distintas. Pudo, por ejemplo, percatarse de la intensidad de los colores y descubrir la magia del gris.

En Guayaquil los colores son saturados, piensa Amaranta. Los verdes son más verdes, los amarillos son más amarillos que en Quito. Y eso que allá es canicular el sol. A mí me afecta más el sol de la Sierra que el de acá, porque acá el cielo es gris, y siempre hay como un velo. En Quito, el cielo es azul nítido. Yo crecí en ese azul y conozco quiteños que se quejan porque aquí el cielo es gris. Pero a mí me encantó este cielo diferente, porque descubrí la belleza del gris. Incluso el río y el cielo cambian de colores. En la mañana, justo cuando sale el sol, tipo 6, el río es plata y el cielo también. En el día, el río es ya más turbio, se pone un poco café con el calor. Y en la noche, el río es color firmamento, y se confunde con la oscuridad del cielo. Como no hay luz en la isla Santay, el río desaparece en la noche, no se ve. El cielo es negro, el río es negro y parece que la ciudad estuviera flotando en mitad del océano como un barco. Es increíble esta ciudad”.

Cuando Amaranta va a Quito se siente otra. Como se crió ahí, le da la impresión de que esa es la vida real. Llega a la casa de sus papás (su padre es el coreógrafo y bailarín Wilson Pico y su madre, la escritora Natasha Salguero) y se conecta con toda su historia personal. Algo en ella se pone el chip de Quito apenas baja del avión o del bus. “Tengo una relación que ya está establecida con mi familia, que es muy bonita, veo a mi gato y a mis amigos que siempre me reciben con una sonrisa como si no me hubiera ido ni un día. Y eso es perfecto. Pero yo siento que actúo de una manera distinta allá. De la manera en que yo creía que era. No digo que esté mal, pero venir acá me dio la posibilidad de ver que no era solo así”.

Guayaquil le da la libertad de estar sola en una ciudad. “Al no tener acá a mi familia, estoy desprovista de ese abrazo, que está ahí cuando quiera, incluso a la distancia lo siento, pero, al estar desprovista, puedo abrirme. Aquí es como si tuviera la posibilidad de hacer lo que quiera, cualquier día, en cualquier momento. Como tampoco tengo familia que mantener, estoy en un momento de total independencia”.

Esta experiencia en Guayaquil ha sido tan profunda que, incluso, puso en jaque la personalidad de Amaranta. “Yo antes pensaba “es que yo soy así”. Por ejemplo, si en un sitio no me sentía bien recibida, me iba, como por una idea de dignidad. No decía nada, pero me iba y por dentro decía: “es que yo soy así”. Dentro de ti hay como un orgullo. Ese y un montón de rasgos muy arraigados que finalmente hacían mella en mí, salieron a la luz aquí. Al salir de mi antiguo espacio de confort pude ver algunos rasgos y darme cuenta de que eso no era yo. Aquí puedo como desvestirme, cuando yo quiera de eso, de esa supuesta personalidad. Ahora me siento tan bien recibida que estoy repleta de gratitud”.

Antes yo decía, muy férrea: “estos son mis valores”. Pero aquí vi que no todo era tan rígido. Pude ver los matices. Aprendí a apreciar el gris. Aquí he podido dejar de ser ese juez tan implacable con uno mismo que no deja pasar ni una. En Quito, escribí una vez una escena de un juicio. Yo era la jueza, el abogado acusador, el abogado defensor, la acusada, el jurado, el público y hasta el guardia que cuidaba la puerta. Y todos eran terribles. Poner eso en palabras fue bueno, porque todo lo que estaba ahí podía parecer chistoso literariamente, pero todo era verdad”.

SIMONÉ DELGADO: La transformación interior del centro

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(Artista del maquillaje, amante de la danza, casada con Javier Borja, quien es fotógrafo y músico experimental. Simoné dirige el Café del Río, que queda dentro del MAAC y es un espacio que se abrió en 2015 para acoger las propuestas de los artistas locales y extranjeros que están de paso.)

Y de repente todo cambió. Vi otro Guayaquil. Otra gente. Otra energía. Unas ganas de absorber información, una curiosidad, una urgencia por compartir el talento, un ímpetu por disfrutar la ciudad de verdad.”

Simoné Delgado

Si ustedes se adentran en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, ubicado al final del Malecón, podrán ver una tienda de souvenirs, que está llena de objetos, postales, artesanías, libros, ropa y demás cosas hechas por los artistas locales. Más allá, verán el escenario donde todos los jueves en la noche se presentan diferentes propuestas artísticas, arqueológicas, antropológicas, filosóficas, como parte de la programación del Café del Río, inaugurado en agosto de 2015. Si continúan, se encontrarán con la cafetería, donde pueden pedir un tinto, vino, té o algo para picar. Al lado izquierdo, hallarán una puerta que los llevará al balcón de fumadores, donde podrán contemplar la belleza del río Guayas. Y si prosiguen, más allá de la cafetería, encontrarán tres cubículos, cada uno con una pantalla donde se proyectan distintos vídeos sobre los artistas del Café del Río, o sobre las muestras del Museo.

Simoné Delgado es quien está a cargo de la programación del Café del Río. Ella admite que nunca se llevó bien con Guayaquil, siempre mantuvo una relación de odio / amor con la ciudad. Pone primero al odio, porque es lo primero que siente hacia Guayaquil. Esto suele pasarle a muchas personas sensibles que no encuentra un espacio de libertad y armonía en el caos guayaco. Sin embargo, durante los últimos seis meses del 2015, Simoné siente haber vivido un renacer, no de Guayaquil, sino de ella misma.

Le propusieron hacerse cargo del Café del Río, un espacio que estaba inerte dentro del MAAC. “De repente, se me da la oportunidad de hacer algo con un espacio hermoso que ha estado ahí para nosotros todo este tiempo. Y de repente todo cambió. Vi otro Guayaquil. Otra gente. Otra energía. Unas ganas de absorber información, una curiosidad, una urgencia por compartir el talento, un ímpetu por disfrutar la ciudad de verdad. Todos los jueves Guayaquil me llena un poco más de esperanza”.

Para Simoné, el Café del Río “es un espacio donde converge todo lo más lindo del ser humano: su arte, su pasión por lo que hace, sus talentos pulidos con disciplina, su mejor energía, su agradecimiento infinito. Es increíble. Por eso a mí me encanta tomar una foto al final del público junto con los artistas en el escenario. Porque ellos son los que invaden el museo con lo mejor de ellos. Sin nuestro público, el museo no es más que un edificio lindo y frío. El público de Café del Río y todo lo que ahí sucede me recarga de amor por esta ciudad. Nos unimos a Malakita, La Culata, El Cangrejo Cultural, los lunes culturales de la ESPOL, Casa Fantoche y toda la comunidad del centro de Guayaquil para celebrarnos a nosotros mismos y nuestro arte. Y yo estoy muy orgullosa de eso”.

JAVIER LAZO: Cronometría y personalidad del centro

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(Fotógrafo, bohemio, nómada urbano. Ha vivido en muchas direcciones de Guayaquil, pero desde hace 13 años, el centro es su casa. Conoce los ires y venires de la gente, y los ritmos en los que se mueve el centro).

El norte empieza en Las Peñas, en las escalinatas. El sur llega hasta la Caja del Seguro, en la calle Olmedo. De ahí para allá es un centro-sur. Al este, tienes el malecón del río y al oeste, el malecón del salado.

Javier Lazo

El fotógrafo Javier Lazo fue uno de los primeros en exponer su trabajo en el Café del Río. Él nació en la boca del Pozo, en 1979, atrás del colegio Huancavilca, donde había una pequeña vecindad. También vivió en La Pradera, en Ximena y Urdaneta, en la Garzota, en Brisas de Santay, que era como estar en el campo: podía salir en bicicleta y regresar a las dos de la mañana. Pero no cambia por nada la vida intensa del centro.

Una vez vivió en Mendiburo y Rocafuerte, plena Zona Rosa. “En las noches, estar en mi departamento era un suplicio por el Colonial, el único bar que no tenía hermetizado el sonido. Aguanté unos tres años, al principio bien, porque llegaba a las tres de la mañana, pero luego cuando trabajas, y trabajas en un diario, es imposible”. De todas formas, según Javier, la intensidad del centro depende del horario. A partir de las siete, la ciudad muere, “y el centro es más silencioso de lo que la gente piensa”.

En el centro tienes todo, y todo lo haces a pie. Te evitas ese movimiento en bus, en taxi, que siempre te quita tiempo. Si hay que movilizarse, un taxi no te cuesta más de 3 dólares”.

Javier prefiere vivir en el centro, aunque pueda ser peligroso. “Yo andaba mucho en bici, hasta que me robaron, por la Culata, a las 11 de la mañana. Pero, al final, por donde paso, tengo la facilidad de siempre vincularme en las calles, sea en las seguras o en las inseguras. Muchos ya me ubican como un personaje del barrio. No me siento inseguro, a pesar de que siempre hay que estar alerta. Estás en Guayaquil, eso te demanda vivir un poco de paranoia, pero una vez que tienes aprendido el funcionamiento del ser humano sorprendes al propio ser humano”.

Guayaquil tiene ciertos circuitos seguros, pero más allá de esos circuitos seguros quién sabe qué pueda pasar. Ese circuito no deja de ser una especie de cruce que te permite conectarte a la red. En el centro tienes el Malecón, tienes hasta la calle Boyacá para caminar seguro y tienes la 9 de Octubre. De esa manera, tú puedes llegar a los puntos donde puedes tomar la metro o cualquier transporte. A pesar de que la mayoría lo considere inseguro, el centro es el más seguro porque tienes cámaras por todos lados. El centro está super vigilado.

Le pido a Javier que me delimite el centro. Dice que al norte empieza en las escalinatas de Las Peñas. El sur llega hasta la Caja del Seguro, que queda sobre la calle Olmedo. De ahí para allá es un centro-sur. La Bahía está incluida dentro del perímetro. Al este, tienes el malecón del río; y al oeste, el malecón del Salado. La 9 de Octubre atraviesa el centro y lo divide en dos a la altura de la plaza del Centenario.

Guayaquil tiene muchas caras. El centro es mucho más de gestión y en las noches, la vida se concentra en pocos espacios. La gente viene del norte, sur, de todas partes, pero es gente vinculada al arte o a la cultura y siempre buscan apropiarse de estos lugares donde todo el mundo se conoce, donde siempre se encuentran.

Javier ha expuesto su trabajo en varios lugares del centro. De manera individual, expuso en el Museo Presley Norton y ha participado en muestras colectivas en el centro apropiándonos de bares, o lugares como la galería Espacio Vacío, en su momento. “Son lugares donde la comunidad se desenvuelve e invita a los que están fuera del circuito a acercarse, dándole una vida nocturna al centro de una manera sana, y me refiero a que no es lo mismo la onda de los bares y discotecas, donde puedes ver mujeres golpeándose, a un lugar donde está reunida gente que se conoce, se aprecia y se cuida. En estos momentos, esos lugares son La Culata, el Cangrejo Cultural y el Mono Goloso (queda sobre la calle Luzarraga y es un rincón francés de pan y dulces en el centro)”.

Luego, están los circuitos culturales que se suceden en el año. Entre enero y abril poco ocurre en la ciudad. Todo empieza en mayo. En julio, están los salones y demás y siempre hay un cronograma del año. En promedio, puede que dos veces al mes sucedan cosas interesantes. Los mejores meses son finales de julio hasta septiembre-octubre. Después de las fiestas de octubre, baja el ritmo y se retoma en diciembre.

WALTER PÁEZ: La ciudad son los amigos

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(Walter es el maestro de grabado por excelencia de Guayaquil y su taller, uno de los lugares más exquisitos para visitar en el centro. En toda su vida, ha tenido alrededor de mil ochocientos alumnos. Es maestro en Guayaquil y lo ha sido en lugares tan distantes como Lisboa o Teherán. Junto a un grupo de poetas y cronistas, vivió, desde el inicio, el proceso de la vida bohemia del centro.)

Nosotros podíamos dejarle a los saloneros del Montreal cualquier encargo o recado. Entonces, yo llegaba y me decían: ahorita pasó Martillo, dijo que iba a estar en tal parte. Siempre pasaba lo mismo: nos sentábamos a refrescar con un par de bielas y terminábamos en una borrachera hasta el día siguiente. Todos casi mueren por el alcohol.”

Walter Páez

Walter Páez es un hombre de profundas convicciones. Viajar por todo el mundo no lo ha cambiado. Tiene 65 años y dice, de una manera tajante, que hay cosas a las que no puedes renunciar: a la ciudad en la que naciste, a tu equipo de fútbol y a tu familia.

Él nació en Quito y pasó su infancia entre Quito y Latacunga, donde estudiaba en un colegio agrícola. Después se vino para la Costa, y se matriculó en una escuela cerca de Tenguel. Su memoria guarda parajes hermosísimos de esa época, dice que era como estar en Macondo. Walter completó su bachillerato en otro colegio de Agricultura, en Daule. Sin embargo, los conocidos en esa infancia remota quedaron atrás. Sus amigos, los de la travesía en Guayaquil, son como sus hermanos. “Con ellos tengo esas vivencias más interiores”, dice. En 1969, Walter llegó a Guayaquil para estudiar en la Universidad, donde se graduó de ingeniero agrónomo.

Por aquella época, Walter tenía una tremenda actividad política. Era militante del partido Socialista Revolucionario y fue miembro del Consejo Universitario. Empezaba a multiplicar gente. Luego se graduó, se fue a Nicaragua un tiempo, después a México, ahí se empató con un viejito que le enseñó Grabado, sin embargo, Walter siempre tuvo la inclinación creativa. En el partido era el que diseñaba los afiches. Empezó a frecuentar, en el centro de Guayaquil, los dos lugares que, por entonces, eran el sitio de reunión de los intelectuales y artistas: la Casa de la Cultura y la cafetería El Montreal, que quedaba diagonal a la plaza Centenario. Esto a finales de los sesenta. Ahí era común ver a escritores, poetas, cronistas observando y escribiendo sobre Guayaquil.

Sobre todo nos reuníamos con los intelectuales del grupo Sicoseo: Edwin Ulloa, Jorge Itúrburo, Jorge Martillo, Fernando Nieto. Luego, comencé a ilustrar cosas para muchos de ellos. A Jorge Velasco (Mackenzie) le he ilustrado como siete libros. Hasta ahora viene, borrachito y cojito, pero aquí viene”, dice Walter.

Las crónicas y los cronistas son parte de esta generación. Guayaquil era terreno fértil para dejar correr ríos de alcohol y de tinta. Se destacan los amigos de Walter: Jorge Martillo Monserrate, a quien llaman “el conde”. Francisco Santana, más conocido como “el negro”. Y “el pelado” Jimmy Mendoza, probablemente el artista más desadaptado de entonces. Junto a ellos, “vivíamos con una velocidad que es difícil de volver a vivir”, dice Walter.

Hace 14 años, Walter reconstruyó el lugar donde ahora queda su taller, sobre la calle Imbabura, entre Panamá y Rocafuerte. Justo abajo del taller, estuvo el Gran Cacao, el primer bar underground de la Zona Rosa, que puso “el pelado”. Antes, montó el primer Palo Santo, que quedaba en el sur, y el segundo Palo Santo que quedaba en el centro.

El libro Historia Sucia de Guayaquil, de Francisco Santana, cuya portada es un grabado de Walter, cuenta muchas historias intensas y lujuriosas, que ocurren en estos lugares del centro. En una crónica suya publicada en diario El Universo, en 2011, se describe perfectamente el ambiente del Cacao: “Colgadas en las paredes se ven las palas de madera para remover el cacao cuando este secaba al sol, sacos rellenos que sirven para sentarse, sillas y mesas de muyuyo, velas encerradas en complicados receptáculos y otras cosas antiguas, no viejas. En el centro de todo eso, la gente. Cuando pregunto por ahí ¿por qué vienen? Francisco Perrone asegura que le recuerda a Estudio 54 de Nueva York, pero en versión underground 2004. Aquí a nadie le importa quién eres ni de dónde vienes. Eres un simple ser tomando unas copas.

Eso sirve, por aquí todo viene bien. Viene bolero, blues, salsa, son, rock, disco, flamenco, balada, pop, tango, bossa nova, jazz. Viene variado y fuerte, va con todo la música, aquí no hay algo definido. Es un lugar donde la gente baila y pierde; pierde esa sensación de excluido que tantas veces ha masticado en otros sitios”.

Walter recuerda que “cuando aquí había El Cacao, con “el pelado” bebíamos tres días seguidos. A veces, “el negro” no iba al trabajo. Y cuando iba, iba a esconderse en su oficina (en diario El Universo). Martillo siempre fue free lance del mismo periódico. Se desaparecía y lo buscaban. Estaba siempre desaparecido. Nosotros nos íbamos a Mapasingue, cuando no se podía subir a los cerros. Allí teníamos a una señora que nos hacía el desayuno y nos vendía cerveza. También, teníamos una tiendita en el barrio Cuba. Nos movíamos por toda la ciudad. Pero, al final, siempre terminábamos en el centro”.

Pero en su santuario, que es el taller, él no ha dejado entrar el relajo. “Ni aquí ni en ninguna parte”, dice muy serio. Porque cuando dirigió los talleres de grabado en el Banco Central tampoco. “Siempre que querían entrar borrachones los botaba, porque eso crea un mal ambiente, así no se puede enseñar”. Walter dejó de beber hace seis años.

El otro día, dice, estaba sacando las cuentas de cuántos alumnos ha tenido. Dice que ha enseñado técnicas de grabado a unos 1.800 alumnos en Ecuador. Afuera, en Portugal, dio clases en la Universidad. Viajaba en junio y se quedaba hasta noviembre. Walter también dio clases en Irán, cuando no se podía. “En Teharán preparé un grupo de grabado, hace cuatro años. En Cuba también compartí como profesor invitado”.

¿Qué sientes por Guayaquil?

Siento por Guayaquil lo que todo el mundo siente por la ciudad en la que vive. No siento una diferencia mayor que lo que siento por el casco colonial de Quito o lo que siento por la Habana Vieja, porque tiene que ver con lo que he vivido con la gente en sus esquinas interiores.

MAURO SBARBARO: El caos se revela en el centro 

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(Pintor, escultor, creativo, trotamundos. Nació en Guayaquil hace 43 años. Desde niño estuvo ligado al centro. Su abuelo vino de Italia para poner, sobre la calle Quisquís, la fábrica de los famosos sombreros conocidos como “tostadas” que se usaron en el Guayaquil de antaño.)

En 42 años he transitado por más de diez países y he vivido en Ecuador, Estados Unidos, Italia, Suiza e Inglaterra. Y Guayaquil centro es el lugar más tenaz donde he estado. Aquí no importa si eres rico, o estás chiro. Vienes al centro y te vas a un bar, te pegas dos tragos y te sientes un dios. O el dios de los miserables, o el dios de los reyes. Lo que se llama “la bohemia del centro” incluye todo: sexo, drogas y rock and roll.”

Mauro Sbarbaro

Mauro es alguien que no pasa desapercibido en el centro. Parece un gringo, pero habla como guayaco. Es lo primero que me impresionó de él, eso y sus enormes ojos azules.

Nació el 18 de enero de 1973, en Guayaquil. Estudió en el Cristóbal Colón y se crió en el barrio del Centenario, pero iba siempre al centro para visitar a sus abuelos. Sobre la calle Quisquís, dos cuadras más allá de la Boyacá, hay una casa de propiedad de italianos que llegaron al puerto hace tres generaciones. En esa casa, una de las más antiguas del barrio, vivían los abuelos de Mauro, quienes tenían seis hijos; la menor de todas, la madre de Mauro. Ezio Bigalli fue quien trajo, desde Italia, las famosas tostadas, los sombreros que reinaron en la cabeza de todos en el elegante Guayaquil de antaño, cuando la calle 9 de Octubre era una pasarela glamorosa, donde estaban los teatros. Las mujeres, los hombres y los niños se vestían con pulcritud y elegancia, tenían buenos modales y eran gentiles. Con el tiempo, el centro de Guayaquil se fue degenerando.

La primera fábrica de los sombreros Ezio estuvo en esta casa, donde ahora viven los padres de Mauro. Desde la ventana de esta casa, Mauro ha observado detenidamente a la gente que vive y pasa por el centro.

El centro es nostálgico, porque aquí es donde nació Guayaquil. Comenzó en estas calles, desde el cerro hasta acá. Aquí es la división entre Quisquís y Junín. Mi abuela vivía en esta casa y yo he visto de todo, desde que era un niño.

Mauro siempre ha sido hiperactivo y un viajero incansable. Ha recorrido medio mundo. La primera vez que vivió fuera de casa fue durante un intercambio, en Estados Unidos. La Universidad la hizo en Florencia, Italia, país de donde provienen sus abuelos de parte de madre. Durante diez años, estuvo viviendo en varias ciudades europeas. Vivió seis años en Suiza y tres en Londres. Luego de esto, decidió volver a Guayaquil. Entonces, regresó a vivir con sus padres, en la casa del centro. Ahí instaló su estudio de arte. Mauro pinta, esculpe, fotografía, es un artesano y un creativo a tiempo completo. Su obra ha sido expuesta en Japón, en Suiza, en Londres y, varias veces, en Quito y Guayaquil. El año pasado, durante un mes, estuvo expuesta en uno de los museos del centro, el Nahim Isaías.

Cuando dices que has visto de todo ¿a qué te refieres?

Por cien metros hay un distribuidor de droga, tú ves las batidas de los policías, están los chongos, las cantinas de mala muerte… Esta es la zona de tolerancia donde están todos los cabarets. A mí nunca me gustó vivir en el centro. Siempre fue sucio, maloliente, la gente te mira mal. Nunca me he sentido seguro. Una vez, desde la ventana, vi cómo me estaban robando el carro. Bajé y vi al tipo que estaba husmeando, y le digo: ¿qué haces, oe? Y me contesta: ¡ya, quédate frío! Y se fue”.

Así es aquí en el centro. La cosa es descarada. Ya no es que te timan, ya te arranchan. Esto ya no es viveza criolla, esto ya es el zafarrancho. Aquí no hay respeto por nadie.

En el centro tú puedes orinar, cocinar, robar, abrir los carros, jugar pelota, dormir dentro del carro, dormir con un cartón donde te dé la gana, cerrar las calles, botar basura, escupir, tener sexo. El centro está lleno de moteles, pero en la calle mismo tiran. Yo lo he visto. También he visto cómo sacan el trasero en la avenida y defecan a plena luz del día. Eso no lo he visto en ninguna parte del mundo. Desde mi ventana, he visto de todo: policías corruptos, comisión de tránsito corruptos, ladrones, prostitución. Y no es de ahora, ha sido toda la vida. En más grado, en menos grado, pero siempre ha habido. La cantidad de basura que he visto tirar. Nunca en mi vida he visto un lugar tan sucio como el centro de Guayaquil. Nunca vi tan poco amor de la gente por su ciudad.

Para Mauro, la ventana de su casa es como una pantalla gigante. Él no ve televisión y dice que con esta película que ve del centro tiene para toda la vida.

Compara el centro con el arca de Noé, con todos sus animales adentro. Dice que Guayaquil está llena de sapos, iguanas, lagartos, monos, chanchos. Y harto borrego. Pero esos borregos que no saben decir ni meee, simplemente guardan un absoluto silencio.

Él ha ido y venido de Guayaquil varias veces. Pero ya desistió de intentar vivir en una ciudad de la que se siente excluido como artista. “Siempre he visto lo mismo, nunca he visto un cambio. Los mismos cuatro se reparten los premios entre ellos. Siempre queda una garra de algún dinosaurio que con una uña pellizca”.

Cuando volvió de Londres, en 2013, Mauro vivió dos años en el centro y asegura que su experiencia fue terrible. “Yo tengo callos de vivir aquí, y he vivido obligado. Yo no elegiría jamás vivir en ninguna parte del centro. Yo elegiría vivir apartado de todo este cablerío (se refiere a los cables de teléfono y luz que parecen tallarines sobre las cabezas de la gente). Yo he logrado crear en este caos, pero con mis artimañas: audífonos, música a todo volumen o tapones, porque el grado de contaminación auditiva es altísimo”.

Desde el año pasado, Mauro vive alejado de la ciudad, en Puerto López, un pueblo de pescadores al que todos los años llegan las ballenas. Allí, en medio de la naturaleza, con el silencio necesario para crear, se siente el hombre más feliz del mundo. La crudeza del centro de Guayaquil lo altera. Es algo que no puede soportar. No solo es el caos, el ruido, sino también el control.

Guayaquil es una ciudad sitiada, una ciudad tomada por los piratas, donde las riquezas ya están repartidas. Por eso tanto control. Los piratas lograron infiltrarse. Todo es pirata lo que compras. Todo lo que tú quieras comprar que antes venía de China de manera ilegal, ahora es legal. Por eso terminó la Bahía. Se ahogaron ellos mismos. Dieron tanta oferta que lo único que les queda es regalar el producto. Y no pueden hacerlo ¿si no qué ganan? Hay tanta competencia. En Guayaquil todo está basado en la economía, en el dinero. Es la capital consumista del país.

Guayaquil es una ciudad tóxica donde las aguas se estancaron ya.

¿Qué crees que hay que hacer en Guayaquil?

Al contrario, en Guayaquil hay que dejar de hacer. Guayaquil es una ciudad en permanente actividad, nunca deja de hacer. ¿Para qué quieren más cosas? ¿Para qué tanto hacen? No hay personas suficientes para acudir a tanto restaurante, a tanta franquicia, a tantos eventos, para comprar tantas cosas. Las personas en Guayaquil, sean artistas o no, deben dejar de hacer, buscar la quietud. Encerrarse en sus casas y meditar. Hacer un acto de consciencia general.

Porque, al final de todo, uno dice: es chévere vivir la locura, la borrachera del centro. Pero eso ya fue, eso ya colapsó. Ya no es chistoso, ni es una forma de vida. Todos los que vivían de la “huevadilla”, vivieron de algo momentáneo, ilusorio. Vieron hacia afuera, no vieron hacia dentro de ellos mismos. Son como monos que van detrás de la novedad. A pesar de ser tan caliente, en Guayaquil nunca sentí fraternidad, o hermandad. El apoyo siempre fue ficticio, fue “pura boca”. Todo es falso. Es obvio para todos: yo no me siento parte de este lugar. Nunca fui parte. En Guayaquil no hay dónde ni cómo echar raíces.”.

Hacer las paces


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Mirémonos a los ojos y nos veremos a nosotros mismos. No las imágenes que otros construyen de nosotros, sino a nosotros, desnudos, tal como somos.

Como dice el antiguo saludo en idioma naguatl con el que saludaban los toltecas y los mayas.

Cuando se encontraban decían:

Inlakesh, que quiere decir: “yo soy tú”

y el otro contestaba: Halaken que quiere decir: y “tú eres yo”.

Todos somos Uno. Si queremos realmente ayudar al mundo, sanemos nuestra parte. Compartamos energía positiva, porque cuando seamos los suficientes, la energía positiva será tan poderosa que lo cambiará todo.

Es hora de perdonarnos y de reconciliarnos con nuestro pasado y con quienes hemos sido. Vivimos un momento único, y ahora es posible sanar y salir de los círculos en los que hemos estado atrapados.

Recuerden cuando se han enamorado de alguien, los primeros días, los primeros meses. El corazón late acelerado todo el tiempo, vértigo, accesos de euforia.

Cuando estamos enamorados vivimos una especie de amor incondicional temporal y no consciente. Caemos en ese estado como por arte de magia, sin haber hecho nada. Uno no decide enamorarse, uno solo se enamora. Pero amar, que es la acción continua que nos vincula y que permanece en el tiempo, es otra cosa. Amar es una decisión consciente y esa decisión solo puede mantenerse en el tiempo si vivimos el amor de manera incondicional. Es decir sin juzgar, sin criticar al otro.

Pidamos perdón por haber pensado y hablado desde la amargura o el rencor de nuestras ex-parejas o parejas. Reconciliémonos. Las personas que elegimos para que nos acompañen íntimamente saben más de nosotros que cualquier otra persona en el mundo, ellos son nuestros otros yo, nuestros espejos. Son realmente importantes. No es posible el olvido.

No permitamos más que el rencor nos venza. El amor en nosotros es más fuerte. Debe serlo.

No permitamos más que el orgullo nos inmovilice.

Perdonémonos a nosotros mismos y entre todos de una vez por todas.

 

Welcome Vilcabamba


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21 de marzo de 2016

Amanezco en Vilcabamba. Me despierta el quejido jubiloso de un burro. Salgo a la ventana y veo a las vacas, gordas y lentas, pastar. Muchos pájaros le dan la bienvenida al nuevo día, y la gatita que ayer alimenté está maullando en la entrada. Alzo la vista y me topo con el cerro Mandango. Su nombre en español significa “Dios acostado” y su forma se asemeja a una catedral natural, que se ha conformado por las lluvias y los vientos durante miles de años. Extranjeros pasan caminando o a caballo por la calle de tierra que está al pie de la que ahora es mi casa y que conduce a la cima del cerro. Estoy en el barrio Los Wilcos, de Vilcabamba, en la calle de la Eterna Juventud. El wilco es el árbol insignia de este valle, conocido como valle sagrado o valle de la longevidad, porque aquí es común ver a personas que sobrepasan los cien años. La vida tranquila, el trabajo con la tierra y el agua pura que brota de manantiales por todas partes son las principales causas.

Las semillas del wilco han sido milenariamente usadas en ceremonias sagradas. Se dice que proveen del don de la adivinación. Hay wilcos por doquier, y sé que aunque no me introduzca por la nariz el polvo de sus semillas, la magia de este valle hará que pueda ver el futuro si permanezco con los ojos abiertos. Vivo en una especie de condominio. Mis vecinos son húngaros, y estos días está en casa también Guillermina, la madre del dueño, y su esposo, quienes han venido a ver que todo marche en orden. Guillermina es una mujer de 73 años, muy ágil y sonriente, que se pasa de balcón a balcón trepando como una ardilla. Me ha enseñado a hacerlo, y ahora yo también he dejado de usar las puertas para entrar y salir. Ella y su esposo son de Catacocha, a tres horas en bus desde aquí. Deben volver a su casa mañana, pues están sembrando maní. Mi madre, que también se llama Guillermina, está conmigo estos días en que he venido a instalarme en este pueblo. Viajamos en un pequeño avión desde Guayaquil hasta el aeropuerto de Catamayo, en Loja. Con nosotras vino mi gata Gotye, que se pasó todo el vuelo jadeando y con el corazón como un saltamontes, menos mal la tortura solo duró media hora. Desde Catamayo tomamos un taxi que, luego de hora y media, nos dejó en Vilcabamba. Mi madre se ha encargado de comprar todas las pequeñas cosas que hacen que una casa sea habitable: tacitas para el café, frasquitos para poner las especias, jarras para el jugo, vasos, platos, coladores. Hemos llenado la heladera de frutas, vegetales frescos y yerbas medicinales, como toronjil, romero, menta o manzanilla.

Justamente hoy 21 de marzo inicia el año indígena. Es como si hoy fuese 1 de enero en el calendario gregoriano. Es un día dedicado al agradecimiento. Y, para mí, es también el inicio no solo de un nuevo año, sino de una nueva vida.

Querido caminante:


 

CAMINANTE Y FARO

No hay mayor cobardía que nunca intentar lo que realmente se desea. Quedarse impávido a un costado del camino no tiene perdón. Es como haber encarnado en vano, como haber venido a la Tierra para perder el tiempo. ¿Para qué quieres el cuerpo y el tiempo si no lo usas? La libertad no tiene sentido si no le das una utilidad. No es libre quien permanece inerte. Quedarse inmóvil va contra la naturaleza, y es como ya haberse muerto.

¿Acaso viniste a repetir la historia de tus padres? Una historia de miedo, de odios, de estrechez mental, de enfermedad y de vacío. Debes hacer un mejor trabajo, debes poder hacer tu vida, alejándote de los gusanos que quieren morder tu carne.

No importa si el camino está lleno de piedras, espinas o si está a oscuras. Ése es tu camino. Debes levantarte y avanzar. No hay lugar para los débiles en el corazón del viajero que sigue su ruta. No puede detenerse más a esperar a los inválidos, a los rezagados, a los sufrientes, a los quejumbrosos. Será en vano la espera de quienes eligen la pasividad. No hay nada que esperar. No hay ninguna esperanza para quienes no se mueven. Nada aparecerá delante de los temerosos, de quienes están quietos en sus casas, en la supuesta comodidad de su estupidez y su vagancia mental.

El camino no está despejado, pero está abierto. Toma un palo y conviértelo en báculo. Usa el poder interior que te fue dado para salir del pozo hondo de la auto-compasión, de la lástima y del auto-asco. No hay más remedio que despojarse del viejo ser, el que fuiste, el que ya a nadie le importa. No tienes amigos, no tienes parientes, no tienes amantes. Estás solo. Y así es como debes estar: sin pesos, sin cargas, sin apegos inútiles. Realmente estar solo es la mejor noticia que puedes darte a ti mismo.

Haz tu mochila, deja todo lo que no necesitas. Respira profundo y empieza a caminar. No lo pienses, porque si lo piensas no lo haces. Simplemente siéntelo: levántate y haz tu parte. Nadie puede hacer esto por ti. Esta es la única vida que tienes, y está en tus manos hacer que valga la pena.

Ahora no los ves, pero el camino, los puentes y los recursos que necesitas irán apareciendo en la medida en que te muevas. También irán apareciendo, de la nada, los demás caminantes, hermanos/amantes que pronto conocerás. No los busques, solo permanece alerta, porque ellos te encontrarán.

Hay gente que te está buscando. Ahora es cuando empezamos a darnos cuenta de que los verdaderos amigos y la real familia no es la que habíamos pensado. La familia que nos dieron es la familia karmática, ellos estuvieron para ayudarnos a evolucionar, poniéndonos todas las trabas y tropiezos que pudieron. No son culpables, simplemente hacían su papel. Gracias a ellos aprendimos lo que no queremos ser, nos enseñaron a liberarnos de lo que no somos, de las ideas obsoletas que no necesitamos llevar más a cuestas.

Pero ahora empieza un nuevo camino con otros compañeros, con personas que resuenan con nosotros en armonía y paz. Atrévete a dejar la casa de tu niñez, en la que viviste limitado y presionado, y sal al sol en busca de tu verdadero hogar.

Bajo el nogal del olvido (poemario)


Bajo el nogal del olvido

(Lilith atravesando la oscuridad)

Guayaquil, 2011

*Antes de viajar a España, donde inicié un profundo trabajo de introspección que dio paso a mi primera novela, escribí este poemario lleno de dolor y oscuridad. Antes del inicio del amanecer de mi alma, que empezó a finales de 2012, la noche que viví fue muy negra. Soy parte de esta humanidad que transitó conscientemente su duelo, su ruina, su sentimiento de separación.

La noche, la más oscura de la Humanidad, empezó en 1999 y duró 13 años.

Ahora, desde el perdón y la consciencia de unidad, abrazo la oscuridad que tuve que transitar y la vuelvo luminiscencia. Ya no hay nada que sanar, todo ha sido olvidado.

* Nací el 11 de noviembre. Según el calendario druida o astrología celta, nací bajo el signo del NOGAL. Los celtas cultivaron una cosmovisión muy enraizada con la naturaleza. Es por eso que sus ideas sobre la metafísica y la predestinación se basaron en los árboles. Están bajo la protección del nogal los nacidos del 21 al 30 de abril y del 24 de octubre al 11 de noviembre. Este árbol está relacionado con la profecía. Su virtud es la pasión y sus frutos (nuez) son considerados acreedores de poderes afrodisíacos.

El nogal simboliza la pasión implacable. Quienes nacen bajo su signo son personas extrañas y llenas de contrastes. A menudo, egoístas, agresivas, nobles, de horizontes amplios, de reacciones inesperadas, espontáneas, de ambición sin límites, nada flexibles. Son parejas difíciles y poco comunes, puede que nunca se lleguen a comprometer. Con la sexualidad son muy ambiguos: pueden pasar de la abulia total a la sofocación extrema. Este poemario es un testimonio interior de una sofocación extrema.

Eros que paraliza los miembros,

esa serpiente que otra vez me intranquiliza…

dulce, amarga e invencible.

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Si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido…

Alfonsina Storni

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Jorge Luis Borges

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I

Soy la realidad, la nada que permuta

Escarcha después de un naufragio

Vacíame cuando ya no queden huellas de mi voz

Mantenme consciente cuando me arranques los ojos de piedra

Quiero sentir las lágrimas en el acantilado

Ver que giro como un trompo enloquecido

Rasparme las rodillas y el corazón

Haz que mi sol desaparezca

Y las comadrejas de los silencios me dejen ciega

Pero responde a mi llamado.

(oración para Dios)

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II

Tu extravío empezó el día en que te llevé a ver las gaviotas

fue entonces cuando quisiste volar junto a mí

Escudriñé tu rostro, tu cuerpo, incluso miré debajo de tus párpados

Te mostré cómo debían moverse las alas,

cómo era flotar sobre los torbellinos

Te solté desde lo alto.

Volabas invencible, alrededor del sol refulgente

De pronto, diste un grito de vida que sonó hueco, desolador

y te despeñaste por un abismo sin fondo

Mis ojos te buscaban en el horizonte oscuro

Descendí hasta lo más profundo de tu averno

y estando abajo, muy abajo, te encontré

en la luz negra de la pupila de los vagabundos

Estabas enojado, irascible

resollabas como un lobo herido

como el mar te aventabas sobre los rompeolas

Maldijiste el presagio de las gaviotas

Te volviste contra mí, me llevaste al borde del barranco

Cortaste con tus dedos finos mis manos aladas

las despedazaste sin necesidad de cuchillos

y me lanzaste al vacío.

III

Escuché unas voces sordas en la playa

Pretendía caminar a solas, como si no te buscara

las patas de mi angustia me llevaban directo hacia el arrecife

a tientas, las largas horas de la madrugada me envolvían

como en un frenesí que no sabía comprender

A lo lejos, una pareja reía y tomaba vino

dando grandes alaridos de alegría

Caminé hacia el borde costero creyendo reconocer tu rumor

te vi recostado en las piernas de un fragmento nebuloso de mujer

la besabas en los labios y acariciabas sus largos cabellos

Mis entrañas saltaron de golpe, dieron un grito ahogado

Los cerros de alrededor parecieron cernirse sobre mí

La consciencia de ese encuentro mortuorio me sepultó

llenó mis venas de fiebres y fúnebres cantos

Tu máscara secreta cayó delante de mis ojos

El amanecer aún era lejano.

soledad1

IV

El espejo que nos refleja ha sido quebrado en múltiples partes

Todas me cortan la garganta,

perforan mi piel dejando como huellas

delgados y blancos agujeros

Desde cualquier pedacito de vidrio puede ver cómo te vas

Huyes de mi boca, dejas la cacería a medio talle

Lo que vaticinaban mis caracoles era tu partida,

ahora ellos escalan las paredes de mi cuerpo

Ríen en la oscuridad, en el silencio de lo que fue nuestra alcoba

El ritual concluyó esta mañana

cuando dijiste que tu lengua ya no era mi lengua,

que tus manos ya no eran mis manos,

que tus pies ya no eran mis pies

Que eran la lengua, las manos y los pies de alguna otra

Tú que vives en el estado eterno de la niñez

y el desamparo,

que llevas en las muelas el gusto por la soledad

te has ido tras una porción de simpleza,

y me has dejado enjaulada en el espejo

con mis ojos, senos, vísceras, palabras sublimes

sin eco en los cielos del desvarío.

V

Prefiero la paz de los ignorantes al acecho cruel de la certeza

la bala que has disparado ha entrado por la mejilla

y se ha alojado en la sien

la llevo desde el 28 de mayo, el día en que deshabité la duda

en que me volví un negro cuervo que se sienta a esperar

la muerte de alguien para empezar el festín

Mientras tanto, tú duermes plácido

alejado de todas las tempestades que han llenado mi corazón

con olores como de entierro.

VI

No lloro tus naufragios

ni el poco alcance que tienen tus ojos para ver el amor

Lloro tus minucias cotidianas

los egoísmos de la nostalgia,

los recuerdos que perdí la noche de tu mentira

Lloro la zanja en la que he venido a caer, y el arrebato

La sequedad de mi antiguo río, que corría suave

por los vertederos de tus cosas sucias

Lloro los sueños y los campos que ya no serán

Las páginas en blanco, los ventanales cerrados

La mudez, el extravío, tu embriaguez mientras me alejo.

Soledad

VII

Estuve sedienta muchas veces junto a tus canales

la poca agua que de ellos sacaba me dejaba los labios partidos

por el azufre y la sal

Gritaba mis deseos en tus oídos que llevaban prisa

de morir

No había respuesta para mis reclamos

Tu carne permanecía inmóvil como letra de obituario

Yo dormía arropada por tus dudas, tus miedos,

mirándote lánguidamente desaparecer al paso del tiempo

como un anciano que teje su mortaja.

VIII

Nadie usa la palabra “olvido” como tú

Eres experto en echar tierra sobre las personas

que dijiste amar un día siniestro

Tan perverso, tan pequeño tu escondrijo

lleno de telarañas y pelambre,

de días tristes y mutilados,

de canciones que evocan una alegría zaina

Hasta este lugar sombrío me has traído

para sepultar mi memoria entre esqueletos incompletos.

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IX

Las aguas han crecido tanto que amenazan con ahogarnos

de sollozo en sollozo, de sombra en sombra

La cal ha sepultado nuestras alegrías

Hemos olvidado lo hermoso del pastizal

Ya no sabemos cómo conducir las bridas del caballo azul

en que nos montamos la tarde del preludio

El lodo llegó para arrasar soles y apetitos

No quiero amamantarte más con mis pechos desabridos

Amor que no me ama

Estamos anegados, la ceniza nos ha enceguecido

Naufragamos en pleno amanecer.

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X

Pensabas que estaba loca

porque probaba el aire con la yema de los dedos

y me deleitaba en oler tu sudor de árbol cansado

Creías que deliraba

porque descansaba bajo tu sombra

Buscaba en tus ojos el deseo constante de poseerme

y en invierno me cobijaba entre tus brazos pequeños

Porque creía en ti,

A pesar de que no eras el emperador de tus cuentos

ni el profeta que dijiste ser

Estaba loca, pero loca de destino.

XI

Será demasiado tarde cuando el Sol nos alumbre

Ya no habrá nada que salvar cuando venga el deshielo.

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XII

Dormí durante seiscientas noches junto a un escorpión

de largas tenazas,

por cabeza tenía una nube de presuntuosas ideas

y por corazón una piedra encadenada al hastío

Sé que en secreto deseaba mi muerte

como desea la muerte de cualquier mujer que intente cubrirlo

de paz, de frutos, de flores y aguaceros

Yo insistí en el verano, en la luz lunar, en el latido

Él nunca creyó que era posible el callejón con salida

Corrió impetuoso detrás de su ruina

Una vez más, se estrelló de bruces contra el cieno.

XIII

Cometí un error al encerrar tu vileza en mi ropero

Al esconder tus anzuelos, ignorar tus gritos de chacal

Te llevaba el desayuno, preparaba el té y la merienda

Te acostumbré a las lentas mañanas, a las horas tranquilas,

a las sábanas limpias, al abrazo, a la delicia

y me olvidé de la negra planta que crecía escondida en tu interior

Una noche se hizo tan grande que tapó el sol con sus ramas podridas

Saliste con estrépito, árbol de sangre

Corriste detrás de una maldad simple, ridícula

La planta devoraba tu piel, devoraba tu rostro

Tú vociferabas como un canalla hambriento

Dejaste tu alma regada por el suelo

se quejó emitiendo roncos quejidos

con sus hermosos ojos abiertos y despiadados.

XIV

En tu pelo nadaban pensamientos como peces

yo los capturaba y los guardaba en un cajón secreto

donde dormían prisioneros madrugadas eternas

La noche en que te convertiste en araña, los liberé

quise que te devolvieran la calma, el sentido

pero eras una paloma enardecida, dos horas negras

Nadie supo nunca cuál era el camino a tu cabeza.

XV

La hora te ha llegado, hombre de murallas

Eres un condenado a ser hoja bajo el nogal del olvido

el gusano en el pico de una enorme ave

Te creías un inmortal diocesillo,

un temporal que arrasa con cuerpos y mentes

Mimabas tu dura apariencia como si fuera a salvarte

de las jaulas que tus propias manos fabricaban

Nada puede redimirte, pequeño mortal encorvado

Has caído en la madreselva de la soledad.

XVI

Nadaste en el líquido amniótico

sin percibir las crueles intenciones que tenía tu madre

Bebiste de su leche sin saber quién era tu enemiga

Naciste en un remolino, una noche de oscura tormenta

iluminado por un candil, vio la luz tu primer grito

Después, las mujeres,

transformadas en múltiples asesinas

te provocaron sueños húmedos

Lamiste los líquidos de las dueñas de tu amargura

Te derramaste en los pechos de tus tiranas

El agua con la que saciaste tu sed

era de aquellas que quisieron tu ruina

Tus piernas tiemblan ahora delante de mi silencio

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XVII

Te penetro en las tardes sordas

Mis cortinas vuelven rojo el aire, sangran

sobre nuestros miembros desperdigados

Muerdo más de cerca tu nombre

Bebo de tus párpados nocturnos, tus pequeñas poluciones

Los remotos pensamientos, el azar

Te diseco y te cuelgo entre mis mudas concavidades

Devoro lo más sucio de tu intimidad

Te camino en los días de muerte

No te salvo

XVIII

Las premoniciones se han apartado de mi mente

No sé cuánto durará esta confusión

Aparezco inconclusa delante de tus estruendos

Sonrío por miedo a morir en un ataque de llanto

Agonizo delante de tus piedras filosofales,

de las poderosas embestidas que le das al mar

Tu leche sigue derramada en mi garganta

Desconozco si el tiempo la hará desaparecer

Eres un animal de patas rotas

El error de un dios en andrajos

Pero aún quiero montarme en tu voz y cabalgarte

como un advenediza de pelo enredado

Saltar dentro de tus instintos para adueñarme

de lo que a nadie muestras: tu alma descosida

angel de alas negras

XIX

Atravieso las olas consiente de que el mar

conspira y desea tragarme

Cabalgo libre, fiera, salvaje y eterna

Soy una gaviota de alas largas

Llevo a mis muertos en el lomo

No los invoco

Ya habrá tiempo

Siempre habrá tiempo para el dolor

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XX

Todos los duendes se han ido con sus cantos de selva

Las memorias de otros quedaron sepultadas

En mi cabeza solo hay una estampa de nubes

Me detengo en medio de la ruta para seguir el escalofrío

y tu música negra me atraviesa como una hojilla cortante

Tus colmillos rasgan mis antiguas visiones

Me hacen olvidar los sonidos que amé

Llevo los pies carcomidos

Las manos llagadas por acariciar a tanto falso dios

Te adueñas de mi voluntad y atas mis ojos a tu deseo

Me llevas a la habitación de tu aliento

donde la voz de Morrison dormita.

En tus manos soy una diminuta ración de vida.

XXI

Otra noche, otro día pasó

Volé sobre el mismo templo de carne, y el sigilo

Asistí al ritual de la poderosa hambre

y repetí la sensación de morir y resucitar

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XXII

Pueblas mi consciencia de remotos augurios

que resbalan por mis rodillas

Me sujeto de tus trenzas como a un soplo envenenado

Te mueves a tus anchas en mi interior convulso

Me vuelves una criatura apacible,

una sirva lista para el sacrificio

Sonríes y me atas a tus dientes

preparas tu mejor pócima y la derramas en mi estómago

Me estremeces

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XXIII

Mi places es un útero en el que existes sin prisas

Una multitud de insectos te da la bienvenida

La tierra se abre en dos y se traga, por un momento, toda la maldad

Llevas puesta una canción que moja mi memoria

Como humanos alados flotamos en ríos de saliva azul

Ignoro cuál será la forma en que me darás muerte

XXIV

Te hallé en la puerta de mi risa,

en la casa de mi delirio, en la ventana de mi gemido

Camino sobre las líneas de tus manos

Me pierdo en sus múltiples abismos y me encuentras

Abierta en dos mitades como un pequeño durazno

Tus miedos me han atado al piso

Son irascibles duendes que me sepultan

Lo intento, pero no puedo mirarte a los ojos sin salivar por amor

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XXV

Tu boca se abre y me traga por partes

mi lengua, mis muslos, mi dureza,

mis pezones delirantes, mis montes y concavidades

Los ventrículos izquierdo y derecho

de un corazón que late furioso

como un dios al que le han quitado la fe

XXVI

Una burbuja se eleva tierna y zumbante

hacia un cielo que nunca alcanzará

El dolor flota en la distancia

transforma en pesadilla este sueño circular

Los pasos que caminé, las huellas que estoy por dejar,

el cúmulo de nubes,

la tierra impregnada de tu piel,

la savia que tu perfume exhala

son los demonios que bailan en mi habitación

en círculos perennes que todo lo simulan

y hacen del cielo una pomposa deformidad

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XXVII

Un día me cuelgo de tus pensamientos

y al siguiente desaparezco como una mujer luciérnaga

Parezco esgrimir una oración a la vez que te declaro la guerra

Me esparzo sobre tu frente

Te percibo en el recuerdo de las sábanas,

del balcón, de la cópula y la saliva cortante

Nuestros testigos silentes, los días y las sílabas

se han ido con tu último grito

Mi densa lágrima te acompañará

como un rocío nocturno, lacerante

XVIII

Caminas como un león enjaulado por esta ciudad,

como un feto ahogándose en un frasco de alcohol

Aunque lleves serpientes en las venas, jamás dirás nada

Te ha sido negada la palabra, el flujo de la sangre verdadera

Todo en tu boca es una mentira

La ciudad que te aniquila y te desmenuza

Se parece tanto a ti

A tus cabellos que cuelgan largos como pesadillas

A tu pecho, lleno de vellos y dolorosos agujeros

A tu voz gruesa, a tus desiertos, a tus fantasmas

A tus silencios, a tus eternas ganas de llorar

sueños

XXIX

El raro milagro del deseo aparece sin que lo llames,

te visita y te sumerge en aguas conocidas

en las que nadas sin mí

Unes las huellas que dejé como un rosario profano

Cierras los ojos al mundo y te concentras

en tu aliento encendido

Pasas tus dedos sobre mi universo

y me sometes

como los días a los hombres

como los hombres a los cielos

como los cielos al mar

XXX

Llevas en las muelas el sabor

que te vuelve un hambriento ocelote nostálgico

Tal vez, ya no existo en ninguna de tus dudas

Mujer con vestido blanco

XXXI

Fui una loba sin piel en tus fauces,

mariposa de cuerpo grueso, alas estrechas y vuelo ligero

Ahora soy la de antes del cataclismo

llena de marcas sangrantes en el cuerpo

Soy la que completa el orgasmo con la palabra

que sale de la mina que perforabas con rabia y crueldad

Me fui porque extrañaba ver el mar

XXXII

Sigues rogando, imagino

que los pasos que doy me lleven a tu tabernáculo

que vuelva a cazar nubes delante de tus ojos

que regrese a poblar tus entrañas

Pero me he ido

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XXXIII

Veo en el espejo de tu desnudez mi rostro desfigurado

Me alejo como el aire, y tu voz se hace diminuta

El camino de regreso es imposible

XXXIV

Recuerdo un día en que éramos de sal

y permanecíamos recostados uno al lado del otro

en una mina caliente, alejados de la lluvia

Nada podía desbaratar la cueva de nuestra paz

Los halcones volaban lejos sobre mares desconocidos

Éramos ignorantes de los precipicios

Cantábamos canciones de perros

Imaginamos que el mundo no cambiaría

y que nosotros, en él, jugaríamos sin despertar

debajo de una manta de risas

De pronto, el mundo se hizo enorme, y llovió

dentro de nuestra cueva

El agua colmó nuestra antigua casa

Corrimos intentando buscar un nuevo sentido

En la huida olvidamos la atadura de nuestras almas

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XXXV

En el vacío despierto

con agujas clavadas en las encías

Lo locura impide el descanso

yo tiro y tiro de tu nombre

hasta que aparece dormido sobre mi vientre

Las voces de esas lejanas sensaciones me abrazan

y me consuelan

como en una marea de tiempos y cosas

que no terminan de llorar

XXXVI

Tu piel es oscura como la de un mal agüero

Sé que me vigilas desde el lugar de las arañas, nuestro pasado

el muelle traicionero de tus palabras

No eres más que una polilla

que merodea tu rostro, que es mi profecía

XXXVII

Vivo en un lugar abstracto, donde los unicornios paren realidades

Y los peces viajan en mi humedad violenta,

en mi manía de querer ser única,

incorpórea, irreal, inasible,

dueña de mis propias visiones, y del abismo

Te pueblo, te habito, te domino, aún a lo lejos

como la luna a los ojos de los náufragos

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XXXVIII

Ahora que el mar se ha retirado

He logrado ver mis pies y la tierra que los sostiene

Nunca me había parado en todos mis dedos

ni me había quedado inmóvil sobre mi sombra

ella permanece en tus entrañas

mientras tú corres como un atontado ciervo, buscando

arañando los suelos duros con las patas,

persiguiendo su voz

la única que sabe su nombre

XXXIX

Todos tus segundos se parecen al Sol,

inmutable y aislado, solitario e impávido

La misma cara, olor de cartón, iguales nostalgias

Pasaste todas las edades cercado de lenguas líquidas

que te hacían ver amores, supersticiones, falsos encuentros

Podrías ser el cosmos hecho carne y huesos,

el esqueleto del Universo

pero no eres más que una palabra hueca,

la mudez de los desiertos

Un animal asustado y hendido

en el costado donde un día tuvo puesta el alma

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XL

Veo pasar los mil días de mi vida

Incólume y hecha trizas por un par de ojos vulgares

y extraordinarios

Los ojos de un mago que ha matado la certeza

XLI

Mi voz se estanca en el suelo

como un racimo de uvas putrefactas

estoy fría y vacía,

esperando el calor de otra noche entre pelos fugaces

Sonrío y sobrevuelo tu cabeza

Desnuda soy más que la ficción

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XLII

Adiviné tus intenciones, pero nunca te detuve

quise colisionar contigo en un descampado

Yo soy de marfil, y tú de un leño muy fuerte

Entre el caos y las piedras que me lanzaste

Entre la mentira y la mudez con que te herí

nada quedó, salva hilachas de lo que fuimos

un pedazo de hielo derritiendo a una roca

 

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XLIII

El cansancio se esparce por ósmosis

a lo largo de esta habitación a media luz

Tu enojo es una gota congelada en medio de mis piernas

Siento que la batalla no terminará hasta que uno de los muera

XLIV

Toda la noche pasé en los brazos del extraño

Pero no consigo liberarme de tu aliento

Pregunto dónde estás

Te llamo dos veces, a gritos, en la madrugada

El único que responde es mi gato en la puerta de mis nervios

Te espero acostada sobre una nube de insectos

todos llevan tu nombre tatuado en las patas

XLV

Te gustaba embriagarte, rodear el pozo de la locura

decir cosas sin sentido, espejismos que inventabas

comulgas con los peores malandrines, apestar a escombro

Te gustaba el Cristo de los roedores, el santo de los descosidos

Abrir las piernas de mujeres truhanas

El engaño, la cópula fácil en los baños azulrojizos

Te gustaba mi cabeza contra la almohada

Apuntarme con tu dedo curvo y pisarme con tus patas de alacrán

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XLVI

Iré tras los pasos del caminante

que lleva mi luz atada a sus pies

Rogaré por una insignia, por un sentido

Me arrodillaré

Y él me dirá que me levante, que vuelva a la cama

de donde salí descubierta y vacía

que regrese a mi angustia y mi dolor

Él visitará mi habitación

y coronará de semen mis labios

su barbilla rozará tanto mi pecho

que lo dejará rojo, herido

Yo lloraré en la sombra, en el ángulo de su voz

lo llamaré por las mañanas ¡Elí Elí!

Y él no se volteará

Se irá con sus harapos

a habitar otro cuerpo, a arrancar otros ojos

riendo, siempre riendo

XLVII

Eres un irreconocible cuervo que se estrella contra mi ventana

Haces ecos de pájaro moribundo

La puerta sangra, la ventana suda, pero no abriré

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XLVIII

La muerte es una circunstancia que ocurre al amanecer

cuando nos hayamos deshabitados

Supe que morí hoy dos veces

me mataron y me maté

Él se había llevado mi cuerpo lejos

Lo escondió para que nadie se enterara

de su crimen

Allá, en lo alto de una mentira,

fui a rescatarlo

Estaba frío y amoratado

Había sido envenenado

Lo traje a mi lecho para limpiarlo

Le pedí perdón por haberlo dejado solo,

a la interperie, expuesto a los buitres

muerto, aún se quejaba con un sonido atroz

Lloraba por los ojos, por los oídos, por la piel

No soportaba verlo así tan doliente, tan roto

Por eso, decidí volver a matarlo

Esta vez con mis manos

Le tapé la boca y le quité el aliento

para no volver a escuchar más su llanto

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XLIX

Traes a mi ángel en brazos y lo depositas a mis pies

para que lo contemple desnudo

No puede moverse

El aliento de la angustia le late entre las piernas

Su latido es débil, pero llega allá donde la voz se disipa

Apago la luz y lo escondo entre las cobijas

No quiero una cruz

mi ángel no morirá esta noche

L

Amanezco en tu cabeza, en tus agrandadas ojeras

Duermes enredado en una manta tejida por palabras que detestas

apestan a moscas ebrias

Te revuelven las tripas con una cuchara oxidada

La herrumbre está en todas tus cosas

Mi lengua, en la mitad de tu ombligo

No puedes escapar de la ubicuidad del desastre

Y el desastre eres tú

Tú en mi espalda, en los pegajosos estribillos, en el silencio,

en las ventanas, en los cerrojos, en el hedor de tus muertos,

en el whisky, en el abismo lunar del misterio

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28 de mayo de 2011

Los días sombríos se han extendido sobre el mundo

Aún falta más oscuridad

una que jamás nadie ha visto

Una mariposa azul revolotea adolorida

hace un leve ruido de vida

Aparece destruida por fuera, sus alas son como un cataclismo

Ya no creo en los hombres

Todos han fallado

Intento liberarme de la condena que es el azar

hallar la ruta antigua, mas es borroso el horizonte

Me tienta la muerte como a un jinete en la batalla

He nacido mujer

Esta noche soy calamidad y espina.

Profecías y crónicas de Eva (poemario)


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por Marcela Noriega

(Doncella – Bruja – Sacerdotisa)

Puerto López, 2015

Lo femenino me puebla como una gota a la tormenta,

un respiro al jadeo,

la muerte al abismo.

(de Diosas Caídas, 2010)

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Dios me poseía en el principio

nunca tuve miedo de los maremotos

ni hundimientos

De entre mis piernas salieron miles de hijos

todos llenos de mi sangre y mi atavismo

airados como ojos de profeta

humildes como pámpanos caídos

hermosos como pies en sandalias

Sus espaldas como el mar y la desnudez

de los vientos

sus pechos como racimos de la vid

sus cuerpos como las torres del Líbano.

Eva, la mujer real

Nada hay más devastador que una Eva se atraviese tu vida. No vuelves a ser el mismo, porque todos tus miedos y tus sombras salen a la luz. Ella hace que salgan. Eva es la mujer real, la originaria, la que fue creada a Imagen y Semejanza del Creador.  La que muchos llamaron bruja y condenaron a la hoguera o el desprecio. Una mujer que antes fue oscuridad y después fue luz. Pero que integra una totalidad y el conocimiento para unir en un mismo cuerpo el bien y el mal. Una mujer que conjura en una palabra la magia de ser Todo.

Eva es una bruja, pero también es una doncella y se hace pasar por sacerdotisa y, cuando quiere, por madre, pues tiene el poder interno para hacerlo. Ella hace que lo inconsciente se vuelva consciente. Su luz escudriña los más oscuros y pestilentes agujeros, y las larvas corren en estampida cuando la sienten llegar. Su palabra tiene poder sobre el mal, porque ella ha escudriñado el mal en ella misma. Es Eva, la matriz original.

En la mujer real, el bien y el mal no están divididos, sino que han pasado a ser uno solo. Juntos, se han hecho una misma consciencia. Ella es “tan buena” que hace que todo colapse, por lo tanto, es “tan mala”, tan peligrosa para las mentes más frágiles. Una mujer real es la que ha tenido el valor de vivir su propia vida, la que se ha enfrentado al miedo de ser juzgada y sabe que nunca más será condenada, porque no existe autoridad ética por encima de ella. Ella es su propia Iglesia y su propio Estado. Su única bandera es el amor.

La mujer real ha sido Lilit (la oscuridad) y Eva (la pureza), lo mismo que ha sido la Virgen María (la bien vista) y María Magdalena (la mal vista).

La mujer real es una presencia que desestabiliza a cualquier hombre y a toda institución creada por éste. Eva desconcierta a las mujeres artificiales y a todo el sistema. Una mujer real es la que ha comido del árbol del Conocimiento y, para hacerlo, ha desafiado al mismísimo Dios. Si se ha enfrentado a su propia Consciencia ¿a qué podría temerle?

Una mujer real suele ser salvaje desde niña. Es Eva y ha estado en el Paraíso, por lo tanto, nunca se sometió ni aceptó ninguna esclavitud en la Tierra. Siempre supo que en lo femenino se escondía una sabiduría más allá de cualquier ciencia humana.

Eva aprendió a ser fiel a sí misma y a seguir su propio camino.

Con o sin un hombre a su lado.

Eva sabe que tiene el poder de volver real al hombre que ella elija. Sabe cómo entrar en el alma del hombre y desde adentro conoce y aprende los acordes en los que resuenan sus deseos más profundos. Desde afuera, ella entona su canción, le canta su propia historia y lo ama de esta manera, conociéndolo por dentro, sin que él logre descifrarla ni comprender por qué ella sabe tanto de su alma. Cuando esto ocurre, no hay viento que corra en contra. Eva volverá real al hombre que ella elija. Porque el amor proviene de Ella, de la diosa, de la Eva que existe en cada mujer que habita en Gaia.

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PRELUDIO

saludo inicial

En el nombre de la Madre, de la diosa y de su santo Espíritu.

Que la gracia de nuestra señora, el amor de la Madre y la comunión del Espíritu esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Amén.

confesión

Yo confieso ante la diosa todopoderosa y ante ustedes, hermanas, que no creo en el pecado ni de pensamiento, ni de palabra, ni de obra, mucho menos de omisión.

No hay culpa. No hay culpa. No hay grandísima culpa.

Hago una misa en honor a mi misma, y canto salmos en mi nombre.

Me llamo Lilit, Eva, María, Beula, Ana, Mercedes, Zoila, Ester, Daniela, Julia, Lissete, Teresa, Juana, Sofía, Marcela, Ingrid, Carla, Denise, Francisca, Guillermina, Cristina, Paula, Diana, Eliana, Judith, Célica, Lourdes, Patricia, Rosa, Alicia, Anahí, Victoria, Verónica, Fernanda, Katiuska, Larisa, Ámbar, Lucía, Gladis, Isabel, Graciela, Silvia, Elena, Luisa, Yolanda, Paulina y todas las mujeres.

Oración nocturna

Creo en la diosa, la Madre todopoderosa, creadora del cielo y de la tierra. Creo en mí, su hija, que fui concebida por obra y gracia del Espíritu Santo, y nací de la santa Madre, padecí bajo el poder del político de turno, fui crucificada, muerta y sepultada, descendí a los infiernos, al tercer día resucité de entre los muertos, subí a los cielos y estoy sentada a la derecha de Dios. Desde allí he de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, que es la Madre, en la comunión entre todos, en el perdón, en la resurrección y en la vida eterna. Amén.

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Eva siendo la desolación

El vacío reposa al fondo de una botella de ron

el sudor rueda en esta tarde calurosa

se ha desactivado el pestillo del fuego perturbador

Estoy cansada de reírme de tonterías,

de entretenerme en disparates y tragar el desaliento del mundo

aburrida de masticar maldades,

noticias sobre muertes, injusticias, venganzas, corrupción

Quiero volar, prescindir de mi cuerpo, mis deseos, mis inútiles piernas

que sólo consiguen trasladarme cortas distancias

Estoy detenida en este planeta de muertos

abrumada bajo miles de páginas de información

que no consiguen movilizarme

¿Hacia dónde debería ir?

He viajado dentro de mí y he visto otros mundos

paraísos de árboles gigantes de los que cuelgan lianas

hechas de pensamiento

Naves en las que viajo de planeta en planeta,

así como ahora lo hago de casa en casa,

de cuerpo en cuerpo,

de soledad en soledad

¿Cómo me quedo de este lado?, pregunté

Nadie me lo ha dicho

Regreso a mi habitación, y mis huesos pesan

en ellos reside el sedimento de mis pasos circulares,

mis ideas pasadas, mis diálogos oscuros

Sepulta mis sueños una masa informe

a veces, se disfraza de pereza; otras, de estupor.

al menos, el miedo no me ha vuelto a rondar

le espantan mis aullidos.

Antes de Eva, Lilith

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Lilith anduvo por el desierto buscando a la serpiente

a escondidas de Adán

Se apareó con lagartos, simios y peces gigantes

sus pingas puntiagudas la elevaron a cielos prohibidos,

La primera mujer deliró entre garras, colmillos y aletas

también se adentró en bosques y humedales,

allí se apareó con todo tipo de pájaros y con los grandes felinos

Durmió en telarañas y fue amante de jabalíes,

La luna siempre supo lo que Lilith hacía, pero nunca la delató.

Hay un pacto de silencio entre la mujer y la luna

Sin espejos, Lilith no veía cómo su cuerpo iba cambiando

solo tenía el reflejo de los animales despavoridos

Se volvió caos y luego silencio,

quedó una figura sin definir

Ella obtuvo la libertad, pero carecía del conocimiento

del bien y del mal

El sol negro creó para Lilith un océano de fuego en el que ella se quedó a vivir

Adán, aterrado, invocó a dios y juntos crearon a Eva

La llamaron Mujer, Esposa y Madre.

Lilith nunca regresó al paraíso,

se quedó a vivir entre los dragones que pueblan

los sueños de los desposeídos

en la tierra de los reptiles.

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Eva, abriéndose

Adán la mira a través de su ceguera

con esos ojos pequeños que esconden tanto

quiere descubrirla poco a poco

Ya nos conocimos antes, le dice

Ya antes me perdiste, no lo vuelvas a hacer

Él la besa con la suavidad de un ave,

Ella lo abraza con la fuerza de una ola

que desea romperse sobre él y mojarlo entero.

Sumergirlo.

Ella moja sus pies y sus manos,

sus pensamientos y sus miedos

Él se rompe

Ella se abre como una flor sobre su cuerpo

Coronan el pico de una montaña,

y bajan de ella para comentar el viaje

Ella revuelve su pelo, él hunde su cara en su pecho

Le huele la piel y los huesos

Están desnudos delante del espejo

Déjame verte, dice.

La sujeta de una mano, como si ella fuese una cometa

que vuela por primera vez.

Observa cada curva, cada redondez, cada herida,

cada huella

Se acuesta a su lado, la rodea con sus brazos como una raíz

Canta una canción, mientras se queda dormida.

eva12

Eva siendo La Nada

Soy la nada,

una medusa en el océano, una esfera de luz que flota

Soy la nada,

el vuelo de un ave en primavera,

el añil en los contornos de la flor,

la música del violín en la callecita

Soy la nada,

el amor y sus confines

el resplandor encendido que se oculta detrás de las montañas

Soy la nada,

el minúsculo pensamiento de una diosa que a ella misma se crea

y se destruye todos los días1

Ella habita las cúspides como las águilas

y sobrevuela desnuda las ciudades

Aparece cuando brotan los geranios,

y se esconde en la muerte de los delfines.

Soy la nada,

sólo un sueño de la diosa,

un espejo de agua que se forma en el riachuelo

al que ella se agacha a beber.

eva19

Eva siendo duda, miedo y soledad

Toda la noche luché contra mis viejos demonios

Me atacaron ferozmente ayer

Caí en un estado de conmoción

No podía hablar

Me llevaron a la antigua angustia

Al vacío del que provengo

Todos somos puntos de luz en el vacío

Ni siquiera había lágrimas, tampoco hubo resistencia

Me dejé llevar hacia ese oscuro túnel

que conozco tan bien

en él pasé largas temporadas, sin abrir los ojos

sin salir a espiar el aire

llorando y volviendo a llorar

mis heridas ancestrales,

mirando de cerca las llagas que me produjeron

la duda

el miedo

la soledad

Un hombre de ojos azules entró a la habitación

¿Estás bien? ¿Te duele algo?, preguntó.

Me duele todo, querido ángel

Su voz me trajo al mundo de los vivos

pero en la madrugada, en los sueños

los viejos enemigos en mi inconsciente volvieron a atacar

Toda la noche luché contra mis viejos demonios

Amanecí exhausta, con una sensación de calma

Por primera vez, mis ojos estaban limpios

Mi corazón latía lento

Mi ropa estaba intacta

Mi mente tranquila

Esta mañana empecé a escribir poesía nuevamente

Esta mañana comprendí que soy lo que siempre quise ser

una guerrera de la luz

consciente de su oscuridad

eva20

Eva siendo lágrima

Las antiguas lágrimas eran ralas, débiles, se iban por el caño

Eran incómodas, difíciles de controlar

me producían moco, angustia y desataban el dolor

de la pérdida

Las memorias más terribles salían de sus sepulcros

Venían por más

No tengo más qué darles, les decía

Pero ellas me reclamaban entera, querían mi vida

Yo me hundía con ellas, creyendo que si llegaba al fondo

algo ocurriría

Es tan oscuro el fondo que nada puede verse

Es aterrador

Si paso este dolor, llegaré a otro sitio

Déjanos salir a la superficie, saldremos contigo

Todo ocurre en una noche y en un día

Salí con ellas a la superficie

aunque seguía aferrada a mi miedo,

Empecé a desconocerlas, a evitarlas, a criticarlas, a esconderlas

Llegaba el invierno,

las hormigas envenenando mi sangre

cocodrilos abriendo sus fauces

arañas y saltamontes gimiendo conmigo en el armario

He visitado muchos mundos oscuros

Me han encontrado muerta varias veces

Las antiguas lágrimas se han ido

las nuevas lágrimas no ruedan por la pendiente

se quedan suspendidas

en mis ojos, expectantes

las nuevas lágrimas observan,

se detienen en el vórtice

y cuando están listas

descienden tranquilas, despiertas

sobre mi nueva piel, sobre mi nueva vida.

eva4

Eva siendo memoria

I

Exististe en mi tiempo y en mis ojos

no eras real, aunque tangible

tenías apariencia de avecilla sin nido,

de gaviota sin mar

Tu voz, fuerte como un embate

y tierna como una tórtola

era mi escape hacia tus sueños,

mi puerta hacia tus silencios

Te di posada sin tener espacios

viviste en mi celdilla sin que fuera mía

No escapé de tus labios,

suaves hogueras

de humedad infinita

deleite de mi imaginación

placer de mis instintos

¿Acaso es tu rostro un acertijo?

Si lo es, encontraré el camino

II

Témpanos de desidia aplastan el deseo

De correr detrás de una sonrisa desnuda

De poseer un cuerpo sin miedo a la burla

De un destino que me ata a las patas de una cama vacía

Soy el plenilunio, la escasa serenidad de la luna sobre el mar

El instante evaporado del silencio de la madrugada

Que merodea en la mente de un extranjero

Mi ansiedad tiene dientes de verdugo

Mi miedo anda en lomo de gacela

Mi angustia le hace guardia a la aventura

Mi carcelero se llama como yo

III

Opacidad y desvelo en esta mañana azul

me entretengo pensando en el pasado próximo

en las mil cadencias de un sonido agudo

que se vale de sus entuertos para someterme

a sus delirantes espasmos

Tu música trina como una armónica en el desierto

eres la estratagema de la viscosa mentira

el subterfugio de mi misma ingenuidad

Soy un alfil que mueves con tus dedos de artista

un engañado presente que se mueve al antojo de tu lengua

el más pueril deseo de convertirme en letra

debajo de tus manos

en futuro delante de tus ojos.

eva21

Eva en el sótano

Siempre hay un lugar recóndito

al que nunca bajas,

tu sótano

Los que nunca han ido, jamás irán

no saben quién habita sus cuerpos

Los que han ido una vez y su imagen les han inspirado horror,

y se han visto como otro ser, algún otro ser

o espectro

o demonio

o dios

y no han regresado,

Son los que, de un día para otro, enloquecieron

se volvieron fantasmas flacos, muertos caminantes

Otros, van una vez y lo que ven en el espejo

les da lástima

estos seres regresan con insistencia

para compadecerse,

repugnarse los excita

Tú y yo hemos bajado al sótano

tú al tuyo, y yo al mío,

completamente desnudos

en tiempos distintos

en espacios lejanos

Ambos sentimos terror, angustia, delirio

sudores fríos, dolores indescriptibles

Éramos monstruos alados, peces rastreros,

serpientes de colmillos enormes

Éramos dios, éramos demonio,

éramos carne y sangre latiente

Sobrevivimos a la soledad,
A nosotros mismos nos sobrevivimos

Bajemos esta noche al sótano, mi amor.

eva22

Eva siendo palabra

Escribo desde la novedad y desde lo ridículo,

desde lo frívolo y lo extravagante

escribo en el zaguán y en la taberna

en los soles de mañanas cálidas y sobre el pasto,

escribo desde el medio y desde atrás

en mi balcón y mientras me peino

escribo mientras lloro y mientras orino

escribo dormida y mientras me cepillo los dientes

escribo en la cama y entre los árboles

lo hago en las cimas de las montañas

y debajo de la tierra

escribo ebria y cansada

entera y por partes

escribo como mujer y como hombre

lo hago como un animal y como el viento

escribo como puta y sumisa

como loca y sabia anciana

escribo dulce y venenosa

en silencio y desde una torre

escribo mientras muero y resucito

cuando vomito y cuando canto

escribo mientras camino y soy pájaro encendido

escribo bocabajo y patas-arriba

con el abrigo café y desnuda

lo hago llena de deseo y siendo un árbol derribado

escribo libre y detrás de barrotes

escribo con miedo y siendo raíz

escribo en la sombra y en el río

escribo desde la distancia y dentro de ti.


eva5

Las profecías de Eva

I

Todo surge de la decadencia

Un aullido corta el frío

La incertidumbre se refugia en la mirada de un hombre cualquiera

Laten en su angustia las palabras no inventadas

En el mar nos hundimos

En la miseria nos hacemos hermanos

Somos los mismos,

unos con frío, otros con sed, otros con hambre

Somos un mar embravecido

Una puerta que no se nos abre

Un árbol, un desierto

Un niño, el vértigo, la espuma

Cuervos volando en la noche,

Y somos la nostalgia

Prisioneros del miedo

Hombres golpeados por una justicia que no es de hombres,

es de alacranes

Falsos profetas enajenados en su lascivia

en sus inmundos secretos develados

Niños que han perdido todo, hasta el silencio

Es posible ver la luz

Dentro de la casa

Se ve a un hombre que conversa con sus muertos

Los nombra uno a uno

También se ve a una mujer que cuelga de un perchero

Y se recuesta sobre sus fantasmas

A cierta hora el sol alumbra a través de las ramas de los árboles

Y puede verse la esperanza.

II

Hubo transcurrido más de trescientos años

después de mi última vida

cuando los cuatro vientos que se presentan

ante el Hombre soplaron en mi rostro

diciendo:

Profetiza acerca de la suerte

que los antiguos dioses de piedra / trasgos

y el ángel que se sienta

sobre los abismos / Abadón

correrán

escribe como te fue mandado

por el dueño de los siete ojos

que recorren los planetas flotantes y los reinos

hundidos y aún no crismados.

Navega hasta la ciudad de la Verdad

y en el mes noveno / Quisleu/

maldecirás a todos los usurpadores y demonios

que revolotean en el polvo

y en la mente de los ejércitos humanos.

III

Las colas de los escorpiones serán cortadas

por tu mano morirán los súbditos de Apolión

El poder de la Omega te cubrirá

la luz que brilla desde las Pléyades

estará sobre ti como un escudo

Se te dará una espada con dos filos

para que cortes la cabeza de Asera

y tejas con sus cabellos una trenza

que le dará la vuelta a los ochenta

mundos antiguos

y latigueará a los babilónicos que ríen

en sus habitaciones y guaridas

en las que atesoran maldades y vino

hecho de fornicaciones y plagas.

eva23

IV

La voz de los arpistas te dará la señal

la luz de la gran lámpara será re-encendida

para mostrarte el camino

No temas porque yo te puse nombre: Peniel2

te mandé para que abrieras los ojos de los ciegos

para que anuncies las cosas postreras

la muerte de los gigantes

y de los reptiles rastreadores de inocencia

He quitado de tu cuerpo tus viles vestiduras

te atavié con estaño y lino fino

puse una mitra limpia sobre tu cabeza

y te coloqué en la puerta de mis atrios.

Aúllen cipreses del Líbano

porque me han enviado para tomar

posesiones de cetros y coronas.

eva24

V

El tercer viento me llevó al monte Kailas

allí encontré los rollos sagrados

escritos con signos hindúes

alcé mis ojos y vi a los tres dioses paganos

que no crean vida pero sí la maldicen

Vi altares remotos

hechos por hombres con marcas de sangre

en sus frentes y manos

hechas por los holocaustos a las piedras

con rostros re-encarnados

¡Salgan todos! habitantes del templo

de los muertos

El ejército y las aves del cielo

vienen a derribar efigies

y a echar fuera pestilencias

VI

Sobre este mármol historiado posa tus ojos

La escena exige suspiros de hetairas en celo

Estoy frente al hombre de la corriente subterránea

reposando en actitud taciturna

desconoce su propia inexistencia

solo se deja acariciar por las manos lúdicas

de las prostitutas sagradas

regalo de los dioses lascivos

del más viejo continente

Todos aman a este ser de fábula terrorífica

es el dios Mitra, luz, calor y fecundidad

hecho de agua, cieno y muertes

de vírgenes y niños

El mistral mediterráneo sopla ferozmente

mueve mis cabellos desafiantes

ante el ciclópeo ídolo

El Seol y el Abadón nunca se sacian

Yo te conjuro espíritu del dios irreverente

a descender hasta el fondo de todos

los pozos del Hades.

VII

Con el quinto color del espectro solar

mis ojos avanzan

En medio de una taifa

doy empujones por no ser tocada

Alguien embalsama el cuerpo de un difunto

Esta ciudad está llena de efigies y avenidas

como una gran caracola que emite

sonidos ancestrales

me trae recuerdos de mis fabulaciones inconscientes

Se llama Luxor3

las cámaras funerarias me dan la bienvenida

aquí, las tumbas son más importantes que las vidas

de los famélicos adoradores

Mi éxtasis dura más de lo que puedo soportar

el aire pesado como fuego comprimido

en una jaula de hierro

va saliendo poco a poco

queriendo asfixiar mis palabras

Mi piel se reseca tanto como la tierra

mis pechos le ceden espacio al calor

del horno y los carbones encendidos

¿Contra quién peleo?

Los dioses duermen en sus muertes eternas

los espíritus gimen por la presencia de su hacedor

es una guerra dispar

en la que yo soy una gacetillera de delirios

Bajo mi cabeza

ante tanta vastedad.

eva_en_el_eden_by_kristkanart-d639swm

VIII

Y toda isla huyó, y los montes

no fueron hallados.

Sangre como de muchos muertos

contaminó el mar

Los niños corriendo salieron de las aguas

El cáliz de la gran ciudad fue derramado

sobre los hijos de este tiempo

Todo el contenido fue echado en los suelos fríos

inservible vino contaminado con muerte

los últimos sápiens se bebieron todo

incluso las lágrimas de sus padres

Los demonios con caras angélicas se quitaron

los velos y las túnicas

ante los ojos de los moradores de la Tierra

y los todavía seres humanos

no se arrepintieron de sus crímenes

sino que maldijeron la existencia de su creador.

IX

Las sandalias que mis pies arrastran

mueren a ratos de cansancio

siempre odié los caminos polvosos

que conducen a los pantanos

y a las habitaciones de los demontres

a los bultos arcádicos y babilónicos

con sonrisas de placer humano

y de piedra labrada

Mi temor de viajero es no volver

El dios Brahma grita desde sus antiguas cuevas

donde el sol nunca quiso ser visto

No lo visito desde hace tres mil

años-oscuridad

en cada uno escribí un poema védico

una sátira llena de risas de Eva

en honor a su muerte

sin resurrección.

X

El mamotreto de mis viajes

está lleno de vidas de cuentistas

Recuerdo haber perdido mi alma

en el monte Ararat

Caminé hacia la cima rodeada del frío

y los silbidos del erial

los pies de Dios aplastando las nubes

con sus pasos enormes y descalzos

Un nativo taheño divulgó mis profecías

en los reinos Taipes

Tuve que huir hacia los océanos malayas

hacia el interior de la arena húmeda

El azor volaba persiguiendo mi muerte

conviví con caracoles y cangrejos rojos y zarcos

Las grandes solemnidades a los sombríos bultos

me hacen querer morir entre los

desacomodados cielos.

eva25

XI

Es la hora sexta en mi reloj de arena

hora de proclamar el grito de guerra

hora de salir al campo y avisar del aluvión que se acerca

Y el cielo se desvaneció como un pergamino

que se enrolla

Y todo monte y toda isla se movió de su lugar

Corrí con todas mis fuerzas

intentaba dejar atrás la ciudad

y sus maldiciones

los ríos de sangre y los escorpiones

del desierto

Todo me apretaba

me hacía llorar el ruido de tantos

pasos y tantas muertes

Eran los incrédulos y los apóstatas

bebedores de vino y sidra

mezclada con veneno

Llegué a la torre desde donde daría la voz

el viento del Señor

Todo era confuso y las tinieblas huían

emitiendo alaridos espantosos

como en el día de la caída del lucero bello

como en el día de Madián

El anciano se sentó y dio la voz al adalid

Ambos ejércitos se enfrentaron

No murió ninguno de los espíritus

solo los hombres que aún vivían cerca del mar.

XII

Llegué al adoratorio pagano llamado Tofet

cerca de la ciudad de los atardeceres áuricos

Me recibió un sacerdote persa zoroastro

Elimas Barbelial

yo iba en busca de las piedras

y los collares de colores que olvidé

en el templo de los nicolaítas

el invierno pasado

Elimas vio la marca de su enemigo

en mi frente

me llevó al desierto y me dejó

entre la arena y el fuego

que del cielo descendía

entre las serpientes y halcones que conversaban

sobre el año de mi nacimiento

Elimas corrió

pero una lanza atravesó sus predicciones

el arquero fue el querubín que hace veinte años

no veía.

eva13

XIII

Las estampas, los amuletos crisólitos

y las piedras de agüero

que los dioses y demonios cuelgan

en los cuellos de los que maman

del mal de la vacuidad

han sido rotos y pisados en todas las calles

de la Ciudad de David

Los ángeles que vigilan las serpientes

masticaron los incontables huesos

de los últimos muertos

y solo dejaron escombros y sándalos

que con el sol del milenio

mis manos harán germinar.

XIV

Duerme río Alfeo

amante silencioso de las doncellas de la Arcadia

Me retiro de tus aguas condenadas

a ser bebidas

por el espíritu de la barba blanca y agorera

de maleficios

No te regalo mi desnudez ni mi pálida

tez asustada

eres cómplice de mis miedos y estremecimientos

La oscuridad de tus profundidades

desviste mis palabras

He venido para maldecir el sepulcro de tus días

y las adoraciones de los hombres/cruces.

XV

Rumores de lenguas distintas

lágrimas que descienden del río

mujeres que se desmayan al leer epitafios

Llevo un brazalete azul en mi mano derecha

como novia adornada atravieso los atrios

con una antorcha que me alumbra los silencios

Beula4 es mi nombre

Soy la virgen detrás de los muros

no le doy tregua al ladrón del santuario

espero a mi amado perfumada con áloes

y canela

la gargantilla de mi cuello ansía ser arrancada

por las manos del que desnuda los cielos

de zodiacos y cataclismos

Pasad por las puertas

Allanad la calzada, quitad las piedras

Alzad pendón en los pueblos.

XVI

¿Por qué es rojo tu vestido y tus ropas

como del que ha pisado el lagar?

Nadie lo ve desembarcar

Nadie lo espera

Es una mañana de rocas azafrán

el mar da bostezos y latigazos de sal

entre lágrimas de lluvia el extranjero irrumpe

en la tierra de los que gimen

Sus pisadas son premoniciones

lleva llagas en su costado

encrucijadas de amor son sus ojos

hermoso entre tantos truenos tachonados

de plata

¡Forastero!

Heme aquí en el planeta de mis ficciones

¡Rescátame!

Lo sigo mientras él da órdenes a los demonios

de callar y descender a los abismos

Con el espíritu de sus labios asesina a los hechiceros

y quema a los terafines

con la vara de su boca a los hijos de Belial

Me lleva a la entrada del atrio

a la casa del banquete

Su bandera sobre mí es amor

Los ídolos y dioses no cobraron vida

ante ningún ojo

las ruinas de las cavernas

el tártaro y sus murciélagos

han sido esparcidos por el extranjero

El oro de Ofir empezó a brillar en la Ciudad de la Cúpula

y el lago de azufre fue lleno de las víboras

que pueblan los confines.

eva14

XVII

El pueblo que andaba en tinieblas

vio gran luz

Confieso que conozco al extranjero

tiene la voz de mi amado

él va delante derribando templos y sortilegios

sé que quiere cercana mi presencia

él es el dueño de los horizontes y todas

las visiones

Dejamos las tierras de agonía y las interminables pestes

los arenales con aguas de sangre

Ya no necesitaré más mis sandalias ni brazaletes

mis sándalos han vuelto a nacer

el tumulto de la batalla terminó

Él cortó la cabeza y la cola

la rama y la caña en un mismo día

los despojos de los dioses fueron quemados

todo manto revolcado con muerte

fue echado al fuego

Él trajo mi alma desde aquel monte lejano

Tras la puerta y el umbral puse mis recuerdos

me descubrí y ensanché mi tálamo

hice con él un pacto

dentro de los muros de sus atrios

fui la virgen Beula,

la desposada con el profeta.

eva6

Las crónicas de Eva

I

En algún tranvía de ojos dormidos

encontré un extranjero sin piel,

sin seudónimos, sin historia ni geografía

éramos hermanos que comíamos

arroz con sabor a ciudad como lámpara,

a nostalgia de tierra mojada por lluvia propia,

De cuerpos húmedos bajo una cobija

de retazos andinos, llorosos,

cómplice de nacimientos y resurrecciones

de placer a hurtadillas.

Amantes a medio hacer

de rostros incompletos

sin orígenes ni trapos que nos cubran del sol

al despertar entre los demás silencios

hermanos / amantes.

eva26

II

Solíamos robarnos las dudas de las mareas

fluctuantes, taciturnas, novatas

éramos los dueños de los alcázares

de las locuras perdidas en un tramo

de consciencia sin habitar.

Soñamos más allá de lo escrito

sin peligros inventados ni memorias

enredadas en verdades.

III

Intento sorprender a las caracolas

con pasos sordos sobre la arena

Aunque las tempestades me traguen entera

Soñaré aún con sus ojos

volátiles, callados, temerosos de morir

en mis manos.

IV

Podremos volver a vernos un par de veces,

desaparecer de nuestro propio mar

y no distinguir distancias

Hacer colisiones de tiempos,

encuentros bruscos de espacios

ayuntamientos de cielos y abismos rotos

cópulas de nieblas y tormentas

resucitar entre los muertos,

entonar canciones sin audiencias

poner en escena obras sin aplausos

Ser libros de lo humano

Adiestrarnos en el juego de ver sin luz,

de respirar sin aire

de morir sin entierros.

V

Extraños los ojos limpios de maldad

sucios de fe, de mi hermano / amante

Se fue a otro destino desierto

sin despedidas, sin funerales

No quiso ser observado

Prefirió reírse del mar a solas.

eva15

VI

Algo bulle dentro de mí

como un gusano ensortijado

como un gato enredado en su cola de plástico

cercano a un pez que muere en la red incorrecta

Soy un cuarto de siglo en dos patas

sin pertenencia ni memoria

una comadreja que vive de reír.

VII

Lloro como un manto chupado por el frío

porque soy vulnerable a la paz de la hoguera

Y me duelen los gritos de voraces leones

Y me sangran las caras con maquillaje

Y no olvido los huesos pisados en las noches

Y los muertos y los desaparecidos

Y las miles de historia contadas en secreto

Que hablan de truenos que partieron gente

VIII

Solo quiero narrar episodios de un filme

Eso me basta,

ser guionista y ser hermosa

Una casa de almidón forrado,

un perro de dientes rojos,

un auto con ventanas acuáticas

un hijo con pañales parlantes

un hombre que me lleve de la mano.

IX

En vendimia estaban mis cicatrices

de remate mis caricias descosidas

para extranjeros de ojos y acentos verdes

en la noche,

en la vereda,

en la lluvia,

en una espina,

en los dientes apretados,

en un semáforo en rojo,

en un portal,

en un basurero,

en una cloaca,

en fundas de desecho,

en una tumba.

X

Quiero agarrar tu silbido

que me atraviesa despacio

como el de un lince hambriento

de patas espinosas

que olisquea y huye

haciendo ruidos de espuma de mar

En tierra quedaron mis antojos

de lamer tus huesos, tu carne…

ecos resuenan a tus espaldas.

eva16

XI

En una banqueta esperas

los torbellinos, las caderas, los acordeones de carne

Un destino depilado y sin anillos

esperas una comedia y un par de piernas abiertas

Una buena siesta y un té

detalles, incienso, llaves ajenas

Sordomudez

una madrugada de aventura

adioses a discreción y la cuenta.

XII

Era la historia de un diminuto pintor

que hacía pieles encima del cuerpo

te pinto, me pintó, nos rehizo

como marionetas de barro cocido.

XIII

Me miro al espejo de espaldas

cabildeo, imagino que vuelo en el vidrio

que me corto en mil pedazos

me acaricio con tus dedos, tus antojos

tu música de hombre añoso

de ser medieval y exquisito

Me toco a través de tus cuencas

lloro, gimo, sonrío, me agacho,

me siento, me acuesto, me retuerzo,

sueño, estornudo, me mojo, grito,

muero, resucito, me levanto, como,

escribo, pienso, recuerdo, me contengo

Me derramo en ti

XIV

Tus transiciones se han vuelto eternas

Ya no puedo escapar de tu asombro, de tu rabia

tus angustias, polvo derretido dentro de mí

Somos agua cósmica y volcánica

unida por hilos finitos

que se incrustan debajo de las córneas

No podemos ver lo que nos ata

son insomnios, sonidos huecos,

pálpitos, taquicardias, sollozos,

juegos detrás de la puerta.

eva17

XV

Otro abrigo para un desaparecido

para una tempestad sin tierra

donde desparramar su aliento

Soy una astilla levantada en el desierto

que quiere ser barco debajo del mar y los ojos

XVI

Aún no despierto de mi rumor

duermo el instante artero

lleno el balde de mi hartazgo

Y el deseo se sigue colando

por los techos, por las ranuras de mis labios

XVII

No me queman los silencios

me quema tu voz exprimida por mis músculos

Y tus pasos sordos en la víspera

Te meces en las esquinas de mil memorias

embebidas en sidra

sonríes a medias porque te cuesta

mostrar tus encías raídas y tus dientes llenos de cal

XVIII

Sé que las copias del amor suelen aparecer

por caminos y desiertos

que los demonios suelen verse como hombres

que tu nombre y el mío son moluscos de orillas

en distintos universos

eva7

Eva siendo ecos y espasmos

I

Aún estás en mi pálido y sucio retrato

Te veo, y recuerdo tu nombre

¿Cuánto falta para el encuentro, la huida

de un par de cuerpos que se desean?

El andén silencioso aguarda la batalla

mis piernas son escondite que te espera.

II

Mascullas sobre una novela borroneada

Una ausencia patas-arriba

con sesenta y siete sonrisas a cuestas

montas un escenario de comedia

Haces un agujero en mis miedos

como si fueran una arena pisoteada y relamida

por el mar del Norte,

por tu lengua de plastilina

Mis miedos, los de ahora, los de pasado mañana

Esos que tienen mi nombre en sus mil frentes

los que me hicieron trizas bajo sus rieles

Aquellos que me aventaron de cien edificios

y me dieron a beber cieno y arsénico

desmenúsalos,

acuéstate en ellos y absórbelos

Penétralos y sumérgete en sus aguas

corróelos con tu savia venenosa

aplástalos como si fueras un dinosaurio

quémalos en tus cuevas y esconde sus cenizas.

eva18

III

Bocabajo te espero

con la espalda untada en cremas

y lacias apetencias

con la falda levantada y las medias a medio poner

Dispuesta te espero

como una gacela de cuento de hadas

simple como un estornudo

entera como la noche en creciente

Desnuda te espero

sabia y sumisa

como una yegua amaestrada para la faena

Dócil

IV

Tu lengua era pequeña e indisoluble

un músculo mojado, oloroso a tabaco

Se vertía en mis pechos, cataba mis líquidos

Me limpiaba, me calentaba, me raspaba

Era mía,

la hice mi hermana y mi amante

mi verdugo en tu ausencia.

eva27

V

Soy un mástil, un terraplén

una ardilla en la noche ártica

Escondida en su pelambre

No sé de dónde provengo

¿Quieres domesticarme?

VI

Prefieres ignorar tus puentes de metal

No quieres contestar mis preguntas de círculos y amarres

Ni decirme qué piensas del abismo y los fracasos

Cuéntame entonces de luciérnagas felices

Dime por qué los vientos nunca te acercan

En qué lugar del cielo te encontraré

cuando alumbre la noche, y los adioses se alejen

cuando tu ira desaparezca detrás de ti

VII

Como un mimo aparece el deseo

Tu nombre y dos espacios en blanco

El tuyo en el mío, un puente entre mares.

Para Adán

Yo era una estrella derramada y sola

Roja por dentro y gris por los costados

Un puñado de luz que se negaba a respirar

que aprendió a nadar en el mutismo

era más que un adorno o una pulsera de colores

menos que un suspiro en la madrugada

Un sutil y profundo golpe en tu cara desvencijada

una extensión de tus pulgares

El arcoiris que te alegraba después de la lluvia

Ahora que no soy en ti

ya no sabes qué fuiste en mí

y el recuerdo te abandona, porque nunca estuviste presente

el hombre que construí en tu arena y desmoroné

ya no te pertenece. Ya no existe. Ya murió.

El desafío de tu raza es volver a nacer,

de la nada,

como si siempre hubieses existido.

Eva.

eva8

Referencias:

1 Los días de la diosa son largos. Cada segundo nuestro multiplicado por una luna naciente. Un día de ella es un ciclo de eternidad completo, es decir, 26 mil millones de lunas llenas.

2 El nombre Peniel significa “el rostro de Dios” y hace referencia al lugar en el que Jacob luchó contra el Ángel de Jehová. Luego de esa lucha, Dios cambió el nombre de Jacob por el de Israel.

3 Luxor es una ciudad que fue construida sobre las ruinas de Tebas, la que fue capital del antiguo imperio egipcio.

4 En el contexto bíblico, Beula significa “la desposada”, la que ha sido elegida para ser amada. Hace referencia a la mujer que está lista para casarse, pero también a la “tierra fértil” que Dios promete a su pueblo.

Meditar te cambia el cerebro


meditation

Este libro parte de una experiencia con la sabiduría que me fue heredada por mis ancestros y que he guardado dentro de mí durante muchísimo tiempo. Pude tener acceso a esta sabiduría una vez que entré en mis laberintos interiores y me encontré a mí misma, me perdoné, me unifiqué con el Todo, y seguí mi camino, de aprendizajes y enseñanzas.

Esta sabiduría no es mía, sino que está en mí. Esta sabiduría le pertenece al Todo, y está pincelada con los colores de muchos maestros y guías invisibles y visibles. Cuando descubro algo, cuando mi consciencia me revela una nueva información, siempre ocurren eventos asociados a ella.

Cuando meditas ves todo esto muy claro, ves que todo tiene sentido, todo cuadra, todo encaja, todo es una sincronía perfecta de acontecimientos en tu vida que se dan para mostrarte algo maravilloso, que, sin meditar, es imposible que alcances a ver. La meditación te pone en contacto con tu Yo Superior, con la esencia que todos somos, que es belleza pura. Meditar produce que la Luz de lo infinito penetre cada célula de tu cuerpo. Es el éxtasis puro, el nirvana, aquí al alcance de todos. Meditar hace que todo en ti cambie. Sube tu nivel de consciencia, cambia tu cerebro, tu cuerpo físico se pone hermoso, se sana tu cuerpo emocional y tu mente encuentra la paz. Si no lo haces es porque no te amas, y si no te amas, vivirás siempre atado a la enfermedad de tu mente, que puede ser la culpa, el rencor, el rechazo, y tantísimas otras.

MEDITAR es NO PENSAR, por eso cuando meditas la mente descansa. Meditar es simplemente SENTIR. Y por eso nos gusta tanto a quienes lo practicamos. Porque sentir es lo que más le gusta al ser humano. Por eso tantas adicciones. No necesitas ninguna droga, no necesitas de otra persona, no necesitas de nada para sentirte vivo. Con la meditación puedes hacer viajes interdimensionales, porque somos seres multidimensionales, y puedes tener todo el éxtasis que buscas en las drogas, o en una persona.

Y porque meditar se trata de sentir y no de pensar es que le cuesta tanto a los más racionales. Nunca conseguirán aquietar su mente si no se permiten sentir. Por la vía de la mente es imposible meditar. Para meditar es necesario que te dejes llevar por tu intuición, por lo irracional, lo mágico, lo etérico, lo eterno, que hay en ti.

La meditación rompe con la programación mental y emocional que todos llevamos. Literalmente, te cambia el cerebro. La programación es todo lo que nos ha sido implantado como cierto, la domesticación a la que hemos sido sometidos vida tras vida. Hemos sido programados para sentirnos miserables, cuando somos creadores en potencia.

Si no me creen a mí, créanle a la ciencia. Acá está http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Salud/Estudio_cientifico_Ocho_semanas_de_meditacion_bastan_para_cambiar_el_cerebro

Rumi Wilco y los seres elementales


(Fotos Mauro Sbarbaro)

Si eres un niño, no importa la edad que tengas, y crees en los seres elementales de la naturaleza, como las hadas, los gnomos, las ondinas, las salamandras, Rumi Wilco es un lugar en el que podrás tener contacto con estos seres que resguardan la Naturaleza.

Para poder establecer algún tipo de contacto es necesario tener el corazón y el cuerpo limpios, pues ellos jamás se muestran a personas con intenciones turbias o que están intoxicados con alguna sustancia psicotrópica. No verás a los seres elementales si estás drogado. Lo que puedes ver son sus versiones oscuras que te parecerán como demonios, pues si tú estás en la sombra verás los seres de la sombra, que también están en el bosque. Debes saber que la energía que hay en el bosque es una, tanto para el bien como para el mal. Y tener mucho cuidado con esto, pues podrías atraer seres del bajo astral que te harán vivir auténticos infiernos. Olvídate de la sicodelia y de los alucinógenos cuando caminas por el sagrado territorio de la Madre Terrenal. Aquí lo único que cuenta es la conexión que tengas con ella, sus ángeles y los demás seres que la habitan y protegen.

De hecho, a los seres elementales es muy difícil verlos, porque a ellos no les agradan los seres humanos en general, por la crueldad y el miedo que suele haber en los corazones de las personas. Los seres elementales te harán pasar un mal rato si sienten que tú no debes estar en el bosque, pues su misión es proteger la Naturaleza. Los gnomos protegen la tierra, las hadas el agua y el aire y las salamandras, el fuego. Si tu intención es destruir sentirás su rechazo de inmediato y algo te dirá que salgas del lugar.

Otra cosa importante que debes saber es que los seres elementales no son de tu tamaño, ni siquiera son del tamaño de un niño, sino mucho más pequeños, por lo que tú debes fijarte siempre en lo diminuto, no dar grandes vistazos, sino interiorizar en el bosque, fijarte en los detalles que hay en los troncos de los árboles, en las hojas, o en las flores más pequeñas. Siento que estos seres habitan en este bosque porque las personas que ayudan a preservarlo actúan con el corazón puro y ellos aman y cuidan de este lugar tanto como los ayudantes que la Madre Tierra tiene desde siempre.

Para llegar a Rumi Wilco debes caminar por la calle Agua de Hierro unos quince minutos desde la terminal de buses de Vilcabamba, entonces encontrarás la entrada. Sigue el río Chamba, él te irá guiando durante todo el camino, que puedes hacer solo, no necesitas de ningún guía ni de permisos para entrar, aunque lo más recomendable es que te acerques a la cabaña de recepción que está a unos pocos minutos del ingreso y converses un rato con Alicia o con Orlando, quienes son los cuidadores del lugar. Ellos resolverán cualquier duda que tengas y, si quieres, tal como hice yo, podrás quedarte a acampar en el bosque.

Sea de día o de noche, si tu corazón es puro, nada te pasará en el bosque, puedes caminar con tranquilidad, incluso sin zapatos, pero te recomiendo siempre guardar silencio. Escucharás todo el tiempo la música del río y el canto de los pájaros.

Cada árbol es un espíritu y también te puedes poner en contacto con ellos. De hecho, si haces esto primero, es más probable que los seres elementales se muestren. Si tú estableces un vínculo con un árbol, o con el río, los seres elementales sabrán que eres un ser humano real y tendrán confianza en ti, y puede que empieces a verlos. Los seres elementales se preguntan si todavía quedan seres humanos reales en el mundo. Si tú eres uno de ellos, ve al bosque y ponte en comunión con ellos, pues te ayudarán en todo lo que necesites.

Para entrar en contacto con un árbol debes sentir su llamado. Camina en silencio por el bosque y siente los árboles, uno de ellos te llamará la atención, entonces, acércate y pídele permiso para tocarlo, para abrazarlo. Abrázalo diciéndole las cosas que tu corazón sienta. Algunos árboles tiemblan de miedo cuando un ser humano se les acerca tanto, pero después de ese temor inicial, si tu corazón está limpio, ellos empezarán a hablarte. Los árboles son espíritus muy antiguos, por lo que, para hablarte necesitan mucho tiempo, y te pedirán que te quedes. Lo que para ti es una hora, para ellos es solo un instante. Ellos necesitan tiempo para confiar y poder hablarte.

La contemplación es lo que te lleva realmente a establecer el contacto. Simplemente observar en silencio los árboles, las plantas, las flores y sentir que tú eres también parte de esa vida que se expresa con tanta belleza y pureza. Esto es lo que más tiempo y práctica lleva: convertirte en un observador. Alguien que solo quiere ver y no sacar provecho de nada. Luego de que te hayas convertido en un observador o en un contemplador y ellos hayan visto que tu corazón es puro y tu aura está limpia, los árboles, los seres elementales y también los seres del reino fungi se mostrarán abiertamente a ti, sin resquemores. Lo más importante es no tener miedo y hacer todo sin ninguna intención de obtener algo.

Un árbol te puede dar su sabiduría, o te puede regalar sus dones de sanación, pero nunca lo hará si siente que tú llevas la intención de sacar provecho. Solo entrégale tu amistad sin pedir nada a cambio.

Luego de abrazar mucho tiempo a un gran árbol, él me dijo que estaba vivo y sentí la vida que lo recorría y me estremecí de una manera tan fuerte que pareció que iba a explotar. Luego, el árbol me dijo que si yo realmente quería saber la historia del bosque, él me la podía contar, pero para eso necesitaba mucho tiempo, y me pidió que pasara una noche junto a él. El contacto con este árbol me abrió la posibilidad de ver a las hadas, que cuidan el aire, y a los seres elementales que cuidan la tierra y que algunos llaman duendes o gnomos. No se trata de verlos físicamente, sino que son sus caritas siempre sonrientes que se te aparecen en todas partes. Cada cara tiene un mensaje para ti, y cada mensaje es siempre lleno de sabiduría y sorpresa.

Las hadas, en cambio, se muestran como lucecitas en la oscuridad, más diminutas y más rápidas que la luz de una luciérnaga. Las vi dentro de mi tienda. Tienes que cerrar los ojos, concentrarte en ellas y aparecerán. También pude ver la forma de un hada en una mariposa, que estaba en la hoja de un árbol. Sabes que es un hada por su cara y su manera de pararse, que es diferente a la de una mariposa común.

Las hadas se aparecen para darte mensajes de todo tipo. Ellas te ayudan en todas las situaciones en que tú las consultes. Son muy sabias y también te regalan palabras que puedes repetir para hacer que tu vida sea siempre mejor.

Rumi Wilco es una reserva natural que queda entre el pueblo de Vilcabamba y el bosque nacional Podocarpus. La atraviesa el río Chamba y en ella se reforestó el wilco, un árbol sagrado que los shamanes usaban en sus ceremonias y ritos. El wilco tiene propiedades adivinatorias. Los antiguos tomaban sus vainas, sacaban las semillas, las tostaban, las molían y ese polvo lo introducían en sus narices. Hacían esto para tener visiones del futuro. Dicen que también hacían enemas con ese polvo mágico para purificarse el cuerpo por dentro.

Hay árboles del wilco en toda la reserva y este es el primer árbol al que debes pedir permiso para caminar por este bosque. Si el wilco te da la bienvenida, podrás tener acceso a la magia de Rumi Wilco.

Si quieres profundizar en el tema de los seres elementales, te recomiendo ver estos vídeos.