Taller de Escritura / Todos los Géneros


 

COMENTARIOS DE TALLERISTAS

 

“Mi idea con el taller era poder ver de forma técnica la escritura, poder mejorarla y quizá recibir algunas reglas gramaticales, como dónde van las pausas, comas, puntos, etcétera, pero definitivamente fue mucho más allá de mis expectativas.

Ha sido un continuo auto-descubrimiento, redactar la historia que se alejaba de mi realidad y darme cuenta que en cada parte estoy yo, descubrir esos lazos que me atan, ideas preconcebidas de cómo deben verse las cosas, cómo una mujer debe actuar y qué es permitido hacer sin escandalizar a la gente. Es una forma de ir profundo a conocerme y darme esa libertad que en mi vida particular no me he dado.

La experiencia del taller es aún más rica cuando escuchas a tus compañeros descubrir lo que necesitan descubrir y, de paso, crear historias maravillosas. Gracias Marcela por darnos una herramienta de sanación, descubrimiento y libertad”.

Stephania Cagua 

 

“Recuerdo cuánto disfrutaba leer un libro y las ganas que metía en cada carta que escribía para mis amigas o familiares queridos durante mi adolescencia. De repente, me encontré sin ese placer y lo extrañé mucho.

Sabía de los talleres de Marcela,  pero no se me dio hasta ahora, que estoy teniendo esta mágica experiencia. La  busqué con la intención de reconectar con mi creatividad. Sentía que debía volver a fascinarme por algo. Y en el proceso me reencontré.

Estoy maravillada de poder sanar junto a otros seres hermosos en un calor tan cálido como el de un hogar.

Volver a casa a través de la escritura es un regalo. Estoy aprendiendo a integrar mi luz y oscuridad con amor y compasión. Confirmando que el maestro aparece cuando el alumno está listo. No antes ni después. Gracias Marcela por tu entrega de amor y paciencia, por ser guía en este caminar”.

Meli Chan 

 

“Realizar el Taller de Escritura con Marcela está aportando a mi visión de escribir un libro con técnicas y herramientas prácticas. Además, me ha apoyado a observar mi realidad interior, ver información que estaba en mi memoria, reconocerla objetivamente y escribir sobre ello”.

Julia Gómez

“A través de la escritura he podido encontrar una forma de expresar todo aquello que guardaba en mí. El dolor, la desilusión, el amor, la esperanza. Tantas veces ha sido mi refugio, mi casa, mi compañía.

Viviendo a través de las letras. La vida te lleva a los lugares en los que debes estar, en el momento que estás listo, y con personas que vibran en tu frecuencia.

Es así, como puedo describir la hermosa energía que fluye en esta experiencia, entre las personas que conformamos este curso. Encuentras vivencias con las que te reflejas, historias que te identifican, silencios cargados de una magnífica reflexión, risas que te van curando el alma.

Cuando resulta la sincronía y se dan encuentros tan hermosos, en una atmósfera tan profunda, no queda más que ser agradecido.

Fui con el objetivo de mejorar mi escritura, y he recibido una recompensa aún mayor”.

Mafer Emen 

 

“La escritura es una experiencia tan maravillosa como volver a casa, a la casa más bella, la del alma. Al inicio, escribir fue la burbuja de mis quimeras, mi mundo alterno. Hoy, escribir es sentirme mitad cielo, mitad tierra, abrazando mis matices y haciendo eco de mi voz. Gracias Marcela Noriega por ser luz en el camino, a través de tu amor por las letras”.

Alexandra Coloma

 

TALLER DE ESCRITURA / Todos los géneros

Escribe tu propio libro

 

ESTRUCTURA DEL TALLER

Cada tallerista llega al Taller con algo escrito, ya sea una poesía, un relato, un sueño, una memoria, una parte de una novela, una autobiografía. Todos los géneros y las formas de expresión con la palabra son bienvenidos. Los contenidos, así como las extensiones, son libres. No se imponen medidas ni métricas.

Cada tallerista lleva una copia suya y otra para cada participante del taller.

Cada tallerista lee lo que ha escrito, sin que antes o después explique o comente nada sobre su propio texto. Recibirá la retroalimentación de cada miembro del Taller y, a su turno, también comentará todos los otros textos.

Cada uno tendrá los lectores correctos. Parte de ser escritor, es entregar al mundo lo que hemos escrito. Y tenemos que aprender a recibir los comentarios.

Hacemos ejercicios de escritura grupales, pero también personalizados, según el requerimiento de cada tallerista. Los ejercicios están siempre orientados a desarrollar la creatividad, la introspección, la creación de personajes, la narrativa, la poética, el ritmo, la auto-expresión.

 

Este Taller está dirigido a ti:

  • Si quieres empezar a escribir un libro y no sabes cómo estructurarlo.
  • Si quieres aprender o perfeccionar técnicas, herramientas, consejos sobre el arte de la escritura.
  • Si encuentras en la escritura tu manera personal de auto-expresarte.
  • Si quieres empezar a vender tus artículos, o participar en concursos literarios.
  • Si quieres aprender a crear personajes y contar historias convincentes.
  • Si quieres escribir desde las tripas, el corazón, el útero y no desde el intelecto
  • Si quieres re-organizar tus memorias, recapitular tu vida comprender y sanar.
  • Si tienes buenas historias que contar y crees que merecen la pena ser contadas.
  • Si quieres transformar los momentos difíciles en aprendizajes usando la escritura
  • Si quieres desbloquear tu creatividad, auto-empoderarte de tu propia historia. Volver a ser la protagonista de tu vida.

PRÓXIMO TALLER

ENERO-FEBRER0 / 5 SESIONES

Haremos dos grupos. El horario es de 16H00 a 19H00.

El Taller se realiza en nuestra casa en el centro de Guayaquil.

 

Primer grupo inicia el miércoles 29 de enero

Sesiones: 5, 12, 19 y 26 de febrero.

 

Segundo grupo inicia el jueves 30 de enero

Sesiones: 6, 13, 20 y 27 de febrero

 

Valor: cada sesión cuesta $22. Puedes pagar como tú elijas. Al inicio, en cada sesión, o al final. Considera este Taller como una inversión. Tu meta podría ser publicar tu primer libro. Un libro que se irá escribiendo sesión tras sesión.

INSTRUCCIONES:

Para la primera sesión tienes que traer un texto autobiográfico, en el que escribas lo que quieras de ti misma. De ese texto, sólo traes una copia para ti.

También tienes que traer el texto con el que quieras empezar a trabajar, puede ser un poema, parte de una novela, un relato, guión, lo que desees. Una semana antes del Taller, te informaré cuántas copias debes traer. Sin embargo, el Taller no excederá las 5 personas en nuestra casa. Luego, este Taller se puede llevar a cualquier tipo de espacios que resuenen con la intención del Taller.

 

INTENCIÓN

Co-crear un espacio de auténtica libertad creativa, de amor que contiene y nutre, de autoexpresión, autoconomiento. Todo esto te lleva a la autosanación. Al descubrirte, te empiezas a amar. Y ese amor que te das, y que luego empiezas a compartir, sana todo.

Contacto:

Mail: marcenoriega@gmail.com

Wasap: 098 5838 447

 

La estela azul


Yo seré tu Niña y tu Diosa.

Tú serás mi Niño y mi Dios.

Ese día serán cinco días, o múltiplos de cinco.

Un nuevo viaje. Será a inicios del Año Nuevo.

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Dicen que el día antes de la inundación una luz azul cubrió la ciudad. Entonces recordé el sueño que ella tuvo hace un tiempo. No, ahora que lo pienso bien no fue un sueño, fue una meditación en la que ella me condujo. Habíamos salido a la terraza, faltaba poco para que el sol terminara de caer. Nos sentamos en el suelo, ella me tomó de las manos y me pidió que cerrara los ojos. Yo obedecí.

Imagina que tu cuerpo se desintegra poco a poco, me dijo, que te vas volviendo de aire, que te vas haciendo partículas de un polvo luminoso, imagina que tu alma sale de ti y vuela. Detrás, deja esta estela brillante. Ahora, desde arriba, te fundes con los colores y caes sobre la ciudad en forma de luz azul.

Cuando ella dijo esto, yo recordé claramente que desde niña tuve visiones, siempre supe que el lugar donde estaba, de alguna manera, no era real, sino que estaba representando una especie de teatro, en el que todos actuaban de una manera contraria a lo que realmente eran, sentían y querían.

Los hombres usaban corbata cuando realmente querían usar camisetas. Las mujeres usaban tacones, cuando en realidad querían ir descalzas. Los niños usaban camisas cuando en realidad querían ir en pijama o desnudos. ¿Por qué las personas se visten como no se quieren vestir? Siempre me preguntaba estas cosas. ¿Por qué las personas se esconden detrás de esos personajes que crean para salirse de ellos mismos? ¿Por qué no quieren ser ellos mismos? ¿Ellos saben lo que son?

Sabía que este día llegaría. El día del recuerdo y la palpitación. 

Marcela Noriega: ‘La verdad está en el otro, no en el periodista’


Publicado en Diario La Hora, 17 de junio de 2019

Sección CULTURA

Por Abril Altamirano

VPC PORTADA

“La crónica te pasa factura en tu propia vida”, dice Marcela Noriega en su última obra: ‘Vivir para contar’, material de su taller de crónica dirigido al público juvenil. Desde 2009, la periodista y escritora guayaquileña encontró en este género la oportunidad de desarrollar una escritura involucrada con la gente, que devino en grandes cambios no solo en su carrera profesional, sino también en su percepción del mundo.

La principal enseñanza que le dejó el periodismo narrativo es el trabajo con la empatía: “Si no puedo sentir lo que el otro está sintiendo, no puedo escribir”, afirma. “Lo que hago es abrirme totalmente al sentimiento y que la historia me conmueva lo que me tenga que conmover”.

Noriega corre el riesgo de enfrentarse a la realidad ajena en total vulnerabilidad. “El cronista necesita sentir y cuando empiezas a escribir inicia una suerte de catarsis, empiezas a liberar ese dolor que no es tuyo realmente, sino del otro”.

El cronista, una presencia silenciosa
Para Noriega, encontrar la verdad en una historia depende por completo de la capacidad del cronista de escuchar y “privilegiar la voz del otro”, haciendo a un lado el ego y las ideas preconcebidas: “La verdad está en el otro, no en el periodista”, sostiene.

En una de sus crónicas más fuertes, ‘Puná Vieja, la tierra del Tin Tin’ -publicada en Mundo Diners en 2015-, Noriega fue testigo de las escenas desgarradoras de la pobreza. Ella mismo vivió el terror por la inseguridad y la violencia que imperan en la isla ecuatoriana; sin embargo, en el texto su presencia es casi invisible. Los personajes de la historia tienen todo el protagonismo.

“Nos enfrentamos con mafiosos, con drogadicción, un panorama terrorífico, fuimos a buscar al diablo, al Tin Tin, y lo encontramos -cuenta la autora-. No podíamos dormir del miedo que teníamos. Nada de eso está en la crónica contado de esa manera, pero se percibe el terror y eso es, yo creo, ese proceso de dejar tu ego a un lado”. La realidad de la isla Puná está contada de boca de sus habitantes, de los jóvenes que se enfrentan a un futuro ineludible de precariedad y vicios, así como de las mujeres que conviven con criminales y buscan salvar a sus hijos de su propio destino.

“Es la visión de quienes están construyendo esa realidad, el periodista casi no puede intervenir en ella, solo está ahí para narrarla, para reconstruir los pedazos”.

 


Poesía en todas partes
Noriega se inició en la escritura como poeta. Jugar con las herramientas del lenguaje se convirtió en su técnica predilecta a la hora de abordar textos narrativos de ficción y no ficción. “Hay cosas que no las puedes decir de otra manera, sino a través de la metáfora. Cuando ésta toca una fibra sensible tuya, puede suceder lo mismo con el lector”.

Autora de varios cuentos, de la novela ‘Pedro Máximo y el círculo de tiza’ y de los libros de crónica ‘Historias que contar’ y ‘Crónicas de San Bartolomé’, Noriega siempre vuelve a la poesía como un medio para expresar lo que el lenguaje común no alcanza a decir.

“Me di cuenta de que la poesía lo ligaba todo y le daba la emoción y la intención que necesitaba para construir una novela”, comenta. En los últimos dos años, se ha dedicado a escribir relatos cortos dirigidos al público infantil y juvenil.
Involucrarse en lo real
También ha trabajado en talleres con jóvenes de colegio, en los que imparte su método de ‘Escritura instrospectiva’: “Hago ejercicios para que se puedan conectar con su yo, que se aparten del ruido exterior, que entren en su ser creativo y desde ahí escriban”.

Su libro ‘Vivir para contar’ invita a los jóvenes a interesarse en la realidad de quienes los rodean. Más que un manual de crónica, la obra busca animar a los estudiantes a contar casos reales para sensibilizarlos. “Si ellos no se involucran con la realidad, ¿qué futuro hay? La idea es dejar de estar tanto en las nubes, en los jueguitos, en la pantalla, y poner los pies en la tierra”.

FRASE

Quiero que los jóvenes no se lo planteen como: ‘voy a escribir una crónica’; sino como: ‘quiero contar algo real’.  Marcela Noriega, periodista y escritora. 

Cuando vives la crónica en carne propia


CAPÍTULO VI

SIN CONFLICTO, NO HAY HISTORIA

Libro de Crónicas “VIVIR PARA CONTAR”

 

Probablemente se trata del género más difícil de dominar.

De hecho, en un periódico de prestigio

una crónica no la hace cualquiera.

Álex Grijelmo

Cuando escribes una crónica, siempre es recomendable que haya un conflicto. Es decir: obstáculos entre el personaje y sus metas, enfrentamientos con otros seres o, a veces, consigo mismo, choques con su entorno, limitaciones, diferencias con sus familias, etc. Si te das cuenta, la vida está llena de conflictos.

Entrar tan profundamente en los conflictos de los demás es, sin duda, la prueba de fuego para cualquier cronista. Tus nervios tienen que ser de acero y, aun así, estarás caminando sobre espinas y minas. Esta es la causa por la que muchos cronistas se meten en problemas. La crónica te pasa factura en tu propia vida.

Un ejemplo clásico de esto es lo que le ocurrió a Truman Capote, quien se dedicó seis años a investigar el crimen ocurrido en un pueblo rural, en Kansas, Estados Unidos, para escribir A sangre fría[1]. Capote se fue a vivir a este pueblo para seguir de cerca los acontecimientos. Puedes ver esto en la película Capote[2]. Los asesinos fueron sentenciados a pena de muerte y el escritor desarrolló un fuerte vínculo con uno de ellos, relación que lo llevó a plantearse temas de ética muy profundos. Capote decía que, por causa de esta historia, él enfermó y aumentó su adicción al alcohol y a las drogas, sumiéndose en una profunda depresión.

Salvando las distancias con Truman Capote, yo también, como cualquier otro cronista al que le apasiona el oficio, he vivido episodios de angustia, tristeza profunda o desasosiego a causa de los temas que he investigado.

La crónica de este capítulo es un ejemplo de aquello. Me enfoqué en la parte turbia de la isla Puná (Puná Vieja), donde se concentran todos los problemas de insalubridad y drogadicción. No solo tuve problemas con las personas del lado opuesto de la isla, donde se desarrollan proyectos turísticos, quienes llamaron a reclamar a la revista por mis observaciones tan crudas acerca del pueblo, sino que quien me dio la mayor cantidad de información, se retractó de lo dicho, y estaba furiosa porque yo había publicado todo lo que ella me había contado.

Pero los conflictos de la crónica siguieron al plano personal, pues terminé perdiendo a un amigo por esta historia. Él era el editor y yo la cronista, y no lográbamos ponernos de acuerdo en la escritura. Realmente, yo tenía la mente revuelta y no podía escribir decentemente en esos días. Esas cosas pasan. Pero debo decir que esta crónica fue reescrita por mi amigo Juan Fernando Andrade[3], en base a la investigación que hice. La historia, al final, fue publicada por la revista Diners.

Y es que donde hay conflicto, hay buenas historias, pero cuidado: ¡hay trampa! Estas historias te pasan factura a nivel emocional y personal. Es decir, que si vas a buscar al diablo, lo vas a encontrar.

[1]             Esta novela, considerada la primera del género non-fiction novel o novela periodística, es mezcla de la inventiva del reportaje verídico con la inventiva de la ficción. A sangre fría es una seductora versión de los asesinatos cometidos por dos sociópatas en el estado de Kansas. Capote, al conocer la noticia, decidió investigar por su cuenta las circunstancias. Pasó seis años escuchando, haciendo cientos de entrevistas a vecinos, a los policías encargados del caso, a los amigos íntimos de la familia Clutter; en total, más de seis mil folios de información.

[2]             Capote (2005) es una película dirigida por Bennett Miller y protagonizada por Philip Seymour Hoffman, quien ganó el Óscar al mejor actor por esta interpretación.

[3]    Escritor, guionista de cine, cronista. Director adjunto de la revista Diners en Ecuador.

Puná Vieja, la tierra del Tin Tin 

Publicado en la revista MUNDO DINERS en Abril 2015, # 395.

Fotografía: Mauro Sbarbaro

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Hay rincones del mundo donde eso que alguna vez se conoció como “realismo mágico” limita hombro a hombro con las realidades de nuestro siglo, donde personajes como el Tin Tin o el mismísimo diablo conviven con adolescentes que consumen drogas desde los doce años y se reproducen por accidente. La isla Puná es uno de esos lugares.

 

Parte 1: La llegada

Las lanchas, impulsadas por tres motores fuera de borda, tardan menos de una hora en llevar pasajeros desde el malecón de Posorja hasta la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, frente al delta que forman el río Guayas y el estero Salado. El boleto de ida y vuelta cuesta cinco dólares. Al llegar, los pasajeros desembarcan en Puná Nueva, la esquina de la isla que de un tiempo a esta parte se ha convertido en un atractivo turístico con hoteles ecológicos a disposición de los viajeros, un puente futurista cuyo esqueleto de metal se alza como un arco que apunta hacia las nubes, aves marinas de todos los colores descansando en las copas de los árboles y delfines con nariz de botella haciendo acrobacias cerca de la orilla. Puná Vieja, donde se concentra la población de esta isla de más de 900 kilómetros cuadrados de extensión, está a una hora y media de distancia. Allí, el paisaje es otro. Allí, la historia es distinta.

 

Parte 2: Puná Vieja en plano general

El hedor putrefacto y jugoso de la basura acaba con cualquier rastro de brisa que intente siquiera llegar desde el río. La gente mira a los extraños con abierta desconfianza y les advierten, en un tono más bien amenazante, que se calmen, que no se preocupen, que nadie les va a robar. La miseria brota incontenible por las paredes cuarteadas de las casas y, como si se tratara de una especie de claustro para marginados, es imposible no fijarse en la cantidad de personas con deformidades físicas y niños con algún grado de retardo mental que vagan a paso relajado. Hay solo unas cuantas calles que han sido bendecidas con el manto del asfalto; muros donde se puede leer propaganda política de la primera campaña de León Febres-Cordero por la alcaldía de Guayaquil, ruinas arqueológicos que datan de 1992, y perros sarnosos, agonizantes, en busca de su última cena. La sensación térmica es que nadie quiere vivir aquí, que lo hacen porque no les queda otro remedio.

Puná Vieja foto de Mauro Sbarbaro

 

Parte 3: Una entre ocho mil

Los cerdos que resguardan la casa de Ángela Parra tienen, todos, una soga atada al cuello, una soga corta que limita sus movimientos a una sola maniobra: bajar la cabeza para seguir mojando sus hocicos en el lodo. Detrás de la casa, está el basural de Puná Vieja, el lugar donde desembocan los ríos de basura del pueblo, una redundancia en sí mismo. Ángela está sentada en un mueble de la sala de su casa, tiene una pose de matrona y un dolor de cabeza que piensa curar con un poco de café caliente. Más tarde, en la esquina de una cancha deportiva en decadencia, dos adolescentes que no pasan de los diecisiete años comen galletas, toman gaseosas: pierden el tiempo en silencio. Dicen que no van al colegio “porque ya casi nadie va”, que pasan el día durmiendo, viendo televisión y escuchando reguetón. “Pero eso no es todo lo que hacen”, dice Ángela, “también se drogan”. La edad promedio para empezar a consumir drogas en Puná bordea los doce años.

puna vieja foto Mauro Sbarbaro

Parte 4: La misión

Ángela Parra tiene una misión: rescatar a los jóvenes de Puná. ¿Rescatarlos de qué? Rescatarlos de Puná, ¿de qué más? Todos los años, Ángela reúne estudiantes que se hayan graduado de bachilleres y los ayuda a realizar los trámites pertinentes para que entren en la Armada Nacional. Esta, por ahora, parece ser su única salida. Allí pueden recibir educación y alimentación gratuita; allí, tras dos años de preparación, se convertirán en marineros, luego ascenderán a cabo segundo y finalmente, en un año más, se especializarán: serán hombres-rana, paracaidistas o comandos. Así, en 36 meses, un joven que estaba condenado a una vida que se repite como una propaganda maldita, la de los hombres que pescan por la madrugada y se emborrachan por las noches, puede, si quiere, si no es arrastrado por el peso de la costumbre y la envidia de los otros, cambiar un futuro que le había sido arrebatado incluso antes de suceder.

 

Parte 5: El pasado, la prehistoria

En abril de 1531, llegó a la isla el tristemente célebre Francisco Pizarro, que venía desarmando el imperio inca con la complicidad de pequeños cacicazgos golpistas. Los nativos, llamados tumbes o punáes, hablaban una lengua distinta a la de sus compatriotas, pues habían logrado, batallas mediante, mantenerse como una tribu autónoma dentro del imperio. La tropa ibérica, sin embargo, se impuso con violencia y dejó como embajador itinerante al obispo Vicente de Valverde, dominico de la Universidad de Salamanca y capellán castrense del conquistador Pizarro. Durante su primera estancia en Puná, Valverde ordenó decapitar a los caciques locales y derribar los altares para Tumbal, el dios de Puná. Su segunda visita, en 1541, no fue tan placentera. Los nativos lo asesinaron con armas hechas con una especie de vidrio volcánico llamado obsidiana. Luego, en una celebración caníbal, se lo tragaron pedazo a pedazo.

 

Parte 6: El presente, ahora

En este pueblo de aproximadamente 8.000 habitantes, no hay centros comerciales ni teatros ni cines ni taxis ni lavanderías ni oficinas ni mensajeros ni supermercados ni gasolineras ni bancos ni plazoletas ni cruz roja ni defensa civil ni hospitales ni restaurantes con terrazas al sol ni pizzerías ni yogur con pan de yuca ni carros ni semáforos ni señales de tránsito ni camiones recolectores de basura ni jugueterías ni boutiques ni centros de trabajo comunitario ni centros de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos ni federaciones deportivas ni asambleas de vecinos ni bibliotecas ni cursos vacacionales de arte ni conservatorios de música ni centros de educación superior ni institutos que ofrezcan carreras técnicas y rápidas ni consultorios o médicos del seguro social ni carreteras revolucionarias ni escuelas del milenio ni asociaciones que defiendan los derechos de los animales ni un repelente para el abandono.

 

Parte 7: El diablo

Si algo hay en este escollo del mundo, son demonios. En el parque de Puná Vieja, cerca de la iglesia del pueblo, donde los niños juegan montados en artefactos desfigurados por el tiempo y afilados por el óxido, máquinas capaces de producir cantidades iguales de alegría y tétano, Milithzy Yánez y Mairoli Ramírez, dos niñas de nueve años que estudian el quinto grado en la escuela Nahím Isaías, hablan del más famoso de sus vecinos mientras suben y bajan en un fierro crujiente. “El diablo se puede convertir en cualquier persona; a veces es un hombre alto, flaco, ojo verde; pero lo que nunca se puede sacar es el rabo”, dice Milithzy, y agrega: “Viene a llevarse gente. Se le presentó a mi prima Janeth, y a Yuli, otra niña, y dicen que a esa niña le salió un pájaro negro por la boca”. “Fue como hace un mes”, dice Mairoli, “yo estaba en la cancha y escuchaba cómo esa niña gritaba que Dios no tiene poder”.

 

puna foto Mauro Sbarbaro

Parte 8: El Tin Tin

Según la tradición oral, el Tin Tin es una criatura pequeña, una especie de duende que esconde su enorme cabeza bajo un sombrero de paja, tiene los pies al revés y un miembro tan grande que, dormido, le cuelga desde la cintura y se arrastra por el suelo como una serpiente parada de cabeza. Según los historiadores, este personaje fue una invención de las tribus del litoral ecuatoriano que, incapaces de relacionar las relaciones sexuales con la mágica aparición de sus crías, lo asumieron como el dios de la fertilidad (en chino, Tin significa Dios y refiere a un dios de dioses). Según los ateos, el Tin Tin era el pseudónimo que los sacerdotes que visitaban la isla usaban para explicar el incremento de mujeres embarazadas tras esas misiones donde regaban la palabra y, claro, el esperma (como la multiplicación de los panes y los peces en aquel monte cercano a Betsaida, digamos). Según Ángela Parra, el Tin Tin existe. Es más, ella lo conoció cuando era apenas una jovencita a la que le gustaba mucho pescar.

 

Parte 9: Después del atardecer

Amadita, Pepe Viche, Rosita, Ruta Azul, Peña Karaoke, El Reencuentro, El Pelucón, Don Chato y Foquito Rojo son algunas de las más de treinta cantinas que, pasadas las cinco de la tarde y hasta que el cuerpo aguante, reciben a los pescadores de la isla: hombres honrados y humildes de todas las edades que trabajan duro desde las horas más oscuras y silenciosas de la madrugada y luego, en una especie de venganza cargada de resentimiento y soberbia contra la solitaria jornada, beben procurando la amnesia temporal, como si quisieran olvidar que mañana, y pasado mañana, tendrán que pescar de nuevo. En la noche, borrachos y descamisados, estos hombres se pasean por las calles gritando y repartiendo golpes. En Puná, en toda la superficie de la isla, no hay más que tres policías, que, sabiamente, prefieren no interferir con las peleas entre los mareados para salvaguardar su integridad física. Es, por tanto, la ley de la selva.

Parte 10: Los chicos

Ulises Delgado, Jean Crespín, David Espinoza, Israel Gómez y Bryan Chávez son seis de los jóvenes que, con la ayuda de Ángela Parra y el magnate, filántropo y playboy Segundo Reyes Gonzabay, entrarán pronto a la Armada Nacional. “Aquí en la isla el peligro es caer en las drogas. Acá llega todo desde Balao, Naranjal o Guayaquil. Hay marihuana, cocaína, heroína, y también hay esa droga que llaman ‘cocodrilo’ (la alternativa barata a la heroína, una droga que, entre otros efectos secundarios, produce el desprendimiento de la piel)”, dice Ulises. “Aquí todos los días es sábado. Los niños a los doce años ya están bebiendo y consumiendo drogas, porque no tienen dónde distraerse”, dice Jean. “Los hombres se gradúan y se quedan a pescar. Las mujeres se gradúan con bombo (embarazadas)”, dice David. “Nosotros quisiéramos decirles que la felicidad no es la droga, no es el alcohol. Pero aquí no hay nada para reemplazarlo”, afirma Israel. “Aquí no hay nada. Hay un centro de salud sin pastillas ni médico, porque nunca son doctores, siempre mandan practicantes. No hay farmacia 24 horas. Si tienes un accidente, te mandan a Guayaquil, pero hasta que prestes gasolina te mueres. Hay gente que se ha muerto en medio viaje”, dice Bryan.

Parte 11: Últimas palabras

“Si se quiere prosperar, no hay más opción que salir de la isla. Aquí la gente es pobre de espíritu y de conciencia”, dice Ángela Parra, cuya hija menor, una joven de diecisiete años llamada Rosemarie, todavía no termina el colegio y está embarazada. Así, la magia imposible de Puná, esas historias de otros tiempos que parecen una broma del folclore, se unen con la inevitable realidad de la isla.

 

Parte 12: Lo que nunca se puede sacar es el rabo

En Puná Vieja dicen que “reciencito”, hace dos semanas más o menos, el diablo se volvió a aparecer. El hombre, blanco, alto y guapo, se presentó en un karaoke, pidió un par de tragos, miró a su alrededor y activó su radar. Según quienes lo vieron, quienes dicen que lo vieron y quienes escucharon la historia al día siguiente y la repiten como si ellos también lo hubiesen visto, horas más tarde, cuando la noche ya estaba sudada y encendida, el diablo estaba bailando perreo, rebotando sus caderas contra las caderas de una isleña sometida por el ritmo agresivo y animal del reguetón, y fue entonces cuando, después de una maniobra lujuriosa, la punta del rabo se le salió por debajo de la basta del pantalón y todos se dieron cuenta de que era el diablo y salieron corriendo. Y esas son las últimas novedades del pueblo.

 

  • Gracias a mi compañero Mauro Sbarbaro por acompañarme en esta aventura de la crónica.

 

 

 

 

El amor por los animales


Ilustraciones para pintar de Mauro Sbarbaro

 

Las mascotas de Dana 1Dana juega sola en la arena, excava un enorme agujero con su pala amarilla pensando que encontrará el castillo de algún enorme cangrejo. Acaba de cumplir los nueve años, y lo que más le apasiona es observar a los animales de cerca, incluso los bichitos más raros le parecen una obra de arte digna de ser admirada. Le llena de entusiasmo estar entre animales. El año pasado, sus padres la llevaron de vacaciones a Mundo Marino, el oceanario más grande de Sudamérica. Un oceanario es un parque temático que muestra la vida marina. Allí, Dana pudo nadar con los delfines, jugar con las focas, ver de cerca a los tiburones y las orcas, así como deleitarse con las gracias que hacen las gigantescas morsas y los lobos marinos.

Dana respeta a la naturaleza por sobre todas las cosas, y jamás le haría daño a un animal. Cuando ella encuentra algún caracol, estrella de mar o cangrejito, simplemente los mira atentamente para saber su comportamiento. En cambio, su hermano Julián, dos años mayor a ella, es todo lo contrario. Le encanta destruir todo lo que se mueve. Siempre anda con una resortera en la mano para dispararle a los pájaros, y ya ha matado a varias palomas. Todos los insectos le dan asco y los bichitos de la playa no le hacen la menor gracia. A él también lo llevaron a Mundo Marino, y se pasó jugando videojuegos en su tablet, no le interesaba en absoluto aprender sobre los animales. Hasta ahora, Dana nunca ha tenido una mascota, porque sus padres piensan que si tuviera una, se desviviría por ella y no prestaría atención a sus obligaciones escolares. Además, como viven en un departamento sin patio, la mascota no podría jugar libremente.

De pronto, en el profundo hueco que ha hecho, Dana ve a una diminuta tortuga que, al parecer, acaba de salir del huevo. Dana la pone sobre su mano y contempla, fascinada, cómo las pequeñísimas patas de la tortuga se mueven y, enseguida, todo su cuerpecito se mete dentro del caparazón. Dana la coloca sobre la arena y, entonces, la pequeña empieza a caminar en dirección al mar. Dana la va guiando con mucha delicadeza, con su voz y con sus manos para que no se desvíe, hasta que la tortuguita logra tocar el agua. Su hermano, que observa la escena a lo lejos, llega corriendo y pone, a propósito, su pie encima de la tortuguita. Dana empieza a gritar dando alaridos, llamando a sus padres. Su mamá viene corriendo.

―¿Qué pasa, hija? ¿Por qué gritas de esa manera? ―le pregunta. Dana está llorando.

―¡Julián aplastó a la tortuguita! Yo la ayudé para que llegara al mar, y él vino y la pisó ―dice Dana. Para esto, su hermano ya se ha ido corriendo. La madre y Dana buscan a la tortuguita en la arena, pero no la encuentran. Dana regresa a casa muy triste.

―Julián siempre hace estas cosas. Él es malo con los animales. ¡No es justo! ―le dice Dana a su mamá ya en su cama, antes de irse a dormir. La mujer se queda pensando qué hacer.

―Tienes razón hija. Vamos a hacer algo para que él aprenda a valorar a los animalitos ¿Quieres? ―le propone la mamá.

―Sí, pero ¿qué? ―dice Dana secándose las lágrimas.

―Verás… vamos a traer animalitos a la casa por un tiempo. No serán nuestros, sino que se los pediremos prestados a nuestros amigos o vecinos. Solo estarán una semana o dos, hasta que Julián aprenda a quererlos y luego los devolvemos. En ese tiempo, tú podrás ser feliz jugando con ellos, y cuidándolos. ¿Te gusta la idea?

―Sí mamá, eso me parece genial.

***

La semana siguiente, llegó el primer huésped a la casa de Dana. Se trataba de un perrito de la raza Schnauzer, que era de su mejor amiga. Dana corría por toda la casa con el Schnauzer persiguiéndola, mientras su hermano intentaba ignorarlos, aunque la curiosidad pudo más.

―¿Qué hace ese perro aquí? ―le preguntó Julián a su madre.

―Es la mascota temporal de tu hermana y tienes que respetarlo ―le contestó muy seria.

―Es un perro horrible, me da alergia, quiero que se vaya ―dijo Julián y se encerró en su cuarto.

Dana no se separaba del Schnauzer y lo llevaba al parque para que hiciera sus necesidades. Allí estaban los amigos de Julián jugando con la pelota y, apenas vieron al perro, se acercaron para acariciarlo y jugar con él. Le tiraban un palo y el Schnauzer lo traía de regreso. A todos les parecía muy gracioso. A todos, menos a Julián, quien, al ver que sus amigos también jugaban con el perro, se puso muy celoso.

―¡Quiero que ese perro se vaya de la casa! ―gritó Julián.

―Está bien, hijo, el perro se irá mañana ―le respondió la madre.

Lo que no sabía Julián es que dos días más tarde, llegaría a casa una perra Labrador de nombre Sasha, que era mucho más grande que el  Schnauzer y que, desde el primer día, captó la atención de todos los amigos de Julián, quienes trajeron especialmente un disco frisbee para jugar con ella. Dana no se separaba de Sasha, salvo para ir a la escuela. Por las tardes, la llevaba al parque y todos los niños se divertían mucho. Dana hizo más amigos que nunca gracias a la perra que se convirtió en la sensación del barrio por su gracia e inteligencia.

―Tu hermana es lo máximo, siempre trae nuevas mascotas ―le dijeron a Julián, y esto terminó por ponerlo furioso.

―¡Mamá, todos mis amigos me han dejado solo por irse a jugar con mi hermana y esa perra! ¿Cuándo se irá?  ―dijo Julián protestando.

―Mañana se irá ―le respondió su madre.

Sasha se fue, pero al cabo de una semana llegó a la casa Sammy, que era un Samoyedo, de esos perros que parecen lobos, totalmente blanco y de ojos celestes. Extrañamente, desde el primer momento, el Samoyedo captó la atención de Julián. Le parecía un perro diferente, como enigmático. Sin embargo, por orgullo, no se le acercaba. Casi se le caía la baba al ver cómo su hermana se divertía a lo grande jugando con Sammy por toda la casa y en el parque. Los amigos de Julián estaban felices también con el nuevo perro. Todos se divertían, menos Julián.

Un día, Dana se puso enferma, le dio un resfriado que la dejó en cama varios días. Entonces, la madre le pidió a Julián que sacara al perro al parque. Julián pensó que era una buena oportunidad para, al fin, poder jugar con Sammy sin que su hermana lo viera. Y así lo hizo. Esa tarde y las dos tardes siguientes, Julián jugó de lo lindo con el perro y sus amigos. Se dio cuenta de que la simple compañía de un animal podía darle una felicidad que hacían mucho tiempo no sentía.

De regreso a casa, Julián abrazó a Sammy y le dijo: “De ahora en adelante, eres mi mejor amigo. No quiero separarme nunca de ti. Gracias por llegar a mi vida y hacerme tan feliz”.

Al día siguiente, Dana ya se sentía bien así que retomó el cuidado de Sammy. Su hermano se le acercó y le pidió que, por favor, lo dejara a él también jugar con el perro. Dana se sorprendió de la insólita amabilidad de Julián, pero aceptó compartir al perro. Sin embargo, le dijo que Sammy pronto tendría que irse. Entonces, Julián fue donde su madre.

―Mamá, por favor, no permitas que Sammy se vaya. Él y yo somos muy buenos amigos, me hace muy feliz su compañía ―le pidió. Su madre también se sorprendió del cambio de su hijo, pero, por dentro, esperaba que esto ocurriese en algún momento.

―Lo siento, hijo. El perro no es nuestro, sólo lo estamos cuidado por un tiempo. En dos días lo tenemos que devolver ―le dijo su madre.

―¿Por qué me haces esto, mamá? ¿Por qué traes un perro para que me encariñe con él, y luego te lo llevas? ―le dijo Julián y se soltó a llorar. Entonces, la madre comprendió que, al fin, este perro había logrado el milagro de sensibilizar el corazón de su hijo hacia los animales.

―Precisamente por eso Julián, porque tú antes no querías a los animales, y gracias a Sammy ahora estás pudiendo comprender que ellos son como nuestros hermanos menores, y tenemos que amarlos y cuidarlos, nunca maltratarlos ― le contestó la mamá.

―Mamá, te prometo que nunca más volveré a maltratar a un animal, ni a un gato ni a un pájaro, pero, por favor, no te lleves a Sammy ―dijo Julián llorando.

―Me alegro de que prometas esto, Julián. Si lo cumples, te traeremos a una mascota para que sea tuya y la cuides siempre, pero Sammy no es nuestro y tiene que irse.

***

Al cabo de tres días, Sammy se fue de la casa y Julián se quedó llorando. Sufrió unas semanas, pero comprendió que los animales son seres amorosos que no merecen su desprecio, sino su cuidado. Se prometió a sí mismo nunca volver a dañar a ningún animal.

En vista de que su corazón ahora estaba abierto, sus padres le regalaron a Julián una visita a un lugar de adopción de mascotas. Allí, pudo ver a muchos perritos abandonados, que necesitaban un hogar. Julián se sintió muy triste al ver a tantos perros maltratados y pidió perdón en silencio porque antes él también los maltrató.

―Cuando sea grande, quiero tener un lugar como este para rescatar a todos los perritos que están en la calle. También podríamos tener a gatitos y a todos los animales que han sido maltratados ―le dijo a su mamá.

Ese día, Julián volvió a casa con una perrita mestiza o runa, a quien puso por nombre Tina. Ella se volvió su compañera inseparable, era quien lo despertaba en las mañanas, quien lo protegía en la calle y con quien jugaba en el parque. Compartía sus cuidados con su Dana y recuperó a todos sus amigos gracias a que Tina se convirtió en la mascota de todos.

Las mascotas de Dana 2

 

 

 

 

Introducción al libro “Las recetas de las abuelas”


LAS RECETAS DE LAS ABUELAS

Una historia que despertará tu creatividad culinaria

RECETAS

LAS RECETAS DE LAS ABUELAS trata sobre Martha, quien no entiende cómo es posible que su nieto Mauricio, de 14 años, prefiera cocinar antes que jugar fútbol o videojuegos. Rubén, el abuelo, no soporta verlo con un delantal puesto, pero a Mauricio ¡le encanta cocinar!

Cuando un día Martha enferma, debido a sus malos hábitos alimenticios, se desencadena el cambio que llevará a los abuelos a comprender cómo es alimentarse y vivir saludablemente.

Escrito por Marcela Noriega. Ilustrado por Mauro Sbarbaro y Galo Lapo

SERIE LEER ES MÁS

Con actividades de comprensión lectora.

Lectura recomendada para jóvenes a partir de los 12 años.

EDITADO POR ACADEMIA EDITORES

 

 

Gracias a nuestras abuelas

por enseñarnos a cocinar.

 

PRESENTACIÓN

Este libro tiene la intención de despertar el interés y la creatividad culinaria en los jóvenes lectores, pues quien aprende a cocinar a una temprana edad, está aprendiendo cómo alimentarse sin depender de otros en el futuro, lo que lo encaminará a ser una persona autónoma e independiente.

            Aprender a cocinar es algo que no todos los padres y maestros consideran importante. Sin embargo, las personas que crecen sin aprender a cocinar, ya de adultos, pasan serias dificultades. Siempre tienen que comer en la calle, o pagar para que otro les cocine, y esto afecta no solo a su bolsillo, sino también a su estómago y a todo su organismo, pues no hay nada más perjudicial para la salud que comer siempre afuera. Y nada más delicioso y sano que comer en casa la comida que uno mismo ha cocinado.

            Cocinar no sirve solo para aprender a alimentarse por sí mismo, sino también para reforzar los lazos de amor con quienes te rodean. Servir una nutritiva sopa caliente, hecha por ti, a tus seres queridos siempre será un bien recibido gesto de amor. Y cuando necesites sorprender o conquistar a alguien, en lugar de comprarle flores o hacer algo cursi, siempre será más divertido tomar un buen recetario y ponerte a experimentar con los vegetales y las especias.

            Cocinar ha sido visto durante demasiado tiempo como algo relacionado sólo al ámbito femenino. Sin embargo, ya podemos ver que los grandes chefs del mundo son hombres. Esos hombres que desafiaron el estereotipo de que la cocina es sólo para las mujeres, fueron un día niños con una curiosidad innata por aprender a cocinar. Tal es el caso del protagonista de nuestra historia: Mauricio, un niño de 13 años al que le encanta cocinar.

            En este libro recetas de la cocina italiana y ecuatoriana, pues Mauricio tiene abuelas de ambas nacionalidades. Y son ellas las que enseñan las recetas secretas al pequeño chef.

            Aprender a cocinar es algo que estimulará tu creatividad, te volverá más recursivo y  más consciente de lo que te llevas a la boca. Además, te permitirá conectarte, a través de los sabores, con tu propia cultura y con otras culturas que, en el futuro, podrás conocer.

La autora

 

 

Introducción al libro “Vivir para Contar”


VIVIR PARA CONTAR es un libro que motivará a los jóvenes lectores a volverse observadores de su realidad para luego poder contar historias apasionantes, inspiradoras y totalmente reales. Escrito por una cronista con veinte años de experiencia, su intención es que las nuevas generaciones se acerquen con ética y honestidad a los mundos que les interesan y apasionan.

SERIE LEER ES MÁS

Con actividades de expresión escrita.

Lectura recomendada para jóvenes a partir de 15 años.

EDITADO POR ACADEMIA EDITORES

VPC PORTADA

Bichos raros


BICHOS RAROS

BICHOS RAROS es un conjunto de historias que nos hablan de lo natural que es ser diferente, o de lo normal que es (o debería ser) hacer algo que los demás no esperan, pues todos somos un poco “raros” y es normal sentirse así. Pero ¿qué es ser “raro” en realidad? ¡Difícil cuestión, aunque tal vez los personajes de este libro nos ayuden a entender simplemente que animales y personas, todos bichos somos.

SERIE LEER ES MÁS

Con actividades de comprensión lectora.

Lectura recomendada para jóvenes a partir de los 12 años.

EDITADO POR ACADEMIA EDITORES

 

Escrito por Marcela Noriega y Damián Pavón (Buenos Aires, 1988) Viajero que se dedica a ir por el mundo para conocer nuevas culturas e historias.

Ilustrado por Mauro Sbarbaro (creativo, gráfico editorial y fotógrafo). Ha desarrollado técnicas como la Escultopintura. Ha incursionado en la fotografía microscópica digital, actualmente continúa su producción y trabaja independientemente). Y Vicente Gallart (Barcelona, 1970) dibujante e lustrador ecléctico que reúne influencias desde el cómic underground norteamericano al surrealismo.

 

Introducción al libro “Mamá: ¡estoy embarazada!”


La empatía es la capacidad que tenemos los seres humanos para sentir lo que el otro siente, para “ponernos en los zapatos” de alguien más. Les pido que utilicen esta capacidad para entrar en la historia de dos chicas de colegio, que viven el complejo drama del embarazo no deseado.

Acompañan a la historia imágenes de hermosos ángeles femeninos o hadas que han caído en el vacío y en la angustia de no saber qué hacer. Nos hablan de la intensidad del momento, y nos recuerdan que estas chicas son apenas niñas que ayer leían cuentos de fantasía en los que siempre los finales eran felices.

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Intentaremos darle a nuestra historia también un final feliz, pero antes hay quitar del medio el egoísmo, la falta de comprensión y el rechazo que suele generar este tema.

Cuando una chica de colegio queda embarazada se convierte en el centro de críticas, juicios y condenaciones. Los martillazos llegan de todos lados, empezando por sus propios padres para quienes la joven pasa a ser un foco de vergüenza, algo que deben ocultar del qué dirán.

Algunos padres se vuelven violentos, obligan a su hija a casarse con el hombre que la embarazó, sin considerar factores como la falta de amor real en esa pareja, que suele ser una relación basada en la inconsciencia, en el sexo casual y no en el compromiso y el respeto mutuos.

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Otros padres empiezan a tratar a sus hijas como si fueran unas desconocidas, les quitan todo su apoyo y su amor.

El amor de los padres debe ser incondicional. Ningún padre o madre que realmente ame a sus hijos puede dejarlos solos cuando más los necesitan. Sin contención emocional ni asistencia psicológica, una adolescente embarazada es presa fácil de la desesperación y depresión que solo empeora las cosas.

Algunas familias no tienen reparos en echar a la chica a la calle para que se las arregle como pueda, otras inclusive la obligan a abortar, algo que aumenta en gran medida el trauma. En general, las familias las hacen sentir las personas más miserables sobre la faz de la tierra.  ¿Acaso ellos no cometieron errores? ¿Acaso no son esos padres quienes inculcaron los valores a su hija? ¿No fueron ellos quienes impusieron el ejemplo?

Generalmente, las historias de los padres se repiten en los hijos cuando no se ha tomado consciencia y no se ha sanado internamente. Las chicas que viven embarazos no deseados suelen ser hijas de mujeres que vivieron lo mismo. Sin embargo, todos los dedos apuntan a las niñas, cuando el hombre que las sedujo, la familia y la sociedad entera también son responsables.

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Las chicas que viven esto ya tienen suficiente dolor con los cambios que implican un embarazo no deseado. Sus vidas se trastocan totalmente. Sus sueños se convierten en polvo. Sus ideales terminan en un cajón olvidado.

Los padres y los maestros no pueden convertirse en acusadores ni en jueces, más bien deben ser una luz encendida para que ellas puedan alumbrar su camino y logren salir adelante de la mejor manera posible.

Vivimos en una sociedad que condena a las menores embarazadas, cuando es la propia sociedad la que ha colocado en una situación de vulnerabilidad a estas niñas al negarles la información necesaria a tiempo. Sigue habiendo tantos tabúes sobre la actividad sexual de los jóvenes que los mayores eligen mirar para otro lado y no hacerse cargo.

A través de la publicidad, las películas, las canciones, las revistas, la televisión, los periódicos y las redes sociales se bombardea a la población, incluso a la infantil, con ideas de sexo sin compromiso, placer fácil sin consecuencias. Y luego condenan a las chicas cuando caen en la trampa.

A esta sociedad le falta sensibilizarse y desarrollar los verdaderos valores humanos, como son: la empatía, la compasión, la solidaridad, la comprensión, la comunicación, el respeto, el amor propio y el amor al prójimo.

En Ecuador, los adolescentes empiezan a tener relaciones sexuales demasiado pronto, alrededor de los 15 años, incluso antes. Esta es la causa de que este país tenga una de las tasas más elevadas de embarazo precoz en el continente. Esconder el tema debajo de la alfombra solo ha hecho más daño.

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Este libro intenta ser una voz de aliento para las chicas que atraviesan por esta difícil situación y una llamada a la reflexión para los jóvenes que inician su vida sexual. También, pretende ser una herramienta para que los educadores y los padres encuentren maneras de conversar de estos temas con sus estudiantes e hijos.

Consideramos importante poner el tema del embarazo adolescente sobre la mesa, para que sea abiertamente discutido dentro de las aulas de clase y también en las casas. Probablemente, cuando empecemos a hablar de esto, sin máscaras ni maquillajes morales, logremos cambiar esta cruel realidad.

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Todas las ilustraciones son de Mauro Sbarbaro

Pueden ver más de su arte aquí: https://msbarbaro9.wixsite.com/sbarbaro/

 

 

 

 

 

 

La autora

 

 

El camino de regreso


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Triangulamos el amor

El tú, el yo, el somos

El canto de los pájaros nos saca

de nuestro sopor edulcorado

Mantenemos la estirpe de guerreros

de la luz

Vamos en el camino sin dudas ni falsas ilusiones

Encajamos la certeza del corazón

en nuestro aliento

Un día más, otro instante

Somos la posibilidad de un ser completo.

 

 

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Sonreímos en el estado puro de la alegría

Volver a ser niños nos salva

de la seriedad del encierro

Ya no somos prisioneros

de juicios ni adulaciones

Dejamos atrás la codicia

y la necesidad de poder

para volvernos libres, fieros y eternos.

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Dejaste huellas imborrables

en árboles y rocas milenarias

para encontrar el camino de regreso

Pero el sendero nunca parece el mismo

una vez que te has perdido.

Todo es nuevo y atemorizante

Ni siquiera nosotros éramos iguales

Llevábamos espinas como peces

y hablábamos con roncas voces de gigantes

recién levantados

Una a una fueron apareciendo las marcas

pero sólo lográbamos verlas a solas, y en el silencio

Por las noches nos guiaban luciérnagas en vuelo

Por el día, el sol se combinaba con reflejos de ojos

compañeros

Ellos eran otras marcas, otros señuelos

Un día nos descubrimos desnudos y sedientos

rodeados de una perfecta brisa

sobre un manto de flores recién nacidas

Habíamos llegado al tercer cielo

Nos pertenecen nuestros errores

y los atajos que tomamos para evitar

caer en las trampas

Nos pertenecen nuestras heridas

nuestras mareas interiores

de las que surge un río grande

donde nadamos en libertad.