Bichos raros


BICHOS RAROS

BICHOS RAROS es un conjunto de historias que nos hablan de lo natural que es ser diferente, o de lo normal que es (o debería ser) hacer algo que los demás no esperan, pues todos somos un poco “raros” y es normal sentirse así. Pero ¿qué es ser “raro” en realidad? ¡Difícil cuestión, aunque tal vez los personajes de este libro nos ayuden a entender simplemente que animales y personas, todos bichos somos.

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Con actividades de comprensión lectora.

Lectura recomendada para jóvenes a partir de los 12 años.

EDITADO POR ACADEMIA EDITORES

 

Escrito por Marcela Noriega y Damián Pavón (Buenos Aires, 1988) Viajero que se dedica a ir por el mundo para conocer nuevas culturas e historias.

Ilustrado por Mauro Sbarbaro (creativo, gráfico editorial y fotógrafo). Ha desarrollado técnicas como la Escultopintura. Ha incursionado en la fotografía microscópica digital, actualmente continúa su producción y trabaja independientemente). Y Vicente Gallart (Barcelona, 1970) dibujante e lustrador ecléctico que reúne influencias desde el cómic underground norteamericano al surrealismo.

El siguiente es uno de los cuentos del libro.

DEMETRIO Y EL CASTILLO DE ARENA

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Demetrio es el niño más solitario de su salón. Aunque él siempre está dispuesto a ser sociable y agradar a los demás, los niños no lo quieren en sus equipos. “Estamos completos”, siempre escucha. Cuando ven que va llegando, las niñas en voz baja dicen: “háganse las locas” y si él les dice: “¿qué hacen?” ellas contestan, “Nada Dee-mee-triioo”, poniéndole énfasis y alargando su nombre al máximo. Esto hace sentir mal a Demetrio, que prefiere irse. Demetrio sabe que su nombre es extraño, incluso lo considera horrible, pero él no es su nombre. Las personas no se dan cuenta de que él no es su nombre.

Cuando la maestra ve a Demetrio en un rincón, porque algún chico se ha burlado de él, o incluso lo han agredido físicamente, ella va y les pregunta por qué han actuado así. Los chicos siempre dicen: “Demetrio es raro y quiere tocarnos”.

Pero Demetrio no es raro y no es verdad que quiera tocarlos, al menos no de una manera sexual. Demetrio es tan puro que ni siquiera piensa en esas cosas. Él tiene nueve años, pero su mente funciona al igual que un niño de tres, que apenas está descubriendo el mundo y todo le asombra. Y todo quiere tocar. Y no es que Demetrio sea discapacitado mental, él es mucho más inteligente y creativo que todos los demás niños juntos. Lo que pasa es que Demetrio tiene activados los dos hemisferios de su cerebro, izquierdo y derecho.

Demetrio se divierte solo. Siempre está jugando con los bichitos y hace muñecos en miniatura con todo tipo de materiales. También, sabe curar a los animales y aprende idiomas por las tardes. Demetrio no es bueno con el fútbol, pero sí es bueno pintando y escribiendo poemas. Demetrio no es raro, simplemente es distinto al común de la gente.

Demetrio no tiene hermanos, y siempre se siente solo. Uno de sus amigos es un gusanito que lleva al colegio para tener con quién conversar.

Un día, Demetrio estaba en la playa con sus padres. Hacía un castillo de arena con la maestría de un artista. Le había puesto los balcones y le había hecho una muralla para protegerlo de los invasores. A lo lejos, vio a un niño con un extraño objeto en su mano. Parecía como un bastón de ciego. Al lado del niño, había un señor anciano.

Quien se acerca es Luca y su abuelo Ángelo, que es un reconocido profesor y científico inventor. Ahora mismo, están probando un detector de metales que el profesor ha enseñado a construir a Lucas este verano. Caminan por la playa, en dirección a Demetrio. Cuando están cerca del niño, el detector empieza a emitir un pitido intenso. Los padres de Demetrio se han quedado dormidos debajo del parasol.

La perra de Demetrio también estaba soñolienta en la sombra, pero al escuchar ese sonido, se levanta y viene corriendo.

Piiiiiiiiiiii Piiiiiiiiiiiii Piiiiiiiiiiiiiiii

―¡Mira Luca! El detector ha encontrado algo. Parece estar debajo del castillo de arena.

―Así es abuelo, está justo debajo del castillo.

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Demetrio está a un par de metros y los escucha perfectamente. “¿Quieren derribar mi castillo? ¡No se los permitiré!” se dice a sí mismo, y frunce el ceño. El abuelo apaga el detector y se acercan a Demetrio.

―Hola, soy Ángelo y este es mi nieto, Luca. Estamos probando este detector de metales y acaba de sonar justo aquí en tu castillo de arena, que, por cierto, está precioso. Eres un verdadero artista ―dice el abuelo con sinceridad.

―Muchas gracias, señor, soy Demetrio ―le dice y le extiende la mano.

―Mira Demetrio, probablemente debajo de este castillo no haya más que la vincha de una mujer o cualquier tipo de chatarra, pero quizá también pueda haber enterrado un lingote de plata o cualquier cosa increíble. ¿Qué te parece si lo descubrimos juntos? con el compromiso, claro está, de que sea lo que sea que se encuentre, será solamente tuyo, por estar debajo de tu castillo  ―le dice el abuelo.

Demetrio se queda pensando. “Si dejo que destruyan mi castillo, tal vez descubra algo, en cambio, si no permito que lo destruyan, ellos se irán y yo me quedaré tan aburrido como siempre, y sin nadie con quién conversar”. Al cabo de un rato, Demetrio dice: “está bien, veamos qué hay debajo del castillo”.

El abuelo mete la mano, intentando no destruir demasiado el castillo, aunque toda la parte de la torre cae… Remueve un poco y, al cabo de un rato, saca ¡una llave!

Se trata de una llave antigua corroía por la sal, a la cual estaba atada un pedazo de cabo.

Demetrio parece decepcionado, es simplemente una llave, qué tiene eso de interesante. Como siempre, todo es aburrido. Pero Luca dice super emocionado: “¡Wow, una llave antigua, abuelo. ¿Sabes qué puede significar?”. Como buen aprendiz de inventor, Luca sabe que nada es lo que parece y las cosas más simples pueden esconder grandes descubrimientos.

El abuelo se queda pensando, y le dice a Demetrio: “¿Nos permitirías llevar esta llave a mi laboratorio? Y, de paso, si quieres, vienes con nosotros y te mostramos todos los inventos en los que estamos trabajando. Ahora estamos diseñando una máquina para detener el sonido. Se trata de un escudo electromagnético que puede protegernos de altísimos niveles de invasión sonora. Me presento más formalmente: soy el profesor en física cuántica Ángelo Demaggio.

―¡Wow! ¿en serio? ¡Me encantaría conocer su laboratorio, señor profesor! ―dice Demetrio, casi no pudiendo ocultar su emoción. Nunca recibía una invitación de nadie y ellos realmente parecían ser personas interesantes.

Demetrio fue esa tarde al laboratorio del doctor Demaggio y nunca dejó de ir, porque todas las cosas que descubrió allí lo llevaron a desarrollar mucho más su imaginación y su creatividad se disparó. Además se hizo muy amigo de Luca, se volvieron inseparables, y juntos empezaron a  inventar sus propias máquinas.

Demetrio sonríe. Mira la llave y se dice a sí mismo: “esta llave, que pensé que era inútil o inservible ha abierto la puerta de una verdadera amistad y de una gran aventura. Menos mal, permití que destruyeran el castillo”.

Demetrio se dio cuenta de que la llave significaba su entrada a un nuevo mundo, donde nadie lo juzgaba y, al fin, podía estar con personas como él.

 

 

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