Las recetas de las abuelas


ILUSTRACION 1

Ilustración Mauro Sbarbaro

CAPÍTULO I

EL HUERTO DE LA NONNA

Cocinar es una forma de decir “te amo”.

A Mauricio le encanta ir a casa de su abuela Sofía. Le dice “la nonna” porque ella nació en Italia hace muchísimo tiempo. Un tiempo en el que habían guerras en ese país y, por eso, ella y su familia buscaron refugio en el Ecuador, que es el mejor lugar para vivir, dice ella, pues la tierra es muy fértil, hay enormes reservas de agua, playas maravillosas, selvas y altas montañas.

La nonna era apenas una adolescente cuando llegó a Esmeraldas, la provincia más verde de todas. Vivió en Limones, un pueblito rural que se llama así porque los limones, en temporada, parecen caer del cielo como la lluvia. La nonna se maravilló de los enormes y antiguos árboles de toda clase que había en Esmeraldas. Ella decía que eran árboles tan viejos que parecían haber sobrevivido el Diluvio Universal. —“Ya no quedan árboles así en Europa”, comparaba. Y le fascinaban también las anchísimas playas, y el interminable océano en el que disfrutaba tanto bañarse.

La nonna fue muy feliz viviendo en Esmeraldas. Allí conoció a Enrico, otro italiano como ella, con quien tuvo un hijo llamado Diego, el padre de Mauricio. A Diego también le gustaba mucho cocinar, pero no pudo enseñarle nada a su hijo, pues cuando murió, Mauricio tenía apenas dos años.

A la nonna siempre le gustó el campo, y cultivar la tierra. Sigue una dieta vegetariana, es decir, basada en vegetales, granos, cereales y frutas, también come huevos, muchos huevos de gallina criolla y de codorniz. Tiene cerca de setenta años, pero luce mucho más joven.

La nonna es delgada y de baja estatura, pero fuerte. Ella siempre ha hecho ejercicio, y le ha encantado subir a los cerros, nadar en ríos, vivir al aire libre y, por supuesto, cocinar. Lleva el pelo corto y completamente cubierto de canas. Sus ojos son verdes y siempre sonríe. Cuando la nonna está seria, es porque algo realmente anda mal.

Además de las historias de Italia, de la guerra, de Esmeraldas y de las playas, que la nonna le cuenta, a Mauricio lo que más le gusta de visitarla es el huerto que ella tiene en la parte trasera de la casa. En ese huerto, la nonna siembra y cosecha de todo. Les pone especial cuidado a sus tomates, porque “hay siete mil plagas que atacan a los tomates” , repite siempre. Sabe cómo combatirlas todas, de manera creativa y natural. Nunca usa químicos en sus plantas.

Para combatir la plaga del gusano verde, la nonna le echa un preparado que hace con un ají y dos dientes de ajo. A las moscas, les pone un platillo amarillo para llamar su atención, y cuando se acercan al platillo se quedan pegadas en un líquido viscoso que la nonna hace. También combate las plagas de las arañas, de los escarabajos malos, de los caracoles, las babosas y de muchísimos bichos que no tienen nombre.

Cuando va, Mauricio se queda horas contemplando las vidas de aquellos pequeños insectos.

No creas que todos los bichos son malos. También hay insectos benévolos para los cultivos le explica la nonna, mirando con mucho cuidado si no se han subido los bichos malos a los tomates.

Sí ¿y cuáles son?

Pues son las abejas, las mariposas, las mariquitas, los escarabajos y las cochinillas buenas. También, me agrada la visita de los abejorros. Las que no me gustan nada son las avispas, porque las muy condenadas arrancan de tajo la planta que está naciendo y se la llevan quién sabe a dónde. Lo cierto es que jamás la vuelves a ver.

Mauricio se queda absorto mirando cómo el color de los insectos es semejante al color de las flores de las que ellos comen. Si una flor es roja con verde, el insecto tiene el mismo color. También, se fascina al ver cómo los enormes abejorros se introducen completamente en las flores más grandes, y de ellas sacan los dorados granos de polen que transportan en sus patas. La Naturaleza le asombra de tal manera a Mauricio que el tiempo pasa demasiado rápido cuando está en casa de la nonna Sofía. Mauricio se parece mucho a ella, por dentro y por fuera.

Mira Mauricio estos tomates los coseché ayer, son para ti —le dice la nonna entregándole una docena de tomates tan colorados y frescos que a Mauricio le provocó morderlos ahí mismo.

Gracias nonnina, me encantan los tomates de tu huerto. Saben realmente a tomates. En cambio, los que compra mi mamá en el supermercado son simples, no saben a nada —comenta Mauricio.

Eso es por tantos químicos que les echan. Con estos vas a hacer una perfecta pomarola. ¿Ya sabes hacerla? —le pregunta la nonna. La pomarola es una típica salsa italiana que se hace con muchos tomates frescos y se usa, por ejemplo, para poner de base a la pizza.

No, aún no. Lo intenté, pero creo que le eché demasiada agua —responde él.

¿Les quitaste la cáscara a los tomates como te enseñé?

¡Ay no! ¡me olvidé! Los cociné con todo.

No te preocupes, mi amor, practica y verás cómo un día haces mejor la pomarola que la propia nonna.

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