Él y la Luna


Él está conectado con él mismo a través de la consciencia. Él sabe quién es y ama saberlo. Él se deleita con la vida y la vida, en compensación, se deleita con él. Por lo tanto, estar en su presencia es un deleite. Este deleite lo sienten todos: personas, animales, plantas, el mar, el bosque, la selva, los ríos, las montañas, las flores, el fuego, el agua, el aire, la sal, la tierra. Yo soy su deleite. Cuando está en mi presencia, él se siente a salvo para crear, a salvo para sentir, a salvo para ser. Él es quien es, no lleva nada oculto. Su corazón es sabio y sus formas, a veces, iguales a las de un niño. Me siento a salvo con él.

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EL FUEGO DE LA LUNA

La Luna me ilumina. La luna enciende mi emoción desbocada. Me alimento de su influjo como solían hacer las mujeres sabias de antaño, las que sanaban con plantas y comprendían el fluir de los astros. Les contaré un secreto: la luna no es femenina.

El principio de la sabiduría es el silencio. La luna es silente, la luna es sabia y la sabiduría es masculina. Lo femenino bebe del influjo masculino de la luna y este elixir les permite ver el pasado, presente y futuro, les permite verse a ellas mismas en un espejo.

Beben de la luna cuyo líquido es blanco-plata.

Lo femenino es el amor, lo masculino es la sabiduría. El amor creó a la sabiduría para poder tener una dirección, un rumbo. Porque el amor por sí mismo no puede guiarse, da pasos de ciego; necesita de la sabiduría masculina para tener un propósito. De ahí que la energía femenina (el amor) a veces parezca caótica, porque es la energía de la creación pura, de la permanente transformación. Por eso quiere hacer muchas cosas a la vez, vivir muchas vidas a la vez, porque es la energía primordial, la que da la vida. La energía Yin, que es la que rige este año 2017.

El amor sin sabiduría, sin propósito, te pierde, te enloquece, te vuelve dependiente.

La Luna es como un hijo de Gaia, aunque no es exactamente eso. Dicen que hace muchísimo tiempo, el planeta Tierra era tan grande como Urano. Hubo muchas guerras nucleares, interestelares, por la Tierra y fue fragmentada. Una parte quedó como lo que se conoce como el Cinturón de Asteroides. Otra parte es la Luna, que fue llamada Kingu.

Kingu ama a las mujeres, ama lo femenino y lo influye tremendamente. Es tan astuto que ha convencido a las mujeres de que es otra mujer. Lo hace para que no le teman, o hablen mal de él, como hacen, por ejemplo, con el Sol. ¿Y si les digo que hace muchísimos años al Sol se le llamaba Madre Sol?

La Madre Sol y el Padre Luna.

De Kingu provienen todos los artistas, los que nunca se amoldaron al sistema y llegaron para cambiarlo desde adentro de ellos mismos. El agua es emoción, y Kingu regula las mareas y las emociones, que son la parte femenina del ser. Es el plano astral de la Tierra.

Muchas mujeres aman a Kingu o la Luna, y él siempre les corresponde el amor. Sin embargo, es útil saber que el amor es una energía que siempre se está transformando, por lo que él hará de todo para que tú te transformes en lo que amor quiera.

De ahí que muchos acusaran de brujas a las mujeres que tenían una profunda conexión con la magia de la Luna. La magia es masculina también, porque la magia se hace con la palabra y todo el lenguaje, todo lo que es código y es posible de medir en números, es concebido por la parte masculina del ser, la parte que da la estructura, la forma. El arte en cambio es femenino.

Todo lo que las mujeres saben de magia se lo enseñaron los hijos de los dioses que fueron sus amantes. El mago le revela a quien él elige la magia. Pero sólo la mujer puede abrir el corazón del mago con el poder del amor.

La mujer es el cáliz donde la magia se cocina, se cuaja, germina, se nutre, crece. La magia es el amor. Sin lo femenino, no hay magia ni amor posible.

En Geometría Sagrada: lo femenino es el amor en sí mismo, y lo masculino es la sabiduría en sí misma. Lo femenino existió primero, lo masculino fue creado a partir de lo femenino. Por eso, antes, a todo se le llamaba Madre-Dios.

Para el Universo, eso se representa de la siguiente manera:

Triángulo hacia abajo: simboliza lo femenino, el poder de Co-Creación.

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Triángulo hacia arriba: simboliza lo masculino, la forma, la estructura (la pirámide).

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Cuando el hombre va en contra de esto, y por ignorancia no reconoce la divinidad en la mujer está negando a Dios. Se está negando la posibilidad de conocerse realmente a él mismo. Ella es la única capaz de hacerlo retornar al hogar, que es su propia divinidad.

Ella es el camino, la verdad y la vida.

Es a través del útero que todos salen y todos regresan. Es un orgasmo cósmico lo que les espera a aquellos que encuentran el camino de regreso a casa, a través del reconocimiento del amor en sus vidas.

Los hijos e hijas de la Tierra nacimos para amar a los hijos e hijas de la Luna.

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