El pez dormido


Invención colectiva, 1934

Abrí los registros de mi consciencia y en ellos encontré un pez. Un pez diamantino, que parecía un ligero guiño, un ser procedente del mundo de lo pequeño. Este pez estaba encorvado, en la posición de un feto dormido. Intenté despertarlo, primero imitando una corriente de energía similar a la que provocaría la cercanía de una parvada de gaviotas sobre la superficie. Las gaviotas asustan a los peces pequeños, pero este pez no reaccionó. Al parecer, estaba desconectado del miedo. Entonces, intenté emocionarlo sentándome a su lado. Empecé a contarle la increíble historia de dos amigos que habían descubierto el significado de los símbolos que se encuentran en la explanada cerca de la playa Murciélago. Ahora no puedo detenerme a contar esta historia, porque debo despertar al pez. Sus oídos estaban cerrados herméticamente como la puerta de la casa de un cangrejo. Probé ahora haciendo ondas a su alrededor simulando la llegada de muchos peces de su misma especie, pero él no reaccionó. No podía tocarlo, porque elegí convertirme en espíritu para llegar a este lugar. Aclaro que todavía no sé a qué lugar he llegado. Se trata de una especie de caverna oscura en la que hay muchos objetos raros como lianas azules y rosas que cuelgan de los espacios, sin que ninguna estructura los sostenga. De pronto, una correntada de aire llega desde afuera y se percibe una luz a lo lejos. Lo único parecido a algo conocido por mí en esta cueva es este pez que está dormido. Al parecer, estamos atrapados, pero no sé dónde. Estas no son horas de ponerse a dormir. ¡Pez, pez, despierta! dime dónde es que estamos.

Mi voz retumba en las paredes de la cueva, realmente no sé si es una cueva, podría ser cualquier lugar oscuro. Tampoco sé cuál es mi tamaño, porque soy incorpórea, y de esta manera no tengo peso ni masa, soy como una circunferencia de luz, tan pequeña como este pez dormido, o tan grande como el océano en el que él no está.

El pez podría no estar dormido, podría estar muerto, lo sé. Ya lo había pensado, pero me he resistido a creerlo, pues eso significaría que yo podría también estarlo, debido a que estoy en la misma circunstancia que él y que, por ahora, no tengo peso ni masa, por lo tanto soy un espíritu. Pero si es así, si yo también estoy muerta como el pez, ¿dónde quedó mi cuerpo? Sin evidencia, no hay muerte. Prefiero pensar que el pez está dormido y que es mi misión despertarlo. Vaya misión.

De pronto, siento cómo descendemos, el pez dormido y yo, a la velocidad de un rayo. Escucho un ruido exterior y también un aleteo. La cueva se inunda de agua y entra en ella un pez más. Éste se mueve y abre mucho la boca, se revuelve dentro de la caverna como si pudiera evitar la muerte. Pasa un tiempo interminable, y el nuevo pez también se echa a dormir. Ahora confirmo que ambos están muertos. No tiene caso despertarlos. Estoy despierta al lado de dos peces inertes. Mi voz retumba dentro de la cueva.

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