Una hereje en la iglesia de la parafernalia


Crónica publicada en la Revista SOHO 2013, y en el libro CRÓNICAS de DINEDICIONES 2015

(http://www.revistasoho.com.ec/revistasohoecuador/?p=707)

 

Al hombre de barba lo azotan, lo escupen, lo latiguean, lo maldicen, lo crucifican. Una y otra vez, veo las imágenes proyectadas en una pantalla gigante, como en una trágica secuencia que nunca termina. Los creyentes no miran la pantalla. Se entretienen, despreocupados, en sus teléfonos, o se toman fotos para Facebook. Las mujeres van de taco, vestidas como para una fiesta, incluso algunos niños van de terno. Tres cámaras de televisión están listas para grabar todo lo que ocurra. Una enorme cruz resplandece en el escenario. La gente ha colmado cada rincón del templo y sigue llegando. Cuando van a dar las seis de la tarde en la iglesia Galilea, su pastor entra, trajeado y engominado, junto a su esposa. Los fieles aplauden, algunos de pie. Otros hacen fila para darles la mano. Todos ignoran al hombre de la barba.

La iglesia Galilea queda sobre una calle de ficus bien podados y enormes árboles de mango. En el moderno letrero que el Municipio ha colocado al inicio de la calle, se lee Guillermo Arosemena. Pero todos la llaman calle Cuarta, porque queda a cuatro cuadras de la Víctor Emilio Estrada, la principal de Urdesa. A la iglesia Galilea le pasa lo mismo que a la calle: la gente no la llama por su nombre. La conocen como “la iglesia de los famosos” o “la iglesia de los aniñados”, y se ganó ese título porque entre sus miembros están conocidos actores, presentadores y reporteros de televisión.

Fue fundada en 1974 en Urdesa, el barrio que durante décadas fue el más exclusivo de Guayaquil. Hace 26 años que Neyo Pin Rodríguez y su esposa Jeannet son sus pastores. Mal no les ha ido. No solo porque al día de hoy cuentan con alrededor de dos mil miembros, sino porque Galilea ya tiene tres iglesias filiales en Playas, Palmar y Vinces. Neyo y Jeannet también tienen un programa en la tele, llamado Plenitud de vida, transmitido los domingos por Ecuavisa Internacional.

 

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A las cinco menos cuarto, salgo de casa. Me pongo un vestido y unos zapatos decentes. Dejo la bici y me voy caminando. Un sol cálido me golpea en la espalda. Es una tarde tibia y húmeda. Por Costanera avanzo hasta la Rendón Seminario. Pocos autos, casi ningún peatón. Los garrapateros comen a gusto el fruto de las altas palmeras. Es extraño ir a una iglesia evangélica. Hace ocho años que no piso una. Soy una apóstata y hereje confesa. Pocos lo saben y algunos no me creen cuando lo cuento: fui evangélica desde los 18 hasta los 22 años.

Todo empezó cuando Pablo, el que por entonces era el amor de mi vida, se fue a vivir a Nueva York. Yo lloraba como una condenada día y noche. Me sobaba como una gata en celo contra sus viejas camisetas, soñaba con ir a verlo. No tenía sosiego. Hasta que un día la tía evangélica que nunca falta me dijo, con sus artes de vendedora de leyendas, que Jesús me amaba y que tenía un plan para mí.

iglesia-parafernalia-3Una cosa llevó a la otra. Lo siguiente que me acuerdo es que empecé a ir a reuniones en las que el pastor Francisco Loor predicaba. No me pregunten por qué, pero esas reuniones se hacían en los elegantes salones del Hilton Colón. Cuando ya éramos muchos los patos, alrededor de 50, el pastor dijo que sería buena idea formar una iglesia. Una nueva hija de las Asambleas de Dios, una organización que en Ecuador tiene aproximadamente 700 templos. La matriz de Guayaquil queda en el centro, en las calles Luque y Rumichaca. Solo en esta ciudad, esta iglesia cuenta con 60 filiales.

Avanzo por Las Monjas hasta la calle Cuarta. Llevo mi Biblia en el bolso, como en las viejas épocas. Me acuerdo de un día en que iba a la iglesia, y un ladrón me agarró por detrás y me tapó la boca con su mugrosa mano para impedir que gritara. Me quitó el bolso y, al ver que yo solo llevaba la Biblia, me miró consternado. Me la devolvió y se fue con la cabeza gacha. Muchas de sus páginas están marcadas con resaltador rosa. Durante cinco años estudié a fondo la Biblia. La leía por mi cuenta todos los días, pero también asistía una vez a la semana a estudios bíblicos. Esos eran estudios aburridos, pero mi tía, que es una experta en geografía e historia de los pueblos antiguos, me proporcionaba otros que ella misma hacía sobre Israel, el fin del mundo, los ángeles o los demonios. La depresión por la ida de Pablo se me quitó.

Al poco tiempo, me puse a trabajar para la iglesia. Dirigía una célula en mi casa. Las células son el sistema básico de multiplicación de las iglesias evangélicas. Así se propagaron también otras cosas, como el nazismo. Yo reclutaba a los vecinos, les enseñaba la palabra y les daba chocolate. El siguiente paso era llevarlos al templo. Ahí ya se encargaba el pastor de adoctrinarlos y cobrarles los diezmos. También fui profesora de escuela dominical, guionista de programas cristianos y predicadora a toda hora.

Llego a Galilea y está repleto. Viene tanta gente a este templo que ya están construyendo uno mucho más grande y elegante en la vía a Samborondón. Han crecido mediante un método infalible: no tener simples fieles, sino colaboradores que trabajan gratis para ellos. Yo lo hice y sé cómo funciona.

Saludo con una excompañera de la universidad que es reportera de televisión. Me arrimo a una pared y enseguida dos mujeres se ubican a mi derecha e izquierda. La una mira el celular, la otra me da la espalda. Canta Marcos Witt una canción que dice: “Déjame hoy besar las heridas de tus manos y tus pies. Las heridas que pecando provoqué. Déjame reclinar mi mejilla en tus espaldas y llorar. Por haberlas lacerado en mi maldad”… Marcos Witt es uno de los cantantes cristianos más famosos, ha ganado cinco Latin Grammy y le encanta predicar sobre cómo volverse millonario.

 

El día en que me bauticé, el pastor Francisco Loor me preguntó con voz muy seria si realmente quería renunciar a Satanás. Había mucha gente mirándome y otra gente en la cola, esperando su turno. Yo contesté que sí. Estábamos en una piscina para bautizos que hay dentro de la iglesia de Luque y Rumichaca. Me sumergió la cabeza en el agua. Al salir, yo me puse a llorar. Mi tía dijo que era el Espíritu Santo.

Se formó la nueva iglesia. Quedaba en Hurtado entre Esmeraldas y Los Ríos, en un cómodo y amplio edificio. En el piso superior, quedaba el canal 46, que pasaba todo el día programación evangélica. Alguna vez escribí los guiones de una revista familiar y hasta salí en pantalla haciendo entrevistas. Cuando grababan el programa de la siembra y la cosecha, el canal se llenaba de gente que, de todos lados, traía sus cosas para ofrendar al Señor.

El pastor de la iglesia era un hombre muy delgado y de voz ronca que le gustaba insistir en lo necesario que es bendecir a Israel y a Estados Unidos. Le parecía importante que los fieles aprendieran hebreo. No es raro que un pastor evangélico predique con las banderas de Israel y Estados Unidos a sus espaldas.

La historia del amor de Jesús es solo el enganche. Pronto llegaron las exigencias y la teología de los evangélicos. Dar el diezmo (el 10% de cuanta ganancia uno tenga) es obligatorio. Es como pagar la cuota del club, solo que aquí no hay piscina ni diversión. Presionaban a las personas para que pagaran el diezmo publicando en las carteleras las listas con los nombres y los montos pagados. Las ofrendas eran aparte. El discurso amoroso de Jesús se cambió por el temor a Jehová y su extensa variedad de castigos. Jehová es un dios que no tolera a los desobedientes.

Estaba prohibido tener sexo, escuchar música que no fuera cristiana, leer libros mundanos, tener un novio de otra religión, ir a fiestas. Empecé a vestirme con largas polleras y a oler a formol.

Siento mucho haber arrastrado a mi hermana y a mi madre a esto.

A los 20 años me enamoré de un chico católico, hermano de una amiga. En la iglesia me dijeron que esa relación era imposible. Él debía hacerse evangélico si quería estar conmigo. Él lo intentó, pero no era justo obligarlo. Recuerdo cómo las mujeres oraban para alejarlo de mí, diciendo que él era hijo de Satanás. Y cómo el pastor me presionó para que aceptara salir con un miembro de la congregación. Antes de que cumpliera los 22 años, mi padre murió. Mi hermana, menor a mí por dos años, mi madre y yo nos quedamos en el aire. Ninguna trabajaba. La tierra se abrió y nos tragó. Recuerdo que un día después de su muerte, fuimos al culto, y la gente llenó una canasta con cosas como latas de sardina o galletas. Nunca me sentí más humillada. Después de eso, la Iglesia nos dio la espalda. Si íbamos, nos exigían que pagásemos los diezmos. Y nosotras no teníamos ni para comer. Menos mal, reapareció mi amigo y durante ocho meses, él nos sostuvo. En la Iglesia le dijeron a mi madre que me estaba vendiendo por un plato de comida. Mi madre entró en una depresión terrible. Fueron épocas duras, pero me sirvieron para entender la magnitud de todo.

La última noche de mi padre, mientras él agonizaba en el hospital, el pastor fue a    nuestra casa y, con un combo, derribó el altar a la Virgen de la Medalla Milagrosa que mi padre había hecho con sus propias manos. Dijo que, si no destruía el pacto con la idolatría, él moriría. Al día siguiente, cuando murió dijo que yo no había orado con suficiente fe.

***

iglesia-parafernalia-2“Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá”, se lee en la pantalla. La gente registra lo que ocurre en el escenario con sus teléfonos y tabletas. Sale a escena Neyo Pin, pero todavía no predica. Aparece para decir que es el momento de honrar al Señor con los diezmos y las ofrendas. Automáticamente, la gente abre las carteras y saca el dinero. Algunos entregan sobres, otros billetes de cinco, de diez, de veinte. No se levanten, hermanos, dice el pastor, alguien pasará por sus puestos. El movimiento dura unos diez minutos.

De repente, colocan tres cruces gigantes sobre el escenario. Atados con cuerdas, tres actores que representan a Jesús y los dos ladrones. El ladrón de la izquierda es el actor Héctor Garzón, quien se hizo famoso en la legendaria serie Mis adorables entenados. A las iglesias evangélicas les encanta el teatro. Recuerdo que escribí dos guiones, uno sobre la Navidad cristiana y otro sobre la Pascua judía para un grupo evangélico. Las obras se presentaron varias veces con teatro lleno en el Centro Cívico. Supe, además, que las habían llevado a otras ciudades. A pesar de que las escribí, nunca me dieron el crédito y tuve que pagar la entrada para poder verlas.

A continuación, aparece el actor Marcelo Gálvez haciendo el papel de Pedro arrepentido. La gente le toma fotos con sus smartphones. Luego, es el turno de una María Magdalena destemplada. Le sigue un baile de personas disfrazadas de ángeles. Los pies están por estallarme. El pastor empieza a predicar. Terno café, reloj resplandeciente, anillo de oro. Empieza diciendo: “En el boletín dice: de muerte a vida. Diga conmigo: de muerte a vida”. La gente repite las veces que él quiere. “¿Me dicen Amén a eso?” La gente dice: “Amén”.

El pastor explica que el hombre no tiene gracia, pues la gracia proviene de Dios. Y que es la fe lo único que tiene el hombre para acercarse a Dios. De la mujer no dice nada. Dice también que la fe es superior a la razón. Sus palabras me revuelven el estómago. El pastor vuelve a pedirle a la gente que repita cosas como en la escuelita. “Diga: yo soy buena semilla”. Los fieles dicen: “Amén”. Al final, les advierte que deben estar siempre alertas, porque “el diablo siempre nos pone el pie. Le hace creer que usted vive en la normalidad de antes. Pero no: usted vive en la nueva normalidad, la que viene del cielo”. Por si acaso alguien dude, al final aclara: “Esto no es ninguna arenga. Es la realidad”.

Termina el discurso con la gente aplaudiéndolo de pie. Pero aquí no acaba el culto, porque aparece un coro de unas 25 personas vestidas con túnicas como las que usan los cantantes góspel, con filos dorados y una gran cruz en el pecho. Inexplicablemente cantan en inglés. Son más de las ocho de la noche. Decido que ya fue suficiente tortura, cuando salen a escena los mismos cantantes del inicio que entonan una canción en la que le hablan al diablo. Le dicen muchas veces: “Diablo, la sangre de Cristo está contra ti”. Y siguen con una más movida, en la que dan brincos. Marcos Witt tiene una versión rap de esta canción que dice: “Salta para Cristo, salta salta, salta para Cristo, solo a él. Salta para Cristo, salta salta. Salta para Cristo, solo a él”. Me voy entre gente que da brincos.

Salgo y me compro un helado. Me voy caminando por Las Monjas, sintiendo cómo el aire me mueve el pelo, dando gracias como un preso por la libertad.

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Un comentario sobre “Una hereje en la iglesia de la parafernalia

  1. Hola Marcela.

    Me llamo la atención en el titulo la palabra “hereje”, ingresé y me parece muy interesante el escrito, sobre todo aleccionador sobre como no tratar a nuevos creyentes o como manejarnos en iglesias Cristianas.

    Creo que durante su estadía en Galilea en algún momento debimos toparnos, pero como la gente va y viene, no profundizamos en el conocer gente o mejor dicho desaprovechamos esa oportunidad de conocer personas que son ricas en experiencia e ideas, independientemente de sus credos status o estudios.

    Quería agregar algunos detalles a su escrito.

    – de las Iglesias Filiales que Usted menciona, solo Playas depende de Galilea directamente, ya que sin temor a equivocarme sus ingresos por diezmos no pagan los gastos básicos de agua luz, etc. Las otras 2 congregaciones Vinces y Palmar nacieron por el agradecimiento a Dios de parte de sus fundadores, personas que conocieron el evangelio de Cristo y quisieron ser recíprocos con las poblaciones que los vieron crecer. Estas congregaciones dependen exclusivamente del aporte de sus fundadores y no de Galilea.

    – El templo que menciona en vía Samborondon, es un proyecto, no se ha empezado a construir nada y esta en la visión del Pastor.

    – El énfasis que hacen algunas personas que dicen predicar el evangelio de Cristo en el dinero, Diezmo, Ofrenda y en encapsular un mensaje de un Dio$ Genero$o cuando abres tu corazón (léase billetera) a cambio de Ofrendas o bienes, es un problema con el que la humanidad ha lidiado desde su nacimiento, no olvidemos que el Señor Jesús fue al templo y los latigueo por ese motivo, de ahí luego la “santa inquisición” las indulgencias y demás. Hoy con la ayuda del Internet proliferan cientos de engañadores que a cambio de orar o bendecir piden $$$. y claro hay miles de personas engañadas. Ese no es el caso de Galilea ni de muchas otras Congregaciones que cada semana predican mensajes de esperanza, paz, sanidad y fortaleza a quien acuda a escuchar. De hecho hay un movimiento creciente de Pastores e iglesias que van en otra dirección.

    – el trabajo que Ud realizo en cuanto al escribir los guiones u obras interpretadas, Créalo tiene un pago asegurado, por que Usted invirtió su tiempo y talento al servicio de Cristo, y el Señor no es deudor de nadie. Es una pena que quienes aveces están al frente de los eventos o administrando no se den el tiempo de agradecer o dar el espacio para elogiar a los que colaboraron, y eso es algo que no solo pasa en la iglesia sino en la vida diaria, la GENTE no es agradecida, todo lo da por sentado. Le extiendo mis disculpas y le agradezco por que el profesionalismo que se visualizo en los programas fueron de lo mejor.

    Marcela, lamento profundamente que Usted haya experimentado todo esto, pero se que Dios en su infinita misericordia ya ha ido sanando su corazón, por que El es bueno. Y si, como dice el pastor, el hombre no tiene gracia, por que nace con una natural inclinación a la maldad, es la verdad. Como se que ud es una mujer que lee e investiga, la invito a que busque.

    http://www.thegospelcoalition.org o http://www.coalicionporelevangelio.org

    Se por lo que ha escrito que esta definida en su posición religiosa, pero apelo a su innato sentido investigador a que lea algún artículo de estas páginas.

    un cordial saludo. david

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