El miedo y el amor


Lo que buscas, te está buscando. 

Lo que no agradeces, no lo ves.

Lo que no indagas en ti mismo, son dones que no crecen.

Lo que siembras en la sombra crece y es un árbol, y todos lo ven.

Lo que siembras en la luz crece y es un árbol, y todos lo ven.

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¿Has visto lo doloroso que es querer poseer o, peor aún, pretender o esperar que alguien cambie? ¿Has visto lo dolorosos que son los celos, las angustias de no saber si esa persona se quedará contigo, si pensará en ti, si te echará de menos, si estará con otra? Basta con que no te llame o no te conteste el teléfono para que entres en pánico. Piensas que el origen de ese malestar es el miedo a “perder” a esa persona, a no ser correspondido, o ser abandonado por ella, pero el origen es tu propia inseguridad, tu falta de amor propio, tus carencias y heridas infantiles más profundas saliendo a la luz.

A ese miedo, a ese dolor, lo hemos confundido y lo hemos llamado amor. Por eso, hemos creído que el amor duele. Cuando alguien no nos ama como nosotros pensamos que debe amarnos, creemos que nos duele el corazón, pero lo que nos duele realmente es el ego. Lo que nos duele es que no se haya cumplido la expectativa que nosotros teníamos de ese amor. Esa expectativa tiene relación con el futuro y ha sido fabricada por nuestra mente, basándose en toda la información previa que guardamos sobre el amor en nosotros. ¿Qué viejas ideas tenemos sobre el amor? ¿Seguimos creyendo que alguien podrá amarnos aunque nosotros no nos amemos?

El amor no tiene expectativas. El amor exige vivirse en el presente. Es imposible que alguien te ame y permanezca junto a ti, si tú no te amas primero. El amor es lo más puro que hay en ti. El miedo es lo más oscuro.

El miedo proviene del inconsciente, de lo que no hemos logrado trascender. En cambio, el amor proviene del corazón, es decir, de la consciencia, de lo que ya hemos trascendido. Nos encontramos llorando y diciendo “lo amo”, no lo quiero perder, cuando en realidad estamos diciendo “tengo miedo”, “no soy capaz”, “no puedo”. Entramos en estados de confusión, no entendemos nada, sentimos que sin esa persona nos morimos, y no se nos ocurre otra cosa que llamar a ese cúmulo de emociones negativas AMOR, cuando el amor es todo lo contrario. El amor genera paz, confianza, armonía. El miedo genera dolor, inseguridad, culpa. No hemos sabido distinguir ni gestionar nuestras emociones. Hemos llamado las cosas al revés. Por eso, nos hemos dado siempre contra la misma piedra. El amor y el miedo son opuestos. Y si tú has querido o quieres poseer o controlar a la persona que dices amar, si vives celando o desconfiando, es muy simple la historia. Eso no es amor, es miedo. El amor te libera, el miedo te ata.

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