Mundos paralelos


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—¿Cuál es su oficio?

—Construyo mundos paralelos.

—Por ahora, las vacantes para constructores de mundos paralelos están cubiertas. Tal vez, usted podría trabajar como podadora de memorias. Le cuento que este trabajo es muy interesante y hay quienes dicen que será el oficio del futuro.

—No me diga. ¿Y en qué consiste?

—Bueno, es difícil que yo se lo explique en este momento. Es algo muy complejo, y para poder trabajar en ello, de cara al público, primero tendría que seguir un curso intensivo.

—¿Cuánto duraría el curso?

—El curso podría durar de tres minutos a tres años. El tiempo de duración es relativo, eso depende de cuánto empeño ponga usted en aprender. Mientras más rápido usted asimile, más rápido iremos nosotros.

—Dígame un poco en qué consiste el trabajo, primero, para ver si me apunto al curso.

—Para explicárselo le pondré un ejemplo. Imagínese que usted acaba de nacer el día de hoy, exactamente hace tres segundos. ¿Qué cree usted que estaría haciendo?

—No sé, imagino que estaría llorando.

Muy bien. Pues imagine que usted está llorando por la incomodidad de ver la luz, porque la han sacado de su cómodo y oscuro lugar. Ahora, imagínese que muchas memorias suyas están marcadas por el llanto de un bebé. O mejor dicho: por su llanto de cuando era una recién nacida. Cuando su novio la dejó, por ejemplo, sin que usted se haya dado mucha cuenta un hilo finito, el hilo que ata todas las memorias, ató el recuerdo de ser arrancada de su cómodo y oscuro lugar, a su situación actual. Y usted, probablemente, lloró con la misma intensidad y casi de la misma manera. Como si volviese a ser una bebé arrancada de un útero. Y esto ocurre también con otros eventos. Mientras más inmaduros somos, más cosas, incluso cosas en apariencia insignificantes, nos regresan una y otra vez al origen de las lágrimas: nuestro nacimiento. Esto le pasa a las personas que no han sabido podar sus memorias. Ellos viven cada situación como una repetición de algo ya vivido, algo siempre doloroso. Así, no pueden aprender nada nuevo, por tanto, dejan de crecer. Son como árboles enfermos que no dan frutos. Por eso, las memorias deben ser podadas. Algunas deben incluso ser arrancadas de raíz, pero ese es otro trabajo para el que usted aún no está preparada.

—No lo había considerado. Cuénteme más.

—Sólo le diré que si usted aprende cómo podar sus propias memorias, y eso lo aprenderá haciendo el curso, entonces tendrá la facultad de ver el origen de sus lágrimas.

—¿También podré ver el origen de las lágrimas de otros?

—Claro, porque de otra manera, sería imposible realizar el trabajo. ¿Le interesa?

—Sí, me interesa. ¿Cuánto cuesta el curso?

—Eso lo decides tú.

—¿Lo decido yo?

—Sí, tú decides lo que te costará.

—Bueno, no importa cuánto cueste, quiero tomarlo. Pero ¿por qué hace un rato me hablaba de usted y ahora me habla de tú? ¿Qué ha cambiado?

—Todo ha cambiado. Desde que empezamos a hablar, todo cambió. Desde que entraste a este lugar, estabas haciendo el curso. Pronto, te darán la clave para acceder a las memorias.

 

 

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Un comentario sobre “Mundos paralelos

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