Antes del atardecer


before_sunset_7-958x400
Un tren que viajaba por Europa los unió. Pero pudo ser una calle de Buenos Aires, una librería, un concierto, un parque de diversiones, un cine. El espacio es lo de menos, lo que importa es el encuentro. Ella se llamaba Celine y él Jesse. Pero ella se pudo llamar Mariana y él Nacho; ella Marcela y él Eduardo; ella Cecilia y él Rodrigo.

Quedaron en encontrarse seis meses después en Viena. Pero pudo no ser así. Pudieron quedar en un bar de San Telmo, en la estación de Retiro, en la placita del Obelisco, o en una banca de los bosques de Palermo. Él fue a la cita, y ella no. Pero pudo ser al revés: pudo no ir ninguno, pudieron ir ambos y no verse, pudieron morirse antes de ese día; eso no importa. Lo que importa es el desencuentro.

La película se llama Antes del Atardecer. Pero pudo llamarse “Un tranvía llamado deseo”, o “La cita”, o como sea, incluso pudo no tener nombre. Es más, pudo no ser película. Pudo ser realidad; una historia contada entre nosotros, entre amigos, una simple historia de amor de estos días.

El director del filme es Richard Linklater. Pero ¿qué tal que no tuviera más director que el mismo destino? Que la película hubiera transcurrido en nuestra propia habitación. Es más: qué tal si está transcurriendo ahora mismo. Que nos estemos encontrando o desencontrando con alguien en este mismo momento. Que alguien se nos esté aferrando, o que alguien se nos esté escapando.

En Antes del atardecer, Celine y Jesse vuelven a encontrarse. Casi en tiempo real, vemos a los protagonistas pasear por el París estival, sumergiéndose en conversaciones infinitas, llenas de melancolía, acosados por el tiempo que se escurre. La sensación del encuentro y el desencuentro es tan universal que la llevamos clavada como un alfiler, que nos escarba y nos atraviesa, que nos
hace pensar que esa ficción llevada al cine es parte de nuestra vida.

¿Has sentido cómo se escurre el tiempo cuando estás junto a la persona que deseas? Cómo la melancolía te contiene aún antes de que se separe de ti, y el tiempo no se detiene, y los minutos pasan, asesinos, crueles, disparatados, como una bomba que te estalla en la cara.

El tiempo es lo más real que existe, lo más real y lo más violento, lo más violento y lo más abyecto. Nos deja desnudos en medio de una habitación, nos deja expuestos al silencio, a la cólera de los recuerdos. Sólo el tiempo ordena cuándo se suceden los encuentros.

Anuncios

Un comentario sobre “Antes del atardecer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s