El relato


Un_hombre

Leía un relato escrito por un amigo en la sala. Los párrafos se sucedían como enrevesadas escaleras de pensamiento, eran escalones resbaladizos que llevaban a estados de angustia y ansiedad, tan comunes por éstos días. Algunos escritores, los buenos, muestran su insania desde el primer párrafo. Está muy bien decir quién es uno de entrada, así no hay pérdidas de tiempo. Viajé por sus memorias, intentando abarcar sus metáforas, comprender sus silencios. De pronto, se abrió la piel. Lo vi desnudo por dentro. Su interior más oculto se exponía con toda su pelambre crecida, su suciedad viscosa, su necesidad de afecto. Su cuerpo se estremecía delante de mi mirada impávida. Veía cómo golpeaba su cabeza contra una pared gruesa. Estaba acorralado. Me llevó por espejismos de palabras, laberintos de piel. Me colocó justo en el centro de sus entrañas. Yo no quise resistirme. Nunca lo hago, prefiero verlos a todos desnudos. Me entiendo poco con las máscaras, me relajo con los espíritus. Cuando vi a la soledad transportarlo muerto en su espalda, llegué al final del relato.

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La espera


eli cincotta

Piedad camina con un bañador negro por la arena aún tibia. El sol está por caer;  el naranja azulado del fondo va desapareciendo, igual que sus ansias por volver. Quisiera permanecer intacta, así como la observa aquel hombre de lentes y barba que ha detenido la lectura de su libro para repasar el cuerpo inquietante y moreno de Piedad. Ella coloca su toalla a unos seis metros de él, y se recuesta bocabajo. La playa está casi vacía. Piensa en Pablo y en lo que le espera a su regreso. Siente la incómoda tela del bañador apretando. Ya sabe cómo es la vida junto a él, pero espera que algo, repentino, inesperado, suceda. Desea con todas sus fuerzas que la distancia haya provocado el deshielo. Que él haya logrado extrañarla. Pasa del optimismo a la tristeza en la brevedad de un suspiro. No sabe qué sentir. La verdad es que cuando no hay pasión la vida se va gastando como una vela, en silencio, y más rápido de lo que podemos comprender. Ella sabe que él la quiere, a su manera. Una manera austera, sin aspavientos ni besos matinales, con la desidia con la que aman los hombres amurallados. Ella quisiera que un día él le dijera cuánto la ama, cuánto ha deseado tener cerca su cuerpo, o que al menos la besara delante de todos. Una y otra vez ella ha esperado ese momento.

El cielo se extiende limpio y se oscurece delante de Piedad. La belleza tiene algo de opresivo. Las lágrimas quedan para mañana. No hay razón para llorar delante del mar.

Yo soy la nada


diosa

Yo soy la nada

Una medusa en el océano que flota como una esfera de luz

Yo soy la nada

El vuelo de un ave en primavera

El violeta en los contornos de la flor

La música del violín en la callecita

Yo soy la nada

El amor y sus confines

El resplandor encendido que lentamente se oculta detrás de las montañas

La lengua de sal que lame las costas

Yo soy la nada

El minúsculo pensamiento de una diosa

La creación y la destrucción que ella crea, todos los días

El nacimiento, la vida, la muerte, el renacimiento, hecho silencio

Los días de la diosa son largos, un ciclo de eternidad completo

Cada segundo nuestro multiplicado por una luna naciente

O veinte y seis mil millones de lunas llenas

Yo soy la nada

Yo soy un día de la diosa

La diosa habita las cúspides como las águilas

Y sobrevuela desnuda las ciudades

Aparece cuando brotan los geranios,

Y se esconde en la muerte de los delfines

Yo soy la nada

Sólo un sueño de la diosa

Un espejo de agua que se forma en el riachuelo

al que ella se agacha a beber.