Mapasingue


El aguacero ha caído recio durante toda la tarde, toda la semana, todo el mes. Las nubes negras se han apoderado de Guayaquil. El cielo no termina de derramarse sobre nosotros. Desde el ventanal de la sala, veo llover. La casa donde vivo es la número 644 de la calle Costanera, en Urdesa. Tiene un portón blanco, y en la esquina hay un ficus. Vivo aquí desde hace ocho años, y nunca he visto llover tanto. Los rayos dibujan formas esqueléticas en el horizonte oscuro. Son las seis y veintiséis de una tarde de marzo. Detrás del ventanal y de la cortina de agua, alcanzo a ver las casas sobre el cerro  Mapasingue. Trazo una línea imaginaria, una línea gruesa, parecida a un cable resistente, entre el mueble granate en el que estoy sentada y las luces que han empezado a encenderse en el cerro, al que imagino sepultado por el lodo al amanecer. Al amanecer cantará el gallo. La mujer se despertará junto al hombre. Apartarán el toldo, se levantarán doloridos de sus camas desvencijadas. Desayunarán medio pan tieso cada uno y un trago de café lánguido. La mujer zamarreará a sus hijos para que se levanten, batallará con el más pequeño, que le pedirá pan. Su marido se pasará la gillette por la cara, sin espejo y sin espuma. Con una seña, le ordenará al mayor que vaya a comprar. Él estará medio dormido, no pensará, solo obedecerá. Se pondrá sus zapatillas. La calle estará inundada. Habrá cúmulos de lodo en las esquinas, basura flotando en los recodos. El hijo meterá los pies en el agua empozada. La sentirá fría y espesa. Atravesará la calleja de tierra que lo separa de la tienda. El alumbrado público pestañeará sobre su cabeza. La tendera le dará cinco panes de agua, pequeños y blandos, por cincuenta centavos. Él le dará un dólar, y recordará que esos cincuenta centavos es todo lo que tiene. Los guardará en el bolsillo derecho de su bermuda. Regresará a casa. Se echará agua limpia en los pies con una manguera, se pondrá un pantalón de tela café y una camiseta interior blanca, agarrará sus herramientas, las meterá en un saquillo y pensará en Dios. Un nuevo día, una nueva oportunidad, se engañará. Junto a su padre, un anciano de huesos largos y secos, bajará del cerro. Irán en silencio. En la calle principal de Mapasingue tomarán la línea 54. A las ocho de la mañana llegarán a la Víctor Emilio Estrada, en Urdesa. Esperarán de pie, junto a otros hombres derrotados. Tal vez, alguien llegue para contratarlos. La noche y la lluvia caen lentas. El cerro ya está todo encendido.

(relato publicado en la exposición Urbegrafías, del Centro Cultural Benjamín Carrión, Quito, 2012)

Un comentario sobre “Mapasingue

  1. Buenas noches marcelanoriega, le pediría que investigue acerca del muerto que aparece en la Av. Cuarta de Mapasingue Este( trayecto desde la vía Daule hasta el cerro).. Ya que este se nos apareció cuando íbamos en un expreso dejando a un compañero de trabajo arriba en el cerro y de regreso por la Av. Cuarta casi a las 00:30 del 31-10-2018 nos lo topamos en media calle, Era una persona delgada con pelo lacio y largo con una batona que le llegaba hasta los pies.. Nos pareció raro verlo, pero al dia siguiente conversamos con el compañero que vive arriba en el cerro y nos comentó de esa persona fallecida que vaga por ese lugar… Espero tome en cuenta mi petición y le quedaré agradecido por el Tema mencionado… Hoy quiero ver si aparece otra vez para ver si lo puedo grabar o fotografiar para enviarselo..

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