Una semana en el dating


 

A la gente le gusta alardear. Y quisieran siempre contar historias de amor super románticas o de sexo super salvaje; decir que conocieron a su alma gemela en un viaje espiritual a la India, en un crucero por el Caribe, durante una estadía de estudios en Boston, o mientras bailaban electrónica en Ibiza. No es divertido contar lo de siempre: ¡me casé con mi vecino, el que vivía aquí acá, a la vuelta! ¿Dónde está la emoción en eso? O las típicas: nos presentó un amigo en común, fue en la fiesta de tal, éramos compañeros en la universidad, en el trabajo… O ¡íbamos a la misma iglesia! Estas historias lo más que pueden despertar es un ¡qué embole! en un argentino, un ¡qué fome! en un chileno, un ¡qué monse! en un peruano y un ¡qué pereza! en nosotros.

Pero ¿qué tal si alguien nos dice que se casó con un noruego que se parece al kent de la barbie y que conoció por Internet? No me vengan con cuentos ¡eso sí suena interesante! Y la historia que les tengo para más adelante parece escapada del mejor libro de las mil y una noches, versión escandinava.

Vamos por partes. Resulta que este tipo de encuentros on line que terminan en relaciones duraderas y hasta en bodas trasatlánticas son mucho más comunes de lo que parece. Y las estadísticas en los países más avanzados dicen que los matrimonios que se conocieron por Internet son más compatibles, y están más enamorados que las parejas tradicionales. Por ejemplo, un estudio de Match.com (uno de los sitios más famosos para conocer gente) hecho entre más de 800 parejas que contrajeron matrimonio desde 1995 hasta la actualidad concluye que el 89% de los cibermatrimonios declaró sentirse muy feliz frente a un 66% de uniones tradicionales.

Esto va echando al olvido esos prejuicios de viejas que decían escandalizadas ¡qué desesperada debes estar para buscar novio ahí!

Y para probarlo en carne propia me suscribí a un sitio web para encontrar pareja. A mí, single woman profesional, que acaba de dejar la veintena y no conocía a un tipo interesante hacía fú, me ocurrió el milagro, se me apareció la virgencita: docenas de hombres de entre 20 y 40 años, caucásicos, negros y pelirrojos saltaban uno tras otro como conejos de un sombrero mágico. Unos estaban aquí mismo a la vuelta de mi casa, en Guayaquil, otros me escribían de países cercanos como Perú, Chile y Argentina, y una buena parte eran de lugares tan lejanos como Egipto, Serbia y Montenegro, Rumania o Algeria. ¡Todos a mis pies! pidiéndome una conversación por el messenger.

Un perfil super punch, con mucha descripción y fotos (mientras más mejor, pero eviten subir esas muy hot, si lo que están buscando es novio y no simple sexo virtual) siempre da más posibilidades.

Según los datos de Match.com, el perfil de los que se anotan en estos sitios (Meetic.es, Badoo, Tagged y otros cientos) es de universitario (80%), sin hijos (70%), y que busca una relación a largo plazo (80%). “No ofrecemos la garantía de que vas a encontrar el amor. Pero prometemos que vas a conocer gente y que vas a quedar con ella. Si te pones a ello, en cuatro horas puedes tener una cita. Y de ahí, puede resultar un matrimonio, un lío o una sencilla amistad”, le dijo José Ruano, director general de Meetic al País, de España. Lo cierto es que sólo las bases de datos de Meetic y Match.com tienen más de 10 millones de perfiles y cada mes se crean 300.000 nuevos.

Pero los sitios de amigos on line también dan resultado. Si no pregúntenle a Jorge Luis Lopera (dj y productor musical de 25 años, guayaquileño y habitue del facebook), quien conoció a su actual novia, Andrea Andrade (diseñadora gráfica, de 23), gracias al Hi5. Esto fue hace dos años.

“Yo estaba en ese tiempo muy apretada en mi trabajo y me tocaba amanecerme casi todos los días. Solo tenía mi cuenta en Hi5 y vi que él la había estado chequeando”. Al día siguiente, ella recibió un friend request de Jorge Luis y lo aceptó, aunque no lo conocía. Entonces, él empezó a enviarle comments como dj sets y flyers a sus fiestas. Ella oía los sets y le respondía y así fueron conociéndose. A los pocos días, pasaron al messenger. “Nos amanecíamos conversando y así nos apoyábamos para no quedarnos dormidos, porque los dos debíamos trabajar por las noches”, cuenta él. A las dos semanas, decidieron verse las caras, e ir al cine. Ella: “fue muy chistoso, me moría de miedo, pero como veníamos hablando hacía un par de semanas sentíamos que ya nos conocíamos y aparte teníamos buena química y no fue algo vergonzoso, nos sentíamos a gusto”.

Después del cine, llegaron las fiestas, y la atracción fue haciéndose más obvia, hasta que hicieron su primer viaje juntos, a Cuenca. “Eso fue maravilloso y hasta el día de hoy sigue”. Ya tienen casi dos años de relación. “Pasamos juntos la mayor parte del tiempo y todo lo planeamos entre los dos. Nunca pensé que una persona que conocí por Internet resultaría ser mi compañero de todos los días y mi mejor amigo con el que comparto todo, lo bueno y lo malo”, dice Andrea.

Y si eso les pareció romántico. La siguiente historia es como un cuento de esos que terminan “y fueron felices y comieron perdices para siempre”. Aquí va. Ella es guayaquileña, se llama Gabriela Rodríguez, tiene 25 años, es graduada de licenciada en Educación Inicial, y parece una barbie de ébano. Él es de Stavanger (ciudad portuaria al sur oeste de Noruega), se llama Christer Hadland, tiene 28, es master en Estadística y es rubio de ojos azules, igualito al Kent.

La página que los unió se llama interpals.net y es un sitio para encontrar gente que está aprendiendo idiomas. Ambos estaban inscritos en: español, inglés, alemán y francés. Chris vio la foto de Gabriela y le gustó su sonrisa. Él, que no sabía nada de Ecuador (y ni pizca de español), salvo que clasificó a los últimos dos mundiales y que Charles Darwin había pasado por las Galápagos, le escribió preguntándole por el país. Así empezaron a conversar, y pronto pasaron al más útil e íntimo messenger.

“Logramos la confianza de conversar sobre cualquier cosa y nos pasábamos el día entero en Internet. A pesar de tener 7 horas de diferencia horaria, encontrábamos la forma de hablar lo más posible. Él se dormía más tarde y yo me despertaba más temprano para encontrarnos. Además, no solo chateábamos si no que utilizábamos webcam y audífonos. Conversábamos por horas, solo nos ausentábamos para comer o ir al baño”, cuenta Gabriela.

Tres meses más tarde, él ya le había propuesto que fueran novios, ella había dicho que of course, y él planeaba su primer viaje a Ecuador para conocerla. Ella lo esperaba con ansias: “Nos parecía algo muy loco, no solo no nos conocíamos en persona, sino que ¡vivíamos en dos continentes diferentes! Pero el sentimiento que ya existía entre los dos era increíble. Jamás nos habíamos sentido así por alguien en el pasado. Pensábamos que realmente estábamos hecho el uno para el otro”.

Chris estuvo tres semanas en Ecuador. Conoció a la familia de ella, su vida, sus rutinas, y se fueron de viaje juntos a la playa. “Él se sintió muy feliz de conocer y compartir con toda mi familia. Pero ya llegaba la hora de despedirnos… Ya debía regresar a su país y todo parecía que había sido un cuento de hadas. Pero el día en que debía llevarlo de regreso al aeropuerto, por la mañana, mientras terminábamos de armar las maletas, se arrodilló frente a mí con un anillo en su mano y me dijo las cosas mas maravillosas del mundo. ¡Me pidió ser su esposa! Yo lo que hice fue besarlo, abrazarlo y gritar ¡yes, yes, yes!, cuenta emocionada.

Todo octubre, noviembre y diciembre se pasaron planificando la boda. Chris volvió a Ecuador para estar el fin de año junto a Gabriela. Hicieron la despedida de solteros, el cambio de aros, el matrimonio civil y se fueron de luna de miel. Todo sucedió en 6 meses. “…Y desde entonces vivimos felices. Ahora somos compañeros, amantes, esposos. Y le agradecemos a Dios todos los días por haber logrado que nuestros sueños se convirtieran en realidad en el momento en que los dos creamos un perfil en la página web que nos permitió conocernos”. A ella le gusta esa frase del tan mentado Pablo Coelho que dice: “todo el universo conspira para hacer realidad tu leyenda personal”. Y esta vez sí que conspiró.

Vivir una historia así es lo que está esperando Sofía, una mujer profesional de 39 años, quien se suscribió el año pasado a Tagged (qué en inglés significa algo así como engánchate). El primer día de mostrar su perfil, ya tenía 131 correos de hombres que le decían desde ‘quiero ser tu amigo’ hasta ‘quiero ser tu esposo’. “Le di paso a un par de hombres. Uno me dijo que era un abogado árabe, de 36, que estaba en Egipto. El tipo era guapo, con terno y toda la vaina, y todo fue muy simpático hasta que un día me dijo que me sacara la blusa porque quería verme las tetas. Fue entonces cuando lo borré”, comenta y dice que la mayoría de sus amigas están suscritas.

“Una amiga, Elizabeth, tiene 47 años, es abuela y divorciada ha tenido tantos novios por Internet que cuando vino a verla el número diez perdí la cuenta”, se ríe Sofía, quien cree que esta vez ha enganchado algo bueno. “Se trata de un inglés, que dice que es un ingeniero y pasa la mayor parte del tiempo embarcado. Me propuso que mantuviéramos a close relationship relación por internet. Yo le dije que claro sí. Él está pensando en establecerse cuando encuentre a la mujer de su vida ¡y dice que soy yo! Me lo dijo como a las dos semanas de que empezamos a hablar por el messenger”.

Sofía ha hablado dos veces por teléfono con su inglés, a quien, a veces, no le entiende ni papa, porque él no habla español. “Me dijo que iba a hablar con su familia, porque viene a conocerme. Yo no sé en qué momento él asumió que me voy a casar con él”, dice sin ocultar su entusiasmo.

Y yo… luego de una semana de estar en el datting (la opción para conseguir pareja), tengo mi primera cita este sábado, así que ¡deséenme suerte!

(Texto publicado en la revista Mundo Diners 2009)

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