Un blogger que se lleva el mundo por delante


Eduardo Arcos es el creador de Hipertextual, la red de blogs más importante en América Latina.Tiene once millones de usuarios y contratos publicitarios con empresas como Toyota, Peugeot,Microsoft, Sony o Samsung. Factura más de un millón de dólares al año, y va por más. Ah! Es guayaquileño.


Es 2008 y Eduardo Arcos (Guayaquil, 1978) tiene 29 años. Está en una fiesta en una finca enMenorca. Lo ha invitado el dueño de casa, su amigo y socio Martín Varsavsky, un empresarioargentino/español que ha fundado siete empresas en los últimos 20 años, entre ellas Ya.com, lasegunda compañía más importante de contenidos de Internet en España. Martín es un capo. Y lagente que ha ido a su fiesta deslumbra a Eduardo, bloggero ecuatoriano que promete.

Entre los invitados está David Sifry, fundador de Technorati, un buscador para blogs que compitecon Google y Yahho!, y otros millonarios como Joi To, la persona que puso el primer proveedor de Internet en Japón, y el primer inversor de Flickr. También el francés Loic Le Meur, fundador de Seesmic, la empresa detrás de una de las aplicaciones más populares para Twitter, quien hizo la plataforma de Internet para Le Monde y quien dirigió la campaña on line del presidente Sarkozy.

La revista Business Week nombró a Le Meur una de las 25 personalidades más influyentes de Internet y el Foro Económico Mundial lo nombró Young Global Leader (joven líder mundial).El famoso francés se acerca a Eduardo y conversa con él, está interesado en saber quién es y enqué consiste su trabajo. La forma corta de contestar es esta: Eduardo Arcos es un emprendedor ecuatoriano que está en pleno desarrollo de Hipertextual, una red de blogs que al momento tiene 11millones de usuarios en todo el mundo y ganancias por encima del millón de dólares en publicidad.Pero no alcanza con eso. Le Meur está intrigado, quiere saberlo todo.

Esta historia empieza en Guayaquil, cuando la web era aún era un sueño de geeks (personas obsesionadas por la tecnología). Eduardo tiene una madre experta en sistemas informáticos, unpadre empresario y dos hermanas menores. Al principio viven en el centro, pero pronto se mudan aEntreríos, cuando ahí no había más que monte. De muy pequeño, Eduardo aprende de primera mano lo frágil que es la vida. Volaba junto a su madre desde Quito a Guayaquil cuando de pronto el avión–no recuerda por qué- se averió y cayó. Hubo muertos, su madre sobrevivió, pero tuvo múltiplesfracturas. Él, solo rasguños. Quizá fue este accidente lo que imprimió una celeridad asombrosa a lavida de Eduardo.

Aprendió a leer y escribir dos años antes de lo normal. A los 5 ya sabía programar una computadora. A esa edad, en lugar de hacer las cosas que hacían los niños de entonces: ver losPitufos, GI Joe, las Tortugas Ninjas o jugar Atari, él se entretenía modificando videojuegos a su antojo, y hacía lo que Jimmy Neutrón: inventaba y ponía en funcionamiento sus ideas. “A losseis, aprendí a multiplicar y a dividir con un programa que yo hice. La computadora me hacía laspreguntas de las tablas y me decía si estaba correcto o no. Era muy fácil”, dice riendo. El futuro estaba cerca.

A los 13 años descubrió Internet. “Estábamos en casa de un amigo, de Gustavo Falconí, éramos super chiquitos. Y queríamos bajarnos una especie de revista de videojuegos que ocupaba 200 kb.Recuerdo estar sentado frente a la compu esperando y esperando. Tres horas más tarde bajó, y nosdimos cuenta de que hubo un cambio, sabíamos que desde ese momento todo iba a ser diferente”.

La primera vez que se conectó desde su casa también sintió aquella emoción en la panza que le provocaba el tener acceso a la información de una manera muy distinta a la del común de los mortales, totalmente distinta a la manera que habían conocido sus padres y sus abuelos. Entonces nadie lo detuvo. “Yo me dedicaba a hackear (romper sistemas de seguridad de computadoras para entrar a zonas restringidas) a los proveedores de acceso a Internet que tenían una seguridad demierda. Me conectaba, les sacaba las contraseñas y me quedaba horas de horas. Nadie me enseñó ahacer eso, yo lo hice solo”.

Mientras estaba en el colegio, desarrolló una aplicación para montar cámaras web. “Yo quería verlo que pasaba en todo el colegio con cámaras. Hice una aplicación, colgamos algunas cámaras concintas, las pegamos en el techo, y así podíamos ver por una ventana web que solo era accesibledesde el colegio lo que pasaba dentro”. Gracias al Internet también le llegó el amor. Aún no existía el messenger ni las redes sociales. Había algo llamado IRC (Internet Really Chat), que es unprotocolo para ventanas de chat. Por medio de esto conoció a una chica mexicana con quien tuvo unaño de relación virtual.

“Decían que estaba totalmente loco. Primero tenía que explicar qué era el Internet, luego qué era elIRC, luego que conocí a una chica ahí. Nadie me creía, nadie entendía cómo funcionaba. Pero yo convencí a mis papás de irme a estudiar a México. Ese fue el pretexto, pero lo que realmente queríaera ir a verla”, cuenta. Eduardo terminó el colegio (en el Nuevo Mundo), hizo las maletas y se fue al DF, donde se terminó quedando diez años. Estudió Ingeniería en Informática en la UniversidadAutónoma Metropolitana (UAM), pero no se graduó, porque se aburría muchísimo.

Se fue a México en 1997. Tenía 18 años y consiguió un trabajo para Microsoft que consistía en encontrar fallos a los sistemas operativos. Sus jefes estaban en la Florida, jamás los vio. Entoncessupo que era posible ganar dinero con la tecnología. Por puro hobbie, en 1999 empezó a escribirun blog llamado El Cráneo. En 2000 se puso su primer blog personal que luego se transformó enAlt1040. Eduardo fue uno de los primeros en tener un blog es español.

En México, también trabajó para una empresa de diseño web llamada Sintética y luego para Noiselab. Salió y entró a una compañía que se llamaba Vórtex, ahí también se aburría muchísimo.Entonces, en unas vacaciones a Ecuador pensó que debía empezar a hacer algo por su cuenta, algoque realmente le apasionara. “Regresé de Ecuador con mil ideas, y empecé a trabajar como 4 o 5meses en esta idea que se convirtió en Hipertextual”. Tenía 24 años.

Hipertextual es una red de 16 blogs que tratan diferentes temáticas. Cuenta con más de cien editores que están repartidos en todo el mundo, la mayoría en México, España y Argentina, que es donde seconcentra la más grande audiencia. Pero también tiene editores en Reino Unido, Chile, Colombia,Venezuela, Guatemala, Ecuador, y hasta en China.

Los blogs son: alt1040.com (cultura geek y tecnología), altfoto.com (fotografía), appleweblog.com(blog no oficial de Apple en castellano), cucharasonica.com (para amantes de la buena música), extracine.com (blog del celuloide y las estrellas de cine), gizmologia.com (tecnología y gadgets),monkeyzen.com (compras por Internet), ecetia.com (un amor loco por los videojuegos), motorfull(blog del mundo del motor), eternabuenosaires.com (el metroblog de Buenos Aires), hiperdef.com (altadefinición, 3D y HiFi), tvlia.com (100% televisión), bitelia.com (todo sobre software y la web 2.0), hiperpop.com (ningún famoso a salvo) y vivirmexico.com (el metroblog más leído de México).

Al día de hoy, Hipertextual tiene 11 millones de usuarios a nivel mundial. “Estamos creciendo 25%en el tráfico. Es la red de blogs con más número de usuarios en Latinoamérica. Tenemos bastantemás tráfico que muchos medios tradicionales. Y no lo digo yo; estamos auditados en España porla empresa Nielsen”. Eduardo lo tiene claro: “Nosotros no somos bloggers en pijamas. No es unhobbie lo que estamos haciendo. Somos personas muy enfocadas en nuestro negocio”.

Y es que el éxito no solo es a nivel de visitas, sino de anunciantes. Empresas como Toyota, Peugeot,Microsoft, Sony, Samsung, Motorola, General Motors, Procter & Gamble o Infinity pautan en Hipertextual y le generan centenas de miles de dólares en ganancias. La empresa es tan rentableque el año pasado facturaron por encima del millón de dólares, y este año está siendo aún mejor,dice Eduardo, el dueño de Hipertextual en una entrevista que pude hacerle durante una visita quehizo a Ecuador en noviembre. “El negocio es sumamente rentable porque nuestros costos sonrelativamente bajos, no tenemos una oficina, no tenemos una redacción, no gastamos en impresión.El costo más alto es la infraestructura que sostiene este aumento en visitas bestial y los sueldos”.

Eduardo es un emprendedor, tecnólogo, creativo, fotógrafo, geek, ambidiestro y multitasker. Unobsesionado con el internet, la comunicación, el diseño, la música, el cine, la fotografía, las redes e interacciones sociales por medio de la tecnología y su uso para mejorar actividades cotidianas delas personas, creyente ferviente de la cultura libre. Un chico hiperactivo al que le encanta viajar,conocer personas, amante de la comida japonesa, defensor de los animales, y experto en datos curiosos acerca de la cultura pop. Actualmente, Eduardo vive entre Madrid y Amberes, Bélgica; y viaja por el mundo para dar charlas sobre tecnología.

Le Meur y Eduardo hablan por más de una hora. A partir de esa charla, el francés lo invita al eventotecnológico número uno en Europa, Le Web, del cual Le Meur es fundador y anfitrión, junto asu esposa, Geraldine. LeWeb reúne todos los años, en diciembre, a dos mil emprendedores de 40países cada año. París será una fiesta, y Eduardo no se la perderá por nada.

(Texto publicado en la revista Mundo Diners 2011)

 

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Chunchi, el pueblo de los niños suicidas


A Luis la muerte lo tienta; le hace creer que su padre estará del otro lado. Su prima Lourdes se decidió y lo hizo. Su amiga Martha está pensando en hacerlo. Todos fueron abandonados por sus padres. Los chicos en este lugar de la serranía ecuatoriana tienen ganas de morirse.

Hagamos un minuto de silencio por Lourdes, la última chica suicida de Chunchi. La que casi se gradúa del colegio, la que casi es abanderada, la que casi estrena el vestido que se acababa de comprar, la que casi se va a Estados Unidos a buscar a sus padres. La vida para muchos niños en Chunchi es un casi. En este pueblo, donde la neblina en invierno es tan densa que no deja mirar a los ojos, los jóvenes están buscando en la muerte una opción para huir. Este frío rincón indígena, rodeado de elevaciones, mesetas y valles, regado por tres ríos y devoto de María Auxiliadora, queda en el extremo sur de la provincia del Chimborazo. Aquí viven Teresa y Luisito, primo de Lourdes y suicida en ciernes.

Luis es más frágil, más triste y más viejo que cualquier chico de su edad. Camina encorvado, como si cargara una gárgola sobre sus espaldas. Tiene 15 apenas, pero habla de la muerte como veterano de guerra. No alcanzó a conocer a su padre. Él piensa que vive en el cielo, allá donde sueña ir. Su madre abandonó a Luis cuando tenía 3 añitos. Su hermana mayor tenía 7 y el más pequeño solo 8 meses. Se fue a Estados Unidos, allá se hizo de otro hombre y tuvo otros hijos. Los cinco que dejó en Chunchi nunca volvieron a verla.

He oído que las perras se comen a sus cachorros. Esta no se los comió de un mordisco, les fue matando el alma de a poco.

En junio de este año Luis se cortó las muñecas, y en septiembre tomó veneno para ratas. Del último intento casi no regresa. Estuvo inconsciente y cinco días hospitalizado. Su abuela y sus hermanos lo cuidaron. Su madre, por teléfono, dijo: si se muere que se muera, ya he de mandar para el entierro.

Teresa es pequeña, pero su alma es inconmensurable. Le cabe en ella cada uno de los niños de su enorme mundo: el colegio nacional 4 de julio, de Chunchi, en el que se educan unos 700 chicos, entre ellos “su” Luisito. Esta riobambeña es solo la profesora de inglés, pero según los alumnos “es la única que los escucha”. Quisiera salvarlos a todos, pero lucha contra la tristeza de los niños y la indiferencia de los grandes. Más de 60 chicos se han suicidado en los últimos 5 años en este pueblo, dice una encuesta del municipio. No han sido contados los que lo han intentado. “Son muchísimos”, asegura la teacher.

La primera vez que Teresa conoció a Luis, ella le pidió que escribiera su nombre y cómo se sentía en un papel. “Me voy al cementerio y busco de tumba en tumba la respuesta de mi padre y no la puedo encontrar”, fue lo que escribió. Tenía solo 12 años.

Pero sus cartas se han vuelto más terribles con el pasar del tiempo.

De: Luis

Para: Mi querida mamita Teresita que le extrañaré

Hoy viernes 18 de junio quiero saludarles a toda mi familia y estas significan mis últimas palabras. Ya no puedo seguir sufriendo más, ya no quiero tener más problemas con nadie (…). Yo quería tener grandes sueños y metas, pero nunca he tenido el apoyo de mi familia, apenas la he tenido solo a usted. Mi vida ha sido siempre dura, por eso creo que al lado de mi papá estaré feliz. Yo sé que todos me dirán cobarde, pero nadie sabe la tristeza que lleva mi corazón, mis amarguras y mi soledad (…). El último favor que puede hacer por mí es tener esta hoja hasta el último día de mi vida, ya que después el aborrecido se acabará. No perdono a mi madre por abandonarnos de esa forma y por dejarme solo (…). No le quiero hacer sufrir, pero no hay otra oportunidad de despedirme. Le quiero mamita Teresita.

***

Lo malo de Dios es que está en las nubes. Luisito vive a 2.280 metros sobre el nivel del mar, y aún así no logra alcanzarlo. En su casa, él no ha sido el único que se ha querido matar. “En mi familia ha pasado bastante. Mis dos tías se han tomado veneno. Y mi tío cuando tenía 12 años también intentó suicidarse”. Seis de sus 8 tíos de parte de madre están en EE.UU. Y de parte de padre, están 4. Todos dejaron a sus hijos en Chunchi.

Dicen que Lourdes era la mejor alumna de sexto curso, que siempre tenía dinero en el bolsillo, ropa bonita, el mejor celular. Sus padres la abandonaron hace más de 15 años. En julio tomó veneno para ratas y murió.

–Era una niña sumamente triste. Siempre lloraba y me decía: yo cambiaría todo lo que tengo por una familia, por unos papás-, empieza a contar Teresa. –Ese día yo estaba en el colegio hablando con una alumna que tenía cortaditas sus manitos, eso es muy común acá. Lourdes llegó con su grupo de amigas y me dijo: teacher, queremos hablar con usted. Sí, mija, pero espera… Terminé y me fui a hablar con ellas. Me contaron que, por broma de sexto curso, se habían cogido algo ajeno, una blusa. En todo el pueblo las llamaban ladronas. En el colegio las querían sancionar. Les dije: tranquilas, yo me encargo. Así que, por la tarde, fui a buscar a la señora dueña del objeto robado, pero no la encontré. Tenía una reunión en el colegio y me vine. En eso me llama Luisito y me dice: teacher, la Lourdes se tomó veneno”-.

–Sus padres enviaron dinero para que la enterraran, pero ni siquiera vinieron-, dice Luis, baja la cabeza y de pronto se parece a un antiguo ceibo del que cuelgan largas lágrimas.

***

El primer día de clases, la teacher les hace escribir a los niños sus nombres y con quiénes viven. En sus manos tiene los papelitos: vivo con mi tía y mis abuelitos, vivo con mi abuelita, vivo con mi tía, vivo con mis abuelitos, vivo con mi hermana, vivo con mis hermanos, vivo con mi abuelita, y así… sin parar.

Andrea, una de las mejores amigas de Luis, vive con su abuelita. Tiene 14 años y un semblante frío y distante. Su madre la abandonó a los cinco meses de nacida. Sus padres se fueron a EE.UU., allá se separaron y tuvieron otros hijos. Ocho hermanos de su mamá están allá. La última vez que su padre la llamó fue en diciembre para su cumpleaños. No recuerda cuándo fue la última llamada de su madre, pero sí lo que le dijo: “Olvídate de que tienes madre”.

Pero a ella no la doblega la tristeza, prefiere no pensar en sus padres. Y la única vez en que se le pasó una idea suicida por la mente, ella la espantó con esta pregunta ¿para qué voy a morir, si cuando alguien se mata, la gente se acuerda un mes, y luego se olvidan?

— ¿Tienes compañeras que han tratado de quitarse la vida?

Sí, eso es muy común acá. Incluso la chica que anda conmigo y con Luis, Martha, me dijo que se quería quitar la vida porque sufre mucho.

Martha, de 15 años, entra con su uniforme y peinado impecables y pide que salgan Luis y Andrea. Nos quedamos a solas en una salita donde hay mapas, útiles escolares, dibujos y mucho color.

¿Dónde vives?

En un pueblito que queda a 30 minutos de Chunchi.

¿Con quién?

Con mi tía y mis primos.

¿Y tus papás donde están?

Mi papá ya se vino de Estados Unidos, estuvo allá 12 años. Pero no vivo con él. Mi mamá todavía está allá, se fue cuando yo tenía unos 8 años.

¿Por qué se fue?

Es que mi papá se dedica al alcohol. Él se había ido a EEUU primero. Nosotros somos 4, y mi papá no nos mandaba dinero, nada de nada. Entonces, mi mamá se fue para allá. Vivieron un tiempo, pero mi papi le trataba mal a mi mamá, le pegaba, la quería matar. Ahora mi mami vive sola.

¿Con quién vivían acá?

Mis dos hermanos pequeños con mi tía de parte de papá, y los dos mayores con mi tía de parte de mamá.

¿Ahora que tu papá está acá las cosas han mejorado?

No, porque igual se dedica a estar solo tomando. Los sábados me voy en la tarde a verle, no sé que le pasa, de la nada me quiere pegar. Siempre está borracho. Según él, regresó porque quería cuidarnos, pero era mentira.

¿Has tenido momentos de depresión?

Sí. Es que a veces uno se siente sola. Porque, en mi caso, tengo papá pero es como no tenerle. He pasado sola, triste, alejada, sin apoyo. Y a veces me pongo a pensar que me quiero matar. Después pienso que por qué voy a hacer eso.

Seis de los once tíos de Martha están en EE.UU. A ella la cuida una tía, que también tiene a cargo a otros cinco sobrinos, y a sus propios hijos. Nueve niños y adolescentes en total.

***

Reunión de padres de familia de primero B. Son las 3 de la tarde de un frío día de septiembre. Lo de “padres de familia” es un decir, porque pocos son los papás y mamás presentes. Uno a uno se levantan. Soy la abuelita, los papitos no están aquí. Soy la hermana, los papás no pudieron venir. Soy la tía, los papitos están fuera del país. Soy el hermano. Soy el tío. Soy la abuelita. Soy la hermana. Soy el hermano. La mayoría tiene rasgos indígenas y apellidos como Tenesaca, Pilahuapa, Guamán, Chuji, Muyulema, Yupa. Muchos llevan poncho, moño y sombrero. Un perro se pasea por el aula. Una neblina helada baja desde la montaña y se mete por los huecos en los ventanales.

Los pupitres están recién pintados. Pero faltan seis. Esta reunión es para nombrar la directiva del curso y organizar una colecta para comprar bancas. La teacher pide apoyo. “Ustedes tienen que ser responsables con sus niños durante todo el año, no los dejen solos. Pongamos entre todos para comprar las bancas que faltan”.

–Yo creo que no hay que hacer ninguna colecta, porque ellos van a estar aquí solo un año. ¿Por qué vamos a comprar bancas para que usen los que vienen después? Un poco de incomodidad no hace daño-, dice un señor de rostro en piedra. Los demás lo apoyan. Seis niños tendrán que doblarse para escribir sobre sus piernas.

Luisito: La gente en Chuchi es cerrada, no podemos hablar de que estamos tristes, porque nadie nos comprende. La gente que viene de fuera más bien es la que nos escucha.

Aún así, Teresa tiene esperanza. Siempre se acuerda del primer chico que conoció, hace 8 años cuando llegó a este colegio.

–Era mi alumno. Su madre lo había dejado abandonado en un árbol cuando era un bebé. Me hice cargo de él. Después, gracias a Dios, una familia lo adoptó en Quito y se recuperó. Hace unos 6 meses yo estaba en la terminal, y sentí que alguien me abrazó por la espalda. ¡Era él! Ahora está estudiando y tiene una buena vida. Por él yo empecé a ayudar a otros niños-.

Teresa tiene 150 alumnos en diferentes paralelos.

–De los 150, los que estamos botados somos unos 120, si no es más. La mayoría no tiene ningún afecto ni cariño, porque nuestros padres ya tienen otros hijos allá. Nosotros no somos como las demás personas, nunca vamos a tener una madre-. replica Luis. Él piensa en su mamá, a veces con rabia, otras con un amor que no ha logrado matar.

Luis tiene que volver al aula. Siento que no lo está logrando, que no lo logrará y un puñete se me planta en la garganta. Lo abrazo y le digo que la vida es hermosa. Me mira, sé que no me cree. En sus ojos hay una tristeza tan grande como una verdad. “No tener el cariño de nadie es como ya haberse muerto”, me dice y se va.

Texto publicado en la revista SOHO 2010, con fotos de Amaury Martínez.


La noche en que el arte se paró en la 18


(Agosto 2009)

Conocí a Jorge Washinton Jaén Herrera (Guayaquil, 1961) el mismo día en que me llevó al putero más grande de la 18, el bar Mil Amores, ahí donde trabajan con sus cuerpos más de cuarenta mujeres. El pintor flaco, desgarbado, con cara de haber cometido todos los pecados juntos al mismo tiempo, bebedor, noctámbulo, bailador de salsa, el iconoclasta al que le aburren las galerías donde la gente mira los cuadros quietita y en silencio como si estuviera en misa, tramaba montar una exhibición de su arte en ese lujurioso antro.

Hombres solos, sentados cada uno en una mesa, tomaban cerveza en vasos de vidrio y miraban con tremenda cachondez vídeos porno en enormes televisores, dispuestos en lo alto. El olor del sexo es narcótico. Ellos salen de sus trabajos y pueden pasar horas sin moverse de ese lugar, bebiendo y sintiéndose hombres.

Jaén ya llevó su arte a bares y cárceles. Era el turno de ir a la madriguera de las vírgenes caídas y sus devotos. Ellas se paseaban como siempre, con las carnes expuestas, olorosas al líquido espeso de sus hombres, y ellos las veían con la indecisión con que se ve lo que cuesta, sin vitrinas que medien. Las miradas de los machos me atravesaban como culebras decadentes; yo era la única mujer con ropa y, en teoría, la única con la que se podía tener sexo sin pagar.

Durante los meses siguientes, Jaén trabajó sus cuadros pensando en la idea de la prostitución, el placer y cómo los excesos transforman nuestras vidas. Investigando sobre esto escuchó una historia que lo conmovió: una niña de doce años quedó embarazada y se había infectado con VIH. Ella deseaba entrar a una pandilla y para hacerlo tuvo que acostarse con todos los del grupo. Ahora la pandilla completa tiene sida. Por eso, aunque para él, la 18 representa el palacio del goce y la libertad sexual, también lo es de la fórmula trago-sexo-droga, “que es la que ha provocado el colapso de esta generación”.

–Mi obra va cambiando según el sistema, y es un reflejo del comportamiento humano. Recojo personajes urbanos que se conjugan entre ellos. Así como la ciudad ha crecido en infraestructura, también se ha expandido el grado de vicios. Y nos encontramos con una sociedad herida-, reflexiona el pintor.

Un año le tomó a Jaén terminar de pintar los cuadros. Le puso a la muestra Platos a la Carta, invitó a todos sus amigos, y el jueves 26 de agosto dio inicio a la función.

(Agosto 2010)

Una fauna de la más diversa estirpe se arrejunta fuera de Barricaña, al lado del parque Centenario. El viento llega fuerte desde el río. Hay periodistas, pintores, poetas, escultores, fotógrafos, borrachos y locos. De cerca nadie es normal, dicen. Todos esperan la chiva llamada Deseo que los llevará a la casa de las putas.

Las tetas parecen estar en oferta esta tarde. Hasta la mujer y las hermanas del pintor han venido ataviadas para la ocasión: vestido dorado con escote, jeans apretados y tacos aguja. Llega la chiva y la gente se supe en tropel. Apretujados, haciendo escándalo como monos arriba de un árbol. El carro avanza una cuadra y Chester se tira en la esquina. ¡Esta huevada está demasiado repleta! A los pocos metros un vigilante detiene la chiva. Esto es Guayaquil.

Jaén llega de último al viejo prostítulo que se ha llenado de extraños. Aparece con cajas llenas de aguardiente de caña que empieza a repartir de inmediato, y con los trípticos que recién retira de la imprenta. Las mujeres casi desnudas siguen ofreciéndose en la puerta del bar y subiendo a los cuartos a tirar como si nada, porque si no trabajan no comen; ellas no tienen tiempo para mirar cuadros o conversar con periodistas.

Las voces se mezclan y construyen diálogos ridículos. –Una vez me enamoré de una puta; era alta, de pelo castaño, gruesa, simpática-, cuenta el escultor-. –¡Qué cojudo eres!, le responde el poeta. –Yo vengo a este cabaret desde pelado, cuando las putas costaban 50 sucres. Te hablo de cuando la 18 era una calle de tierra. Aquí se paraban las putas jóvenes y en la 19 encontrabas a las viejas que, claro, cobraban menos. En esa época comíamos en la esquina de Gómez Rendón arroz con piola, así le decíamos al tallarín, y también arroz con seco de gallina envuelto en papel manteca-, dice el vendedor de discos pirata, mientras Carmen, una poderosa mulata se pasea con un bikini amarillo y las nalgas al viento. Lleva las ansias de una elefanta en celo.

–¿Aquí es la exposición de arte?-, pregunta una señora que se asoma con una amiga. –Sí, aquí es-, le responde el fotógrafo de prensa. Aún no termina de responderle y las mujeres ya han salido despavoridas del burdel. Caminan rápido como si el pecado las persiguiera. Y las persigue. –Pobres viejas, se asustaron de ver la porno-, dice el otro fotógrafo de prensa que esta tarde no ha venido a trabajar, sino a ver. Sobre mi cabeza sucede todavía la acción que las espantó: la verga de un hombre es succionada por la boca de una mujer, que tiene a otro macho detrás. Esta escena no es solo la de una película porno, también es la de uno de los cuadros de Jaén. Qué más da si en la pintura los seres no parecen humanos, sino esperpentos con cabezas, piernas, brazos y órganos sexuales grotescos, salidos de un mundo que solo existe en la cabeza del artista.

En los ojos de Jaén hay una extraña locura. Él dice que su obra, llena de lascivos monstruos, es producto de una experiencia aterradora: hace veinte años su compañera tuvo un embarazo molar, que es cuando la placenta se transforma en una masa de quistes que parecen un racimo de uvas blancas. Eran 200 embriones en forma de bola, algo así le dijeron los médicos. Luego de esto, el pintor quedó preñado de estos seres a los que la cópula les encanta. Ellos no se esconden detrás de la supuesta normalidad en que vivimos, son engendros marginales que dejan ver a través de sus cuerpos lo más repulsivo y escondido de nosotros mismos.

–Yo les di vida eterna a quienes vivieron por diez segundos, y los inserté en la sociedad con diferentes actividades, son parte de mis protestas, de mis denuncias y de mis alegrías-, dice el pintor que tiene ya 25 años de carrera y que ha sido varias veces censurado por su atrevimiento de plasmar la realidad como la piensa. –Cada propuesta que realizo lleva en sí una carga social; utilizo el lienzo como espejo de lo que sucede a mi alrededor, y cuando el espectador observa mi obra puede rechazarla o sentir en su ser aceptación por lo que ve-.

–Me gustan los cuadros, pero más me gusta que los haya traido por acá. Nunca un pintor ha hecho eso-, dice una de las mesalinas. Y no es la única que lo piensa.

–Jaén ocupa desde hace años uno de los sitiales más difíciles de obtener en cualquier escena: el de ser outsider (no de pose, sino acreditado por el trajín urbano), un original y perseverante hacedor de imágenes cuya temática y estilo desafían todo decoro, todo gusto relamido, toda sofisticación y todo rebuscamiento o abstracción intelectual. Jaén es una paradoja. Es un cliché sin serlo. Encarna perfectamente la imagen del artista bebedor, dominado por los bajos instintos e inmerso en los bajos fondos de la ciudad. La diferencia está en que este es el verídico, el “mero mero”, the real deal, no la versión diluida en agua, estereotipada, del sujeto que modela su vida a partir de aquella imagen –temperamental, excéntrica y alienada- de los nacidos bajo la influencia de Saturno y de sus mitos de inspiración”, dice el crítico Rodolfo Kronfle Chamber en su blog A río revuelto.

Jaén empezó sus estudios en 1989 con el pintor Manuel Ugarte. En el 90 hizo un taller de grabado con Galo Galecio y participó en varias exposiciones colectivas y en salones. Dirigió el taller de Serigrafía del Museo Municipal hasta que logró su primera exposición individual a la que llamó Barroco Guayaco. Le siguieron Contra opuesto –donde invirtió los papeles del gallo (apostador) y del ser humano (animal de pelea)-, Entre lagartos, locos y poetas –obra que realizó en las cárceles de Guayaquil-, Paisaje de mi ciudad nocturna –obra sobre personajes noctámbulos del puerto- y Guayaerótica –una investigación sobre el comportamiento humano y sus vicios-.

Jaén no es cualquiera. Pocos saben que ha sido invitado a dos de las bienales internacionales de pintura de Cuenca, o que participó en Umbrales del Ecuador, la exposición con la que se inauguró el MAAC y en Claves del arte, la muestra que conmemoró a los 100 mejores artistas del país.

Hace unos tres años, inició su “fase erótica”. Hizo una exposición con el artista Paccha que fue censurada por la Universidad Católica. Se llamada Chinomonolongo. Le cambió de nombre y se inauguró como Pequeñas anécdotas de la censura. Esa experiencia lo envalentonó y siguió con la temática sexual. Inauguró tres bares con su obra y así fue avanzando hasta que terminó en la 18 con Platos a la Carta.

En el fondo del burdel hay un feo dibujo de un hombre encima de una mujer. –No me lo saques, ¡qué rico papi!-, reza el epígrafe. En el improvisado escenario, Héctor Napolitano canta. Entre la gente, Jaén reparte botellas de caña. La cerveza se sirve en rondas interminables. Esto, más que una exhibición de arte, parece una chupa entre panas.

Una rubia con un hilo dental que se extravía entre sus abundantes nalgas entra a uno de los cuartos. A ella poco le importa el colapso o la descomposición humana de la que habla Jaén. Va directo a practicar lo que mejor sabe con un gordito que se acaba de levantar afuera. Ella no ha hecho ningún esfuerzo, solo se ha parado junto a sus compañeras, ha exhibido sus carnes, y el pez ha caído una vez más.

–Si no fuera por el alivio ofrecido por esta actividad (la prostitución), muchas más personas estarían en riesgo de ser violadas. Las pasiones y la lujuria de los hombres en edad sexualmente activa, sobre todo, recaerían sobre ellas irremediablemente. Los abusos serían tan comunes como lo es la mentira actualmente. La violación, el incesto y otros delitos serían de una frecuencia alarmante…”, piensa Jaén.

La mujer y su amante esporádico han hecho un contrato verbal: 7 dólares sólo por delante, y han entrado a uno de los 14 cuartos. Ahí hay un catre y un inodoro malolientes, no hay ninguna división entre ambos. Aquí es así: antes o después del sexo las necesidades biológicas se hacen sin una mínima cortina, sin ninguna vergüenza. También hay una pequeña repisa donde las mujeres dejan gafas, pintalabios, alcohol, un vaso, un perfume.

En el piso hay una lavacara. Después de 13 minutos, la rubia nalgona sale del cuarto sin gesto de satisfacción. Está lista para el siguiente. ¡Atención, el palo vale 7 dólares, los tres platos 10!–, dice el que tiene el micrófono. El Viejo Napo remata: –Esta es mi última canción y ¡a culiar se ha dicho!-. Canta “Te conocí en la 18, y me enamoré de ti…corazón de matasarno”. Termina la canción y es ahí cuando esta larga noche empieza.

(Texto publicado en la revista Mundo Diners 2010)

David Reinoso: cómo es actuar en la televisión


 

El estudio de Teleamazonas no tiene letrero. No hace falta. Uno le entrega a un guardia su documento de identidad, pasa la puerta y entra al mundo plastificado de la televisión, un planeta laberíntico donde hay múltiples sets que tienen salas, dormitorios, peluquerías, oficinas, pelos, tetas, vidas que parecen reales. Pero no hay engaño, aquí todo es de mentira; el que no usa blackberry es un perdedor, las bromas entre hombres incluyen siempre la burla gay, y los que salen en pantalla se creen el cuento de la fama.

El rey en este tragicómico mundo que todos seguimos desde casa a través de la cajita, el plasma o la pantalla en 3D, se llama David Reinoso. Nació en Guayaquil en 1972 y ha estado cómodamente sentado en el trono del rating local desde 1999 cuando puso al aire en TC Televisión, un programa que hizo cagar de risa a muchos y descalabró la parrilla del resto de canales, Ni en Vivo ni en Directo.

Su personaje más exitoso, El Cholito, ha aparecido en portadas de revistas, comerciales, ha sido personaje del año, monigote de 31 y hasta candidato presidencial. El propio Rafael Correa le dijo una vez que si él tuviera lista de diputados, el Cholito la encabezaría, por su “pinta, capacidad intelectual, principios, todo”. Cholito le respondió: A ver ñaño, te voy a decir la plena: yo no estoy aquí para ser candidato a diputado, estoy aquí de tú a tú, de presidente a presidente, para manejar este país.

Parece que todo lo que Reinoso toca lo convierte en rating. No en vano Ecuavisa invirtió alrededor de un millón de dólares en la novela del Cholito. Y la segunda parte de la saga guatallarinesca ya se transmite por Teleamazonas, canal que ha puesto nada menos y nada más que 3 millones y medio de dólares para equipos y realización. Queda claro que esta es la novela más cara de la historia de lo que algunos con desprecio llaman “la producción nacional”.

Hoy es día de casting y eso siempre es divertido de ver. Chicos pepudos y niñas con caras de yonofui se pasean por el recibidor, buscan una oportunidad de ser famosos, de ser alguien en esta vida. Lo que no alcanzo a entender es por qué ellos tienen pinta de aspirantes a reality gay y ellas a actrices de película de Rocco Sifredi. A la vista quedan los labios rellenos con colágeno, las tetas que les quedaron demasiado grandes y la enorme ansiedad que les come las tripas como una boa constrictora.

A mí me come las tripas el hambre. Es jueves. David Reinoso no llega, lo hemos esperado desde las ocho de la mañana y ya es el mediodía. Mierda. Así son las estrellas de tevé, nunca se levantan temprano. A veces, nunca se levantan. El ayudante de producción nos cita para el lunes. Nos vamos derrotados.

El lunes llegamos temprano. No hay nada más aburrido que un estudio de grabación a las 9 de la mañana. Para pasar el tiempo, me pongo a contar los personajes originales y las imitaciones que ha hecho Reinoso, la suma me da 54. Eso es hartísimo, dice Omar, el fotógrafo que se acuerda de cuando Reinoso cantaba en un grupo de rock llamado Cincódigo.

Eran las épocas en las que Reinoso aún no se topaba con la gallina de los huevos de oro que, en el caso del Cholito, es gallo y se llama Marc Anthony.

Estos son algunos de los personajes creados e interpretados por Reinoso: Batman, Rachito, el vigilante Buitrón, Moti, Marciano, Rolindo, Eduardote, Bolito, el genio Matamba, La Melo, El Cachorro, Frank Pequeñeque, Super Bacan, Platimiro, Mash alcalde, El Alex, Cevallitos, Ubises, Quiko, Parco Hidalgo, El Chepolin, Tres Patines, La pareja Feliz, Chepo Vera, El Ufólogo, Diego Horrendo, Pisado y confuso, El Shanto, El presi, El León, Borjita, Marion Zapatier, Esheman, Jaime Gayli, Papaito Correa, ufff y hay más. De todos tiene los derechos.

Omar no tiene televisión en su casa desde hace cuatro años. Pero no solo se acuerda de casi todos los personajes de Reinoso, sino también de las situaciones, como debe pasarle a muchos ecuatorianos.

–El Chavo del 8 era del hijueputa. Doña Florinda lo mandaba a Kiko a comprar una cebolla al Mall del Sol para culiar con don Ramón. Y Batman era un man borracho al que le veían las huevas, era el Batman más turro del mundo, era tan turro que solo tenía una máscara, una camiseta y un jean. Batman se quedaba ruco borracho y le robaban la billetera y el pantalón. Yo me cagaba de risa. Rolindo también era buenísimo. Y Bolito ¿te acuerdas cuando el man se hace político y hace la campaña regalando planchas?

Por fin aparece el sátiro, el imitador, el que se burla de los vicios, las deficiencias, las locuras individuales y colectivas, y también del tiempo de todos, David Reinoso. Vamos para que vean cómo me maquillo, nos dice, y entramos a ese laberinto de sets, cámaras y camerinos.

Tiene moldes de su cara, en ellos trabaja el maquillaje que caracteriza a cada personaje. Se ha hecho un injerto en el pelo –“si no parecería Shaolín”- y tres tatuajes, uno con la cara de su hijo. También tiene múltiples cicatrices que hablan del niño travieso que fue, o que es.

–Yo estaba patinando en un piso encerado, mi amigo que estaba jugando conmigo se tropezó con otro y me cayeron encima. Me rompieron los ligamentos, me pusieron clavos, yeso. Yo era recontra malcriado, pobrecita mi madre. Estas otras cicatrices son por jugar al hombre araña. Era una fichita, me daban palo, pero yo no hacía caso.

Reinoso es hijo único, pero tiene dos hermanos por parte de padre y otro por parte de madre. Su papá trabajaba en la Aviación Civil y su madre era ama de casa. Vivían en la cuarta etapa de La Alborada.

De niño no quería ser actor, sino ginecólogo “por el lugar en el que se trabaja”. Pero cuando supo que tenía que estudiar Medicina primero lo descartó. Eso sí, desde pelado se disfrazaba y cuando encontraba una máscara era feliz. Desde los siete años estuvo en cursos de teatro. Su primer papel fue de lobo en la Caperucita.

Ya cuando estaba en el colegio –Urdesa School, donde le daba clases de teatro Azucena Mora- se metió a hacer un curso en la Unión Libanesa, donde conoció a gente del medio. La primera vez que pisó un teatro fue El Juglar; ahí hizo talleres de títeres. El escenario siempre le pareció mágico.

Se graduó del colegio. Se tomó un año sabático en el que se dedicó a hacer teatro y a joder. Hizo obras infantiles con Paco Varela: se disfrazó de Tortuga Ninja, de Picapiedra –“esa nota era horrible, porque tenía que andar sin zapatos y yo odio andar sin zapatos-, de Thundercat, de un montón de dibujos animados.

Montó una obra con Johnny Shapiro en la que ambos hacían de gays, Shapiro de loca y él de solapado. A sus padres eso les parecía solo un pasatiempo. Lo obligaron a estudiar. Pero nada le gustaba. Un día lo botaron de la casa “por vago y borracho”, y le tocó sobrevivir haciendo de vendedor. Pero nunca dejó la actuación.

Se metió en el elenco de Danzas Jazz. Hizo Grease y Un Cuento de Navidad. Cantaba, actuaba y medio bailaba. Cuando había coreografías fuertes lo mandaban atrás, a la sección “plasta”.

Luego se sumó a La Mueca, una compañía sólida que producía piezas de teatro y televisión, sobre todo para el canal de cable Expovisión, de Alfredo Adoum. En ese canal se hacían todos los comerciales para la campaña de Bucaram. Reinoso y su compadre, Jorge Toledo, hicieron ahí su primer programa de humor, Agua Mojada, y nacieron los primeros personajes: Batman y Marciano.

Después, llevaron el programa a TC y lo fusionaron con otro que hacían Galo Recalde y Gustavo Segale. Sumaron a la entonces bailarina de A Todo Dar, Flor María Palomeque, y lanzaron Ni en Vivo.

–Con Toledo camellábamos bacán. Él me decía: oye quiero hacer un marciano así todo sabidote. Hacíamos una sinopsis y empezábamos a joder. No había guión. Solo jodíamos, y él decía: repite eso, esa muletilla, esa palabra espontánea, eso queda, eso va. Pero yo no tengo buena memoria. Ahora que hago esto (la segunda parte de la novela), siempre piden que los actores vengan con los textos aprendidos, pero yo no vengo aprendido nada. Yo le doy dos leídas y así sale.

Unos veinte minutos le toma a Reinoso transformarse en el Cholito. El proceso del maquillaje es minucioso. Una linda chica lo ayuda, pero nadie lo hace mejor que él. Se pone base y polvos más oscuros que su tono natural para semejar la piel de José Delgado, el periodista al que imita, y de quien dice: ¡ese es un man bacansísimo! Un poco de pintura oscura en la parte inferior de los dientes para hacerlos más pequeños y que resalten los colmillos, gomina en el pelo, saco café, camisa verde, corbata roja, pantalón azul y los quesos, esos blancos que son amansalocas. El Cholito no aguanta paro. Está listo.

*****

Escena 12 int. Imagen TV/Oficina del cholito – día 39

Cholito está pensativo, entra Kike

Kike: ¿Qué pasa que lo veo achicopalado?

Cholito: Nada negro, es que vengo viendo el presupuesto de la boda y está mostro, ¡me sacó como tres uyyyyy!

Kike: Yo ya sé que esas notas son caras, por eso yo ni toco ese tema con mi doble pimpollo, ahorita no hay billete que alcance.

Cholito: O sea que Taira también quiere…

Kike: …con velo y corona, pero conmigo se vara

Cholito: sí, la verdad que ese presupuesto es hasta grosero, ñaño. Con eso comen aniñado en mi barrio un año.

La historia de Reinoso sigue siendo más divertida que la propia novela, escrita a diez manos por Jorge Luis Pérez, Xavier Hidalgo, Andrés Massuh, Mario Naranjo y Ernesto Landín.

–Cuando estábamos en TC nos salió una oferta en Ecuavisa. Mi sueldo no era wow, pero estaba bien. Trabajaba como ahora de lunes a domingo. No nos fuimos. La oferta nos ayudó para exigir más sueldo, mejores recursos técnicos, micrófonos, vestuarios, porque el producto vendía. Poco a poco salían comerciales, cachuelos. Aprendí a cobrar bien. Si me llaman es por algo; yo aprieto. De eso se trata: de aprovechar el momento.

–El momento ha sido largo-

–Sí, super largo, casi doce años ha durado. Salimos de TC después de cuatro años por un pitote que tuvimos. Hicimos una imitación a unos chicos de Latitud Zero, les pusimos Latitud Zorro, pero ¿qué querían si todos eran todas locas? Fernando Villarroel salía con unos tacos y yo era Frank Palomeque. Nos querían vetar. Nos cabreamos, dijimos: si es así ¡chao!

Otro berrinche y más sueldo. Después sí se fueron a Ecuavisa. Hicieron Vivos, sumaron personajes y elenco.

— El Cholito fue una novela que tuvieron en carpeta tres o cuatro años. Cuando ya nos íbamos de nuevo a TC para hacerla, nos dijeron ¡ya ya ya, haz tu huevada, pero no te vayas! Nos dieron las peores cámaras, el estudio más pequeño, no había infraestructura. Casi un millón de dólares costó, pero la ganancia fue tres veces más.

Ahora, además de la novela, Reinoso graba una nueva temporada de La pareja feliz. Cada capítulo cuesta alrededor de 6 mil dólares. Este hombre es una máquina de gastar y producir dinero.

–¿Cómo es que quesquemismo lo hace?

–Es que con esta pinta de galán y esta cara de porcelana yo lo consigo es todo, ñaña.

(Texto publicado en SOHO 2010)

 

Porno made in Ecuador


(Texto publicado en la revista Mundo Diners, 2009)

porn

 


Pablo es gordo, retaco y tiene facha de rockero preadolescente. Nadie se imaginaría comprar una película porno en la que, en lugar de un robusto moreno, apareciera él. Disfrutar de verlo en acción se me hace casi tan imposible como hacerlo viendo las películas del feo Torbe, el rey del 
porno-freak español, o las del anciano de 73 años Shigeo Tokuda, el actor porno más viejo del mundo. Pero lo cierto es que Pablo ha protagonizado no solo uno, sino ¡cinco filmes XXX!, en Guayaquil.

Situémonos. Esta historia no se trata del pornostar system, que arroja a borbotones películas con rubias y morenas despampanantes y actores no solo de físicos perfectos sino también dueños de cerbatanas. No. Se trata de la única pornografía que existe en Ecuador: la amateur y la producida con bajísimo presupuesto que se distribuye, sobre todo, por Internet.

La hazaña de Pablo, este chico de 23 años, guayaquileño, que no pasa del metro 65, empezó cuando, afanado por reunir dinero para pagar sus estudios de Medicina, contestó un aviso en la web que pedía actores porno. Él envió sus datos y una foto de cuerpo entero, y pronto lo llamaron para una entrevista personal que se hizo, para más datos, en una casa en Samanes, al extremo norte de la ciudad.

Allí, una chica le preguntó sobre su vida y le pidió que “le enseñara el miembro” –aunque no le pidieron prueba de VIH ni le hicieron preguntas acerca de drogas-. Luego le pidió que le contara el porqué estaba interesado en ser parte de la película. “Por dinero”, contestó, sin ambages. Le ofrecieron cien dólares por cada filmación. Que sí, que sí, dijo Pablo.

Lo llevaron a una casa vacía en el sur. Allí había cuatro chicas “con ropas diminutas” y “dos tipos más, en boxers”. Las chicas tenían 16 y 17 años, eran morenas de pelo lacio, y venían de Pedro Carbo, Daule y del sur de Guayaquil. Una de ellas era virgen, pero las demás ya eran expertas en hacerlo”, cuenta él acerca de su primera experiencia.

Dice que les ofrecieron cerveza, pero ninguno de los chicos tomó. Solo ellas. “Vi que en las cervezas pusieron una pastilla que hizo que las chicas se excitaran de una forma desesperada. Entonces, fue el momento”. Cada uno cogió a una chica y se fueron a los cuartos. Por los cien dólares, ellas debían tener sexo oral, anal y vaginal. Pablo dice que las cinco veces que lo hizo usó condón. No sabe nada del resto.

Luego me dice, como si hablara con una conocedora: “Y usted sabe que los que graban también hacen su parte”. Y yo: ¿qué, también tenían sexo? “No, solo se masturbaban y terminaban en la boca de las chicas”.

Entonces, me acuerdo de la famosa frase de Woody Allen: “el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír”.

 Cuando lo iba a hacer por sexta ocasión, quien organizaba la sesión sexual ya no era una chica sino un hombre que le pidió “otras cosas”. Entonces decidió retirarse, y dejó de “actuar”, pero no el mundo del porno que le encanta. Ahora es un traficante de pelis caseras que obtiene de forma clandestina, y también, de vez en cuando, le cumple la fantasía del ménage à trois a parejas; y deja que lo filmen.

En el mundo del clasificado por Internet es fácil encontrarse con mensajes como este: “En Cuenca, buscamos chicas de 18 a 35 años que deseen incursionar en el mundo del porno amateur”. O el opuesto: “Hola, deseo ser actor porno, tengo 18 años, y vivo en Quito. Quiero hacer porno con mujeres, no importa el salario ni si es con mayores o menores”. Contesté algunos mensajes y comprobé que para estos ‘empleos’ a uno le contestan más rápido que si dice que es un graduado de Harvard.

Lo que también crece son los blogs de porno nacional. Hay, al menos, seis que actualizan constantemente: elmanaba.blogspot.com, despelote.forumfree.net, dtire.forumfree.net, elbarrio.forumfree.net, ecuatorianas-desnudas.blogspot.com y ambatospy.blogspot.com.

La historia se la sabe completa el mentor del primer blog porno del país: el famoso –entre los asiduos a la pornografía- “manaba”, que ahora se ha vuelto tan ecléctico y sube hasta notas de política, aunque su esencia siga siendo el sexo

Era 2003 cuando empezó a publicar en su blog relatos de experiencias sexuales que él define como “peculiares”; “y al poco tiempo se enlazaron páginas de España, México, Argentina y fue un éxito. Me llamo la atención que las chicas nos enviaban sus historias. No es común que las mujeres cuenten anécdotas sexuales en público, y eso atraía a más gente. Luego empezaron a llegar las fotos y los vídeos”, se acuerda.

El siguiente paso fue subir fotos de chicas “en bolas” de revistas como Playboy o Interviu, o del periódico The Sun. Pero, ¿cómo es que se distribuye el material porno nacional, y a dónde van a parar las películas que filmó Pablo?

Pareciera que casi todo se comercializa virtualmente. “No hay una industria del porno en nuestro país, pero hay sitios en Internet que venden internacionalmente las fotos y películas de chicas de acá, así como los vídeos del making of”, contesta el Manaba.Y Pablo da otro dato: “Unos los negocian con señores de dinero, y otros los mandan fuera del país. Por un vídeo casero cobraran 20 dólares y si llevaban dos se los dejaban en 35”.

La mayoría de los vídeos son “iniciativas amateurs”. Es decir: una pareja tiene sexo, se filman con una pequeña cámara o con el celular, el chico lo muestra a sus amigos y estos lo pasan por e-mail, y así se propaga y llega a los foros y blogs. Hay grupos, también, que organizan fiestas swingers y orgías y que graban vídeos para luego comercializarlos, dice “el manaba”.

Pero muchos de los vídeos y las fotos se hacen públicas sin el consentimiento de las chicas, pues son enviadas por “cachudos” con anhelos de venganza. De esto sabe de sobra el pornógrafo ambateño, residente en Quito, que tiene uno de los blogs más visitados: ambatospy.

Dicen que el ocio es la madre de todos los vicios. Y por puro ocio se metió este ingeniero electrónico en el mundo del porno. Se había graduado en la universidad, estaba desempleado y le gustaba mirar pornografía por Internet. Entres otros, era un fan del “manaba”, a quien se propuso no solo imitar, sino superar.

Convencido de que esto del porno amateur era un éxito porque “tiene ese encanto de que no es preparado, y todo surge de forma natural, sin poses y sin mujeres u hombres fuera de lo común”. Mientras que lo profesional es todo lo contrario: “mujeres muy guapas, hombre bien dotados que hacen todas las posiciones, eso casi nunca pasa”.

Y se enorgullece en decir que “con el tiempo y las aguas el blog se ha hecho conocido”, y que semana tras semana le llegan fotos de mujeres desnudas, sexo explícito y vídeos.

Pero casi ninguna de las fotos o vídeos que sube tienen el consentimiento de las mujeres. “La mayoría son de ex enamorados que han sido engañados. De esa manera se vengan”. Las únicas que se dejan ver desnudas son las scorts (prostitutas que fungen de acompañantes).

Por esto fue que “el manaba” paró de subir fotos de ecuatorianas. “No solo que aquí es muy difícil conseguir fotos de chicas desnudas, sino que también tuve reclamos por unas fotos del blog. La persona que me las envió me rogó que las borrara porque se habían enterado los padres de la chica. Ahí me puse a pensar que la idea del blog era entretener y no afectar a la imagen de nadie. Eso nos significó una baja en las visitas, pero prefiero estar tranquilo”, cuenta.

El ambateño tiene conflictos siempre. Justo cuando lo entrevisté, una ingeniera agrónoma (graduada en la Zamorano) lo amenazó con denunciarlo si no quitaba las fotos que había subido de ella. “También por las fotos de la “china Suárez fui amenazado y las tuve que quitar, lo mismo con la “reportera del drama” (María Sol Galarza). Pero eso sí: yo tengo publicado el mail para que cualquier persona que se sienta ofendida me lo haga saber y quitar sus fotografías”, trata de justificarse. Pero no se abochorna, por el contrario, está orgulloso de haberse hecho conocer en el mundo del porno amateur. “Para eso creé el blog”.

Pero una cosa es en Internet, y otra en la calle. La selva caliente que es la Bahía de Guayaquil no es tan caliente como podría pensarse. Recorro sus vericuetos diciendo que busco películas “eróticas” –un eufemismo para no decir lo que de verdad busco: porno puro y duro. Y cuando encuentro dvds piratas con mujeres desnudas en la tapa, pregunto ¿tiene de estas, pero hechas aquí, en el país? “No, niña, eso no tenemos, pero tenemos esta”, me dice un vendedor y me muestra las enormes tetas de un par de rubias. No. Busco películas nacionales, porno criollo, cholas ecuatorianas no gringas.

No, no, eso no hay”, es la respuesta que se repite. Y parecen tener razón, porque me meto en cuanto escondrijo tiene este supermecado de productos falsetas y no encuentro una sola producción porno nacional.

Pero no soy solo yo. Hay un experto en el tema que tampoco dio pie con bola.

Se trata del cineasta Miguel Alvear, de Quito, quien trabaja en un proyecto documental sobre los productores marginales del país. Y ha encontrado de todo: desde uno que hace cine evangélico en un pueblo de la Costa (tipo Jesus’ Camp criollo), pasando por un cineasta indígena que rueda pelis en kichua, hasta otros que montan películas en Durán, Milagro, Chone y Manta. Ha encontrado de todo en este nuevo Bollywood. Todo menos un productor de pornografía. Y eso que ha recorrido pueblos y ciudades.

¿Y por qué nadie lo hace? “Por un lado, no sé si será negocio con toda la piratería que hay, en cualquier ciudad del país uno puede encontrar porno por un dólar; y por otro lado creo que esta sí es una sociedad mojigata”, responde Alvear.

Él ya había dado con un productor en Guayaquil, que misteriosamente desapareció. Su sitio se llamaba travesuraseroticas.com, y allí había la posibilidad de comprar porno colombiano, argentino y ecuatoriano. “El ecuatoriano era el más barato”, se acuerda y lo más probable es que la razón sea que fue el peor hecho.

No creo que sea un buen negocio hacerlo y venderlo aquí, es posiblemente más rentable venderlo fuera, porque vender un dvd a un dólar no cubre los costos de producción”, dice.

Pero Pablo, el frustrado porno star, no se quedará con las ganas de protagonizar una gran producción porno, ese es su sueño. Él piensa igual que el viejo Tokuda, que dijo: “antes tenía un trabajo de 9 a 17 horas, pero con este trabajo disfruto más y quiero seguirlo haciendo lo que me quede de vida”.

 



Una semana en el dating


 

A la gente le gusta alardear. Y quisieran siempre contar historias de amor super románticas o de sexo super salvaje; decir que conocieron a su alma gemela en un viaje espiritual a la India, en un crucero por el Caribe, durante una estadía de estudios en Boston, o mientras bailaban electrónica en Ibiza. No es divertido contar lo de siempre: ¡me casé con mi vecino, el que vivía aquí acá, a la vuelta! ¿Dónde está la emoción en eso? O las típicas: nos presentó un amigo en común, fue en la fiesta de tal, éramos compañeros en la universidad, en el trabajo… O ¡íbamos a la misma iglesia! Estas historias lo más que pueden despertar es un ¡qué embole! en un argentino, un ¡qué fome! en un chileno, un ¡qué monse! en un peruano y un ¡qué pereza! en nosotros.

Pero ¿qué tal si alguien nos dice que se casó con un noruego que se parece al kent de la barbie y que conoció por Internet? No me vengan con cuentos ¡eso sí suena interesante! Y la historia que les tengo para más adelante parece escapada del mejor libro de las mil y una noches, versión escandinava.

Vamos por partes. Resulta que este tipo de encuentros on line que terminan en relaciones duraderas y hasta en bodas trasatlánticas son mucho más comunes de lo que parece. Y las estadísticas en los países más avanzados dicen que los matrimonios que se conocieron por Internet son más compatibles, y están más enamorados que las parejas tradicionales. Por ejemplo, un estudio de Match.com (uno de los sitios más famosos para conocer gente) hecho entre más de 800 parejas que contrajeron matrimonio desde 1995 hasta la actualidad concluye que el 89% de los cibermatrimonios declaró sentirse muy feliz frente a un 66% de uniones tradicionales.

Esto va echando al olvido esos prejuicios de viejas que decían escandalizadas ¡qué desesperada debes estar para buscar novio ahí!

Y para probarlo en carne propia me suscribí a un sitio web para encontrar pareja. A mí, single woman profesional, que acaba de dejar la veintena y no conocía a un tipo interesante hacía fú, me ocurrió el milagro, se me apareció la virgencita: docenas de hombres de entre 20 y 40 años, caucásicos, negros y pelirrojos saltaban uno tras otro como conejos de un sombrero mágico. Unos estaban aquí mismo a la vuelta de mi casa, en Guayaquil, otros me escribían de países cercanos como Perú, Chile y Argentina, y una buena parte eran de lugares tan lejanos como Egipto, Serbia y Montenegro, Rumania o Algeria. ¡Todos a mis pies! pidiéndome una conversación por el messenger.

Un perfil super punch, con mucha descripción y fotos (mientras más mejor, pero eviten subir esas muy hot, si lo que están buscando es novio y no simple sexo virtual) siempre da más posibilidades.

Según los datos de Match.com, el perfil de los que se anotan en estos sitios (Meetic.es, Badoo, Tagged y otros cientos) es de universitario (80%), sin hijos (70%), y que busca una relación a largo plazo (80%). “No ofrecemos la garantía de que vas a encontrar el amor. Pero prometemos que vas a conocer gente y que vas a quedar con ella. Si te pones a ello, en cuatro horas puedes tener una cita. Y de ahí, puede resultar un matrimonio, un lío o una sencilla amistad”, le dijo José Ruano, director general de Meetic al País, de España. Lo cierto es que sólo las bases de datos de Meetic y Match.com tienen más de 10 millones de perfiles y cada mes se crean 300.000 nuevos.

Pero los sitios de amigos on line también dan resultado. Si no pregúntenle a Jorge Luis Lopera (dj y productor musical de 25 años, guayaquileño y habitue del facebook), quien conoció a su actual novia, Andrea Andrade (diseñadora gráfica, de 23), gracias al Hi5. Esto fue hace dos años.

“Yo estaba en ese tiempo muy apretada en mi trabajo y me tocaba amanecerme casi todos los días. Solo tenía mi cuenta en Hi5 y vi que él la había estado chequeando”. Al día siguiente, ella recibió un friend request de Jorge Luis y lo aceptó, aunque no lo conocía. Entonces, él empezó a enviarle comments como dj sets y flyers a sus fiestas. Ella oía los sets y le respondía y así fueron conociéndose. A los pocos días, pasaron al messenger. “Nos amanecíamos conversando y así nos apoyábamos para no quedarnos dormidos, porque los dos debíamos trabajar por las noches”, cuenta él. A las dos semanas, decidieron verse las caras, e ir al cine. Ella: “fue muy chistoso, me moría de miedo, pero como veníamos hablando hacía un par de semanas sentíamos que ya nos conocíamos y aparte teníamos buena química y no fue algo vergonzoso, nos sentíamos a gusto”.

Después del cine, llegaron las fiestas, y la atracción fue haciéndose más obvia, hasta que hicieron su primer viaje juntos, a Cuenca. “Eso fue maravilloso y hasta el día de hoy sigue”. Ya tienen casi dos años de relación. “Pasamos juntos la mayor parte del tiempo y todo lo planeamos entre los dos. Nunca pensé que una persona que conocí por Internet resultaría ser mi compañero de todos los días y mi mejor amigo con el que comparto todo, lo bueno y lo malo”, dice Andrea.

Y si eso les pareció romántico. La siguiente historia es como un cuento de esos que terminan “y fueron felices y comieron perdices para siempre”. Aquí va. Ella es guayaquileña, se llama Gabriela Rodríguez, tiene 25 años, es graduada de licenciada en Educación Inicial, y parece una barbie de ébano. Él es de Stavanger (ciudad portuaria al sur oeste de Noruega), se llama Christer Hadland, tiene 28, es master en Estadística y es rubio de ojos azules, igualito al Kent.

La página que los unió se llama interpals.net y es un sitio para encontrar gente que está aprendiendo idiomas. Ambos estaban inscritos en: español, inglés, alemán y francés. Chris vio la foto de Gabriela y le gustó su sonrisa. Él, que no sabía nada de Ecuador (y ni pizca de español), salvo que clasificó a los últimos dos mundiales y que Charles Darwin había pasado por las Galápagos, le escribió preguntándole por el país. Así empezaron a conversar, y pronto pasaron al más útil e íntimo messenger.

“Logramos la confianza de conversar sobre cualquier cosa y nos pasábamos el día entero en Internet. A pesar de tener 7 horas de diferencia horaria, encontrábamos la forma de hablar lo más posible. Él se dormía más tarde y yo me despertaba más temprano para encontrarnos. Además, no solo chateábamos si no que utilizábamos webcam y audífonos. Conversábamos por horas, solo nos ausentábamos para comer o ir al baño”, cuenta Gabriela.

Tres meses más tarde, él ya le había propuesto que fueran novios, ella había dicho que of course, y él planeaba su primer viaje a Ecuador para conocerla. Ella lo esperaba con ansias: “Nos parecía algo muy loco, no solo no nos conocíamos en persona, sino que ¡vivíamos en dos continentes diferentes! Pero el sentimiento que ya existía entre los dos era increíble. Jamás nos habíamos sentido así por alguien en el pasado. Pensábamos que realmente estábamos hecho el uno para el otro”.

Chris estuvo tres semanas en Ecuador. Conoció a la familia de ella, su vida, sus rutinas, y se fueron de viaje juntos a la playa. “Él se sintió muy feliz de conocer y compartir con toda mi familia. Pero ya llegaba la hora de despedirnos… Ya debía regresar a su país y todo parecía que había sido un cuento de hadas. Pero el día en que debía llevarlo de regreso al aeropuerto, por la mañana, mientras terminábamos de armar las maletas, se arrodilló frente a mí con un anillo en su mano y me dijo las cosas mas maravillosas del mundo. ¡Me pidió ser su esposa! Yo lo que hice fue besarlo, abrazarlo y gritar ¡yes, yes, yes!, cuenta emocionada.

Todo octubre, noviembre y diciembre se pasaron planificando la boda. Chris volvió a Ecuador para estar el fin de año junto a Gabriela. Hicieron la despedida de solteros, el cambio de aros, el matrimonio civil y se fueron de luna de miel. Todo sucedió en 6 meses. “…Y desde entonces vivimos felices. Ahora somos compañeros, amantes, esposos. Y le agradecemos a Dios todos los días por haber logrado que nuestros sueños se convirtieran en realidad en el momento en que los dos creamos un perfil en la página web que nos permitió conocernos”. A ella le gusta esa frase del tan mentado Pablo Coelho que dice: “todo el universo conspira para hacer realidad tu leyenda personal”. Y esta vez sí que conspiró.

Vivir una historia así es lo que está esperando Sofía, una mujer profesional de 39 años, quien se suscribió el año pasado a Tagged (qué en inglés significa algo así como engánchate). El primer día de mostrar su perfil, ya tenía 131 correos de hombres que le decían desde ‘quiero ser tu amigo’ hasta ‘quiero ser tu esposo’. “Le di paso a un par de hombres. Uno me dijo que era un abogado árabe, de 36, que estaba en Egipto. El tipo era guapo, con terno y toda la vaina, y todo fue muy simpático hasta que un día me dijo que me sacara la blusa porque quería verme las tetas. Fue entonces cuando lo borré”, comenta y dice que la mayoría de sus amigas están suscritas.

“Una amiga, Elizabeth, tiene 47 años, es abuela y divorciada ha tenido tantos novios por Internet que cuando vino a verla el número diez perdí la cuenta”, se ríe Sofía, quien cree que esta vez ha enganchado algo bueno. “Se trata de un inglés, que dice que es un ingeniero y pasa la mayor parte del tiempo embarcado. Me propuso que mantuviéramos a close relationship relación por internet. Yo le dije que claro sí. Él está pensando en establecerse cuando encuentre a la mujer de su vida ¡y dice que soy yo! Me lo dijo como a las dos semanas de que empezamos a hablar por el messenger”.

Sofía ha hablado dos veces por teléfono con su inglés, a quien, a veces, no le entiende ni papa, porque él no habla español. “Me dijo que iba a hablar con su familia, porque viene a conocerme. Yo no sé en qué momento él asumió que me voy a casar con él”, dice sin ocultar su entusiasmo.

Y yo… luego de una semana de estar en el datting (la opción para conseguir pareja), tengo mi primera cita este sábado, así que ¡deséenme suerte!

(Texto publicado en la revista Mundo Diners 2009)

La historia de Maira


(Maira pide caridad en la ave. Carlos Julio Arosemena y Las Monjas)

Mi columna es como una S. Está chueca y se sigue torciendo más. Eso me produce un dolor horrible. Son como hincones. Como si me dieran puñetes en la espalda todos los días. El músculo se inflama de la nada. Yo nací con esto. Es una enfermedad que los doctores llaman osteogénesis imperfecta, pero la gente le dice ‘huesos de cristal’, porque se te rompen con el menor golpe, con el más leve remezón. He tenido tantas fracturas que ya perdí la cuenta, pero deben ser más de cien. Cualquier cosa me puede lastimar. Tengo el cuerpo de una muñeca torcida, pero he aprendido a sobrellevar este problema como un puñal en el pecho.

Sé que mi mamá tomó medicamentos para abortar, y por eso yo nací así. Mi médula ósea no se desarrolló de forma normal. Siempre fui chiquitita. Tengo 34 años, pero mido un metro con diez centímetros y calzo 28, como una niña de seis. A pesar de esto, a los 21 tuve una hija. Se llama Noemí Santos. Ella es la adoración de mi vida, mi razón de vivir. Lleva mi apellido porque su padre me abandonó apenas quedé embarazada. Y me tocó ser madre soltera. Fue horrible. Pero así, pidiendo colaboración aquí en este puente, la he sacado adelante, le he pagado su educación, ahora está en octavo de básica en el Dolores Sucre. También mantengo a mi mamá, que ya está viejita.

Yo tampoco tuve papá. Nosotras somos siete hermanas, pero todas están en España y nunca se acuerdan de que existo. Parece que España le daña en corazón a la gente. Yo vivo en la casa de mi mamá, en el suburbio, en la 48 y O.

Desde pequeña mis padres me pusieron en una escuela para niños discapacitados. Allí yo aprendí la primaria, también corte y confección, a hablar por señas y a leer los labios. Después, también hice un curso de Enfermería. Pero cuando iba a terminar el sexto grado, a los doce años, me caí del colectivo y me lastimé ambas piernas, y no pude terminar. Me retiré, y ahí quedaron todos mis sueños frustrados. Nunca más volví a estudiar.

Me pasaba algo más: me estaba quedando sorda. Yo sí me daba cuenta de que el mundo se estaba haciendo como silencioso, la gente me hablaba, me gritaba, y yo no oía nada. Me preguntaba dónde se habría ido la bulla. Mi mamá y mis hermanas se dieron cuenta, pero yo no decía nada porque me daba vergüenza. Pero con el tiempo me quedé totalmente sorda. Nunca tuve un audífono hasta hace cuatro años cuando alguien que pasa por el puente me donó uno. Pero nada dura para siempre, y como el aparato no era de aquí, sino de Italia, se dañó y no hubo repuesto. Sé que unos audífonos cuestan más de 800 dólares, y eso es demasiado para mí. Aún así no pierdo la fe.

A pesar de todas mis dolencias y de mi sordera soy una deportista, me considero una atleta. Compito en carreras de resistencia en mi silla de ruedas desde los 22 años. He corrido en más de 50 competencias. Tengo 13 copas y 28 medallas. He ido a competir a Salinas, Quito, Cuenca, Loja, Ambato y, en peso, he llegado hasta la isla Puná.

Pertenezco a un grupo de unos cincuenta discapacitados que corremos en maratones, como la Últimas Noticias, de diario El Comercio, o de la Expreso, en la que acabo de participar. Llegué primera en mi categoría. ¡Uff! Hice diez kilómetros en dos horas, me sentí feliz. Pero me puse a llorar cuando llegué y vi que no me iban a dar dinero en efectivo, sino bonos para el comisariato. Eso me entristeció, porque tengo un montón de cuentas por pagar: me cortaron el agua, ya mismo me cortan la luz. ¡No es justo! Pero igual yo sigo corriendo.

Mi enfermedad no me impide correr. Hay personas que sufren de hipertensión y no pueden hacerlo. Pero yo no sufro de hipertensión, sufro de amor por la vida. Claro que cuando termina la carrera es cuando vienen las secuelas: te duele aquí, te duele acá. Pero es que no puedo parar, soy bien hiperactiva y no me estoy quieta.

Estoy en este puente desde hace diez años. Llego todos los días, a las 8 de la mañana y me quedo hasta las seis de la tarde. Me estoy haciendo de 12 a 15 dólares diarios. A veces, menos, y gasto seis en el taxi. La situación está muy dura. Yo lo que deseo de todo corazón es seguir estudiando, terminar el bachillerato, aunque sea a distancia. Porque me siento frustrada. Me he encontrado con gente que me dice: Maira no te quiero ver en el puente, tengo un trabajo para ti, pero la mayoría exige al menos el bachillerato. Y yo sé que puedo trabajar, me siento útil pese a mi discapacidad. Tengo conocimientos de enfermería y soy muy hábil con las manos, y con la lengua, porque me encanta hablar, hablo sin parar. Y cuando no me duele nada me río sin parar, es una locura, me dan ataques de risa, porque soy tan feliz. ¡Cómo quisiera que eso durara todo el tiempo, pero el dolor siempre regresa!

(Texto publicado en SOHO dentro del especial Historias de Semáforos, 2009)

La historia de Pascual


(Pascual Holguín pide caridad y vende lotería en Víctor Emilio Estrada y Las Monjas, Urdesa)

Yo estaba trepado en una escalera, arrimado a un poste de luz. Tenía una varilla de fierro en la mano porque me pidieron que hiciera una losa. El fierro topó el cable de alta tensión de la calle y me electrocuté. La corriente me cogió en los brazos y me salió por los pies. Me pasó por los dedos, las orejas, las rodillas, el sobaco, por todos lados. Mi jefe, desde abajo, me gritaba: ¡afloja la varilla, afloja la varilla! Pero no podía, estaba pegado.

Había escuchado que cuando a alguien le coge la corriente se muere, y yo no quería morirme. Mi mujer estaba embarazada de dos meses. En todo eso pensaba mientras me quemaba. Tenía veinte años.

Un transformador estaba cerca, los cables echaban candela y eso lo hizo explotar. Se fue la luz. Cuando me bajaron no aguantaba la quemazón, pero jamás perdí la conciencia. Me llevaron al hospital Guayaquil; y yo gritaba ¡atiéndanme que me muero! Esos manes me echaban suero, y eso me aliviaba. Yo estaba quemadito, parecía un pollo.

De ahí me llevaron en ambulancia al Luis Vernaza. Nadie me quería atender porque decían que yo ya me iba a morir. Me metieron sondas por la nariz, por la boca, por el pene. Por todos lados botaba sangre, estaba quemado por dentro. Me dejaron tirado en la sala de emergencia esperando que me muriera. Recién al cuarto día, cuando vieron que no me moría, me metieron al quirófano. Allí detectaron la gangrena. Me dijeron: llama a tu familia, porque te vamos a amputar las manos. Ahí me puse a llorar. Yo soy de Guale, cantón Paján, en Manabí. Llegó mi familia y les dije: ¡no firmen, no firmen, déjenme morir, yo no quiero estar sin manos!

Pero la familia prefirió que viviera. Yo sentí cuando me pusieron la anestesia. Yo estaba heladito. Me metieron como a las dos de la mañana. Me desperté a las diez. Levanté mi mano y solo tenía un pedazo, levanté la otra y lo mismo. Chuta. Otra vez me puse a llorar.

El pedazo del brazo izquierdo me latía durísimo. Yo pedía inyecciones a cada rato para el dolor. El lado derecho me lo cortaron tal como está ahora, un solo tajo. Pero el izquierdo me lo trazaron por aquí, por acá, por acá. Me lo cortaron tres veces, porque no limpiaban bien y se gangrenaba.

Me tenían listo para cortarme el pie. Pero mis papás dijeron que no, que trataran de salvarlo, porque si me cortaban el pie iba a quedar inútil. Me pusieron una malla y me hicieron más de cien injertos. Saca piel y ponle piel, saca y pon. Ahí están las cicatrices en los pies. Me los reconstruyeron. Cuando me mandaban a la tina yo era parches por todos lados. Parecía un trapo, y en la tina me echaban cloro para desinfectarme. Eso sí que ardía.

Yo me quería morir. Mi mujer me decía: no, todo va a estar bien. Ella me cuidó, pero me abandonó como a los dos años, porque yo no hacía nada, no podía ni caminar. Mis dedos quedaron tiesos, no los puedo mover. Cuando tengo que firmar un papel tengo que pararme encima del papel para hacerlo.

Ahí fue que empecé a subirme a los buses para pedir caridad. Es que ya tenía a mi hijo, Maicol, que ahora tiene 6 años. Todo el día pasaba en la calle llorando, y la gente me ayudaba. Hice como 400 dólares. Me compré un terreno en la Sergio Toral, y me fui a buscar a mi mujer. Le pedí que volviera conmigo. Me dijo que sí, pero quería una casa. Busqué a alguien que hace casas; compré cañas, palos y en una semana estuvo la casa. Compré una cama y me la traje. Tuvimos otra hija, Adrianita, que tiene 4 años.

Me puse a pedir en los semáforos. Pedí en La Puntilla, Atarazana, en el centro, en el Policentro. Reuní plata. Hice mi casa más grande. Antes era de cuatro por cuatro y la hice de ocho, de caña. Y desde hace 3 años estoy en Urdesa. Aquí llego a las 7 de la mañana y me quedo hasta las 2. No solo pido, también vendo lotería. En un buen día hago unos 20 dólares. Mi sueño ahora es ahorrar para ponerme un bazar, un kioskito de caramelos.

Le doy gracias a Dios porque a pesar del accidente, mi mujer se quedó conmigo. Se llama Ana María Zambrano. Nos hicimos novios cuando ella tenía 13 años y yo 20. Ella es la madre de mis hijos y el amor de mi vida. Nos casamos el jueves pasado en el registro civil y el sábado nos vamos a casar por la iglesia evangélica, porque ella es hermanita. Ella me lava los dientes, me da de comer, y nos bañamos juntos todos los días.

(Testimonio publicado en SOHO, 2010)

El Job de San Mateo


Esta pequeña caleta de pescadores se ha hecho famosa por las historias de los “niños peces”. Desde hace años, José y Cruz –que no son niños ni son peces- soportan la presencia de cámaras, periodistas, políticos y organismos que prometen ayuda, intrusos y curiosos. Están más que hartos.

***

Un día Dios hace una apuesta con el diablo. Satanás está seguro de que hasta elmás creyente del mundo puede blasfemar contra el Todopoderoso si él lo tortura.Dios, por capricho o aburrimiento, quiere probarle que se equivoca. Le dice que lointente con Job, el más bueno de todos los hombres que por esa época vivían.
Pan comido, piensa el diablo y se caga de risa. Va y mata a todos los hijos ehijas de Job, a sus criados, a sus ovejas. No le mata a la mujer para que lo sigajodiendo. Y no contento con eso, le envía una sarna maligna que cubre de costrassu cuerpo, desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Job sufre comoun condenado, no tiene paz, solo dolor y una picazón insoportable. Se rasca día ynoche, se revuelca en el polvo como una gallina. Sus amigos se alejan, se burlan,lo critican. Pero él nunca reniega de Dios.

Tengo a un Job delante. Está sentando en la puerta de su casa, rascándosela piel llena de algo muy parecido a las escamas de un gran pez, escamas quepican, que arden cuando se secan, sangran, se infectan y, a veces, supuran pus.Sus padres, Vívida Yolanda, lavandera, y Jorge Isaac, pescador, murieron cuandoera un adolescente. No perdió bienes ni hijos porque nunca los tuvo. Tampocoovejas ni criados. Este es un Job de nacimiento que nunca tuvo nada más quepesares. Se llama José Jorge y se apellida López Franco. Tiene 41 años.

Bajo la cabeza como los perros cuando quieren entrar a una casa y no sonbienvenidos. Esta tiene techo de zinc, una puerta de fierro negro, y el número309 pintado en blanco. Estoy en el barrio La Paz, de San Mateo, a 15 minutos deManta, el pueblo de pescadores donde nacieron y viven José y Cruz Adelina, suhermana de 45 años.

Me quedo fuera esperando. Él ni me mira, le mosquea mi presencia, como la decualquier extraño, más si sabe que tiene el oficio de entrometido profesional. SanMateo está a mis espaldas con sus lomas lisas, su enorme mar, sus redes, suslanchas, sus casuchas de caña, sus casotas de cemento, sus cantinas, su músicarocolera, sus recovecos polvorientos, su aridez.

La casa de José y Cruz queda en una pendiente. Las calles aquí son de tierra.Unos pocos perros flacos y unos niños casi desnudos corren por ellas. El aire esliviano, el aliento del mar lo purifica y se puede sentir en todo el lugar, donde viven
unas 500 personas.
— ¡Pase, pase!

La voz proviene de adentro. Es Cruz, una mujer pequeñita, de aspecto tambiénhuraño. Entro al humilde lugar de paredes blancas y piso perfectamente barrido.Unas fundas de cachitos, papas fritas, caramelos, chupetines y demás cuelgande un estante. Más allá hay productos de limpieza, pintalabios, esmaltes de uña.Todo de venta. En esta casa no hay espejos, no hacen falta. A veces es mejor nomirar.

Les hablo, les sonrío, intento ser amable. Ellos no me quieren ahí, y se les nota.
— Sé muy bien que están cansados de los periodistas, solo vine a conversar, a vercómo se sienten. También les traje esto-. Saco del bolso unas cremas bastantecaras.
— Sí, esas son las que tenemos que usar-, dice Cruz, aún con el ceño fruncido. Legusta verse más grande de lo que es, por eso encaja una silla de plástico en otra ysolo entonces se sienta. Lleva un gracioso moño fucsia que le recoge el poquísimopelo. José se hace el loco. Está descalzo, sus pequeñas zapatillas de plástico descansan a su lado.

Les cuento una historia de una vez en que el periodismo ayudó a alguien quesufría. Ella me escucha por educación, pero parece no creerme. Yo sigo hablandocomo si fuera una vendedora de enciclopedias que no sabe vender.

— Siempre vienen, nos sacan fotos, ¡no queremos más fotos!-, gruñe ella. José,impenetrable y callado, mira hacia el mar.
— ¿Y qué es lo que quiere?, ataja Cruz.
— Nada, solo conversar un poco sobre, por ejemplo, cómo es vivir cerca del mar-,digo.
Cruz no contesta. Se va a la cocina a revolver la sopa de queso. Debe medirun metro cincuenta; es delgada, recta como una regla. José, al fin, habla, sin mirarme.
— Nosotros nacimos allá, en la punta de la playa, al pie del mar-, dice señalandohacia el océano. Su voz es extraña, suena como una emisora mal sintonizada y enun tono más alto de lo normal.
— Debe haber sido lindo crecer al pie del mar ¿te acuerdas de cuando eraspequeño? — No, no me acuerdo. Es que cuando uno nace no se acuerda de nada.
— Claro, pero ¿te gusta el mar?
— Sí, harto-. Se queda callado un rato. –Aunque ahora me da miedo porque heescuchado decir que va a venir una ola de no sé cuántos metros de altura. Nomásme quedo en la arena, porque no sé nadar. Me da miedo el mar-.

Me tiro al piso, me siento a su lado. Le cuento una historia de una vez que casime ahogo. José intenta mirarme, le atrae mi voz. Sus ojos no le sirven de mucho.El uno casi ha desaparecido, y el otro es celeste y está desorbitado, con dificultadregistra formas y colores. Me intriga saber si cree en Dios. No veo vírgenes nisantos por ningún lugar.
— ¿Y ustedes son católicos o tienen alguna religión?
— No, no-, dice tajante José. Pero Crucita que se ha vuelto a sentar en sus sillas,lo corrige –Nosotros  sí vamos a misa, somos católicos-.
— je je je je-, se burla él.
— ¿Y a usted le gusta ser católica?-, me pregunta José.
— No, qué va, a mí  no me gusta eso-
— ¿Por qué? Es bueno que vaya a rezar, a orar. Es bonito ser católico-, dice conironía.
— Yo antes era evangélica, pero ya dejé esos malos caminos-. Ambos nos reímos.A Cruz no le gusta el chiste.
— La gente que se mete a eso del evangelio se vuelve como loca, se hacenfanáticos-, comenta muy seria.

Ella es la que cocina, lava, plancha, barre, trapea, va al pueblo a comprar lascosas para vender, y se las rebusca. José casi nunca sale, casi nunca hace nada.
— ¿Y de fiestas, qué  tal?
— No voy a fiestas, no me gusta.
— ¿Y la cerveza tampoco?-
— No, tampoco, siempre escucho en las noticias que eso afecta a uno, uno tieneque cuidarse-
— ¿Nunca has tomado alcohol?-
— Sí, antes, pero ya no. Antes iba a fiestas, pero no me gustaba porque seenojaban si no tomaba. Casi no me gusta porque no quiero tomar. Hay muchosque se mueren por alcohólicos. Siempre me pongo bravo porque quiero quecierren esas cantinas y nada. Ya es de hacer una denuncia para que se acabe esoy no haya más problemas y no vuelvan a vender esas cosas-, contesta molesto.

San Mateo es un pueblo tranquilo, no hay delincuencia, pero sí burdeles. Los
borrachos y sus pelas abundan los fines de semana.
— ¿Y has tenido novia?-
— Sí tenía antes, pero se fue a España a trabajar. Bueno, no era mi novia, soloéramos amigos, conversábamos-
— Y ¿cómo era ella?-
— Era gorda-
— ¿Y bonita?-  — Ajá-

***
José y Cruz tienen una rara enfermedad genética llamada ictiosis lamelar. Segúnlos registros de la Fundación Ecuatoriana de la Psoriasis, que investiga también laictiosis, hay 32 personas en el país que sufren este mal incurable, del que existenvarios tipos. En el caso de los hermanos López es congénita y hereditaria. Puedesaltar hasta la quinta generación.

Los niños con ictiosis nacen con deformaciones y cubiertos totalmente por unasescamas grandes, semejantes a láminas, que les da la apariencia de peces. Dehecho, la palabra  ictiosis proviene del griego ictius que significa pescado. Lo queellos viven es una descamación constante de la piel durante toda la vida.

Su piel se parece al lecho de un río seco, a la tierra cuarteada por la erosión. Seles resquebraja con facilidad y se les infecta, por eso deben ponerse cremashumectantes y bañarse, al menos, tres veces por día.

Sus sentidos también están afectados. La tirantez de la piel es tanta que impide eldesarrollo completo del cartílago auricular. Además, las escamas se acumulan enel oído, y le impiden oír bien. José no tiene formadas las orejas y le cuesta muchoescuchar y escucharse.

Tampoco ve bien. Las personas con ictiosis nacen con los párpados volteados,las infecciones oculares son frecuentes. Los parientes de José  me contaronque de niño él sufrió una grave infección en el ojo izquierdo, por lo que ahora esprácticamente inservible. El derecho otro tiene cataratas.

La enfermedad también produce caída de cabello. Los pelos de José en la parteposterior de su cabeza son escasos, y en la barbilla tiene menos de diez.

Pero su enemigo principal es el calor. No lo tolera, y la razón es que susconductos sudoríparos están taponados. Con calor y sin agua el panorama es deterror. Hace unos pocos meses el presidente Rafael Correa llegó a San Mateopara inaugurar el alcantarillado, pero una cosa es lo que inauguran los políticos yotra lo que vive la gente.
— ¿No tienen agua?-
— A veces nos llega cada 15 días, otras, no hay un mes, tenemos que comprar deltanquero.

Un dólar cuesta el tanque; 1,50 en los aljibes-, contesta Cruz ya más enconfianza.
— Por eso es que estamos mal ahorita con esta calor que hace-, rezonga José.
— ¿Cuántas veces te tienes que bañar al día?-
— Me baño tres horas. A las 7, a la una y a las 9 de la noche, cuando ya me voy adormir-

A José le está  pegando el sol del mediodía en la cara. Odia el sol. Se levanta,arrastra una silla y la pone junto a mí para seguir mejor “la conversa”.

En la pared hay un diploma al mérito dado por la UNE a Cruz por haber terminadola escuela. Ahora su sueño es estudiar computación, pero no tiene dinero para ir aManta, pagar el curso y menos para comprar una computadora.
— José ¿y tú  estudiaste?-.
— No me gusta, me da vergüenza, me marginan por ahí-, dice y lanza algo muyparecido a una carcajada.
— ¿Cuántos años tienes?-
— Yo tengo 41-
— ¿Naciste en 1968?-
— Creo que sí, no me acuerdo-
— ¿Y por qué no fuiste a la escuela?-
— Me pusieron, pero me sacaron porque hago mal la letra. No estudié en laescuela, estudié en la casa, cuando vivíamos en la playa en una casita de caña.Me enseñaba una profesora de Manta. Pero, por ejemplo, si usted me coge de lamano a mí me duele, por eso es que a mí no me gusta-
— ¿Y a leer no te enseñó?-
— No, pero venga usted para que me enseñe-

Adopta una pose seductora y un hilo de risa acompaña todo lo que dice. Le sigo eljuego.
— ¿No te aburres de no hacer nada en todo el día?-.
— No, yo me aburro de hacer las cosas. Mejor me pongo a ver televisión. Por esoes que quiero una chica para que me lave la ropa y me haga todo-.
— Así son todos los hombres, vagos, no quieren hacer nada en la casa-, lo toreo.
— Pero mamita para eso está la mujer. Por ejemplo, si yo estoy con usted aquí ami lado, usted se va a cocinar mientras yo veo televisión-. Me mata.

Cruz se ríe de los intentos de seducción de José, que van muy mal.
— Eso yo le digo a él: que me ayude aunque sea a barrer, a lavar los platos, queeso lo puede hacer él-, se queja la hermana.
— ¿Ni los platos lava?
— ¡Nada!-, grita ella. Él se ríe socarronamente
— ¿Y usted no quiere niños?-, me pregunta él.
— No, no me gustan-.
— Pero es bueno tener niños para que hagan los mandados-.
— Ah, ¿para eso sirven los niños? Las mujeres para que cocinen, trapeen, y losniños para los mandados-
— Sí, así es, por eso es bueno tener mujer e hijos. Se ríe a lo grande. Y siguecoqueteando. — ¿Y usted tiene teléfono en su casa para que me llame y podernoscomunicar?-
— Sí, tengo ¿cuándo quieres que te llame?
— Pero es para conversar nada más, no para otra cosa. Usted me puede llamarde noche, así  sea domingo o entre semana. O puede venir a visitarme de nuevo,pero sola-.

***
Uno entre 300 mil nacidos vivos nace con ictiosis lamelar. Cruz y José dicen queantes no hubo casos en su familia. Ellos tienen dos hermanas: Indalesia, madrede 9 hijos; y Adriana, que tuvo “solo 3”. También está Julián, pero él es hermanode crianza. Ninguno de los sobrinos tiene ictiosis. Pero en San Mateo hay alguienmás que la sufre: un niño de 5 años llamado Cristopher, pariente lejano de Cruz yJosé, lo que confirma la herencia.

Para llegar a la casa de Cristopher hay que bajar la loma y enfilar hacia la playa.Ahí están Carmen Biler y Marcos Franco, abuelos de Cristopher. Marcos es primohermano de Cruz y José. Ellos cuidan al niño, porque la madre lo abandonó al añoy dos meses de nacido y el padre tiene 24 años y solo estudia.

— Dice la doctora que mi niño tiene mejor la piel que José y Crucita, porque depequeño se empezó a tratar. En cambio, a ellos la mamá no los llevó al médico hasta que tuvieron 9 y 12 años-, cuenta Carmen.

— Cuando él nació, el doctor no nos entregaba a la criatura. No quería que loviéramos. Luego nos dijo que estuviéramos tranquilos, que el niño no era normal.

Lo vimos y nos dimos cuenta de que era como Crucita. Nosotros somos católicos,somos dados a la iglesia, a los santos, pero con esto yo casi pierdo la fe. Ya noquería ir a la iglesia, tenía un dolor tan grande. Pensaba cómo era que Dios nospodía castigar de esa forma. Ese es un castigo para nosotros, pero más va aser para él cuando sea grande-, cuenta el abuelo, un pescador al que le cuestasolventar los gastos de esta enfermedad. Cada crema Eucerín cuesta 24 dólaresy dura, según el calor que haga, una semana. Además, deben comprar gotas paralos ojos y jabones especiales.

A los dos añitos, mientras Cristopher estaba en una hamaca él empezó a mirarse.Alzaba el piecito o la manito y comenzaba a darse cuenta de lo que tenía. Ahoraestá preguntando por qué nació así. Pero intenta llevar una vida normal. Va a laescuela José Peralta y tiene amigos. “El niño es normal, solamente lo que tienees la pielcita. Y hay que estar controlándolo con cremas porque si no se le partela piel y se le infecta, le salen como naciditos. Se le pone cada 4 ó 5 horas. Él selleva la crema al colegio, a veces dice que no se la ha puesto porque ha estado ocupado”, dice la abuela con la cara llena de cariño.

***

José no quiere ir al médico. La última vez que fue le sacaron piel para estudiarlay le dolió mucho. Ya ninguna promesa de tratamiento lo saca de su casa. Él y su hermana saben que esta enfermedad es incurable.

— Dios me hizo así y así me he de morir-, es la filosofía de José. Y Cristopherahora último anda diciendo que Diosito es el que le ha regalado esos cueritos. Susabuelos no han dejado de rezar ni de creer en la voluntad divina, porque “si estoviene de Dios nada malo ha de ser”.

(Texto publicado en SOHO 2010)

Los nadadores del hielo


El cruce del Lago San Pablo es la competencia natatoria más extrema del país. A una altura de 2.670 metros sobre el nivel del mar, bajo sensaciones térmicas que no superan los diez grados, vientos y poca visibilidad, 122 locos se lanzaron al agua para nadar tres kilómetros y medio. 92 llegaron al otro lado, entre ellos un guayaquileño amateur


Juan José Freire ha manejado doce horas desde Guayaquil hasta Otavalo. Viaja en un Spark gris junto a su esposa, su hijo de 6 años y una basset hound a la que salvó de ser arrollada en la carretera y bautizó como Lulú. Quiere cumplir un sueño que tiene desde los 18 años: cruzarse el lago San Pablo o Imbakucha, como lo llaman los locales, sin morir de hipotermia en el intento. Va tan rápido que el Spark se queda dañado a la entrada de Quito. Remendarlo le toma dos horas. Es ahí cuando conocen a la escuálida Lulú, una perra que como todas no tiene problemas en irse con el primero que le da un poco de cariño.

No hay almuerzo ni descanso. A las cuatro de la tarde no solo Lulú ladra de hambre. Han tragado demasiado polvo, y el frío de la Sierra los amodorra. Quieren comer y dormir. Pero el padre debe estar a las seis en una reunión importantísima, donde los organizadores le explicarán los pormenores de la competencia, que empezará a las ocho del día siguiente.

La mayoría –por no decir todos- de los nadadores en esa reunión tiene entrenador. Muchos son profesionales y han cruzado el lago varias veces. Allí está el famoso “monstruo el lago” que ha ganado ¡once veces! la travesía, y los casi adolescentes hermanos Enderica, autores del récord de 42 minutos y favoritos para ganar este año. Esta es gente que representa al Ecuador en torneos internacionales de aguas abiertas y que sabe muy bien de qué va esto.

Juan José, en sus casi 40 años de vida, ha visto una sola vez el lago. Y de lejos. Jamás metió un pie en él. No sabe su profundidad o si tiene corrientes. Y prefiere no saberlo. En Guayaquil se baña con agua caliente y, técnicamente hablando, no nada bien. Lo hace con un defecto que no quiere corregir, porque “los ejercicios son aburridos”.

¡Híjole, es enorme!, fue lo primero que dijo al ver el lago de 28 metros de profundidad y 3.560 metros de ancho desde lo alto de la carretera que va a Otavalo. “No importa”, lo tranquiliza Ana, su esposa: “tú ya te cruzaste el río Guayas, que es más grande”. Y es verdad: él cruzó dos veces el río Guayas y llegó entre los primeros. La diferencia es que en el Guayas hay corriente a favor, y no hay frío ni viento. En cambio, este lago “se parece al mar, y tiene olas”, le avisa su hijo. Y le aconseja: si ves unos animalitos que saltan, son delfines, ¡agárrate de uno para que te crucen!

Pero él sabe que no habrá delfines salvadores. Y que levantar la mano para ser rescatado sería fracasar. Confía en lo que ha hecho previo al viaje: participar en competencias, nadar todos los días 4 mil metros en la piscina olímpica –son 40 idas y vueltas-, comer mejor, bajar de peso, estar tranquilo. Sabe que para participar en el cruce del San Pablo hacen falta preparación física, cojones y una dosis de locura. Tiene los tres, piensa. Pero después de la reunión, él y su familia están seguros de algo: es imposible que gane.

La cita es a las seis y media de la madrugada en el muelle. A esa hora aún hay cielo cerrado. El lago echa un humo blanco, como si fuera un gran caldero. Ese humo asciende y se posa sobre el espejo de agua que apenas se mueve. Es niebla. Una niebla espesa y caminante que hace tiritar a los extraños que han llegado a San Pablo. El viejo volcán Taita Imbabura respira. De su boca, que está a 4.650 metros de la tierra, sale un aliento que hiela. Todos ansían el sol. Pero los lugareños saben que el sol no calentará hasta pasadas las nueve, justo después de que todo haya terminado.

Nada parecido a la comodidad existe en este páramo helado, en el que se han citado durante 48 años deportistas amateurs y también profesionales para la hazaña natatoria más extrema del país: el cruce del lago, cuya agua tiene una temperatura promedio de 12 grados. Eso es frío. Pero si se agregan los vientos, que a esta hora de la mañana cortan la piel, la sensación térmica puede ser inferior a los diez grados.

El riesgo de sufrir hipotermia es alto. Aún así este año se inscribieron 122 personas (38 mujeres), de entre 15 y cincuenta y pico de años. La mayoría viene de provincias serranas, aunque también nadaron cinco de Guayas, dos de Manabí y uno de Los Ríos. Nadie puede usar mallas enteras o de neopreno. El frío les tiene que morder hasta el hueso, sino qué chiste tiene.

De lejos, el lago parece tranquilo, pero no demora uno en darse cuenta de que su superficie se mueve. Y lo confirma uno de los nadadores mejor preparados, Juan Fernando Enderica: “muchas veces no se ve, pero internamente hay corriente”. Esa corriente y la neblina te desorientan, hacen que te pierdas de la ruta. “El bote guía ayuda a los que van adelante, pero los que van de la mitad para atrás no ven nada”.

Frío, corriente, altura, neblina. ¿Qué más se puede pedir? El día es perfecto para el desastre. Y es ahí, cuando las peores condiciones están dadas cuando ¡pum! ¡pum! suena el disparo de la largada y la centena de competidores en masa y con gorritos verdes, salta al agua.

¡Señores, por favor, tengan cuidado, no golpeen a las damas! perifonea uno de los organizadores. Pero es tarde: las patadas y los golpes ya están dados. Eso y el contacto con el agua helada es lo primero que sienten los nadadores. Es instantáneo: se lanzan al lago y se escuchan los gritos.

Es como si el agua te quemara. Se siente como si te golpearan con hojas de ortiga por todo el cuerpo. Son como látigos. Es como si te cortaran como una gillete. Es igual a que si te rasparan con cepillos duros. Como si te mordieran miles de animales. Así lo comparan algunos. Es horrible, dicen todos. Las ganas de morirse o se salir del agua duran los primeros minutos, luego el cuerpo se va a acostumbrando.

Pero no han pasado ni quince minutos y veo cómo una mano se levanta pidiendo ayuda. Lo rescatan enseguida. A esa mano le siguen un par más. Hay seis lanchas que están pendientes de los nadadores, con asistencia médica, y un bote grande con capacidad para 70 personas. En ese bote vamos una veintena de periodistas. Adelante, separado del pelotón por unos largos cien metros, va Iván Enderica, cuencano de 17 años, primer lugar desde hace dos años.

Iván es un profesional. Parte de su entrenamiento consiste en nadar entre 12 y 14 mil metros todos los días. Hace mes y medio estuvo, junto a su primo Esteban, de 18 años, en el Mundial de Natación, en Roma. Quedaron en los puestos 33 y 34 del mundo, y estuvieron entre los mejor ubicados de América Latina.

Ni siquiera Gregory Fuentes, el guayaquileño al que llaman “el monstruo del lago”, le hace sombra al cuencano, quien también ha dejado botados a sus primos Santiago, de 20 años y quien impuso el récord de 42 minutos, 39 segundos hace cinco años; y Juan Fernando, de 30 y entrenador de todos los Enderica.

“El lago es super helado, no se ve nada, hay demasiada neblina”. Así intentaban atemorizar a Fuentes para que no se lanzara. La primera vez lo hizo a los 18. “No era el favorito. Me metí, nadé, y llegué primero. Hacía 20 años que un guayaquileño no ganaba. Yo lo hice once veces, seis seguidas”, me dijo un día antes de que Enderica lo dejara atrás.

“El monstruo” ha nadado desde la placenta. Proviene de una familia de nadadores. Pero ya tiene 39 años y eso pesa. Además, había dejado de competir en el lago desde hacía cinco años. Antes, representó a Ecuador en competencias internacionales de aguas abiertas. Estuvo en el mundial de Japón y de Hawai, donde nadó 25 kilómetros. “Dicen que en el mar la vida es más sabrosa pero ¡mentira! es lo peor”, sentencia. También se cruzó el río Paraná, en Argentina, y nadó en las “frías” aguas de Canadá.

Pero nada como esto. “Estas son condiciones extremas. Legalmente, esta competencia no debería permitirse. La Federación Internacional de Natación prohíbe que se compita en aguas con temperaturas inferiores a los 25 grados. Pero aquí lo hacemos porque es parte del folclore, de la tradición”, dice con razón, pues esta travesía es parte de las fiestas del Yamor, que organizan las comunidades kichwas en honor al tiempo de la fertilidad.

Esta es la época femenina, cuando la tierra (Allpa Mama) ha descansado y empieza su fecundación. Va del 8 al 22 de septiembre. Solo en estas fechas es posible cosechar los siete granos con los que se elabora la chicha sagrada del Yamor, que se entrega como ofrenda a los dioses: maíz amarillo, maíz blanco, maíz rojo, maíz negro, chulpi, morocho y canguil.

Juan José no sabe nada del Yamor. Se pierde en medio de la masa de nadadores. Mientras avanza se extravía de la ruta cuatro veces. Cuando intenta cambiar de estilo –nada en su estilo y quiere hacer pecho- para ver dónde está, siente que le va a dar un calambre. Se da cuenta de que está yendo hacia el oeste, en vez de ir al norte. Pero por nada del mundo levantará la mano. Su esposa, su hijo y Lulú lo esperan del otro lado, del lado de los ganadores.

Quizá ahora recuerde que a los cinco años fue al único curso de natación que hizo en su vida, y no lo terminó. Luego, nadó en el colegio porque había piscina. Y hace un par de años le dio lumbago por el exceso de peso. Mide 1,85 y pesaba 285 libras. Urgido por estar delgado empezó a nadar en la piscina olímpica. Al principio, 500 metros, luego mil y después 4 mil. Ya con casi cien libras menos, se preguntó ¿y por qué no compito en aguas abiertas? Y así empezó a ir a cruces de ríos, de tramos de mar y ahora de lagos.

Iván Enderica, sin despeinarse, llega a la meta. Hizo 41 minutos, 19 segundos, y con eso marcó un nuevo récord. Un par de minutos después arriban sus primos Santiago y Juan Fernando. Luego, asoman dos chicas: Nataly Caldas y Katia Barros, de solo 15 años. El último Enderica llega en el puesto siete. Pasan diez, veinte nadadores, y el “monstruo” aparece en el puesto 36. Ya no es el “monstruo” de antes. Lo sabe. Pero “yo solo vine para la foto”, bromea.

Siguen llegando. Pasan cuarenta, cincuenta, sesenta. Hay gente que llega con las últimas, casi desmayada, de color verde. Les ponen oxígeno, agua caliente en los pies, les dan masajes. “Nadie en estos 48 años ha terminado en el hospital”, me aclara el organizador. Y Juan José no asoma.

Llega una chica al lugar del perifoneo, y dice angustiada: señor ¿me puede decir si el 108 llegó? Revisan, y le contestan: no, todavía debe estar allá. Allá ¿dónde? No se ve nada. El lago parece haberse tragado a los rezagados. Pasan los setenta, los ochenta ¡y al fin! aparece Juan José. Le ofrecen agua de canela, una toalla, pero no quiere nada. Solo saber si llegó dentro del tiempo reglamentario, que es de una hora y quince. Y sí: hizo una hora, 13 minutos y 24 segundos. ¡Ganó!

(Texto publicado en la revista Mundo Diners 2010)